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Los Gemelos Ocultos De Mi Esposo Mafioso

Los Gemelos Ocultos De Mi Esposo Mafioso

Status: Terminada
Genre:Mafia / Mujer poderosa / Reencuentro / Completas
Popularitas:727.5k
Nilai: 4.8
nombre de autor: Lobelia

Victoria no huyó por falta de amor, sino por instinto de supervivencia. Al descubrir que el hombre que amaba, Dante Moretti, era el heredero de un imperio manchado de sangre, decidió que sus hijos no nacerían en una jaula de oro rodeada de enemigos. Cinco años después, bajo una identidad falsa y en la humildad de un pueblo costero, Victoria cría a León y Cristo. Los gemelos son el vivo retrato de Dante: poseen su mirada gélida y un temperamento indomable que ella lucha por suavizar.
​Dante, consumido por la amargura y la creencia de que Victoria lo abandonó por traición, ha pasado media década buscándola. Cuando una filtración de seguridad en su organización revela el paradero de su "única debilidad", Dante llega dispuesto a cobrar venganza. Sin embargo, el impacto de ver a dos pequeños guerreros con sus propios ojos cambia las reglas del juego. Ahora, Victoria debe volver al mundo que odia para proteger a sus hijos, mientras Dante descubre que el mayor peligro para su familia no está

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Capitulo 7

​La puerta de madera crujió al cerrarse, dejando fuera el murmullo del pueblo y la vigilancia de Marco. Dentro de la pequeña estancia, que olía a lavanda y pan recién horneado, la presencia de Dante Moretti resultaba obscena. Era demasiado grande, demasiado caro, demasiado oscuro para un hogar cimentado en la sencillez.

​Dante no se sentó. Se quedó de pie en el centro de la sala, recorriendo con una mirada lenta y crítica las paredes de madera clara, las cortinas de encaje remendadas y los juguetes de madera esparcidos por la alfombra desgastada. Cada detalle de esa "vida normal" era un insulto para él; una prueba de que ella prefería la escasez a su lado.

​Victoria se situó frente a la puerta de la habitación de los niños, como si su propio cuerpo pudiera bloquear el rastro de su existencia. Sus manos temblaban, pero sus ojos estaban encendidos por una furia que solo Dante sabía provocar.

​—Sal de mi casa, Dante —dijo ella, con la voz quebrada pero firme—. Ya nos encontraste. Ya viste que estamos vivos. Ahora lárgate.

​Dante se giró hacia ella. Se quitó los guantes de cuero con una lentitud exasperante y los arrojó sobre la mesa de comedor donde ella desayunaba cada mañana con los gemelos. Dio un paso hacia ella, acortando la distancia hasta que Victoria pudo sentir el calor emanando de su cuerpo.

​—¿Tu casa? —preguntó él, y su voz fue un susurro peligroso—. Esto no es una casa, Victoria. Es una mentira. Es un escondite de mala muerte donde has mantenido a mis herederos como si fueran hijos de un pescador.

​—¡Son felices aquí! —le gritó ella, dándole un empujón en el pecho que no lo movió ni un milímetro. Fue como golpear una pared de granito—. Tienen amigos, tienen una escuela, tienen paz. Algo que tú no sabes ni deletrear.

​Dante la tomó de las muñecas con una rapidez felina. No apretó lo suficiente para lastimarla, pero sí para inmovilizarla. La atrajo hacia sí, obligándola a mirarlo a los ojos. El gris tormentoso de su mirada estaba cargado de una amargura que ella no esperaba encontrar.

​—¿Por qué? —la pregunta salió de sus labios como un jadeo—. ¿Por qué me los quitaste, Victoria? Me dejaste morir por dentro. Pasé meses buscando tu cuerpo en los depósitos de cadáveres, pensando que mis enemigos te habían alcanzado. Y tú... tú estabas aquí, viéndolos crecer, escuchando sus primeras palabras, guardándote sus risas solo para ti.

¿Cómo pudiste ser tan cruel?

​Victoria soltó una risa amarga. Trató de zafarse, pero él solo la estrechó más contra su pecho.

