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Mi Primer Amor

Mi Primer Amor

Status: En proceso
Genre:Fanfic / Romance / Amor a primera vista
Popularitas:79
Nilai: 5
nombre de autor: Llona

Bajo una lluvia torrencial, la desafortunada Kim Suki tropieza con Jeon Jungkook, un elegante y reservado empresario. Para saldar la deuda médica que él pagó por ella, Suki acepta ser la niñera de su rebelde sobrino de ocho años, llenando de calidez y divertido caos la fría mansión. Entre bromas, miradas robadas y roces inesperados, el amor florece entre dos mundos opuestos. Superando prejuicios y barreras sociales, descubrirán juntos que la mala suerte, a veces, es solo el disfraz del destino perfecto.

NovelToon tiene autorización de Llona para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capitulo 3

La mansión de la familia Jeon parecía sacada de un drama histórico de época o de una revista de arquitectura futurista, lo cual no era sorprendente considerando al dueño. Era gigantesca, de paredes de mármol blanco, ventanales de piso a techo y un silencio tan pulcro que Suki sintió que hasta el sonido de sus propios pasos rompía una ley no escrita.

Cargando una maleta gastada cuya rueda izquierda chillaba a cada metro, Suki avanzó por el recibidor.

—Bienvenida, señorita Kim —dijo una voz firme y madura.

Una mujer de unos sesenta años, vestida con un uniforme impecable y con el cabello recogido en un moño perfecto, descendió por la escalera principal. Su rostro era rígido como una estatua de granito.

—Soy la Sra. Kang, el ama de llaves —se presentó, haciendo una inclinación exacta de cuarenta y cinco grados—. Llevo trabajando en esta casa más de veinte años. Le aconsejo que deshaga su maleta con rapidez; las anteriores señoritas no suelen necesitar guardar su ropa en los cajones, ya que suelen irse antes del atardecer.

Suki parpadeó, sintiendo un leve escalofrío.

—¡Mucho gusto, Sra. Kang! Prometo dar lo mejor de mí —respondió Suki con una sonrisa entusiasta y una inclinación tan enérgica que casi pierde el equilibrio con su propia maleta.

La Sra. Kang no movió ni un solo músculo facial, aunque una chispa de curiosidad brilló en sus ojos.

En la parte superior de las escaleras, medio escondido detrás de una columna de mármol, Jeon Byul observaba la escena. El pequeño sonrió con malicia, ajustándose un silbato que llevaba colgado al cuello.

*"Que comience la operación 'Expulsión de Niñera 6.0'"*, pensó el niño.

El primer ataque ocurrió apenas veinte minutos después.

Suki, ya cambiada con una camiseta cómoda y unos pantalones de mezclilla, caminaba por el largo pasillo hacia la habitación de Byul para invitarlo a merendar. Lo que no sabía era que el pasillo había sido convertido en una pista de hielo invisible: Byul había esparcido tres bolsas completas de canicas de vidrio justo frente a su puerta.

Byul aguardaba detrás de la esquina, sosteniendo un cronómetro, esperando el glorioso sonido de Suki resbalando y cayendo de espaldas.

Suki avanzó. Tres pasos, dos pasos... Y justo cuando su pie iba a pisar la primera canica, el cordón de su tenso zapato izquierdo se enganchó con el tobillo del derecho. Suki tropezó consigo misma por pura mala suerte, cayendo hacia adelante de rodillas.

En lugar de rodar sobre las canicas, su cuerpo se deslizó en una plancha perfecta por el suelo de madera pulida, pasando *por encima* de todas las canicas como si fuera una jugadora de *curling*. Llegó deslizándose hasta la puerta de Byul y terminó sentada en el suelo, despeinada pero intacta.

Byul salió de su escondite con la boca abierta.

—¿Pero qué...? ¡Eso era imposible! —gritó el niño, mirando las canicas intactas detrás de ella.

Suki se levantó, se sacudió los pantalones y recogió una de las canicas del suelo.

—¡Oh! ¿Coleccionas canicas? Son hermosas —dijo Suki con una sonrisa radiante, entregándosela en la mano—. Pero ten cuidado, Byul-ah, alguien podría tropezar. La mala suerte acecha en cada rincón, ¡créeme, yo soy una experta!

Byul apretó la canica, entrecerrando los ojos. *"Esta mujer es rara"*, concluyó en su mente.

El segundo ataque no se hizo esperar.

A la hora de la cena, Suki se ofreció a ayudar en la cocina para ganarse el afecto del ama de llaves. Mientras la Sra. Kang preparaba un estofado tradicional, Byul se coló en el comedor y cambió los frascos de los condimentos. Sustituyó el azúcar del tazón de Suki por una cantidad astronómica de polvo de chile rojo súper picante (*gochugaru*) y pimienta concentrada.

Jungkook llegó a casa justo a tiempo para la cena. Vistiéndose con un suéter de lana crema que lo hacía lucir inexplicablemente acogedor y hogareño, se sentó en la cabecera de la mesa. El ambiente era inusualmente concurrido; la presencia de Suki llenaba el Comedor Real de una energía vibrante que no había existido en años.

—¿Cómo ha sido tu tarde, Byul? —preguntó Jungkook, probando su sopa.

—Muy tranquila, tío —respondió Byul con una sonrisa angelical que no engañaba a nadie—. Solo he visto a la nueva niñera explorar la casa.

Suki le sirvió una porción de sopa a Byul y luego se sentó.

—La casa es hermosa, Sr. Jeon. Y Byul es un niño muy... creativo —dijo Suki, tomando su cuchara—. ¡Buen provecho!

