Abigail ha pasado años tallando la vida perfecta: una carrera prestigiosa como diseñadora de joyas de alta gama y un matrimonio que creía inquebrantable con Julián. Sin embargo, la perfección se astilla cuando descubre que su esposo y Mónica, su mejor amiga y socia, no solo mantienen un romance clandestino, sino que han estado conspirando para robar sus diseños y dejarla en la quiebra.
En medio del colapso de su mundo, reaparece Sebastián, un antiguo amor de la juventud que ahora es un magnate de la industria minera de gemas. Mientras Abigail planea su venganza —una tan fría y elegante como un diamante—, deberá decidir si permite que el fuego del pasado con Sebastián purifique su corazón o si las heridas de la traición la han vuelto tan dura e impenetrable como la piedra que diseña
NovelToon tiene autorización de Lobelia para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
capitulo 16
El taller clandestino de Rosa olía a café cargado, tiza sastre y el aroma metálico de las máquinas de coser que no habían dejado de zumbar en setenta y dos horas. Abigail, con una cinta métrica rodeando su cuello como una bufanda de guerra y los dedos marcados por pequeños pinchazos de aguja, revisaba el drapeado de la quinta pieza de la colección. Era un vestido de seda color ceniza que parecía flotar, una estructura que desafiaba la lógica comercial de Julián.
El sonido de un coche de alta gama deteniéndose en el callejón rompió la concentración del equipo. Abigail se tensó, pero al ver la silueta de Sebastián recortada contra la luz amarillenta de la entrada, su pulso, por primera vez en días, recuperó un ritmo humano.
La Presencia de Sebastián
Sebastián no entró como un caballero al rescate, sino como un socio que comprende el valor del silencio. Llevaba un maletín de cuero oscuro y una expresión que mezclaba la admiración por el caos creativo de Abigail con la frialdad de quien está a punto de mover la pieza reina en un tablero de ajedrez.
—Tienes ojeras, Abigail —dijo él, acercándose hasta quedar a pocos centímetros de ella. Su voz era un bálsamo en medio del estrépito de las máquinas—. Pero nunca te he visto con una mirada tan peligrosa. Me gusta.
Abigail esbozó una sonrisa cansada, permitiendo que sus hombros cayeran un milímetro.
—No tengo tiempo para el cansancio, Sebastián. El reloj de la cláusula de Julián suena en mi cabeza cada segundo.
El Sentimiento: La Seguridad del Aliado
Estar cerca de Sebastián provocaba en Abigail una sensación contradictoria. Por un lado, la hacía consciente de su propia fragilidad, de cuánto necesitaba un respiro; por otro, le otorgaba una seguridad blindada. Con él, no tenía que explicar por qué su arte era importante; él lo entendía porque valoraba el poder detrás de la creación.
Ella observó cómo él miraba los bocetos pegados en las paredes. No había rastro de la condescendencia de Julián. Había respeto.
—He venido porque tengo el caballo de Troya que necesitamos —anunció Sebastián, colocando el maletín sobre la mesa de corte, apartando con cuidado unos retales de encaje.
Sebastián abrió el maletín. Dentro, protegidos por compartimentos de terciopelo negro, no había joyas terminadas, sino piedras opacas, irregulares, que bajo la luz de la bombilla desnuda del taller emitían un brillo crudo y ancestral.
—Diamantes de sangre legítima, extraídos de minas controladas en Botswana —explicó Sebastián—. Son diamantes en bruto de una pureza grado Flawless. Julián ha estado buscando un proveedor de gemas sin tallar para la colección de L'Eclat. Quiere saltarse a los intermediarios de Amberes para maximizar el margen de beneficio y pagar las deudas de Mónica más rápido.
Abigail tomó una de las piedras entre sus dedos. Estaba fría y pesada.
—¿Y cómo entra él en contacto con esto?
—A través de una empresa pantalla que he reactivado en Suiza —respondió él, fijando sus ojos en los de ella—. Julián recibirá mañana una oferta que no podrá rechazar: el suministro exclusivo de estas piedras a un precio de salida un 30% inferior al mercado, bajo la condición de un pago por adelantado del 50%.