Podía sentir el latido errático del corazón de Dante contra el suyo; era el único indicio de que ese hombre de piedra todavía era humano.

​—¿Cruel? ¿Me llamas cruel a mí? —Victoria le escupió las palabras directamente al rostro—. Te escuché esa noche, Dante. Escuché cómo ordenabas la matanza de mi familia. Escuché cómo el hombre con el que dormía cada noche hablaba de eliminar personas como si estuviera tachando una lista de compras.

​Se le llenaron los ojos de lágrimas, pero no las dejó caer. El orgullo era lo único que le quedaba.

​—Me fui porque no quería que mis hijos crecieran siendo monstruos como tú —sentenció ella—. No quería que su primera palabra fuera "sangre" o que aprendieran a mirar a la gente como si fueran objetivos. Quería que fueran hombres, Dante. Hombres de verdad, no máquinas de matar con traje de diseñador.

​El rostro de Dante se contrajo. La verdad de Victoria lo golpeó con más fuerza que cualquier bala. La soltó de repente, como si su piel lo quemara, y retrocedió un paso, pasando una mano por su cabello oscuro en un gesto de frustración genuina.

​—Soy lo que tengo que ser para mantenernos a salvo —rugió él, golpeando la pared con el puño—. ¡Todo lo que construí era para ti! ¡Para ellos!

​—¡No mientas! —replicó ella, acercándose a él, perdiendo el miedo ante la indignación—. Lo hiciste por tu ego. Lo hiciste por el trono. Míralos, Dante. León ya tiene tu mirada. Cristo ya analiza el mundo como si fuera una amenaza. Llevan tu veneno en la sangre y yo he pasado cada día de estos cinco años tratando de diluirlo con amor. ¡Y ahora llegas tú a reclamarlos como si fueran trofeos!

​Se quedaron en silencio, jadeando, separados apenas por unos centímetros de aire cargado de electricidad. La tensión en la habitación cambió de frecuencia. Ya no era solo odio; era esa atracción magnética y oscura que siempre los había unido. Victoria odiaba cuánto lo deseaba, odiaba que su cuerpo recordara la forma en que él la sostenía, y Dante odiaba que verla despeinada y furiosa en una cocina barata le provocara una necesidad más voraz que el poder mismo.

​Dante acortó la distancia de nuevo. Esta vez no la tomó de las muñecas. Puso una mano en la pared, justo al lado de la cabeza de Victoria, y la otra se posó en su cintura, apretándola contra él.

​—Me odias —susurró él, bajando la vista hacia sus labios—. Me odias tanto que te duele.

​—Te desprecio —corrigió ella, aunque su respiración se volvía superficial y su pulso se aceleraba traicioneramente.

​—Entonces, ¿por qué tiemblas cuando te toco? —Dante bajó la cabeza, rozando con su nariz la mejilla de ella—. ¿Por qué tus ojos me buscan incluso cuando me gritas que me vaya?

​Victoria cerró los ojos, luchando contra la oleada de deseo. Era una traición de su propio instinto. Odiaba al mafioso, pero seguía amando desesperadamente al hombre que él ocultaba bajo la máscara.

​Dante la besó. No fue un beso tierno; fue una colisión de años de soledad, rabia y necesidad.

Victoria respondió con la misma intensidad, rodeando su cuello con los brazos, soltando un gemido que era mitad protesta y mitad rendición.

Por un momento, las paredes de madera desaparecieron y solo quedaron ellos dos: el rey caído y la reina en el exilio, consumiéndose en un incendio que ellos mismos habían provocado.

​Dante la levantó y la sentó sobre la pequeña mesa de la cocina. Sus manos buscaban desesperadamente la piel de ella, como si necesitara confirmar que no era un sueño.

​—Vuelve conmigo —le pidió él contra sus labios, su voz rota por el deseo—. No me obligues a llevarte como una prisionera. Vuelve por tu cuenta. Déjame darles el mundo a esos niños.

​Victoria recuperó la cordura de golpe. Las palabras "darles el mundo" fueron como un balde de agua helada. Recordó la mirada de León frente al coche; recordó el miedo de Cristo. Se apartó de él con un empujón, bajándose de la mesa y recomponiéndose la ropa con manos temblorosas.

