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UN CHILANGO EN TIERRAS SALVAJES

UN CHILANGO EN TIERRAS SALVAJES

Status: En proceso
Genre:Viaje a un mundo de fantasía / Grandes Curvas / Romance
Popularitas:762
Nilai: 5
nombre de autor: Anthony Helios

Alejandro pensó que tocar fondo era encontrar a su novia "reforzando la amistad" con un pendejo del tamaño de un refrigerador. Ternurita.
En un intento patético por encontrar consuelo, este Godínez promedio -de esos que piden perdón cuando los pisan- compra un libro viejo que promete curar su corazón. ¿El resultado? No recibe terapia, sino un boleto de ida (y sin retorno) a un mundo salvaje donde su tarjeta de puntos y su buena educación no valen nada.
Ahora, Alejandro está atrapado en una tierra hostil armado con lo único que tiene: unos tenis de tela que ya pasaron de moda, cero condición física y una ansiedad galopante.
Aquí no hay señal, no hay Oxxos en cada esquina y, lamentablemente, las bestias que lo acechan no entienden de "buenos modales". Si quiere volver a la comodidad del asfalto (y a sus tacos al pastor), tendrá que aprender a sobrevivir en un lugar donde todo lo ve con cara de snack.

NovelToon tiene autorización de Anthony Helios para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

CAPÍTULO 23 Sincronización de almas, el sparring de los dioses y el contrato

El amanecer en las Cascadas de Cristal no era un evento meteorológico, era una obra de arte psicodélica. El agua caía en espirales de neón mientras Memo, el pequeño hipogrifo plateado, se dedicaba a su deporte favorito: ser una molestia adorable. El polluelo con alas de león estaba actualmente intentando jalarle una de las trenzas a Kaia, mientras Briana trataba de peinarlo con una delicadeza que el animal ignoraba por completo.

—¡Aléjenme a este pollo con complejo de peluquero! —gruñó Kaia, aunque no usó su fuerza para apartarlo. Su melena negra, ahora más larga, era un blanco perfecto para el pico de Memo.

—Solo quiere atención, Kaia. Siente que la manada está completa —dijo Iris, riendo mientras sus orejas de loba se movían con diversión. La loba blanca se acercó y Memo saltó hacia ella, intentando morderle las orejas rosa, lo que provocó una escena de correteos que hizo que el agua de las cascadas salpicara a todos.

—¡Chale, flan! ¡Ese bicho tiene más pegue que tú en una fiesta de la oficina! —gritó Ringo, sentado sobre una roca mientras se vendaba las manos para su práctica de boxeo matutina.— Mira nada más, ya tiene a las tres guerreras y a la hada sensual a sus pies. A este paso, nos va a quitar el puesto de protagonistas.

Elara, la hermana de la reina de las hadas, salió de la bruma con su túnica traslúcida que dejaba poco a la imaginación, provocando que Briana y Kaia se tensaran de inmediato. Se acercó a mí y me pasó una mano por el pecho desnudo, donde mis abdominales y el tatuaje del león relucían bajo la luz mística.

—El archivo fuente está listo —susurró Elara con esa sensualidad inocente que tanto molestaba a las demás.— Bastian te espera.

Bastian estaba de pie cerca de un pilar de cuarzo flotante. Aunque su herida plateada todavía brillaba bajo su armadura rota, sus ojos dorados ya no mostraban el cansancio de la batalla de los Picos Negros.

—Alejandro —dijo el mentor, desenvainando su espada de luz—. Elara me contó lo que hiciste con Ringo y Caeris. Dijiste que eras un "servidor" compartiendo "datos". Quiero ver si este nuevo hardware aguanta un proceso de alta intensidad.

—¿Quieres un sparring, jefa? —sonreí, ajustando el anillo de hierro de Gromm en mi pulgar.— Cámara. Pero no te quejes si te reinicio el sistema.

Me quité la túnica, luciendo mis hombros anchos y mi musculatura esculpida por meses de golpes y bayas mágicas. Desenvainé al "Relámpago de Vado Alto". El mangual de picos de obsidiana empezó a zumbar, rodeándose de una electricidad azul que hacía que el aire oliera a ozono.

El combate fue una explosión de energía. Bastian se movía con una técnica divina, pero yo ya no era el gordito nerd que apenas podía sostener una espada. Usé la movilidad que Gromm me grabó en los huesos, moviéndome con una fluidez técnica que dejó a Bastian sorprendido.

—¡Eres más rápido! —exclamó Bastian, lanzando un tajo que paré con el escudo rúnico.

—¡Se llama optimización de recursos, Bastian! —rugí.

Hice girar el mangual y expandí la bola de picos al tamaño de una llanta de tráiler justo antes del impacto. La descarga eléctrica obligó a Bastian a retroceder cinco metros, sus pies dejando surcos en la hierba luminiscente. No le di respiro. Cambié al martillo "Rompe-Sistemas", haciéndolo crecer en el aire para un golpe descendente que Bastian apenas pudo desviar con su espada de luz.

Bastian me miró, jadeando, con una chispa de respeto que nunca le había visto.

—Ya no eres un usuario, Alejandro. Estás empezando a reescribir el código de este mundo a tu imagen.

—¡Eso es, flan! ¡Dale su ración de realidad! —gritó Ringo, animando desde la orilla mientras esquivaba un aletazo accidental de Memo.