Abigail comprendió de inmediato la magnitud del plan.
—Si acepta, usará el poco capital líquido que le queda a Sterling & Co. para pagar ese adelanto. Se quedará sin fondos de reserva para la logística del desfile oficial.
—Exacto —asintió Sebastián—. Pero hay algo más. El contrato que firmará estipula que las piedras deben ser presentadas en un evento de "estreno internacional" para validar su origen.
Julián pensará que se refiere a su presentación con los franceses. Pero legalmente, el contrato estará vinculado a la primera colección que registre la firma Sterling & Co. ante la cámara de comercio.
Abigail sintió un escalofrío de excitación.
—Y esa será la colección que estoy cosiendo en este sótano.
—Él pagará por los diamantes que adornarán tus vestidos, Abigail. Financiará su propia destrucción creyendo que está comprando su libertad
El ambiente en el taller. Ya no era solo un lugar de trabajo; era el centro de comando de una revolución. Abigail dejó la piedra en el maletín y miró a Sebastián. La gratitud que sentía era tan profunda que le resultaba difícil ponerla en palabras.
—¿Por qué arriesgas tanto capital por mí, Sebastián? Estos diamantes valen una fortuna. Si Julián escapa, perderás millones.
Sebastián dio un paso más, invadiendo su espacio personal. El olor a lluvia y colonia cara que emanaba de él la envolvió.
—Julián no va a escapar. No porque yo sea un genio, sino porque él es predecible en su codicia. Y sobre el dinero... —él hizo una pausa, rozando con el dorso de su mano la mejilla de Abigail—. El dinero se recupera. Una mujer como tú, recuperando su trono, es algo que no tiene precio. No estoy invirtiendo en una empresa, Abigail. Estoy invirtiendo en ti
Por un instante, el ruido de las máquinas de Rosa pareció desaparecer. Abigail sintió el impulso de acortar la distancia, de buscar en Sebastián el refugio que la lluvia le había negado noches atrás. Pero la guerrera en ella se mantuvo firme. Sabía que cualquier distracción ahora podría ser fatal.
Él pareció leerle el pensamiento. Se apartó con una elegancia sutil, dándole el espacio que necesitaba para procesar el plan.
—Mañana enviaré a mi "representante" a la oficina de Julián —concluyó Sebastián—. Asegúrate de estar allí. Quiero que veas su cara cuando crea que ha encontrado la mina de oro que lo salvará de la quiebra.
Abigail asintió. La presencia de Sebastián le había inyectado una energía renovada. Miró sus vestidos inacabados y luego el maletín de diamantes. La ironía era perfecta: las mismas piedras que Julián pretendía usar para comprar el silencio de sus acreedores y el amor de Mónica, serían las que darían el brillo final a la colección que lo dejaría en la calle.
—Rosa —llamó Abigail, su voz resonando con una autoridad que hizo que todas las costureras levantaran la cabeza—. Cambien el diseño del escote del modelo "Ceniza". Vamos a incrustar diamantes en bruto directamente en la trama de la seda. Quiero que la luz los golpee de tal forma que nadie pueda apartar la vista.
Sebastián la observó desde la puerta, con una sonrisa de orgullo silencioso. Sabía que la Abigail Sterling que Julián creía conocer había muerto. Lo que había en ese taller era algo mucho más antiguo y poderoso: una mujer protegiendo su legado con el apoyo del único hombre que realmente estaba a su altura.
Abigail volviendo a su mesa de trabajo, pero esta vez, con una de las piedras de Sebastián junto a sus alfileres. Julián cree que tiene 30 días para ganar. Abigail acaba de descubrir que, con los diamantes de Sebastián, solo necesita una noche para que el imperio de naipes de su marido se desplome bajo el peso de su propia avaricia.
Sebastián no ayuda a Abigail dándole dinero, sino dándole las herramientas para que su talento brille por encima del de sus enemigos.
Se fortalece la conexión entre ellos sin necesidad de un romance explícito todavía; es una unión de mentes y propósitos.