En toda historia existe un héroe, una heroína, un villano y luego estaban ellas.
Dos mujeres que competían incluso por quién era capaz de arruinar con mayor elegancia el día de la otra, toda la nobleza estaba convencida de que, tarde o temprano, una terminaría asesinando a la otra.
El destino también lo creyó, lo que jamás imaginó...era que, la noche de sus bodas, ambas morirían y despertarían dos almas completamente diferentes.
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PELEA
Aurelia: Lamento decepcionarla, porque hoy vino una cocinera (jajajajja la cara de los guardias que me acompañaban son un poema aún no se acostumbran a mi forma de ser, le dije a la directora del lugar que me indicara donde quedaba la cocina, la señora se escandalizo aun así hizo lo que le pedí, los pequeños curiosos fueron apareciendo y se asomaban para mirar que estaba pasando)
—¿Las emperatrices usan eso?
Aurelia: Solo las que saben hacer galletas
—¡¡¿Sabe hacer galletas?!!
Aurelia: Las mejores del imperio
—Majestad, habíamos preparado una pequeña ceremonia de bienvenida
Aurelia: ¿Hay hambre?
—Bueno, si todavía no servimos el almuerzo
Aurelia: Entonces la ceremonia puede esperar, la comida no (durante la siguiente hora la cocina se convirtió en un auténtico espectáculo, no era mi intensión, pero las cosas se dieron así, les explicaba a los cocineros del lugar nuevas formas de aprovechar los ingredientes, a la hora del almuerzo los niños ocuparon sus lugares alrededor de las largas mesas de madera, serví cada plato personalmente a cada niño, hasta que uno de ellos se animó a hablarme)
—Majestad, ¿puede venir otra vez?
Aurelia: Claro que sí, pero la próxima vez tú me ayudarás a cocinar
—¿En serio?
Aurelia: En serio, porque un gran cocinero siempre empieza lavando verduras (El almuerzo terminó entre risas, los niños insistieron en acompañarme hasta la entrada del orfanato, algunos llevaban pequeños ramos de flores silvestres, otros corrían sosteniendo con orgullo los dulces que había preparado, la pequeña Emma, una niña de apenas seis años, abrazó con fuerza mi cintura)
Emma: ¿Promete volver?
Aurelia: Lo prometo, pero solo si para entonces ya sabes romper un huevo sin dejar caer la cáscara
Emma: ¡Eso es muy difícil!
Aurelia: Por eso tienes que practicar
Emma: ¡Usted hace trampa!
Aurelia: ¿Por qué?
Emma: Porque cocina demasiado bien
Aurelia: (Cuando finalmente llegó el momento de partir los carruajes volvieron a ponerse en marcha, los pequeños corrieron detrás de ellos hasta el final del camino agitando las manos)
Helena: ¿Ya está pensando en la próxima visita?
Aurelia: Estoy pensando en construirles una panadería
Helena: Claro ¿Por qué imaginé que diría algo sencillo?
Aurelia: estas aprendiendo a conocerme (seguía hablando con Helena de todo un poco mientras el carruaje seguía el sendero, me fije que ya estamos dentro del bosque)
—¿Ocurre algo, capitán?
—¡Formación defensiva!
Aurelia: ¿Qué ocurre?
Capitán: Majestad, necesito que permanezca dentro
Aurelia: ¿Hay peligro?
Capitán: Todavía no lo sé, pero mi instinto dice que sí
Aurelia: Escucha con atención Helena, si ocurre algo no intentes protegerme, quiero que huyas
Helena: ¡Majestad!
Aurelia: No es una orden para discutir, es una orden para obedecer
Helena: Jamás la abandonaré
Aurelia: no me hagas repetirlo, mi deber es asegurarme de que todos regresen a casa (asomo un poco la cabeza por la ventana, los hombres seguían sin moverse hasta que tres enormes troncos cargados con piedras descendieron desde la ladera con un estruendo ensordecedor, los troncos cruzaron exactamente el camino por donde habría pasado el carruaje si hubieran avanzado un metro más el carruaje hubiera recibido el impacto, la tierra tembló por el estruendo y los caballos relincharon, un silbido atravesó el bosque, Sir Roland que es nuestro capitán ni siquiera necesitó mirar)
—¡¡ESCUDOS!!
Aurelia: (no me perdería esto, no me juzguen, pero jamás vi caballeros pelear en directo, la primera flecha impactó violentamente contra un escudo de acero, la segunda encontró el hombro de un caballo, el animal relinchó con desesperación antes de desplomarse sobre el camino y entonces el bosque despertó, una lluvia de flechas cayó desde ambos lados del sendero, los caballeros imperiales cerraron inmediatamente la formación alrededor de los carruajes, los escudos chocaban entre sí)
Capitán: Protejan a la emperatriz
Aurelia: (Dos soldados desmontaron de inmediato y se colocaron frente a la puerta del carruaje, las flechas golpeaban los escudos como una tormenta)
Helena: Majestad, No salga
Aurelia: (respire profundamente, porque obviamente si saldría)
Capitán: ¿Qué está haciendo?
Aurelia: ¿Dónde puedo ayudar?
Capitán: Volviendo al carruaje
Aurelia: (antes de que pudiera responder y que no me trataran como un estorbo, tres figuras salieron de entre los árboles, vestían cuero oscuro, el rostro cubierto y con espadas cortas en las manos, habían conseguido atravesar la primera línea de defensa, uno de los caballeros los interceptó, el choque de las hojas resonó con violencia, el primer mercenario cayó, pero el segundo atravesó el muslo del soldado con una estocada limpia, el tercero corrió directamente hacia mi)
Helena: Majestad
Aurelia: (Todo ocurrió en cuestión de segundos, el mercenario levantó la espada, para mi mala suerte no llevaba una espada conmigo, solo el largo cucharón de hierro que, por costumbre, aún llevaba sujeto al cinturón del delantal después de cocinar en el orfanato, ni siquiera recordaba haberlo guardado allí, cuando el hombre descargó el primer golpe di un paso hacia un lado, la espada corto el aire, sujetaba con ambas manos el cucharon y golpee con todas mis fuerzas la muñeca del atacante, el mercenario soltó un grito, la espada cayó al suelo) Creo que ahora entiendo por qué siempre decía que era de acero de buena calidad