Byul fijó la mirada en Suki, esperando el momento exacto en que el picante le quemara la garganta y la hiciera salir corriendo a pedir agua desesperadamente.

Suki se llevó la primera cucharada a la boca.

Byul aguantó la respiración. Jungkook la miró.

Suki masticó. Parpadeó una vez. Parpadeó dos veces. De pronto, sus ojos se iluminaron con pura alegría.

—¡Cielos! ¡Sra. Kang, esto está delicioso! —exclamó Suki con verdadero entusiasmo—. Tiene un toque picante increíble. Mi abuela siempre decía que el picante limpia la sangre y espanta a los malos espíritus. ¡Me encanta la comida bien condimentada!

Byul casi se cae de la silla. ¡Había puesto suficiente chile como para derribar a un ejército de adultos, y ella se lo estaba comiendo como si fuera un dulce!

Jungkook, que conocía perfectamente las mañas de su sobrino, miró el tazón de Suki y luego a Byul. Su ceja se elevó con diversión. La inmunidad involuntaria de Suki hacia las trampas de Byul era sencillamente espectacular.

Sin embargo, el plato fuerte de la "Guerra de Bromas" estaba reservado para la noche.

Cerca de las nueve, Suki fue a la despensa de la cocina para preparar una jarra de té de manzanilla para Jungkook, quien seguía trabajando en su estudio. Byul había colocado una trampa clásica de comedia sobre el marco de la puerta de la despensa: un balde metálico equilibrado precariamente, lleno hasta el borde con agua helada y harina de trigo.

Byul se escondió detrás de la isla de la cocina, conteniendo la risa.

Suki abrió la puerta de la despensa. El alambre fino que Byul había instalado se tensó. El balde se ladeó.

En un mundo normal, el agua y la harina habrían caído de lleno sobre la cabeza de Suki. Pero la suerte de Kim Suki era un fenómeno astronómico impredecible. Justo en ese microsegundo, a Suki se le cayó el tintero del bolígrafo que llevaba en el bolsillo de la camisa.

—¡Ah, mi pluma! —exclamó Suki, agachándose instintivamente a cogerla del suelo.

El balde cayó. *¡CLANG!*

El balde golpeó la estantería superior, rebotando en el aire. La mezcla de harina y agua no cayó sobre Suki... sino que salió disparada en un arco perfecto directamente hacia el pasillo.

En ese preciso instante, Jeon Jungkook venía caminando por el pasillo, sosteniendo unos planos de arquitectura.

*¡SPLAT!*

Una nube blanca y viscosa cubrió por completo a Jeon Jungkook. La harina cayó como nieve sobre su impecable cabello negro, su cara y su suéter de lana crema. Un pequeño charco de masa pegajosa comenzó a gotear desde la punta de su nariz.

El silencio que siguió fue atronador.

La Sra. Kang, que salía de la zona de lavado, se cubrió la boca con ambas manos, dejando escapar un jadeo de horror. Byul, desde su escondite, se puso pálido como un fantasma. Había cruzado la línea: su tío jamás toleraba el desorden ni la falta de respeto.

Suki se incorporó lentamente desde el suelo, sosteniendo su bolígrafo, y se encontró cara a cara con una estatua humana cubierta de masa.

—S-Señor... Jeon... —musitó Suki, con la boca abierta de par en par.

Jungkook permaneció inmóvil durante tres segundos interminables. Cerró los ojos, sintiendo la harina húmeda en sus pestañas. Luego, se limpió la masa de los ojos con dos dedos y miró a Suki, quien lo contemplaba con una mezcla de pánico, culpa y una ternura absoluta.

Suki miró la cara de Jungkook, con la nariz cubierta de harina y unos copos blancos sobre sus cejas, haciéndolo lucir como un muñeco de nieve de alta costura. No pudo evitarlo. A pesar del peligro inminente, un pequeño bufido se le escapó por la nariz, seguido de una risita ahogada.

—Lo... lo siento mucho... pero parece un pastel de bodas no terminado —se le escapó a Suki, cubriéndose la cara con las manos, avergonzada de su propia risa.

Jungkook la miró. Miró su rostro genuino, sus ojos brillantes de risa y la forma en que intentaba morderse el labio para no faltarle al respeto.

Y entonces, ocurrió el milagro.

Un pequeño temblor apareció en las comisuras de los labios de Jungkook. Un sonido grave brotó de su pecho. Y de repente, Jeon Jungkook se echó hacia atrás y soltó una carcajada limpia, sonora y profunda que resonó en cada rincón de la fría mansión.

Era una risa verdadera, libre de estrés, de la carga del trabajo y del duelo que llevaba guardado en el corazón.

La Sra. Kang se petrificó, escuchando la risa de su joven amo por primera vez en dos años. En el fondo, Byul parpadeó, impactado.

Jungkook se acercó a Suki, todavía riendo suavemente, y con un gesto juguetón, le tocó la punta de la nariz con su dedo cubierto de harina, dejándole una mancha blanca a ella también.

—Un pastel de bodas, ¿eh? —dijo Jungkook, con una mirada tan cálida y tierno que a Suki se le detuvo el corazón por un segundo—. Bienvenida a la casa, Kim Suki. Veo que sobrevivir aquí va a ser más divertido de lo que pensé.

Suki lo miró, tocándose la nariz manchada de harina, sintiendo cómo un calor dulce y desconocido le inundaba el pecho. La guerra de bromas recién comenzaba, pero esa noche, la mansión Jeon había dejado de ser fría para siempre.

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