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LA HEREDERA FUGITIVA

LA HEREDERA FUGITIVA

Status: Terminada
Genre:Embarazada fugitiva / Pareja destinada / Amor a primera vista / Amor Campestre / Completas
Popularitas:26k
Nilai: 5
nombre de autor: CINTHIA VANESSA BARROS

**Él le arrebató su lugar.**
La vida le enseñó que en el mundo de los hombres, una mujer nunca hereda el poder… solo las heridas.

Manuela Hernández huyó de su hogar con el corazón roto y una promesa ardiendo en el pecho: jamás volvería a ser débil.
Cinco años después, convertida en una mujer poderosa y temida, regresa al rancho que una vez fue suyo tras la misteriosa muerte de su padre.

Pero volver significa enfrentarse a traiciones enterradas, secretos familiares y fantasmas que nunca dejaron de perseguirla.

Y también a él.

Damián Cortés.
El hombre peligroso que puede destruir todo lo que ella ama… o convertirse en su peor adicción.

Entre deudas, mentiras y una atracción imposible de ignorar, Manuela descubrirá que algunas guerras no se pelean solo por dinero o poder… sino por el corazón.

Porque en Hacienda San Rafael nadie es inocente.
Y alguien está dispuesto a matar para quedarse con el legado.

NovelToon tiene autorización de CINTHIA VANESSA BARROS para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

CAPÍTULO 4

El silencio en el estudio era tan denso que Manuela podía escuchar los latidos de su propio corazón. Damián Cortés la observaba con esa intensidad que hacía que le temblaran las rodillas, y odiaba que su cuerpo reaccionara así cuando debería estar concentrada en salvar su maldito rancho.

—Treinta días —repitió él, dando otro paso hacia ella—. No es mucho tiempo para conseguir dos millones de pesos.

—Dos millones doscientos mil, para ser exactos. —Manuela se obligó a sostenerle la mirada—. Con los intereses acumulados.

—Veo que prestas atención a los detalles. Me gusta eso en una mujer.

—No me importa lo que te guste o no, señor Cortés. Solo me importa discutir los términos de ese préstamo.

Damián se apoyó contra el escritorio, cruzando los brazos sobre el pecho de una forma que hacía que el traje se tensara sobre sus hombros. Manuela se obligó a no mirar, a mantener los ojos fijos en su rostro, aunque eso tampoco ayudaba mucho cuando él la miraba como si pudiera leer cada pensamiento que cruzaba por su mente.

—Los términos son simples. Tienes treinta días para pagar la cantidad completa. Si no lo haces, ejecuto la garantía hipotecaria y las quinientas hectáreas del manantial pasan a ser mías.

—Eso lo entendí perfectamente. Lo que quiero saber es si estás dispuesto a negociar una extensión del plazo.

—¿Con qué garantías?

—Con mi palabra de que pagaré hasta el último centavo.

Damián rio, una risa profunda que resonó en el estudio y le erizó la piel de una forma completamente inapropiada dadas las circunstancias.

—Tu palabra es hermosa, Manuela, pero no vale dos millones de pesos en el mercado. Necesito algo más sólido que promesas.

—¿Qué quieres entonces?

—Honestidad, para empezar. —Se acercó más, invadiendo su espacio personal—. ¿Tienes el dinero?

La pregunta la tomó por sorpresa. Por supuesto que tenía el dinero. Podía transferir esa cantidad ahora mismo desde su cuenta en la capital y liquidar toda la deuda antes del atardecer.

Pero hacerlo revelaría su imperio, su éxito, la vida que había construido lejos de aquí. Y esa información en manos de Ernesto y Valentina sería peligrosa, especialmente si estaban dispuestos a asesinar por dinero.

—Puedo conseguirlo —dijo finalmente.

—Eso no responde mi pregunta. —Damián inclinó la cabeza, estudiándola—. ¿Lo tienes ahora mismo o necesitas tiempo para reunirlo?

—¿Por qué importa?

—Porque si lo tienes, la pregunta es por qué no has pagado ya. Y si no lo tienes, entonces ambos sabemos que estás mintiendo sobre poder conseguirlo en treinta días.

Manuela apretó los puños, frustrada por lo perceptivo que era este hombre.

—Tengo mis razones para no liquidar la deuda inmediatamente.

