Han pasado muchos años desde que las almas gemelas salvaron Arturias y devolvieron la paz al reino. El rey Carlos y la reina Miranda disfrutan de ver a sus hijos, Edward, Laura, Patrik y Fernanda, convertidos en grandes líderes y formando familias unidas. Mientras tanto, sus hijos han crecido y se han preparado para seguir el legado de sus padres.
Pero la tranquilidad llega a su fin cuando una poderosa amenaza resurge para intentar destruir Arturias. Ante el peligro, toda la familia real volverá a unirse en una misma batalla. Padres e hijos lucharán hombro a hombro, demostrando que la fuerza de su unión es mayor que cualquier enemigo.
Los nuevos herederos no solo deberán enfrentarse a un destino incierto, sino también aprender a dominar el extraordinario don que distingue a su linaje: la capacidad de comunicarse y luchar junto a los animales. Con ellos como sus más fieles aliados, descubrirán que el verdadero poder nace de la confianza, el valor y el amor por la familia.
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Sombras sobre el Sur
La noticia del ataque al Hospital Real de Barú aún no había sido discutida por toda la familia cuando una nueva amenaza surgió en otra región de Arturias.
En el Reino del Sur, Laura y Antony permanecían vigilando los caminos comerciales junto a un destacamento del Grupo Élite.
Aquella mañana también habían llegado importantes refuerzos.
Leonardo y su esposa Stefany viajaron desde el Centro por orden del rey Carlos para colaborar en la investigación de los ataques. Con ellos llegó Arturo, hermano del rey Carlos, acompañado por un grupo de mercenarios veteranos que durante años habían servido a la Corona en misiones especiales.
—Nos alegra tenerlos aquí —dijo Laura al recibirlos en la fortaleza del Sur.
Arturo sonrió.
—Si alguien pretende amenazar a nuestra familia, tendrá que pasar primero por nosotros.
Mientras conversaban, un guardia subió apresuradamente a la torre de vigilancia.
—¡Señora Laura!
Todos levantaron la vista.
—Hay humo al oeste... cerca del puente de Las Rocas.
Antony tomó su espada.
—¡Todos a caballo!
En pocos minutos, el Grupo Élite del Sur, los mercenarios de Arturo y los soldados de la fortaleza cabalgaban hacia el lugar.
Al llegar encontraron varias carretas volcadas en el camino.
Los comerciantes se escondían detrás de las piedras mientras intentaban proteger a sus familias.
Un grupo de hombres encapuchados bloqueaba el paso.
—¡Protejan a los civiles! —ordenó Antony.
Los soldados formaron un muro con sus escudos para poner a salvo a los aldeanos.
Los atacantes respondieron disparando flechas desde ambos lados del camino.
Leonardo lanzó una daga que desarmó al arquero más cercano.
Antony avanzó con su espada y enfrentó a dos enemigos al mismo tiempo.
Arturo dirigía a sus mercenarios con precisión.
—¡No los dejen rodearnos!
Los mercenarios utilizaron lanzas para mantener la línea de defensa mientras otros combatían con espadas y hachas cortas.
Laura derribó a un atacante con un rápido movimiento de su espada antes de ayudar a una mujer que había quedado atrapada bajo una carreta.
—¡Saquen a los niños de aquí! —gritó.
Stefany, junto con varios soldados, condujo a las familias hasta una zona segura.
Mientras el combate continuaba, Leonardo observó que tres encapuchados se alejaban del camino.
—¡Van hacia el almacén de provisiones!
Sin esperar órdenes, corrió tras ellos.
Antony y dos mercenarios lo siguieron.
Los alcanzaron antes de que incendiaran el edificio.
Tras un breve enfrentamiento, uno de los atacantes cayó herido.
Los otros dos lograron escapar hacia el bosque.
Cuando todo terminó, el puente seguía en pie y los comerciantes estaban a salvo.
Sin embargo, al revisar las pertenencias del enemigo capturado, Leonardo encontró un pequeño medallón con el mismo símbolo que habían descubierto en el Bosque de Pachamama.
Guardó el objeto y miró a Laura.
—Ya no hay dudas.
Los ataques del Norte, del Sur y de Barú forman parte del mismo plan.
Laura asintió.
—Debemos enviar una paloma mensajera al rey Carlos de inmediato.
Mientras el cuidador del palomar preparaba el mensaje para el Centro de Arturias, nadie imaginaba que el enemigo había conseguido exactamente lo que buscaba: mantener ocupados a los defensores en las tres regiones del reino.
Continuará...