​—Ese es el problema, Dante —dijo ella, con una tristeza profunda—. Tu mundo es un cementerio de lujo. Y yo no voy a dejar que entierres a mis hijos en él.

​Dante la miró con el pecho agitado. El deseo seguía ahí, pero la frialdad del Capo regresó a sus ojos, cubriendo la vulnerabilidad como una capa de hielo.

​—Ya no es una elección, Victoria —dijo él, recuperando sus guantes—. Mis hombres ya están cargando el coche. Tienes diez minutos para recoger lo que consideres valioso de este lugar. Si no estás lista, te llevaré así como estás.

​—¿Y si me resisto? —desafió ella.

​Dante caminó hacia la puerta, pero se detuvo antes de salir. Su mirada gélida se clavó en la de ella con una determinación final.

​—Si te resistes, los niños verán cómo me llevo a su madre por la fuerza. Y yo que tú, no querría darles esa lección de "lógica" tan pronto.

​Dante salió de la casa, dejando a Victoria sola en la cocina. El aroma de él todavía impregnaba el aire, mezclándose con el jazmín de su pequeño jardín. La tregua del deseo había terminado. La guerra por el alma de los gemelos acababa de entrar en su fase más oscura.

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Ynocencia Perales
Muy linda la historia, felicidades y abundantes bendiciones.
Marisabel Marichal
linda novela, distinta, apesar de cosas no cerradas lo importante es que escribiste, seguí haciéndolo. me gustó 🥰
Marcela Gonzalez
Hermosa historia.
Edith Zenteno
y que paso con Marco ?? no era un traidor? y ellos no tuvieron más hijos ? que fome
Edith Zenteno
bueno y no lo mataron? buuuu fome fome
Luna Mendoza 🧜🏻‍♀️
No entendí, no lograron escapar? Que sucedio? En el capítulo anterior decía que huían por el bosque y después sale que estan comiendo helado como si nada, que paso en el medio, no logro entender 😭
Ivette González
Ay no se es que cada vez que leo siento que la historia es una combinación de una traducción ya sea china o del inglés, o es que se está escribiendo con chat gpt y dependiendo de lo que se pide pues sale la información.
Ivette González
creo que la autora se confundió y Marcos no es el traidor. La.he seguido leyendo a ver si vuelve el hilo conductor a Marcos y Victoria como si nada no dice nada. Entiendo que vamos a tener que llamar al agente 007 para que investigue.
Sonia Zerpa: SERÁ. . .
total 1 replies
Ivette González
Ahora nos dicen que entraron a su cuarto a matarla , y ahora ¿quién podrá ayudar a la autora? ya se el Chapulin Colorado.
Ivette González
supongo que el chico rompió los passwords del bunker
Ivette González
cumplieron 6 el día del ataque.
Ivette González
Incongruencia super grande para mi que la empecé ayer. A ver en los primeros capitulo autora escribiste que ella Victoria iba a decirle a Dante que esperaba un hijo y escucho cuando el envío a matar a sus padres y demás familiares y por eso se fue. Espero que esta historia no sea el producto de una traducción mal hecha. Ya he visto varias discrepancias.
Carmen Blanco
ya me di cuenta ea escritora escribe dos versiones y nosotras los lectores escogemos cual nos gusta as jajajajaja
Susana Macedo
Hermosa historia, muy atrapante me gusto esta familia felicitaciones autora 👏👏
Susana Macedo
Hermosa historia, muy atrapante me gusto esta familia felicitaciones autora 👏👏
Socorro Ramirez
no pues, que no Marcos era traidor????
Carmen Blanco
no debería ser ,más bien deben complementarse y serán un frente unido que nadie podrá quebrantar
Ivette González
Termino el capítulo anterior en algo y este empieza con algo parecido a lo que sucedió antes pero de una forma distinta.
Rosa Pandui
Tan fácil lograron ser libres?
Rosa Pandui
Por fin juntos y los malos que faltaron,,no recibieron su merecido?
Sonia Zerpa: SERÁ. . .
total 2 replies
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