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Pensamientos A Un Amor Prohibido

Pensamientos A Un Amor Prohibido

Status: En proceso
Genre:Amor prohibido / Romance / Amor eterno
Popularitas:1.2k
Nilai: 5
nombre de autor: Paula Nuñez

Esta es una intensa novela psicológica y dramática para adultos que explora la compleja y prohibida transición emocional entre dos hermanastros que, tras años de convivencia, deben enfrentarse a sus crecientes deseos en medio de una tensión familiar ineludible

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El peso de la distancia

​El final de las clases llegó con una pesadez inusual. Hana esperó fuera del campo de entrenamiento, con el corazón martilleando contra sus costillas, esperando ver en los ojos de Ji-hoon alguna señal de la noche que lo cambió todo. Cuando él finalmente salió, se acercó a ella con una calma gélida, su rostro una máscara de indiferencia absoluta.

​—Vamos —dijo él, sin rastro de calor en su voz, comenzando a caminar hacia casa con una zancada larga y deliberada que ella apenas podía seguir.

​El camino a casa fue un ejercicio de tortura silenciosa. Antes de llegar a la puerta, Ji-hoon se detuvo en seco, sin mirarla, con los hombros tensos bajo su camiseta de entrenamiento.

​—Lo que pasó ayer... no puede volver a pasar —sentenció él, su voz cortando el aire como un bisturí.

​Hana sintió que el mundo se desmoronaba bajo sus pies. El dolor fue tan agudo que, por un instante, perdió la capacidad de articular palabra.

—¿Por qué? —logró susurrar ella, pero él la interrumpió, su tono endureciéndose hasta volverse casi hostil.

​—Somos hermanos, Hana. Eres mi hermana. Tengo la obligación de cuidarte, no de... de perderme en errores que solo traerán consecuencias que no puedes comprender.

​La furia y la desesperación se apoderaron de Hana, superando el miedo.

—¡Ni siquiera corre la misma sangre por nuestras venas! —exclamó ella, provocando que Ji-hoon se girara bruscamente hacia ella, con los ojos inyectados en una rabia que le heló la sangre.

​—¡Entiéndelo de una vez! —rugió él, acercándose tanto que ella pudo sentir el calor de su aliento—. Nuestros padres están casados, somos una familia ante el mundo, ¿es tan difícil de entender? Deja de vivir en esa burbuja infantil, Hana, y date cuenta de lo mal que hicimos. Lo que ocurrió fue un impulso demente, nada más.

​Las lágrimas brotaron sin control, recorriendo el rostro de Hana mientras ella lo miraba con una mezcla de horror y desolación.

—No me arrepiento... —dijo ella, con la voz quebrada—. No me arrepiento de nada de lo que pasó, porque yo quería lo que tuvimos, porque yo te...

​—¡Cállate! —la interrumpió él, con un grito que resonó en la calle vacía. Su mirada, penetrante y cruel, se clavó en ella como dardos—. ¿Por qué tienes que ser tan inmadura? ¿Por qué tienes que ser tan egoísta? Eres una niña caprichosa que juega con fuegos que no sabe apagar. Me das lástima, Hana. Me das lástima porque te crees protagonista de un drama cuando solo eres una fuente de problemas. Que te quede claro: esto no puede volver a pasar. Si valoras nuestra vida bajo este techo, entierra esto hoy mismo.

​Sin esperar respuesta, Ji-hoon le dio la espalda y se alejó, entrando a casa antes que ella. Hana permaneció allí, bajo el crepúsculo que se tornaba gris, sintiéndose más pequeña y humillada que nunca. Esa noche se encerró en su habitación, dejando que el llanto le arrebatara el hambre y el sueño.

​Las semanas siguientes se convirtieron en un purgatorio de normalidad fingida. Frente a sus padres, actuaban como el hermano protector y la hermana agradecida, pero en la privacidad del hogar, el silencio era un muro impenetrable. Ya no caminaban juntos, ya no cruzaban miradas en el pasillo, y Ji-hoon comenzó a salir con una frecuencia alarmante, buscando cualquier excusa para no tener que respirar el mismo aire que ella. Cada desplante, cada vez que él evitaba su toque o se retiraba de la cocina en cuanto ella aparecía, era un recordatorio de su supuesta inmadurez.

​Hana se sentía destrozada, viendo cómo el hombre que le había entregado el corazón en una habitación a oscuras ahora la trataba como si fuera una molestia invisible. La poca hombría con la que él enfrentaba lo que habían compartido le dolía tanto como el rechazo mismo; sentía que su valentía había sido solo una fachada que él había derrumbado con un par de palabras crueles.

​Pasaron los meses. El invierno dio paso a la primavera, y con ella llegó el día de su cumpleaños. Hana no esperaba nada, pero el ambiente en casa era eléctrico. Sus padres habían organizado una pequeña cena, y ella se encontraba en su habitación, observando su reflejo en el espejo, sintiéndose más vieja, más triste y terriblemente sola.

​Al bajar las escaleras, vio a Ji-hoon vestido de manera impecable, hablando con sus padres. Él se veía tan guapo, tan inalcanzable, que a Hana se le cerró la garganta. Cuando sus ojos se encontraron, Ji-hoon no apartó la mirada de inmediato; hubo un segundo, apenas un parpadeo, en el que ella creyó ver un destello de arrepentimiento, pero él se encargó de enterrarlo bajo una sonrisa gélida y un comentario cortante dirigido a su madre, asegurándose de que Hana supiera que, para él, ella seguía siendo, en el mejor de los casos, una desconocida molesta.

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