Valentina Mena es una mujer fuerte e independiente que nunca se ha dejado dominar por nadie. Matteo De Luca, líder de un poderoso imperio mafioso, está acostumbrado a obtener todo lo que quiere. Cuando sus caminos se cruzan, nace una atracción peligrosa que los llevará a enfrentarse entre el amor, el poder y la traición.
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Algo más que curiosidad
Sin embargo, Matteo no sabía que aquella noche estaba a punto de descubrir algo mucho más peligroso que los Moretti.
Sus propios sentimientos.
—¿Por qué me estás mirando así? —preguntó Valentina.
—¿Así cómo?
—Como si estuvieras intentando leer mi mente.
—Tal vez lo estoy intentando.
—Buena suerte.
—La necesitaré contigo.
Valentina sonrió mientras daba un pequeño sorbo a su bebida.
Aquella sonrisa provocó algo extraño en Matteo.
Algo que no le gustó.
Porque lo hizo olvidar durante unos segundos todos los problemas que lo esperaban fuera de aquel salón.
Y eso era precisamente lo peligroso.
—¿Sabes qué descubrí? —preguntó ella.
—Sorpréndeme.
—Que eres menos insoportable cuando sonríes.
Matteo arqueó una ceja.
—¿Eso fue un cumplido?
—No te emociones.
—Demasiado tarde.
—Qué problema contigo.
—El problema eres tú.
Valentina sintió un ligero calor subir por sus mejillas.
Por suerte, Matteo estaba demasiado ocupado observándola para notarlo.
O al menos eso creyó ella.
Porque Matteo lo había notado perfectamente.
Y aquello le gustó más de lo que debería.
⸻
La música comenzó a sonar con más fuerza.
Varias parejas se dirigieron a la pista de baile.
Valentina observó la escena durante unos segundos.
—No me mires.
—Ni siquiera he dicho nada.
—Pero lo estabas pensando.
—Tal vez.
—No voy a bailar contigo.
—¿Por qué todos me rechazan esta noche?
—Porque eres insistente.
—Y tú difícil.
—Eso también.
Matteo sonrió.
—Entonces estamos de acuerdo.
—No recuerdo haber aceptado nada.
—Claro que sí.
—Eres imposible.
—Y sigues aquí.
Antes de que ella pudiera responder, una voz masculina interrumpió la conversación.
—Señorita Mena.
Valentina giró la cabeza.
Era uno de los empresarios que había conocido durante la cena anterior.
Un hombre atractivo, elegante y demasiado seguro de sí mismo.
—Buenas noches —saludó ella.
—¿Me concedería este baile?
Matteo se quedó completamente inmóvil.
Valentina lo vio de reojo.
Y por alguna razón tuvo ganas de divertirse un poco.
—Claro.
La sonrisa del empresario se amplió inmediatamente.
—Será un placer.
Matteo apretó la mandíbula.
Solo un poco.
Lo suficiente para que Marco, que observaba desde lejos, comenzara a reírse.
—Oh, esto va a ser divertido.
⸻
Valentina entró en la pista acompañada por el hombre.
La música era lenta.
Elegante.
Y perfectamente inocente.
Pero Matteo no parecía muy convencido.
—Definitivamente estás celoso —dijo Marco.
—No.
—Claro.
—No.
—Llevas tres minutos mirando a ese hombre como si estuvieras decidiendo dónde enterrarlo.
—Estoy observando.
—Sí, cómo no.
Marco soltó una carcajada.
—Jamás pensé que viviría para ver esto.
—¿Ver qué?
—A Matteo De Luca compitiendo contra un empresario cualquiera por la atención de una mujer.
—No estoy compitiendo.
—Claro.
—Marco.
—Ya me callo.
Pero ambos sabían que estaba diciendo la verdad.
Y eso era precisamente lo que más molestaba a Matteo.
⸻
Mientras bailaba, Valentina intentó concentrarse en la conversación.
Intentó.
Porque una parte de ella seguía sintiendo la mirada de Matteo sobre ella.
Y aquello resultaba extrañamente satisfactorio.
—Parece que su amigo no está muy contento —comentó el empresario.
—¿Mi amigo?
—El hombre que no ha dejado de mirarnos.
Valentina tuvo que esforzarse para no sonreír.
—Tal vez solo está aburrido.
—No tiene cara de aburrido.
—¿Entonces?
—Tiene cara de querer empujarme por una ventana.
Esta vez ella sí soltó una risa.
Y la respuesta confirmó las sospechas del empresario.
—Interesante.
⸻
Cuando la canción terminó, Valentina regresó junto a Matteo.
—Sobreviviste.
—Como puedes ver.
—Qué pena.
—¿Esperabas otra cosa?
—Quizás.
—Qué amable eres.
Por primera vez en toda la noche, Matteo dio un paso más cerca de ella.
Lo suficiente para que Valentina notara el cambio.
Lo suficiente para que su corazón acelerara un poco.
—¿Te divertiste?
—¿Estás interrogándome?
—Tal vez.
—¿Estás celoso?
Matteo la observó fijamente.
Durante unos segundos ninguno habló.
Ninguno se movió.
Y el ruido del salón pareció desaparecer.
—Tal vez —respondió finalmente.
La sonrisa de Valentina desapareció.
Porque no esperaba aquella respuesta.
Y mucho menos que él la dijera mirando directamente a sus ojos.
Por primera vez desde que se conocieron, ninguno tuvo una respuesta inteligente.
Ninguno encontró una broma.
Ninguno quiso romper aquel momento.
Y por primera vez, ambos comprendieron algo.
Aquello ya no era simple curiosidad
fuegos artificiales!!!!
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