—¿Razones? —Damián se acercó hasta que solo unos centímetros los separaban—. ¿O secretos?

El aire entre ellos crepitaba con esa electricidad que Manuela había sentido junto al río, solo que ahora era más intensa, más peligrosa, cargada con tensión sexual que no tenía lugar en una negociación de negocios.

—Todos tenemos secretos, señor Cortés.

—Damián. —Su voz bajó una octava—. Y sí, todos tenemos secretos. Pero los míos no están a punto de costarme mi patrimonio.

—El rancho no es solo patrimonio. Es mi legado. Es lo único que queda de mi familia.

—¿Tu familia? —Damián arqueó una ceja—. La familia que te rechazó. La familia que prefirió a un extraño antes que a ti. La familia que te hizo huir hace cinco años y nunca mirar atrás.

Las palabras golpearon como bofetadas, precisas y dolorosas.

—¿Cómo sabes todo eso?

—Porque hice mi tarea antes de prestarle dinero a tu padre. Porque soy un hombre de negocios, Manuela, no un filántropo. Y porque me aseguro de conocer todo sobre las personas con las que hago tratos.

—Entonces ya sabes que voy a pelear por este rancho con todo lo que tengo.

—Lo que no sé es por qué. —Se acercó más, y Manuela tuvo que echar la cabeza hacia atrás para sostenerle la mirada—. ¿Por qué regresar ahora? ¿Por qué no dejar que Ernesto y Valentina se hundan con el barco que ellos mismos hundieron?

—Porque mi padre me lo pidió. Porque me escribió una carta pidiéndome que descubriera quién lo mató.

—¿Y crees que fueron ellos?

—¿Tú no?

Damián consideró la pregunta durante un largo momento, sus ojos nunca dejando los de ella.

—Creo que tu padre era un hombre enfermo que tomó malas decisiones. Creo que Ernesto y Valentina aprovecharon esas malas decisiones para su beneficio. Pero eso no significa que lo asesinaran.

—Lo envenenaron. Lentamente. Durante meses.

—¿Tienes pruebas?

—Tendré pruebas cuando exhume el cuerpo y...

—No hay cuerpo que exhumar. Lo cremaron, ¿recuerdas?

La frustración explotó en el pecho de Manuela como bomba de tiempo.

—Exactamente. ¿No te parece conveniente? ¿Demasiado conveniente?

—Me parece sospechoso, sí. Pero sospecha no es evidencia. Y sin evidencia, lo único que tienes son teorías y rabia.

—¿Qué sugieres entonces? ¿Qué me rinda? ¿Qué deje que salgan impunes?

—Sugiero que seas más inteligente que ellos. —Damián levantó una mano y con el dorso de sus dedos acarició suavemente la mejilla de Manuela, un gesto tan inesperado que la dejó sin aliento—. Tienes fuego, Manuela. Tienes determinación. Pero necesitas estrategia. Necesitas paciencia.

El toque de su mano era cálido contra su piel, y Manuela sabía que debía apartarse, poner distancia entre ellos, pero su cuerpo se negaba a obedecer las órdenes de su cerebro.

—¿Y tú vas a ayudarme con esa estrategia?

—Podría. Si el precio es correcto.

—Pensé que el precio eran dos millones de pesos.

—Ese es el precio del préstamo. —Su pulgar rozó su labio inferior, un gesto íntimo que hizo que el estómago de Manuela se tensara—. Estoy hablando de un precio diferente.

—¿Qué quieres?

—Honestidad. Transparencia. Y tu confianza.

—No confío en nadie.

—Lo sé. Pero vas a tener que empezar a hacerlo si quieres sobrevivir los próximos treinta días.

Manuela finalmente se apartó, necesitando aire, espacio, algo de cordura en medio de este caos que se había convertido en su vida.

—¿Por qué querrías ayudarme? ¿Qué ganas tú con esto?

Damián sonrió, y había algo depredador en esa sonrisa que debería haberla asustado pero que en cambio la excitaba de formas que no quería examinar.

—Gano tiempo contigo. Gano la oportunidad de conocerte mejor. Y gano el placer de ver cómo destruyes a las personas que traicionaron a tu padre.

—Eso suena más a entretenimiento que a negocio.

