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Mil Almas En Un Solo Corazón

Mil Almas En Un Solo Corazón

Status: En proceso
Genre:Reencarnación / Época / Traiciones y engaños
Popularitas:334
Nilai: 5
nombre de autor: nezhaN

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Murió mil veces y volvió a nacer otras mil, siempre sacrificándose por los demás y perdiendo todo lo que amaba. Esta vez, Elif renació con dieciséis años, cabello blanco con puntas doradas y ojos morados profundos, viviendo tranquila en un pueblo humilde, con el único deseo de ser feliz al fin. Pero la desgracia la arrastra hasta el Gran Palacio, donde gobierna el joven y ardiente Sultán Murad de diecisiete años. Allí, deberá sobrevivir a intrigas, envidias y reglas crueles usando todo lo que aprendió como doctora, espadachín, ingeniera, botánica y mucho más, demostrando que quien lleva siglos viviendo, nadie podrá vencerlo jamás.

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Capítulo 20 — La verdad puesta al descubierto frente a todo el pueblo

Al amanecer, cuando el cielo aún conservaba matices entre el azul suave y el primer dorado del sol, las tres grandes campanas de la torre principal sonaron con un ritmo largo y claro: la señal acordada para que nadie faltara a la convocatoria. Recorrieron cada rincón de la ciudad y los arrabales, llamando a todos sin excepción: labradores, pescadores, artesanos, comerciantes, soldados, ancianos y niños. Selim y Zeynep decidieron que no responderían a los rumores en pasillos cerrados ni en reuniones pequeñas: todo se diría frente a todos, de forma clara y para siempre.

Dentro de los aposentos reinaba una calma decidida. Zeynep estaba sentada mientras Gül terminaba de arreglarle el cabello: sus largos mechones blancos con reflejos dorados estaban trenzados con cintas del azul profundo y la plata que representaban al imperio, sin joyas excesivas, para mostrar que su autoridad no provenía de adornos, sino de su historia con esa gente. Al verse en el espejo, recordó cuando llegó allí, sola y asustada, y ahora tenía todo lo que una persona podría desear: amor verdadero, una familia entera, un pueblo al que servir.

Selim se acercó con el manto real tejido con lana fina y seda, donde el emblema del imperio brillaba bordado con hilos de oro. Se lo colocó suavemente sobre los hombros y le susurró al oído:

—No tienes nada que demostrar, pero sí mucho que decir. La verdad siempre gana cuando se la mira a la cara.

Ayşe, que ya contaba con siete años, se colocó justo entre los dos, enderezando su propia postura y acomodando su vestido:

—Yo también voy a hablar si hace falta. Para que todos sepan que no hay ninguna diferencia entre nosotros, somos una sola familia.

Azat y Hürrem dormían profundamente en su cuna de madera de olivo, custodiados por la nodriza y dos guardias de total confianza. Él con su cabello oscuro como Selim, ella igualita a su madre, parecían ser la promesa de que todo el bien que estaban construyendo perduraría.

Al salir al gran balcón que daba a la plaza principal, el silencio cayó de golpe sobre miles de personas que esperaban con sentimientos encontrados: algunos temían que fuera verdad lo que habían oído, otros ya defendían a su pareja real sin dudar, y la mayoría solo quería escuchar lo que realmente estaba pasando. Selim avanzó hasta el borde, y su voz potente y serena llegó hasta el último rincón:

—Pueblo mío, hijos míos, hermanos todos: desde hace días circulan palabras dichas al oído, historias sin quien las afirme, sospechas sembradas con mucho cuidado para separarnos unos de otros. Dicen que quien no nace aquí no puede amarnos de verdad. Dicen que vamos a regalar nuestros puertos, nuestros caminos y lo que con tanto esfuerzo hemos construido. Dicen que entregaremos nuestra confianza a cambio de regalos brillantes. ¡Escuchadme con atención! Nadie elige el lugar donde abre los ojos por primera vez, pero todos elegimos dónde ponemos el corazón y dónde dejamos la vida. ¿Acaso olvidáis quién caminó por los campos secos con vosotros durante la gran sequía? ¿Quién dio sus propios remedios y se quedó noches enteras al lado de vuestros enfermos? ¿Quién bajó hasta el desierto arriesgando su propia existencia para salvar a una niña que ni siquiera era suya? Esa mujer que tenéis al lado no vino para quitaros nada: vino para darlo todo. Y quienes ahora intentan manchar su nombre son los mismos que han estado robando nuestros mapas secretos, midiendo nuestras defensas y preguntando cosas que solo necesitan saber quienes planean usarlas contra nosotros.

