Lara creía que su loba interna jamás volvería a aullar. Tras ser rechazada por la codicia del Alfa Roderick, su espíritu quedó roto. Obligada a asistir al Baile de la Luna, la gran gala de segundas oportunidades, Lara viaja solo para esconderse en las sombras. Lo que no imagina es que el hilo del destino ya está escrito.En mitad de la gala, el aire se congela con la llegada del Rey Alfa, el soberano absoluto de todos los licántropos. Al clavar sus ojos en Lara, el lazo de segunda oportunidad estalla. Él la reclama como su Reina definitiva, pero Lara, indómita e independiente, se niega a ser la compañera sumisa que la corte espera, desatando una intensa tensión entre ambos.Mientras el Rey lucha por derribar los muros de su corazón, una amenaza avanza desde el norte. El hermano menor de Roderick, manipulado con mentiras sobre la muerte de su hermano, jura venganza eterna contra el Imperio y contra Lara. ¿Podrá el Rey Alfa proteger a su Reina, o la guerra devorará su imperio?
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CAPITULO 20. EL DESHIELO EN LAS SOMBRAS
La noche se asentó con una calma profunda sobre el ala norte del palacio, cubriendo los ventanales con el reflejo plateado de la luna llena. Tras haber cenado en la intimidad de nuestro comedor privado, Kaelen y yo nos trasladamos hacia el amplio sofá de terciopelo frente a la chimenea encendida. El calor del fuego recortaba nuestras siluetas en la penumbra de la alcoba, creando un remanso de paz en mitad de la agitación que se cernía sobre el imperio. Extendí sobre mis rodillas el informe manuscrito con la confesión detallada que los prisioneros habían firmado en las celdas subterráneas, analizando la estrategia definitiva para detener la guerra civil.
—Mañana a primera hora enviaré a mi capitán más leal hacia los límites de la frontera secundaria —me explicó Kaelen con su voz profunda y ronca, rompiendo la quietud con una seriedad absoluta—. Portará una bandera de tregua blanca y le entregará este documento lacrado directamente a los centinelas de Jared. Si su lobo Fenrir posee el buen corazón que el reporte describe, el muchacho detendrá a sus batallones al leer cómo el Beta los obligó a atacar a mis guardias por pura cobardía.
—Es el único camino para evitar una carnicería innecesaria, Kaelen —le respondí en un susurro, dejando el papel sobre la mesa de madera—. Jared viene buscando vengar una farsa. Si logramos que lea la verdad, su propio sentido de la justicia real se encargará de purificar el norte.
Kaelen no respondió con palabras; en su lugar, se inclinó sutilmente hacia mí, despojándose de la rigidez de sus obligaciones, y acortó la distancia física que nos separaba de una forma tan magnética que me hizo contener el aliento. Sus manos se posaron con una suavidad infinita sobre mi cintura, atrayendo mi espalda contra su robusto torso desnudo bajo la túnica, enviándome ráfagas de su fragancia a bosque antiguo y ozono que me caló hasta los huesos. La adictiva descarga eléctrica de nuestro lazo chispeó al contacto directo, desatando una corriente cálida que corrió por mis venas, disipando cualquier rastro de la agónica melancolía que me había acompañado en el exilio.
Nos entregamos a un encuentro pausado, dulce y colmado de una devoción implacable. Sus dedos delinearon mis mejillas, descendiendo con una parsimonia deliberada por el contorno de mi cuello y mis hombros, regalándome caricias suaves, tiernas y calientes por todo mi cuerpo que me hicieron temblar de pura felicidad.
Me giré despacio sobre sus muslos para quedar frente a él, entrelazando mis dedos en su cabello oscuro, buscando sus labios con una urgencia que me nubló la razón. Nos fundimos en nuestro primer beso; una caricia húmeda, lenta y hambrienta que encendió una hoguera abrasadora en la penumbra de la habitación. La intensidad del momento fue tan brutal y arrolladora que el invierno de mi pecho se fracturó por completo en un microsegundo irreversible. Una oleada de energía brotó de mi anatomía y, por fin, la silueta majestuosa de mi loba se hizo presente en mi mente, soltando un rugido ensordecedor de absoluta satisfacción al reconocer al lobo de Kaelen como su único macho y pareja destinada.
La marea de nuestro deseo alcanzó un punto de máxima tensión física, amenazando con derribar cualquier barrera en mitad del vapor de la chimenea. Sin embargo, conectando con mi firmeza, apoyé mis manos contra su pecho musculoso y detuve el avance de sus labios con un esfuerzo supremo, separando mi boca de su piel antes de que la pasión nublara mi templanza.
Kaelen frenó sus instintos de golpe con una madurez admirable, reteniendo la respiración mientras su aura protectora me envolvía con un cuidado extremo. Me miró con sus ojos fijos llenos de un amor inmenso, respetando mi espacio sin un solo ademán de reproche.
El dolor sordo por el lazo perdido con Roderick ya casi no existía en mí, evaporado por la pureza de esta segunda oportunidad; lo que verdaderamente me paralizaba en mitad de la negrura eran mis propias inseguridades. Kaelen sería el primer hombre con el que yo iba a estar en mi vida, y ser plenamente consciente de la amplia experiencia y los dos siglos de sabiduría que él cargaba en sus venas me hacía sentir frágil, temerosa de no saber cómo colmar las expectativas de un soberano supremo. Necesitaba tiempo para adaptarme a la inmensidad de su presencia en la intimidad. Kaelen asintió con una parsimonia majestuosa, entendiéndome sin necesidad de discursos vacíos, y simplemente me estrechó contra su pecho con un abrazo protector, meciendo mi cuerpo hasta que nos quedamos dormidos bajo el amparo de la noche, con el alma en completa paz y listos para encarar el definitivo cara a cara del amanecer.