—¿Quién dice que no puede ser ambos? —Damián se enderezó, metiéndose las manos en los bolsillos—. Te propongo un trato, Manuela. Te extiendo el plazo a seis meses. Seis meses para pagar la deuda completa con los mismos intereses, sin penalizaciones adicionales.

Era demasiado bueno para ser verdad. Tenía que haber una trampa.

—¿A cambio de qué?

—A cambio de que me permitas ayudarte a investigar la muerte de tu padre. A cambio de acceso completo a los libros del rancho, a los registros financieros, a toda la información que necesito para construir un caso contra Ernesto y Valentina.

—¿Por qué te importaría construir un caso contra ellos?

—Porque tu padre era mi amigo. —La voz de Damián se endureció—. Sé que probablemente nunca lo menciono porque nuestra amistad era complicada, pero le presté ese dinero no solo como inversión sino porque me lo pidió personalmente. Me dijo que lo necesitaba para salvar el rancho, para asegurar el futuro de su hija.

Manuela sintió que algo se apretaba en su garganta.

—¿Te habló de mí?

—Constantemente. Hablaba de la hija brillante que se fue a la capital. De cómo se arrepentía de haberla dejado ir. De cómo quería hacer las paces pero no sabía cómo.

Las lágrimas amenazaron con desbordarse, pero Manuela las contuvo con fuerza de voluntad pura.

—Si tanto le importaba, ¿por qué nunca me llamó? ¿Por qué nunca vino a buscarme?

—Orgullo. Miedo. Vergüenza. Las mismas razones por las que probablemente tú nunca volviste hasta ahora.

La verdad de esas palabras dolió más de lo que Manuela estaba dispuesta a admitir.

—Seis meses —dijo finalmente, cambiando de tema—. ¿Qué más quieres además de acceso a los registros?

—Una cena. Cada mes. Aquí en el rancho. Para revisar el progreso de la investigación y de los pagos.

—¿Una cena?

—Soy un hombre simple, Manuela. Me gusta la buena comida y la mejor compañía.

—Eso suena más a cita que a reunión de negocios.

—¿Quién dice que no puede ser ambos? —repitió con esa sonrisa que hacía cosas peligrosas a su pulso.

Manuela evaluó sus opciones. Podía rechazar el trato y pagar la deuda ahora mismo, pero eso expondría su secreto. O podía aceptar, ganar tiempo para investigar, y lidiar con las complicaciones de tener a Damián Cortés demasiado cerca de su vida.

—Está bien. Seis meses. Acceso a los registros. Una cena mensual. Pero esto es estrictamente profesional.

—Por supuesto. —Damián extendió su mano—. Estrictamente profesional.

Cuando Manuela estrechó su mano, él la sostuvo un segundo más de lo necesario, su pulgar acariciando el dorso de sus dedos de una forma que era cualquier cosa menos profesional.

—Enviaré los nuevos términos mañana. —Finalmente la soltó—. Y Manuela, una cosa más.

—¿Qué?

—Ten cuidado. Si Ernesto y Valentina mataron a tu padre, no dudarán en hacerte daño a ti también si descubren que estás investigando.

—Puedo cuidarme sola.

—Lo sé. Pero aun así. —Caminó hacia la puerta pero se detuvo antes de salir—. Por cierto, el vestido negro te queda increíble. Aunque debo admitir que prefiero cómo te veías ayer junto al río.

Y se fue antes de que ella pudiera responder, dejándola ahí parada con el corazón latiendo como tambor de guerra y las mejillas ardiendo como si estuviera en llamas.

Manuela se dejó caer en el sillón que había sido de su padre, procesando todo lo que acababa de pasar.

Seis meses. Tenía seis meses para descubrir la verdad, para vengarse, para recuperar todo lo que le habían quitado.

Y tendría que hacerlo mientras lidiaba con un hombre peligrosamente atractivo que la miraba como si quisiera devorarla entera.

Perfecto. Como si su vida no fuera suficientemente complicada ya.

Un golpe suave en la puerta la sacó de sus pensamientos.

—¿Niña? —Doña Carmen asomó la cabeza con expresión cautelosa—. Hay alguien que quiere verte.

—¿Quién?

—Diego Vargas.

El nombre golpeó a Manuela como puñetazo en el estómago. Diego. El hombre que la había amado y destruido en igual medida. El hombre al que había entregado su corazón solo para verlo pisotearlo sin ningún remordimiento.

