Se dice que existe una Primera Dimensión, el origen y el punto de unión de todas las demás. Un lugar donde los límites entre mundos se quiebran y nuevas realidades nacen, incluso en la era moderna, cuando la humanidad cree haber dejado atrás a los dioses. Mi nombre es EAU VITALE.Soy la última creación de la Diosa de la Nada, también llamada la Primera Diosa.
Fui la última humana que suplicó por su vida antes de ser asesinada por tres seres sobrenaturales que se proclamaron superiores incluso a los propios dioses. Pero la muerte no fue mi final. Como me dijo la diosa al rescatarme: la vida es un ciclo… y la reencarnación también. Mi reencarnación no es común. No regreso como humana. Renazco dentro de distintos seres sobrenaturales, una y otra vez, con el mismo propósito: equilibrar el poder que fue devuelto a estas criaturas cuando los dioses, desesperados, rogaron por la supervivencia de sus creaciones.
Soy el equilibrio entre dimensiones.
La consecuencia de la soberbia divina.
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Capítulo 10: Voces antiguas
Capítulo 10: Voces antiguas
La biblioteca de Charles estaba completamente en silencio.
El fuego de la chimenea crepitaba suavemente, iluminando los enormes estantes llenos de libros antiguos que parecían observar desde la penumbra. El olor a papel viejo, madera y magia contenida flotaba en el aire como una segunda respiración del lugar.
Bella permanecía sentada en uno de los sillones, con un enorme libro abierto frente a ella. Sus pequeñas manos pasaban las páginas con cuidado, como si temiera romper algo más que papel.
Charles la observaba desde la entrada.
Le causaba una extraña clase de calma verla así.
No encajaba en aquel mundo… y aun así parecía pertenecerle.
Parecía una pequeña loba intentando descifrar el universo sin saber que el universo también la estaba mirando de vuelta.
La pregunta de Bella seguía flotando en su mente como un eco incómodo.
—¿Todos pueden usar magia?
Charles caminó lentamente hacia ella, tomó una copa de vino de la mesa lateral y respondió sin mirarla de inmediato.
—No.
Bella levantó la vista al instante.
—Entonces… ¿cómo funciona?
Charles guardó silencio unos segundos. Ese tipo de silencio que no es vacío, sino cálculo.
—La magia existe en todos los seres vivos —dijo finalmente—, pero no todos pueden usarla. Algunos nacen con afinidades… otros jamás logran despertarla.
Bella cerró un poco el libro, completamente atenta.
—¿Afinidades?
Charles asintió.
—Elementos. Runas. Ilusiones. Energía espiritual. Magia de sangre, lunar, divina… incluso magia oscura.
Bella abrió ligeramente los ojos.
—Eso es… demasiado.
—Lo es.
—¿Y tú qué usas?
Charles sonrió apenas, girando la copa entre los dedos.
—Un poco de todo.
Bella frunció el ceño.
—Eso no responde nada.
—Porque no todo se puede responder cuando aún estás aprendiendo a escuchar el mundo.
Bella infló las mejillas.
—Eso suena como excusa de adulto.
Charles soltó una risa breve.
—Y aun así suele ser correcta.
Se acercó a un estante y tomó un libro antiguo. Era más oscuro que los demás, con símbolos plateados que parecían moverse bajo la luz del fuego.
—La magia también depende de la raza —continuó—. Vampiros, duendes, brujas… cada uno tiene una forma distinta de tocar el maná.
Bella ladeó la cabeza.
—¿Y los lobos?
Charles se quedó inmóvil.
Solo un segundo… pero fue suficiente para que la temperatura del lugar pareciera bajar.
—¿Los lobos pueden usar magia?
El brujo giró lentamente hacia ella.
Sus ojos lilas brillaron tenuemente.
—Los antiguos sí podían.
Bella se inclinó hacia adelante, fascinada.
—¿Los antiguos?
Charles colocó el libro sobre la mesa con más cuidado del habitual.
—Hace siglos existieron lobos capaces de manipular magia lunar, fortalecer sus cuerpos con energía espiritual… e incluso escuchar a la naturaleza.
Bella abrió la boca, completamente atrapada por la historia.
—¿Mi papá puede hacerlo?
Charles la miró un instante más largo.
—Vicente tiene afinidad… pero Altair no es un lobo de magia. Es fuerza. Instinto. Dominio.
Bella parpadeó.
—¿Y mamá?
Por primera vez, la expresión de Charles se volvió más seria.
