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El Colmillo Carmesí: Historias Del Mar

El Colmillo Carmesí: Historias Del Mar

Status: En proceso
Genre:Mundo mágico / Fantasía épica / Venganza
Popularitas:73
Nilai: 5
nombre de autor: Fernando Perez

Un chico marcado por 10.000 voces zarpa en un mar maldito para escribir el final de todas las historias.

Nicolás solo quería ser libre. Pero cuando las historias de los muertos lo eligieron, tuvo que pelear contra piratas, monstruos hechos de arrepentimiento y su propio destino.

Ahora con "El Colmillo Carmesí" en la mano debe decidir: ¿salvar el mundo de historias o dejar que todo se queme?

Fantasía épica, aventura y piratas. Para lectores que aman un buen viaje en el mar.

NovelToon tiene autorización de Fernando Perez para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 7: La Caza del Pirata

El mar estaba quieto. Demasiado quieto.

"Capitán", dijo Marco bajando la voz. "Algo no está bien."

Nicolás no contestó. Estaba escribiendo. Con la Pluma-Colmillo en la mano.

Ya no dolía. Quemaba. Pero era un fuego bueno.

"10/10", susurró. "Tercer poder desbloqueado."

En la portada del Colmillo Carmesí apareció una frase nueva en rojo sangre:

"Ahora caza. Ahora escribe. Ahora cobra."

"¿A dónde vamos?" preguntó Marco.

"A cazar", dijo Nico. "Rojosangre quemó Memorín. Quemó Puerto Sabio. Mató a Silas. Ya no corro. Ahora yo lo busco."

Las voces en su cabeza estaban calladas. Esperando.

Solo quedaban 3.000. Las demás ya descansaban.

"Está en la Isla Calavera", dijo la voz ronca. "Su guarida. Ahí guarda todos los libros que robó. Para quemarlos."

Nico guardó el libro y la pluma. "Entonces vamos."

"La Gaviota Muerta" navegó 2 días. Sin viento. Sin olas. Como si el mar tuviera miedo.

Al tercer día la vieron.

La Isla Calavera. Un peñasco negro con forma de cráneo. Y en la boca... un puerto lleno de barcos quemados.

Y en el centro, un castillo. Hecho de libros. Apilados. Miles.

"Ahí guarda sus trofeos", dijo la voz. "Cada libro que quema, se lo lleva ahí."

Nico sonrió. Y no fue una sonrisa bonita.

"Perfecto. Más historias para liberar."

Desembarcaron de noche. Marco se quedó cuidando el barco.

"Capitán, ten cuidado."

"Cuida el libro", dijo Nico. "Si muero, que alguien lo escriba."

Entró solo.

El castillo de libros olía a ceniza y a tinta vieja. En las paredes había estantes hasta el techo. Y en el medio...

Rojosangre. Sentado en un trono hecho de libros quemados.

"Te estaba esperando, Portador", dijo. "Sabía que vendrías cuando tuvieras el Colmillo."

Nico sacó la Pluma-Colmillo. Brillaba rojo.

"Vengo a escribir tu final."

Rojosangre se rió. "Yo escribo finales, chico. Yo borro principios."

Se levantó. Su espada negra prendió fuego.

"¿Sabes por qué odio los libros?" preguntó. "Porque duelen. Porque me recuerdan lo que perdí."

"¿Y qué perdiste?"

"Todo", escupió Rojosangre. "Mi tripulación. Mi nombre. Mi historia. Así que decidí que nadie más tendría una."

Atacó.

Nico bloqueó con la Pluma-Colmillo. La luz roja chocó con el fuego negro.

El castillo tembló.

"11/10", gritó Nico. "¡Ana!"

La pluma brilló. Y Ana apareció. Con su muñeco.

Rojosangre la atravesó con la espada. Ella desapareció riendo.

"¡No puedes matar recuerdos!" gritó Nico.

"¡Puedo quemar al que los recuerda!" rugió Rojosangre.

La pelea fue fea. Sin honor. Fuego contra luz. Espada contra pluma.

Nico escribió en el aire. Cada palabra que escribía se volvía un escudo.

"Silas", escribió. "Elena". "Don Roque".

Los fantasmas peleaban con él.

Pero Rojosangre era fuerte. Muy fuerte.

Le cortó el brazo a Nico. Sangre.

"Te dije", dijo el pirata. "Los recuerdos son debilidad."

Nico cayó de rodillas. El libro se le cayó.

Rojosangre lo pateó. "Se acabó, Portador."

Levantó la espada.

"12/10", susurró Nico.

El Colmillo Carmesí voló solo hacia su mano.

"Último poder", dijo Nico. "El poder que me dan las 10.000 historias."

Cerró los ojos.

Y gritó todos los nombres que recordaba.

"¡ANA! ¡ELENA! ¡SILAS! ¡TOMAS! ¡DON ROQUE! ¡MARTA! ¡LUCAS! ¡TODOS!"

La pluma explotó.

No en luz. En palabras.

Miles de palabras salieron volando y se clavaron en Rojosangre como cuchillos.

El pirata gritó. "¡NO! ¡QUE PAREN!"

Cada palabra era un nombre. Cada nombre era un recuerdo.

Y los recuerdos quemaban más que el fuego.

Rojosangre cayó de rodillas. "¡Para! ¡Por favor!"

"¿Ahora te duelen?" dijo Nico poniéndose de pie. Sangrando pero de pie. "Ahora sabes lo que se siente."

Rojosangre lloraba. "No quería... no quería olvidar..."

"Entonces no hubieras quemado libros", dijo Nico.

Levantó la Pluma-Colmillo. Para el golpe final.

Y se detuvo.

Porque en los ojos de Rojosangre vio algo. Miedo. Pero también... tristeza.

"¿Cómo te llamabas?" preguntó Nico bajando la pluma.

Rojosangre lo miró. "No... no me acuerdo."

Nico suspiró. "Entonces te doy un nombre nuevo."

Escribió en el aire con la pluma.

"Capítulo 7: La Caza del Pirata. Se llamaba Tomás. Y un día decidió olvidar."

La luz roja envolvió a Rojosangre.

Cuando se fue, ya no había pirata. Solo un hombre viejo. Llorando. Sin espada.

"Gracias", susurró Tomás. "Gracias por devolverme el nombre."

Nico asintió. "Ahora ayuda a reconstruir lo que quemaste."

Salió del castillo. El sol salía.

Marco corrió a abrazarlo. "¿Estás vivo?"

"Estoy vivo", dijo Nico. "Y él también. Pero ya no mata."

Miró el Colmillo.

En la portada decía:

"12/10 Historias escritas. Misión cumplida."

Las voces estaban calladas. En paz.

Solo quedaban 2.000. Y esas se irían cuando él quisiera.

Nico guardó la pluma. Le dolía todo el cuerpo. Pero la cabeza... la cabeza estaba en silencio por primera vez en 10 años.

"Vámonos a casa", dijo. "A escribir."

Ya no para sobrevivir.

Para recordar.

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