Hizo una pausa para que sus palabras calmaran y luego señaló hacia el mar donde se veían las velas azules:

—No somos enemigos de nadie que venga con el corazón honesto. Recibiremos a quien quiera comerciar y ser nuestro aliado con las puertas abiertas. Pero cerraremos con llave toda entrada a quien intente engañarnos o robar lo que nos pertenece a todos por igual.

Entonces fue el turno de Zeynep. Dio un paso al frente, miró directamente a los ojos de la gente que estaba más cerca, y su voz no necesitó gritar para ser escuchada con total claridad:

—Amigos míos, yo sé muy bien lo que se siente ser una extraña. Lo sé porque lo fui durante mucho tiempo. Llegué aquí sin padres, sin hogar y sin saber si alguien me daría un pedazo de pan. Pero vosotros me recibisteis. Vosotros me disteis un lugar donde estar. Y desde ese día juré que mientras yo tuviera aliento, esta tierra y esta gente serían lo primero en mi pensamiento. No os pido que me creáis por ser vuestra Sultana. Os pido que me creáis por lo que hemos vivido juntos. Si he estado en vuestras alegrías y en vuestras penas, ¿cómo podría haceros ahora el mal que dicen? Los regalos hermosos no valen más que la lealtad que hemos construido paso a paso. Los mapas que nos faltaron fueron devueltos, pero ya estaban copiados. Las preguntas inocentes en realidad eran para saber dónde estamos débiles. No vamos a permitir que nadie rompa nuestra unión, porque sabed bien: mientras sigamos juntos, nadie podrá vencernos.

En ese momento Ayşe se colocó al lado de sus padres, alzó la mano y con toda la valentía de sus siete años gritó para que todos la oyeran:

—¡Yo no soy hija de su sangre, pero ella me salvó la vida y yo la llamo mamá con todo mi amor! ¡Si ella fuera mala yo no la querría tanto! ¡No dejéis que nadie os mienta sobre nuestra familia!

Por unos segundos hubo un silencio absoluto, y luego estalló un grito que pareció hacer temblar las mismas piedras:

—¡Viva Selim! ¡Viva Zeynep nuestra Sultana! ¡Juntos somos más fuertes!

Muchos lloraban de emoción, otros se abrazaban al darse cuenta de que habían estado a punto de caer en una trampa sencilla pero bien armada. Los rumores que habían recorrido las calles desaparecieron por completo ese mismo instante, como nubes que el viento se lleva al descubrirse el sol.

Cuando la multitud se fue retirando poco a poco y la familia regresó a sus aposentos, llegaron noticias del pabellón de huéspedes: al enterarse de lo dicho y sabiendo que su plan de sembrar desconfianza había fracasado totalmente, la Princesa Layla y el Embajador Jalil habían pedido reunirse de inmediato con Selim y Zeynep. Su intento de romper la unidad del pueblo había sido su primer gran error, y ahora tendrían que buscar otra forma de conseguir lo que querían, mientras la verdad quedaba escrita para siempre en el corazón de cada habitante del imperio.

Selim tomó la mano de Zeynep y la besó con inmenso orgullo:

—Hemos puesto cada cosa en su lugar. Ahora ellos saben que no nos engañarán tan fácilmente.

—Así es —respondió ella mirando a sus tres hijos—. Y mientras sigamos unidos como hoy, ningún plan, ninguna mentira ni ninguna amenaza podrá hacer nada contra nosotros.

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**FIN DEL CAPÍTULO 20**

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