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El Arte De La Ausencia

El Arte De La Ausencia

Status: Terminada
Genre:Amor-odio / Traiciones y engaños / Venganza / Completas
Popularitas:2.7k
Nilai: 5
nombre de autor: analysi

El arte de la ausencia es la historia de Valentina, una arquitecta que descubre que su esposo y su hermana planean declararla loca para robarle su herencia. En lugar de derrumbarse, decide observar, reunir pruebas y construir una venganza silenciosa. Desde el engaño y la traición más profunda, Valentina se reinventa en una isla remota, transformando el dolor en libertad y su talento en un refugio para otras mujeres.

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CAPÍTULO 3: LA VISITA AL DOCTOR

El doctor Ricardo Fuentes tenía manos de pianista y ojos de contable. Valentina lo notó en cuanto entró a su consultorio: dedos largos y cuidados, uñas perfectamente limpias, pero una mirada que evaluaba todo como si fuera una partida de ajedrez. Ella se sentó en el sillón de cuero beige frente a su escritorio, y él no la invitó a hablar. La observó en silencio durante diez segundos enteros, como quien mira un espécimen interesante.

—¿Cómo se siente hoy, Valentina? —preguntó al fin, con una voz que pretendía ser cálida pero sonaba a ensayo.

—Bien —respondió ella. Inclinó ligeramente la cabeza, forzó una sonrisa tímida y evitó el contacto visual directo. Había ensayado ese gesto frente al espejo durante una hora antes de salir de casa—. Un poco cansada, pero bien.

—¿Ha dormido bien?

—No mucho. Últimamente me cuesta conciliar el sueño.

El doctor Fuentes tomó nota en su tableta. Valentina observó el movimiento de su mano: rápido, preciso, como si ya tuviera preparadas las frases que escribiría. Ella sabía que no era la primera vez que él la veía como paciente, pero sí era la primera vez que ella acudía a su consulta con Nicolás. La primera vez que él la había "acompañado" por cariño, según dijo antes de entrar. Ahora ella entendía el verdadero propósito.

—¿Tiene pesadillas? —preguntó el doctor.

—A veces.

—¿De qué?

Valentina bajó la mirada y se tomó un momento antes de responder. Había practicado también esta parte. Quería que su silencio pareciera vacilación, no estrategia.

—De mi bebé —dijo en voz baja, casi un susurro—. De la noche en que lo perdí.

El doctor Fuentes asintió con seriedad profesional. Era un buen actor, pensó Valentina. Había estudiado su papel con esmero. Pero ella había estudiado el suyo con más esmero aún.

—¿Sabe, Valentina? —dijo el doctor—, Nicolás me ha contado que últimamente tiene algunos momentos de... confusión. Dice que usted olvida cosas, que se desorienta.

Valentina levantó la cabeza y lo miró con los ojos ligeramente abiertos, fingiendo sorpresa. Eso no fue difícil. La verdadera sorpresa era que él dijera esa frase con tanta naturalidad, como si no supiera que estaba participando en una conspiración. O quizás sí lo sabía. Quizás era parte de ella.

—No sé a qué se refiere —dijo ella—. A veces me distraigo, como todo el mundo.

—Claro, claro —dijo el doctor con una sonrisa tranquilizadora—. Es normal. Pero Nicolás está preocupado, y yo comparto su preocupación. Es por eso que le he preparado unas preguntas, una especie de... evaluación cognitiva. Nada grave. ¿Le parece bien que empecemos?

Valentina asintió. No necesitaba fingir cooperación. Estaba allí precisamente para eso.

—¿Podría decirme hoy qué día es? —preguntó el doctor.

—Veinticinco de marzo.

—¿En qué año?

Ella abrió los ojos con exageración. Titubeó. Mantuvo el silencio el tiempo justo para que él creyera que estaba dudando.

—¿2018? —dijo al fin, y su voz tembló ligeramente.

El doctor escribió en su tableta. Valentina no pudo ver lo que anotó, pero podía imaginarlo: "Desorientación temporal, posible confusión leve." Todo según el guion que Nicolás había escrito para él.

La evaluación continuó durante cuarenta minutos más. Valentina respondió a cada pregunta con el mismo patrón: respuestas correctas cuando no importaban, errores sutiles cuando sí importaban. Dijo que el presidente era otro, calculó mal una resta sencilla, pidió que repitieran el nombre de una figura geométrica. Pequeños fallos, apenas perceptibles para un observador distraído. Pero para el doctor Fuentes, que buscaba pruebas de deterioro mental, cada fallo era una pieza del rompecabezas.

—¿Y cómo ve su futuro? —preguntó él al final, cerrando la tableta—. ¿Se siente capaz de seguir trabajando como arquitecta?

