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INDELEBLE

INDELEBLE

Status: En proceso
Genre:Contratadas / Amor prohibido / Amor a primera vista / Amor eterno
Popularitas:707
Nilai: 5
nombre de autor: Andreiina

una chica y un chico

ambos tiene una vida en sus hogares, una familia

pero la pasión y el amor será más fuerte por luchar por lo que sienten o se dejarán vencer y volveran a la realidad en la que viven y renunciarán a este amor.?

NovelToon tiene autorización de Andreiina para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 10: Máscaras de gala

El restaurante L'Étoile era el epítome de la exclusividad: paredes tapizadas en seda, cubiertos de plata que pesaban en las manos y una iluminación diseñada para ocultar las ojeras y resaltar las joyas. Maximiliano odiaba esos eventos, pero esa noche el aire se sentía especialmente denso.

Había sido una decisión de Solangel. "La nueva imagen de la empresa debe ser presentada a los inversionistas clave antes del lanzamiento oficial", había sentenciado ella. Y eso significaba que Elizabeth, como la mente creativa detrás de la "humanización" de la marca, debía estar presente.

Maximiliano llegó del brazo de Solangel. Ella lucía un vestido de noche color esmeralda que resaltaba su elegancia fría y arquitectónica. A su lado, Maximiliano se sentía como un prisionero vestido de gala.

—Mantén la sonrisa, Max —susurró Solangel mientras saludaban a un grupo de banqueros—. Esta noche cerramos el respaldo para la expansión internacional.

Él asintió mecánicamente, pero su mirada se desvió hacia la entrada. Y entonces la vio.

Elizabeth entró acompañada de Adam. Ella llevaba un vestido sencillo, de un azul profundo que recordaba al mar de la costa, y el cabello recogido en un moño elegante que dejaba al descubierto su cuello. Adam, a su lado, parecía incómodo en un traje que claramente no usaba a menudo, pero la miraba con una devoción que a Maximiliano le supo a veneno.

—Ah, ahí está nuestra editora estrella —dijo Solangel, con esa cortesía profesional que nunca llegaba a los ojos—. ¡Elizabeth! Por aquí.

El encuentro fue una colisión silenciosa.

—Señora Solangel, señor Maximiliano... —Elizabeth saludó, con la voz apenas un hilo. Evitó mirar a Maximiliano a los ojos, pero la cercanía de él en ese espacio tan cerrado la hacía sentir como si estuviera caminando sobre brasas.

—Mucho gusto, soy Adam, el esposo de Elizabeth —dijo Adam, extendiendo la mano con una sinceridad que contrastaba brutalmente con la falsedad del ambiente.

Maximiliano estrechó la mano de Adam. Sintió un impulso irracional de reclamar algo que no le pertenecía.

—Mucho gusto, Adam. Su esposa ha hecho un trabajo... excepcional —dijo Maximiliano, y por un segundo, su mirada se encontró con la de Elizabeth. Fue un contacto eléctrico, un recordatorio del roce en la costa.

La cena fue una tortura de varios tiempos. Se sentaron en una mesa redonda: Maximiliano frente a Elizabeth, Solangel junto a Adam.

—Es fascinante cómo Elizabeth ha logrado captar la "esencia humana" de una empresa tan rígida —comentó Solangel, mientras servían el primer plato—. Aunque a veces me pregunto si no se ha tomado demasiadas libertades creativas. ¿No es así, Maximiliano?

—Ella ve cosas que otros ignoramos, Solangel —respondió él, sin apartar la vista de Elizabeth—. Ve la fragilidad detrás de la eficiencia.

Adam, ajeno a la corriente subterránea, sonrió orgulloso.

—Eli siempre ha sido así. Por eso nos complementamos: yo construyo las paredes y ella les da el alma. Estamos a punto de comprar nuestra primera casa, ¿saben? Gracias a este proyecto.

Maximiliano sintió que el nudo de su corbata lo asfixiaba. Elizabeth, por su parte, sentía que cada palabra de Adam era un puñal de culpabilidad. Estaba allí, comiendo manjares pagados por el hombre que ocupaba sus pensamientos prohibidos, mientras su esposo planeaba un futuro sobre cimientos que ya estaban agrietados.

