Todos creen que Valeria Moretti traicionó al hombre más peligroso del país. Él también lo creyó... y la echó de su vida sin darle la oportunidad de defenderse. Cinco años después, Valeria regresa con una pequeña hija y un pasado que juró olvidar. Alessandro De Luca, el temido Rey de la Mafia, está a punto de descubrir que la mujer que nunca dejó de amar ocultó el secreto más grande de su vida. Pero cuando la verdad salga a la luz, ya no solo estará en juego su amor... sino la vida de su familia.
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Capítulo 9: El pasado siempre vuelve
Los días siguientes fueron algo que ninguno de los dos había imaginado.
Para Valeria, acostumbrarse a tener a Alessandro cerca era más difícil de lo que quería admitir.
Durante cinco años había aprendido a vivir sin él.
Había aprendido a tomar todas las decisiones sola.
A resolver cada problema.
A ser fuerte incluso cuando sentía que no podía más.
Pero ahora él estaba ahí.
Preparando el desayuno con Sofía.
Ayudándola con sus dibujos.
Escuchando cada historia que la niña quería contarle.
Y lo más complicado era que Sofía estaba feliz.
Muy feliz.
—Mamá, papá dice que cuando era pequeño también rompía cosas.
Valeria sonrió mientras ordenaba la mesa.
—¿Ah, sí?
Alessandro levantó las manos.
—Era una exageración.
Sofía negó con la cabeza.
—No parecía exageración.
Por primera vez en mucho tiempo, la casa estaba llena de risas.
Y eso asustaba a Valeria.
Porque una parte de ella empezaba a recordar por qué se había enamorado de él.
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Esa tarde, Alessandro llevó a Sofía al jardín.
La niña estaba intentando enseñarle a dibujar.
—No, papá. El árbol no se hace así.
Él miró su dibujo confundido.
—¿Entonces cómo?
Sofía tomó el lápiz y comenzó a corregirlo.
—Así.
Alessandro sonrió.
—Creo que mi profesora es muy exigente.
—Porque quiero que aprendas.
Él soltó una risa.
Desde la ventana, Valeria observaba la escena.
Isabel, su abuela, se acercó lentamente.
—Nunca pensé verlo así.
Valeria no apartó la mirada.
—Yo tampoco.
—Está intentando.
Ella suspiró.
—Lo sé.
La anciana la miró con ternura.
—Pero todavía estás herida.
Valeria bajó la mirada.
—No sé cómo dejar de estarlo.
Isabel tomó su mano.
—A veces perdonar no significa olvidar.
—¿Y si vuelve a pasar?
La pregunta salió con miedo.
—¿Y si vuelvo a confiar y me destruye otra vez?
Su abuela no respondió inmediatamente.
Porque sabía que esa era la verdadera batalla de Valeria.
No contra Elena.
Contra sus propios recuerdos.
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Mientras tanto, en otro punto de la ciudad...
Elena observaba los informes que sus hombres habían conseguido.
Cada día que pasaba, Alessandro y Valeria estaban más cerca.
Eso la enfurecía.
Ella había esperado que el dolor los separara para siempre.
Pero había cometido un error.
Había olvidado algo importante.
El amor que habían tenido.
—No puedo permitir que sigan juntos.
Su acompañante la miró.
—¿Qué hará?
Elena dejó una carpeta sobre la mesa.
—Voy a darle a Valeria una razón para desconfiar otra vez.
—¿Cómo?
Una sonrisa apareció en su rostro.
—Mostrándole algo que Alessandro nunca le contó.
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Esa noche, Alessandro recibió una llamada inesperada.
Era un número desconocido.
Contestó con cautela.
—¿Quién habla?
Una voz masculina respondió.
—Tengo información sobre Elena Rossi.
Alessandro se quedó en silencio.
—¿Quién eres?
—Alguien que estuvo ahí la noche en que todo ocurrió.
La atención de Alessandro aumentó.
—Habla.
—No por teléfono.
—¿Dónde?
La voz dudó unos segundos.
—Mañana. A las ocho. En el viejo almacén del puerto.
La llamada terminó.
Alessandro miró la pantalla.
Algo en su interior le decía que esa información podía cambiarlo todo.
Pero también sabía que podía ser una trampa.
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Al día siguiente, antes de salir, Valeria notó que algo ocurría.
Alessandro estaba demasiado serio.
—¿Qué pasa?
Él dudó.
Había prometido no ocultarle nada.
—Tengo que encontrarme con alguien que dice tener información sobre Elena.
La expresión de Valeria cambió.
—¿Vas a ir solo?
—Sí.
—Alessandro...
Él se acercó.
—Tengo que saber la verdad.
Valeria lo miró preocupada.
—Prometeme que vas a volver.
La frase salió sin que ella pudiera evitarlo.
Los dos quedaron en silencio.
Porque era la primera vez que Valeria le pedía algo así desde que volvió.
Alessandro la miró con sorpresa.
Después sonrió suavemente.
—Te lo prometo.
Pero ninguno de los dos sabía que esa promesa estaba a punto de ponerse a prueba.
Porque alguien había preparado una trampa.
Y esta vez...
El objetivo no era separarlos.
Era destruir a Alessandro.
El viejo almacén del puerto estaba casi abandonado.
El sonido de las olas golpeando contra los muelles era lo único que rompía el silencio de la noche.
