Cuándo enfermó Victoria Cornell, no le importaba la enfermedad tanto como dejar a su pequeña sola. La única familia que tenían estaba lejos y eran algunos parientes lejanos. El hermano mayor de su esposo no lo conocía lo suficiente para dejar a su hija a su cuidado, el también tenía una hija de la misma edad que la pequeña Kayla, Victoria tenía cancer terminal no le daban buenas noticias, ya no tenía fuerzas tenía que dejar a su hija en un orfanato, toda su fortuna la dejó en un fideicomiso que podía usar hasta cumplir la mayoría de edad. La fortuna que su esposo había dejado la tenía en inversiones que manejaba ella misma pero ya no podía, así que hizo un testamento sin saber que sería la condena para su propia hija. Pues su cuñado la reclamó cuando ella murió, las autoridades dejaron como única persona de contacto para hacerse cargo de la niña que apenas cumpliría cinco años. A el varón.
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Ruina total
— Lo vi en el televisor. - admitió riendo por la confección.
Era una alegría ver que poco a poco se iba encontrando así misma. Además, Corbin se la estaba ganando, todos los días era testigo que le llevaba algo, se dió cuenta que le encantaban las flores.
Entonces se vio muy hábil llevándola al jardín, porque ni eso había tenido nunca, la emoción por tener una flor en sus manos fue un detalle que no pasó desapercibido, por un interesado hombre, Ahora día a día la visita con una rosa para ella.
— ¿Te gusta tu esposo? - le preguntó con picardía Marina.
— Si es muy guapo y me gusta que me toma de la mano. - aceptó recordando que estaba muy cerca y sintió que se le salía el corazón.
— Corbin sonrió al escuchar sus palabras, detrás de la puerta, dónde decidió dejarla para que siguiera expresándose.
OFICINA DEL CASINO
— Señor es verdad lo que le dije, hemos perdido muchas inversiones…se desplomaron, las acciones no entiendo como. Nuestros socios y clientes se retiraron. Los bancos retiraron sus cuentas y las nuestras estan canceladas, no quieren invertir más.
— ¡No! - no debe haber un error, - exclamó el hombre perdiendo el color, y sintiendo que se le escapaba el aire.
— Vuelvan a intentarlo. - dijo totalmente desesperado.
— Señor ya lo intentamos varias veces. - explicó con desesperación y ganas de salir corriendo.
— No esto no puede estar pasándome. - fue Corbin lo se, maldito mafioso si ya le entregué lo que me exigía.
Pero aún no terminaba estaba empezando su ruina.
Su teléfono timbró al ver que era del primer casino quiso saber qué ocurría.
— Dime. - contestó esperando otra fatal noticia.
— Varón el casino está en llamas. Los bomberos están aquí pero honestamente no creo que quede nada en pie.
— Bueno al menos, la aseguradora pagará perdidas.
— Usted no quiso renovar, cuando se venció, ya no lo cubría, y fueron perdidas totales.
El varón se dejó caer en su silla, estaba acabado estaba en la ruina. Ni siquiera tomó en cuenta la llamada de su esposa, que había ido a jugar canasta con sus amigas, y su tarjeta no pasó la cantidad, y estaba histérica ya que había pasado la peor vergüenza y humillación delante de sus amigas de la sociedad.
PROPIEDAD WALKER.
En una celda con barras oxidadas del pequeño cuarto, un sujeto miraba a todos lados, desde temprano lo habían secuestrado, y lo habían confinado en esa pocilga de no mas de 4 x 4 no sabía qué querían con él y menos sabía quienes eran.
Pero no tardaría en enterarse, Corbin estaba atendiendo otros asuntos más importantes, lo habían guiado a un hotel de paso, donde habían sido trasladados los cuatro hombres encontrados en los túneles.
Y los dos enfermos fueron atendidos en una clínica privada, ya que primero Corbin quería preguntarles porque el varón los había encerrado. En el hotel había un hombre que no perdía detalle.
— Yo los he liberado con el fin de saber qué fue lo que sucedió, porqué el varón los encerró, ¿cuál es la deuda con él?
Habló primero un hombre con los puños hechos bola.
— Yo si lo mataría al perro maldito. - crujió la mandíbula antes de que su odio se reflejara en sus ojos.
Lo descubrí queriendo abusar de mi esposa, amenazándola que si no lo complacía me quitaría mis negocios de abarroteria, y cuando lo enfrenté sus trogloditas me sometieron a golpes.
Cuándo desperté estaba en una maldita celda oscura con otros dos, fijo su mirada en los dos hombres que recordaba.
Yo tenía un mes ahí aproximadamente. - habló al que señaló, ese infeliz estafaba a una pareja de la tercera edad, y me pasó lo mismo cuando quice amenazarlo con acusarlo a las autoridades.
Así uno tras otro, eran el mismo caso. Hasta que Gregory Masson. Se levantó un poco mareado por la debilidad.
— Yo viajaba desde Austin Texas cada mes por la pequeña Kayla para hacer un reporte del estado de la niña. - levantó la cabeza, Desde el primer mes noté una leve tristeza en la pequeña. - suspiró, fui un idiota, ahí estaba la prueba y la pasé pensando que era normal, por el cambio de hogar. - golpeó la pared, falle con agente supervisor. - se lamentó.
— Ahora no se que pasó con esa niña que obviamente debe ser ya una mujer.
— Es mi esposa. - soltó Corbin dejando a Gregory anonadado. Después hablaremos de eso, por el momento solo quiero asegurarles que tendrán justicia.
— Lo queremos ver tras las rejas.
— Eso sería muy poco para lo que merece ese maldito monstruo, - farbulló lleno de odio, lo liberarían en un tiempo récord, - admitió porqué las leyes necesitaban pruebas contundentes, y no había denuncias, mató a mi hermano, y le provocó daños psicológicos y físicos a la mujer que ahora es mi esposa, dijo con una sonrisa que no llegaba a sus ojos.
— Tu …¿tomaras justicia por tu cuenta? - cuestionó Gregory pensando.
— Lo destruiré, y deseara estar muerto, en la cárcel no pagaría todo el daño que hizo.
Gregory era un hombre de leyes, pero estaba de acuerdo en esta vez, el hombre llamado varón era un abusador del poder, y todo el daño que había hecho, no lo pagaría lo suficiente yendo a prisión.
Corbin estaba seguro que no faltaba nada por lo que le entregó el archivo de las fotos tomadas como evidencia de algunos golpes del cuerpo, no quería mostrarle todo sabía que con eso era suficiente. Solo brazos piernas y espalda.
El antiguo agente se tapó la boca para silenciar su impresión.
— Mátalo de la manera más cruel. - se indignó era un animal.
— No solo fue él solamente quien le causaron el daño, - admitió recordando, todavía tenía mucho que hacer.
— La hija y la esposa participaron también con gran crueldad. - le dijo. Ya tengo a la hija, pero falta poco para terminar con ellos.
— ¿Le puedo preguntar algo?
El hombre asintió.
— ¿Como logro que le entregaran a Kayla?
Corbin bufó.
— Quiso pasarse de listo conmigo el muy idiota. Yo le pedí en matrimonio a su hija en venganza de no matarlo cuando le demostré que sabía que había torturado y matado a mi hermano, y él sospechando que me vengaría con su adorada hija, la intercambio por Kayla. - ensombreció su rostro al recordar su comportamiento con ella.
— A su propia hija la mandó fuera del país, a Paris, para mantenerla segura de mi. - sonrió por inercia. Ya la tengo aquí y está encerrada.
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