Valentina se llevó la mano al cuello y apretó los dedos contra la garganta como si le costara hablar.

—A veces creo que ya no soy la misma —dijo, y no fue mentira. No lo era. Se estaba convirtiendo en otra persona, pero esa persona no era una paciente mental—. Me siento... frágil. Como si todo pudiera romperse.

El doctor asintió con compasión profesional.

—¿Quiere que hable con Nicolás? —ofreció.

—Sí —dijo Valentina, y susurró la siguiente frase con la voz rota—. Por favor, dígale que me ayude. Que no me abandone.

Mintió con tanta convicción que casi se creyó su propio papel. Pero mientras el doctor Fuentes escribía sus notas finales, mientras la caligrafía de su tableta registraba el diagnóstico provisional de una mujer en declive, Valentina apretó los dedos contra su muñeca izquierda. Bajo la manga de su blusa, el reloj inteligente seguía grabando. Cada palabra. Cada pregunta. Cada respuesta. Prueba sólida, imborrable, lista para ser utilizada cuando llegara el momento.

El doctor se levantó y le ofreció la mano para ayudarla a ponerse de pie. Valentina la aceptó, y sintió el frío de sus dedos contra los suyos.

—Volveremos a vernos la próxima semana —dijo él—. Nicolás me dijo que usted está de acuerdo con el tratamiento. ¿Es cierto?

—Sí —respondió Valentina—. Todo lo que él diga.

Salió del consultorio arrastrando los pies, como había ensayado. En la sala de espera, Nicolás estaba sentado en una butaca, hojeando una revista de decoración. Cuando la vio salir, se levantó con una rapidez que solo un cómplice ansioso mostraría.

—¿Todo bien? —preguntó.

—Todo bien —respondió Valentina, y se dejó abrazar por él.

El abrazo duró tres segundos. Mientras sus brazos la rodeaban, mientras su pecho presionaba contra el suyo, ella sintió el corazón de Nicolás latiendo tranquilo. Sin culpa. Sin remordimiento. Él estaba tan convencido de su plan que ni siquiera se molestaba en esconder la calma de un hombre que cree haber ganado.

Cuando se separaron, Valentina le sonrió.

—El doctor quiere verme otra vez la semana que viene —dijo—. Dice que estoy mejorando.

Nicolás devolvió la sonrisa. Pero por un instante, apenas un segundo, sus ojos se nublaron con algo parecido a la decepción. Ella lo notó. Lo registró en su memoria como quien guarda una moneda en una alcancía. Una prueba más. Una grieta más en el muro que él creía indestructible.

—Me alegra —dijo Nicolás, y le ofreció el brazo para salir—. Vamos a casa.

Valentina tomó su brazo y caminó a su lado mientras salían del consultorio. Pero en su mente ya estaba dibujando el siguiente paso. Mientras él la conducía hacia el coche, mientras la ayudaba a subir con una gentileza que ahora sabía falsa, ella repasaba mentalmente la grabación que acababa de obtener.

El doctor Ricardo Fuentes. La próxima cita. Las preguntas trampa.

Todo estaba yendo según lo planeado. No según el plan de ellos. Según el de ella.

Y esa noche, cuando Nicolás durmiera a su lado y ella fingiera sueño, Valentina subiría la grabación a su cuenta cifrada y escribiría en el cuaderno secreto la siguiente línea:

"Paso 2 completado. Tienen la prueba que quieren. Pero tengo la que necesito."

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Maria Elena Ortega
no es inseminación ❓🤭☺️🤣
Maria Elena Ortega
ella dice es su relato q por primera vez ella soño con el mar, pero en capítulo anteriores ella ya había soñado con el mar , ella se iba ese otro día para la isla y han pasado 3 días , incoherencias 🤭
Geraldina Zaldivar
Me tiene en suspenso, pero ya días no leía una historia tan buena.
Gabriela Arron
y que eran adivinas q llegaron a la isla las mujeres??🤭
Gabriela Arron
no sé iba a la esla al otro día?? y paso 3 días cuando el volvió....
Gabriela Arron
y porque él no ha hecho nada después que ella lo amenazó q sabía todo....
Gabriela Arron
cómo q el hijo no era de Nicolás? había sido por inseminación entonces...
Gabriela Arron
y que pasó en la cena?? si iba para allá...
Aracelis León García
buena la historia sin ta nto drama no fastidiosa
Aracelis León García
ajá el hijo no era de él la drogó y le metió un hombre en la cama o inciminación artificial
Aracelis León García
jamás desempacar a alguien estando sola o solo porque te pueden matar
Gabriela Arron: pensé q era otro el plan ... no exponerlo así!!
total 1 replies
Gabriela Arron
porque no reviso el cajón cuando el no estaba....
Maris Benitez
Interesante comienzo 👏👏👏
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