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El Chico Del Departamento 512

El Chico Del Departamento 512

Status: En proceso
Genre:Amor eterno / Romance / Malentendidos
Popularitas:6.8k
Nilai: 5
nombre de autor: Yulexi De Fernández

Descripción

La historia comienza con una joven de 20 años que decide independizarse y vivir sola en un apartamento. Lo que no imagina es que allí conocerá a un hombre que carga con un dolor profundo. Su esposa y su pequeño bebé murieron, dejándolo completamente destrozado. Desde aquella tragedia, él cambió por completo: comenzó a beber demasiado, salir de fiesta constantemente y vivir como si nada le importara. La joven pronto descubrirá que detrás de ese hombre fiestero, borracho y aparentemente despreocupado existe alguien que todavía sufre por su pasado. Sin quererlo, ella terminará entrando en su vida y descubriendo su historia.

NovelToon tiene autorización de Yulexi De Fernández para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 7 — No estás solo

Narra Maidy.

Eran aproximadamente las dos de la mañana y yo seguía despierta haciendo unos deberes de la universidad. Tenía varios apuntes regados sobre la mesa y estaba tratando de concentrarme, aunque a esas horas ya sentía los ojos pesados.

De repente escuché algo.

Me quedé quieta.

Parecía un llanto.

Al principio pensé que venía de algún apartamento vecino, pero después reconocí aquella voz.

Era Eithan.

Mi corazón dio un vuelco.

No sabía por qué, pero sentí una punzada muy fuerte en el pecho.

Entonces escuché claramente sus sollozos.

Me levanté de la silla.

—¿Eithan?

No obtuve respuesta.

Por alguna razón, una sensación horrible me decía que tenía que ir a buscarlo inmediatamente.

No podía explicarlo.

Solo sabía que algo no estaba bien.

Me puse los zapatos rápidamente y salí de mi apartamento. Corrí por el pasillo hasta llegar donde vivía la casera.

Golpeé la puerta con tanta fuerza que seguramente desperté a todo el edificio.

—¡Señora! ¡Señora, por favor!

Después de unos segundos escuché pasos.

La puerta se abrió y apareció la casera completamente sorprendida.

—¿Maidy? ¿Qué pasó, mija? ¿Por qué golpea así la puerta?

—Es Eithan. Lo escuché llorando. Algo está pasando. Por favor, ¿usted tiene una copia de la llave del departamento 512?

La señora cambió inmediatamente la expresión.

—¿La del 512?

—Sí.

—Creo que sí.

—Por favor, subamos.

La casera tomó las llaves y salió conmigo.

Mientras caminábamos por el pasillo, yo podía escuchar cada vez más claramente el llanto detrás de la puerta.

—¡Eithan! —grité—. ¡Eithan, soy yo!

No respondió.

La casera abrió rápidamente.

Entré y sentí que se me helaba la sangre.

Eithan estaba completamente destruido. Tenía una botella en una mano y estaba en medio de una crisis emocional profunda.

—Eithan...

Él levantó lentamente la mirada.

Sus ojos estaban llenos de lágrimas.

—Váyase, Maidy.

—No.

—Por favor.

—No me voy a ir.

La casera permaneció cerca de la puerta, mientras yo me acercaba despacio.

—Eithan, mírame, por favor.

Él negó con la cabeza.

—No quiero que me mire.

—Pues yo sí quiero mirarlo.

—Usted no entiende.

—Entonces explíqueme.

—No puedo.

—Sí puede.

Eithan comenzó a llorar nuevamente.

—Estoy cansado, Maidy.

Me dolió escucharlo.

—Ya sé que está cansado.

—No puedo seguir así.

—No tiene que solucionar toda su vida esta noche.

Él permaneció en silencio.

—Solo tiene que pasar esta noche —le dije suavemente—. Mañana será otro día.

—¿Y después qué?

—Después buscamos ayuda.

Eithan soltó una risa triste.

—¿Ayuda para qué?

—Para que no tenga que cargar todo esto solo.

Me acerqué un poco más.

—Usted perdió a su esposa y a su bebé, Eithan. Eso es demasiado dolor para una sola persona.

Él cerró los ojos.

—Los extraño.

—Lo sé.

—Todos los días.

—Lo sé.

—Yo solamente quería volver a verlos.

Sentí lágrimas en mis propios ojos.

—Puede extrañarlos. Puede llorar. Puede estar triste. Pero no tiene que hacerse daño para demostrar cuánto los ama.

Eithan bajó lentamente la mirada.

—Yo no sé vivir sin ellos.

—Entonces aprenda poco a poco. Pero no esta noche solo.

La casera se acercó con cuidado.

—Mijo, venga. Siéntese.

Eithan finalmente dejó aquello que tenía en las manos y se sentó.

Yo me acerqué y me quedé frente a él.

—Míreme.

Después de unos segundos, levantó los ojos.

—Eso. Así.

—¿Por qué vino?

—Porque lo escuché llorar.

—¿Y por qué le importa?

Me quedé callada un instante.

—Porque aunque usted sea un grosero, un borracho y un hombre que se la pasa metido en problemas... sigue siendo una persona.

Eithan soltó una pequeña risa entre lágrimas.

—Usted sí sabe regañar.

—Pues alguien tenía que hacerlo.

La casera llamó para pedir ayuda profesional y nos quedamos acompañándolo.

Aquella madrugada no solucionamos su dolor.

No podíamos.

Pero logramos algo mucho más importante: Eithan no tuvo que enfrentarlo solo.

Mientras amanecía sobre Manizales, él seguía sentado en aquel apartamento, llorando.

Y por primera vez desde que lo conocía, no intentó esconder sus lágrimas.

Yo tampoco me fui.

Me quedé allí.

Porque a veces una persona no necesita que le prometan que todo estará perfecto.

A veces solo necesita escuchar:

—Quédate. Todavía hay alguien aquí contigo.

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