No era duda… era algo más profundo.
—Naylam… es diferente.
Bella lo notó al instante.
—¿Diferente cómo?
Charles cerró el libro lentamente.
—Hay cosas que no deberían ser forzadas a despertarse.
El tono hizo que Bella dejara de insistir, aunque su curiosidad no desapareció.
—Todos me dicen eso…
Charles se acercó y le dio un pequeño golpe en la frente con el dedo.
—Porque eres demasiado curiosa para tu propio bien.
—¡Oye!
Bella se frotó la frente, indignada.
Pero antes de que pudiera seguir discutiendo…
Las runas del libro brillaron.
Ambos se quedaron quietos.
El símbolo plateado de la portada pulsó una sola vez… como si hubiera respirado.
Y luego se apagó.
Charles frunció el ceño.
Bella retiró la mano de inmediato.
—Yo no hice nada.
Charles no respondió.
Solo la observó.
Demasiado fijo.
Demasiado serio.
Eso no debía haber ocurrido.
Casa principal de MoonBlack
Rafael apretó ambas manos contra su cabeza.
El dolor era punzante, como si algo dentro de su mente intentara abrirse paso a la fuerza.
—Déjame salir…
La voz no venía de fuera.
Venía de dentro.
Rafael respiró con dificultad.
Vicente lo observaba desde el otro lado de la habitación, con expresión grave.
—¿Otra vez?
Rafael asintió.
—Cada vez es más fuerte.
Vicente se acercó y puso una mano firme sobre su hombro.
—Eso significa que está cerca.
Rafael levantó la mirada.
Había emoción… pero también miedo.
—Papá… me dijiste que Altair casi destruye todo cuando despertó. ¿Y si no puedo controlarlo?
Vicente soltó una pequeña risa.
—Ningún alfa controla a su lobo al principio. Lo sobreviven.
Andrea apareció en la puerta.
—Por eso existen las ceremonias de transformación.
Rafael bajó la mirada.
—Bella va a odiar que me vaya.
Andrea suavizó la expresión.
—No te va a odiar. Te va a extrañar demasiado.
Vicente cruzó los brazos.
—Irás con el Rey Alfa. Necesitas entrenamiento.
Rafael tragó saliva.
El peso de esa frase era real.
Entrenamiento en MoonBlack
El patio de entrenamiento estaba lleno de voces, golpes y energía juvenil.
Bella observaba desde un lado, con los brazos cruzados.
—Vamos, Bella —dijo Andy con una sonrisa burlona—. Al menos intenta no caer tan rápido esta vez.
—No ayudas —murmuró ella.
Rafael soltó una risa corta.
El instructor llamó a Bella.
Frente a ella, una niña más alta y fuerte la esperaba con expresión segura.
Bella tragó saliva.
El combate comenzó.
Bella atacó primero.
Falló.
La empujaron.
Cayó.
Risas suaves alrededor.
Se levantó.
Intentó otra vez.
Cayó otra vez.
Y otra.
Y otra.
Hasta que el instructor levantó la mano.
—Basta.
El silencio fue peor que las risas.
Bella tenía tierra en las manos. Su respiración era agitada. Sus ojos brillaban con frustración contenida.
—Ni siquiera tiene fuerza… —susurró alguien.
—Parece humana…
—¿De verdad es la hija del alfa?
Bella apretó los puños.
Dolía más lo que escuchaba que los golpes.
Rafael dio un paso adelante.
—¡Basta!
Andy lo detuvo de inmediato.
—No.
—La están humillando.
—Y si intervienes ahora, la van a marcar más.
Rafael apretó la mandíbula.
Bella respiró hondo.
Una vez.
Dos veces.
Se levantó sola.
Sus piernas temblaban.
Pero no cayó.
Charles, Desde los árboles, la observaba en silencio.
Sus ojos se entrecerraron ligeramente.
Porque algo cambió.
Una vibración.
Muy débil.
Casi inexistente.
Pero real.
Bella apretó los puños otra vez.
Y entonces…
Lo escuchó.
Una voz.
Muy lejana.
Muy antigua.
—Bella…
Sus ojos se abrieron.
Miró alrededor.
—¿Quién…?
Pero no había nadie.
Solo viento.
Solo hojas.
Solo silencio.
Y aun así…
La voz volvió a susurrar, más cerca esta vez.
—Te he estado esperando.
Bella retrocedió un paso.
El mundo pareció quedarse quieto.