Tras una vida de maltrato, Akira consigue una beca para la universidad más prestigiosa del continente. Allí descubre que los seis príncipes de las bestias están ligados a su destino y que ella es la última Vinculadora. Un antiguo poder ha despertado... y todos la están buscando.
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Capítulo 23
El lago permanecía completamente inmóvil.
No había viento.
No se escuchaban pájaros.
Todo el Santuario parecía contener la respiración.
Akira observaba a la joven que tenía enfrente.
Era idéntica a ella.
El mismo cabello rosa.
Los mismos ojos.
La misma estatura.
La única diferencia era aquella sonrisa llena de soberbia.
—¿Quién sos? —preguntó Akira.
La otra Akira soltó una risa burlona.
—Soy la parte de vos que siempre intentaste esconder.
Comenzó a caminar lentamente sobre la plataforma de piedra.
—Soy tus miedos.
—Tus dudas.
—Tu enojo.
—La voz que te dice que nunca vas a ser suficiente.
Akira apretó los puños.
—No...
—Sí.
La falsa Akira levantó una mano y el agua del lago comenzó a mostrar imágenes.
Akira se vio llorando de niña.
Se vio sola en su habitación.
Se vio sintiendo que nadie la quería.
Después aparecieron escenas más recientes.
Los seis príncipes protegiéndola.
El Varkhan cargándola entre sus brazos.
Kael sonriéndole.
Rowan haciéndola reír.
Raizen luchando por ella.
Aiden enfrentando a los cazadores.
Lysander poniéndose delante para cubrirla.
La falsa Akira sonrió con desprecio.
—Mirá cómo arriesgan sus vidas por una chica que ni siquiera sabe controlar su poder.
Akira sintió un pinchazo en el pecho.
—Ellos eligieron hacerlo.
—¿O los obligó el vínculo?
El silencio respondió por ella.
Aquella duda se clavó profundamente en su corazón.
La falsa Akira aprovechó ese instante.
—Pensalo.
—Si no hubieras aparecido...
—Ellos seguirían viviendo en paz.
Las imágenes cambiaron otra vez.
Los seis príncipes aparecían heridos.
El Rey Oscuro avanzaba entre ellos.
Todo era destrucción.
—Todo esto ocurre por tu culpa.
Akira dio un paso atrás.
Las palabras dolían.
Porque una parte de ella también se lo había preguntado.
—Tal vez...
La falsa Akira sonrió.
—¿Lo ves?
—Hasta vos sabés que es verdad.
En ese momento, una suave luz plateada comenzó a brillar alrededor del cuello de Akira.
Era el vínculo con el Varkhan.
Luego apareció una luz azul.
Después una roja.
Una verde.
Una dorada.
Y una violeta.
Las seis luces comenzaron a rodearla.
La falsa Akira frunció el ceño.
—¿Qué...?
Entonces Akira escuchó una voz.
Era Kael.
—No peleamos por obligación.
Después otra.
Era Rowan.
—Te elegimos todos los días.
La tercera voz pertenecía a Raizen.
—Nunca fuiste una carga.
Aiden habló con firmeza.
—La verdadera fuerza también consiste en aceptar ayuda.
Lysander sonrió en su mente.
—Confiar en otros no te hace débil.
Por último...
La voz tranquila del Varkhan llegó hasta su corazón.
—No cargues sola con el peso del mundo.
Las lágrimas llenaron los ojos de Akira.
Pero esta vez no eran de tristeza.
Levantó lentamente la cabeza.
Miró a su reflejo.
—Tenías razón en una cosa.
La falsa Akira sonrió.
—Lo sabía.
Akira negó despacio.
—Sí tengo miedo.
—Dudo.
—A veces creo que no soy suficiente.
La sonrisa del reflejo se hizo más grande.
—Entonces perdí...
—No.
Akira dio un paso al frente.
—Porque aceptar mis miedos no significa dejar que me controlen.
Una intensa luz dorada brotó de su pecho.
La falsa Akira comenzó a retroceder.
—¡No!
—Esas dudas siempre van a existir.
Akira sonrió con serenidad.
—Tal vez.
—Pero ya no van a decidir quién soy.
La luz dorada envolvió completamente al reflejo.
La otra Akira cerró lentamente los ojos.
Su expresión dejó de ser cruel.
Ahora parecía tranquila.
Sonrió con dulzura.
—Al fin... me aceptaste.
Su cuerpo se transformó en miles de pequeñas partículas de luz que fueron absorbidas por la marca de Akira.
El lago recuperó su calma.
La figura de luz apareció nuevamente.
En sus manos sostenía un cristal transparente que brillaba como una estrella.
—Has superado la segunda prueba.
Akira respiró profundamente.
Sentía su corazón mucho más liviano.
—¿Qué es ese cristal?
—El Cristal de la Verdad.
La figura lo colocó sobre la palma de Akira.
En cuanto lo tocó, el cristal desapareció y se fusionó con la marca de su pecho.
—Solo queda una última prueba.
Antes de que Akira pudiera preguntar en qué consistía, todo el Santuario comenzó a temblar.
Las columnas de piedra vibraron.
El cielo volvió a oscurecerse.
La figura de luz levantó la vista y, por primera vez desde que la conocía, mostró preocupación.
—No...
Akira sintió un escalofrío.
—¿Qué ocurre?
La figura respondió con voz grave.
—El Rey Oscuro dejó de intentar entrar...
Akira frunció el ceño.
—¿Eso no es bueno?
La figura negó lentamente.
—No...
—Porque eso solo puede significar una cosa.
En ese mismo instante, un rugido estremecedor resonó por todo el Santuario.
Las enormes puertas comenzaron a cerrarse solas.
Y una antigua voz, profunda y poderosa, anunció:
—La tercera prueba ha elegido a su rival.