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La Reina Y El Genio

La Reina Y El Genio

Status: En proceso
Genre:Mujer fuerte/hombre frágil / Completas
Popularitas:413
Nilai: 5
nombre de autor: Andreina Marquez

Alessia es hielo, poder y control absoluto. Tras la sospechosa muerte de su padre, dirige un imperio multimillonario donde no se permiten las debilidades. Matteo es un genio informático humilde y brillante, un becado universitario ajeno a la crueldad de la alta sociedad. Dos mundos opuestos que colisionan en una alianza digital inquebrantable... y una atracción posesiva que ninguno puede frenar.

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Capítulo 9: Entrelazados y Nuevas Amenazas

Leo escuchó con atención la confesión de su amigo, asombrado por la intensidad de sus palabras. Tras un momento de silencio, Leo sonrió y le puso una mano en el hombro.

—Escúchame, Matt —le dijo con tono firme pero comprensivo—. Es normal que sientas miedo; esa mujer es un huracán. Pero si ella se fijó en ti, no es solo por tu cerebro, es por la pureza que tienes. No intentes calcular tus sentimientos como si fueran código. Déjate llevar, acepta lo que sientes por ella y demuestra el gran hombre que eres. Ahora, a dormir, que mañana tienes clases temprano.

Leo se quedó a pasar la noche en el sofá del lujoso apartamento para no dejar solo a su amigo. Al día siguiente, tras una noche de descanso, la transformación de Matteo cobró vida. Al vestirse, Leo se quedó con la boca abierta.

Matteo vestía un impecable pantalón de vestir de corte ajustado en color gris carbón, combinado con una camisa de algodón egipcio blanca semiabierta en el cuello y un saco casual de lino negro que entallaba a la perfección sus hombros anchos y su físico estructurado. Sus nuevos anteojos de montura metálica plateada y delgada estilizaban sus facciones, haciendo resaltar la intensidad de sus ojos azul claro.

—Vaya, hermano... pareces otra persona. Hoy vas a romper corazones en la facultad —bromeó Leo mientras lo acompañaba a la universidad.

Al llegar al campus, las miradas se posaron de inmediato en él. Los murmullos corrían por los pasillos; nadie podía creer que ese chico con porte de modelo fuera el mismo estudiante retraído. Sin embargo, la tensión no tardó en aparecer. Caminando hacia la entrada principal se topó con Pietro Bianchi, su eterno rival en la facultad. Pietro era arrogante, engreído y, por una oscura vuelta del destino, era el hijo de Carlo Bianchi —el hombre vinculado al asesinato del padre de Alessia—.

Pietro, vistiendo una costosa pero ordinaria chamarra de cuero de diseñador, sintió una profunda envidia al ver el impactante cambio de Matteo. Se interpuso en su camino con una sonrisa burlona.

—Vaya, miren al vagabundo de la periferia. ¿De dónde sacaste esa ropa, Matteo? ¿La robaste o encontraste un nuevo basurero? —provocó Pietro, buscando humillarlo.

Matteo, manteniendo intacto su orgullo intelectual y con una seguridad que antes no tenía, lo miró fijamente a través de sus nuevos lentes.

—Tu nivel de argumentación sigue siendo tan pobre como tu rendimiento académico, Pietro. Permiso —respondió con total elegancia, dejándolo con la palabra en la boca

Al entrar al salón de clases, una complicación más apareció. Se trataba de Valeria, una estudiante nueva que acababa de ser transferida. Valeria era una chica de una familia sumamente rica, hermosa y acostumbrada a tener a cualquier hombre a sus pies. Al ver entrar a Matteo, con esa mezcla irresistible de atractivo físico, elegancia y timidez, quedó completamente flechada.

Durante la clase, Valeria se las arregló para sentarse justo al lado de él. Comenzó a coquetearle de forma descarada, acomodándose el cabello, acercándose demasiado y lanzándole miradas seductoras para intentar ponerlo nervioso.

—Hola, Matteo... me han dicho que eres el más brillante de la clase. Me vendría muy bien algo de ayuda privada con la materia... en mi casa, a solas, si quieres —le susurró al oído con audacia.

Matteo, fiel a su timidez extrema con las mujeres, se puso completamente rojo y empezó a juguetear con su bolígrafo, visiblemente nervioso por la cercanía. Sin embargo, aunque el coqueteo de Valeria lo incomodaba, su mente y su corazón estaban ocupados por el recuerdo del beso de Alessia. Sin llegar a ser grosero ni rechazarla con brusquedad, Matteo simplemente evitó sus insinuaciones con total ingenuidad.

—La... la biblioteca de la universidad es muy buena para estudiar, Valeria. Ahí puedes encontrar todo el material —respondió él, apartándose sutilmente para concentrarse en la pizarra, dejando Claro que, a pesar de sus nervios, no tenía ningún interés en ella.

Matteo llegó al piso cuarenta de la empresa. Al bajarse del ascensor, lo único que deseaba fervientemente era pasar desapercibido por todos; la sola idea de que alguien en la oficina notara su cambio de look o sospechara lo del beso le causaba pánico. Sin embargo, los empleados se quedaron mudos a su paso. Ya no era el chico de la sudadera rota; ahora caminaba con el porte digno y elegante de un verdadero ejecutivo de alto nivel, atrayendo todas las miradas inevitablemente.

Alessia salía de su oficina en ese momento y se detuvo en seco al verlo. Ella lucía verdaderamente espectacular, atrevida e imponente: vestía un sofisticado vestido negro de alta costura, elegantemente ceñido al cuerpo pero con un escote pronunciado y atrevido que quitaba el aliento, enmarcando su figura escultural con absoluta distinción. Completaba su atuendo con unos tacones de aguja que acentuaban su andar dominante y su melena amarilla brillante cayendo en ondas perfectas.

Al verla, Matteo sintió un vuelco en el estómago. El recuerdo de sus labios de la noche anterior lo golpeó con fuerza, tiñendo sus mejillas de un rojo carmesí. Completamente nervioso y dominado por la timidez, fue incapaz de sostenerle la mirada. Agachó la cabeza de inmediato, acomodándose los nuevos anteojos con dedos temblorosos y fijando los ojos en el suelo, desesperado por avanzar rápido hacia su laboratorio para esconderse de esa mirada verde que lo devoraba.

Alessia, notando su tierno colapso y su intento fallido de pasar desapercibido, se cruzó de brazos con una sonrisa de pura satisfacción y fascinación. Le encantaba el poder que tenía sobre el joven genio.

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Santiago Navarro
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