El primer fantasma de su pasado que tendría que enfrentar.

Manuela cerró los ojos y respiró hondo, obligando a su cuerpo a calmarse, a su mente a enfocarse. Ya no era la niña rota que huyó hace cinco años. Era una mujer que había construido un imperio desde cero. Una mujer que no se arrodillaba ante nadie.

Ni siquiera ante el recuerdo de su primer amor.

—Dile que pase —dijo finalmente, su voz saliendo más firme de lo que se sentía por dentro.

Doña Carmen asintió y desapareció, dejando a Manuela sola con los fantasmas de su pasado y la certeza de que los próximos minutos iban a ser cualquier cosa menos fáciles.

La puerta se abrió.

Y ahí estaba él.

Diego.

1
Yoly Sambrano
bonita pero para mi gusto un poquito larga mucho redundancia o mucho detalle no se
Corina Galantti
una obra maravillosa! me encantó. BENDICIONES ESCRITORA
Lilia Dos Santos
Un trabajo excelente. Muy bien escrito y sumamente interesante que mantiene al lector expectante en cada capítulo.
Lilia Dos Santos
Esta novela esta cada vez mas interesante. Me tiene atrapada. Cada capítulo es un nuevo descubrimiento. Manuela debe confiar mas en Damian y no actuar sola. Esta tratando con criminales peligrosos y ella esta en peligro y sus hijos tambien cuando los descubran.
Lilia Dos Santos
Esta novela esta cada vez mas interesante. Me tiene atrapada. Cada capítulo es un nuevo descubrimiento. Manuela debe confiar mas en Damian y no actuar sola. Esta tratando con criminales peligrosos y ella esta en peligro y sus hijos tambien cuando los descubran.
Isa 🇻🇪
Buen trabajo, el personaje de Manuela fenomenal mujer empoderada que enfrenta las situaciones con inteligencia sin dramas ni llantos, el tema interesante por qué expone lo que algunos seres humanos son capaces de llegar a ser por la ambición, envidia y codicia, incluyendo la traición y el crimen para lograr sus objetivos.
Noiraly Tovar
Que es eso como que lo capturaron y esa noche que lo dejaron libre....me perdí 😡😡😡😡😡😡😡😡😡😡😡😡😡
Betty Saavedra Alvarado
Ernesto mato a Vale la considero una traiciónera ambos eran culpables
Betty Saavedra Alvarado
Manu quiere justicia la hará si o si para su padre que confío en Ernesto y lo traicionó
Betty Saavedra Alvarado
Manu se fue decepcionada de su padre que no la valoro el confío en Ernesto que lo decepcionó
Betty Saavedra Alvarado
Ernesto entrégate no hagas burradas te vas a ir preso
Betty Saavedra Alvarado
Ernesto eres un cobarde te metiste con Lucia ella es una niña inocente de todo Manu no dejará que nada le pase
Betty Saavedra Alvarado
Ernesto se quiere apoderar de lo que no es suyo Manu lo escucha para ganar tiempo
Betty Saavedra Alvarado
Diego ayudará a rescatar a Lucia el conoce una entrada secreta
Betty Saavedra Alvarado
Lucia ya está en los brazos de sus padres Ernesto está preso ahora hacer justicia para don Héctor
Betty Saavedra Alvarado
Ernesto recibiste tu merecido por traidor y asesino cadena Perpetua ahora morirás en la carcel
Betty Saavedra Alvarado
Manu y Damián se casaron en el manantial donde se conocieron Lucia y Lucas son dos niños que imponen su presencia en la ceremonia ellos son únicos
Betty Saavedra Alvarado
Cin van una gran historia que llegó a su fin a veces los padres nos equivocamos dejamos o confiamos en personas que nos defraudan como Héctor que confío en Ernesto que resultó un ladrón y asesino Manu hizo justicia ahora tiene una familia de seis hijos un esposo que la ama como todos los matrimonios sus hijos los ponen en aprietos Un abrazo desde mi Piura Perú
Betty Saavedra Alvarado: Cinvan que siga la historia de Lucia y Lucas
total 1 replies
Noiraly Tovar
No me dejes así por favor.............😒😒😒😒😒😒😒😒😒😒
Yolanda Plazola Arroyo
ya esta muerto y el todavía no lo sabe 🤭👿👿
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