La cercanía de Maximiliano al otro lado de la mesa era una presencia física, casi insoportable. Elizabeth podía sentir su mirada quemándole la piel, una observación silenciosa que parecía desnudar sus sentimientos frente a todos. Cada vez que él movía una copa o se inclinaba para hablar, ella sentía un vértigo que la obligaba a apretar los cubiertos con fuerza.

—¿Te encuentras bien, cariño? —preguntó Adam, notando que Elizabeth apenas había tocado su plato.

—Sí... es solo que el ambiente está un poco pesado —respondió ella, sintiendo que las paredes de seda del restaurante se cerraban sobre ella—. Si me disculpan, voy un momento al tocador.

Elizabeth se levantó con una urgencia que rozaba la huida. Caminó por el pasillo alfombrado hacia el área de los servicios, buscando desesperadamente un segundo de soledad. Al entrar al tocador, la frialdad del mármol blanco y el silencio le devolvieron un poco de aire.

Se apoyó contra el lavabo y se miró en el espejo. El reflejo le devolvía a una mujer que apenas reconocía. Se mojó las muñecas con agua fría, tratando de bajar la temperatura de su pulso, que latía con una violencia traidora.

—Basta, Elizabeth. Basta —se susurró a sí misma, cerrando los ojos con fuerza.

Trató de invocar la imagen de su vida con Adam: las cenas de pizza, las baldosas que habían elegido para el baño, la paz de una rutina sin secretos. Necesitaba que ese mundo fuera suficiente. Necesitaba expulsar de su mente la intensidad de la mirada de Maximiliano y la forma en que el aire parecía electrificarse cuando él estaba cerca.

Cada vez que intentaba pensar en Adam, la voz de Maximiliano en la costa volvía a su mente: "¿Y qué pasaría si el hogar fuera una persona a la que te han prohibido amar?".

Se quedó allí varios minutos, respirando hondo, obligándose a recomponer su máscara. No podía permitirse un error. No podía romper la vida de Adam, ni la de la niña que Maximiliano amaba tanto. Se retocó el labial con manos temblorosas y se alisó el vestido azul.

—Por Valeria. Por Adam —murmuró, como un mantra de protección.

Cuando salió del tocador, Elizabeth caminó con la espalda recta y la mirada fija, decidida a terminar la cena como la profesional que debía ser. Al regresar a la mesa, Maximiliano no levantó la vista de su copa, pero ella notó cómo él tensaba los hombros al sentir su presencia.

La cena continuó entre risas forzadas y charlas sobre intereses bancarios. Elizabeth se mantuvo en silencio, refugiada en una frialdad defensiva, mientras Solangel administraba la conversación con la precisión de un relojero.

La farsa estaba a salvo por ahora, pero en el reflejo de las copas de cristal, Elizabeth supo que no importaba cuántas veces fuera al tocador a lavarse la cara; el incendio ya estaba ardiendo por debajo de la piel, y ninguna cantidad de agua fría podría apagarlo.

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Yessenys Díaz
❤️❤️❤️
jmlanena
Ya no son sospechas!!! 🧐 Son dudas muy claras!!! 🤷
jmlanena
Cuando la realidad los alcance, arrasará con todo!!!!🤦
jmlanena
No se puede huir de la realidad cuando está golpea tu puerta 🚪!!¡
jmlanena
Se dejaron llevar por la pasión ❤️‍🔥 del momento y el deseo pasajero del sentimiento mutuo!!!🤦
jmlanena
Sucedió lo que tanto temian!!!🤦
jmlanena
El compartir juntos el tiempo y el espacio aún en actividades profesionales, no será fácil para Maximiliano mantener su posición de jefe de hielo?
jmlanena
Es inevitable Maximiliano reflexionar y pensar en la vida que tienes hasta ahora!!!
jmlanena
Tienes años repitiendo la misma mentira una y otra y otra vez!!!!🤦
jmlanena
Dos vidas que creen que teniendo todo lo que soñaron para ser felices, en el día a día viven una realidad totalmente diferente y el destino juega en favor de despertar lo mejor de cada uno y nos motiva a vivir con intensidad cada día!!!🥰🥰🥰🥰
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