Alessandro llegó exactamente a la hora acordada.
No era un hombre que confiara fácilmente.
Mucho menos después de todo lo ocurrido.
Antes de entrar, revisó los alrededores.
No había nadie.
Pero eso no significaba que estuviera tranquilo.
Durante años había aprendido que los peligros más grandes eran los que no se veían.
Entró lentamente al almacén.
—¿Hay alguien?
Su voz se perdió entre las paredes vacías.
Unos segundos después, una figura apareció desde las sombras.
Era un hombre de unos cincuenta años.
Su rostro mostraba cansancio y miedo.
—Alessandro De Luca.
—¿Quién eres?
El hombre miró hacia la puerta antes de responder.
—Mi nombre es Ricardo Salvatierra.
Alessandro frunció el ceño.
Ese nombre le resultaba conocido.
—Trabajabas para mi familia.
Ricardo asintió.
—Hace cinco años.
El silencio entre ambos fue pesado.
—Tú sabes lo que pasó esa noche.
No era una pregunta.
Era una afirmación.
Ricardo bajó la mirada.
—Sí.
Alessandro dio un paso hacia él.
—Entonces habla.
El hombre respiró profundamente.
—Valeria nunca te traicionó.
Aunque ya sospechaba la verdad, escuchar esas palabras volvió a abrir una herida.
—Continúa.
—Elena Rossi organizó todo.
Ricardo sacó una pequeña memoria de su bolsillo.
—Aquí está la prueba.
Alessandro la tomó.
—¿Por qué ahora?
Ricardo dudó.
—Porque vi lo que pasó después.
Su voz se quebró.
—Vi cómo una mentira destruyó la vida de dos personas que se amaban.
Alessandro apretó la memoria en su mano.
—¿Por qué no hablaste antes?
Ricardo cerró los ojos.
—Porque tenía miedo.
—¿De Elena?
El hombre asintió.
—Ella era capaz de todo.
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Mientras tanto, en la casa de Valeria...
Ella intentaba mantenerse tranquila.
Pero algo no estaba bien.
Miraba el reloj constantemente.
Alessandro había prometido volver.
Y aunque se repetía que confiaba en él...
El miedo seguía ahí.
Sofía estaba dibujando en la mesa cuando levantó la vista.
—Mamá.
—¿Sí?
—¿Papá está enojado contigo?
La pregunta la sorprendió.
—¿Por qué piensas eso?
La niña bajó el lápiz.
—Porque antes cuando hablaban parecían tristes.
Valeria se quedó callada.
Los niños notaban más de lo que los adultos imaginaban.
—No, mi amor.
Sonrió suavemente.
—Estamos intentando arreglar algunas cosas.
Sofía pensó unos segundos.
—Entonces tienen que hablar mucho.
Valeria sonrió.
—¿Eso crees?
La niña asintió.
—Sí. Porque cuando yo me enojo con mis amigos, hablamos y después estamos bien.
Valeria sintió un pequeño nudo en la garganta.
La inocencia de su hija era algo que necesitaba recordar.
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En el almacén, Alessandro conectó la memoria a su computadora.
Los archivos comenzaron a aparecer.
Documentos.
Grabaciones.
Mensajes.
Y entonces encontró algo que hizo que su sangre se helara.
Una grabación de Elena.
Su propia voz aparecía en el audio.
"Si Alessandro cree que Valeria lo traicionó, nunca volverá a buscarla."
Alessandro cerró los ojos.
Era ella.
Siempre había sido ella.
Pero todavía había algo más.
La grabación continuó.
"Y cuando él la abandone, yo estaré ahí para ayudarlo a reconstruir su vida."
La rabia comenzó a crecer dentro de él.
No solo había destruido su relación.
También había intentado reemplazar a Valeria.
—Cinco años...
Susurró.
Cinco años de dolor por culpa de una mentira.
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De repente, un ruido lo hizo levantarse.
La puerta del almacén se cerró de golpe.
Alessandro se giró.
Ricardo ya no estaba.
—Ricardo.
Silencio.
Entonces escuchó pasos.
Alguien más estaba allí.
Una voz apareció entre las sombras.
—Siempre fuiste demasiado inteligente, Alessandro.
Su cuerpo se tensó.
Conocía esa voz.
—Elena.
Ella salió lentamente de la oscuridad.
Sonriendo.
—Felicidades.
Aplaudió suavemente.
—Finalmente descubriste la verdad.
Alessandro la miró con furia.
—¿Por qué?
Elena inclinó la cabeza.
—Porque ella te alejaba de mí.
—Nunca te elegí.
La sonrisa de Elena desapareció por un instante.
—Ese fue siempre tu problema.
Se acercó un poco.
—Amabas demasiado a alguien que no era yo.
Alessandro dio un paso adelante.
—Terminaste.
Pero Elena sonrió.
—¿Eso crees?
Sacó su teléfono.
—Antes de venir aquí, hice algo.
Alessandro sintió un mal presentimiento.
—¿Qué hiciste?
Ella lo miró fijamente.
—Algo que hará que Valeria vuelva a odiarte.
El corazón de Alessandro se detuvo.
Porque entendió que la guerra recién comenzaba.
Y esta vez...
Elena no iba a atacar su pasado.
Iba a destruir su futuro.