Después del combate, reuní al equipo. Era momento de probar lo que Bastian sugirió: la sincronización de almas. Me senté en el centro, rodeado por Briana, Kaia, Iris, Ringo, Caeris y Elara.

—Escuchen, banda —dije, sintiendo al león de mi brazo arder.— No solo les voy a pasar técnicas de pelea. Voy a conectar nuestras esencias al sistema que yo represento. Van a sentir cosas raras, como si les estuvieran instalando una actualización sin avisar.

Puse mis manos sobre las de Briana y Kaia. Me concentré en la red que nos unía. Visualicé sus habilidades y les inyecté conceptos de mi mundo. A Briana le compartí la estructura de las frecuencias de radio para que su magia de sanación fuera sónica y llegara más lejos. A Kaia le pasé la visión táctica de un satélite, permitiéndole ver el campo de batalla desde todos los ángulos. A Iris le di el concepto de "frenesí controlado", permitiéndole usar su fuerza de loba sin perder la conciencia humana.

Sentí un drenaje masivo de Maná, una sensación de vacío que me hizo sudar frío. Ringo y Caeris ya estaban sincronizados, pero la conexión con las tres chicas y Elara fue una explosión de sensaciones.

—¡Wow! —soltó Briana, sus ojos violetas brillando con una intensidad eléctrica.— Siento que el aire... tiene patrones. Puedo "sintonizar" mi magia.

—Mi espada... ahora entiendo dónde va a golpear el enemigo antes de que lo piense —murmuró Kaia, mirando su arma negra con asombro.

La calma duró poco. El cielo sobre las cascadas se volvió gris ceniza y un portal de estática negra se abrió en medio del arcoíris principal. De él no salió un monstruo, sino una figura que me hizo temblar por las razones equivocadas.

Era un hombre vestido con un traje de oficina impecable, pero su rostro estaba pixelado, cambiando constantemente entre las caras de mis antiguos jefes. Era el Emisario del Rey Sombra.

—Alejandro, el tiempo de los juegos ha terminado —dijo el Emisario con una voz que sonaba como estática de televisión.— El Rey Sombra reconoce tu talento. Eres un archivo fuente demasiado valioso para ser borrado.

El equipo se puso en guardia, pero el Emisario levantó una mano y una proyección holográfica apareció frente a mí. Vi la CDMX. Vi mi antigua cama, el olor a tacos al pastor de la esquina, el sillón de mi mamá y la cara de mi papá viendo la tele.

—Te ofrecemos el trato final —continuó la sombra.— Entrega el código, apaga el sistema de este mundo y te devolveremos a tu realidad. Recuperarás tu vida, tu comodidad, tu seguridad. No más peleas, no más sangre, no más "refrigeradores" ni ex novias que te engañan. Volverás a ser el Alejandro que todos conocían.

Miré la imagen de mi casa. Sentí un tirón de nostalgia que casi me dobla las rodillas. Por un segundo, la idea de dormir en mi cama real y dejar de preocuparme por el fin del mundo pareció el paraíso.

—¡No lo escuches, flan! —gritó Ringo, aunque se le notaba el miedo—. ¡Ese wey te está ofreciendo un contrato de letra chiquita!.

Miré a mi equipo. Vi a Briana, Kaia e Iris mirándome con una angustia que les rompía el alma. Sabían que si yo aceptaba, ellas dejarían de existir como datos borrados. Vi a Elara, a Bastian y al pequeño Memo, que se acurrucó contra mi pierna soltando un piar triste.

Recordé el mensaje de Diana y la repugnancia que sentí al darme cuenta de que ese pasado ya no me pertenecía. Recordé el anillo de Gromm y la dignidad que encontré en este mundo salvaje.

—¿Sabes qué es lo malo de tu oferta, "Jefe"? —dije, mirando al Emisario con un odio que hizo que el león de mi brazo brillara con una luz cegadora.— Que en mi mundo, yo era un cero a la izquierda. Aquí, soy el que reparte los chingadazos rúnicos.

Saqué mi celular y, por primera vez, lo usé como arma de forma consciente. Canalicé toda la energía de la sincronización de almas hacia el aparato y lo apunté hacia la proyección holográfica.

—Dile a tu Rey Sombra que su contrato tiene un error de sistema —rugí.— ¡EL CHILANGO NO SE VENDE POR UN POZOLE!

Lanzé una descarga de Maná amplificada que hizo que la proyección estallara en mil pedazos de estática. El Emisario retrocedió, su rostro pixelado mostrando una furia digital.

—Entonces, prepárate para el formateo —siseó el Emisario antes de desaparecer en el portal.— Porque el Rey Sombra viene personalmente a cerrar tu sesión.

El silencio que quedó fue absoluto. Mi equipo se acercó a mí, rodeándome en un abrazo que esta vez no era de celos, sino de una lealtad que trascendía las realidades.

—Gracias por quedarte, Alejandro —susurró Briana, besándome la mejilla.

—No te íbamos a dejar ir de todos modos —añadió Kaia, apretando mi brazo con su fuerza de guerrera.

—¡Eso es, flan! —gritó Ringo, saltando de alegría—. ¡Ahora sí, que venga ese Rey Sombra! ¡Le vamos a aplicar un KO técnico que no va a olvidar ni en la nube!.

Memo soltó un graznido triunfal y nos preparamos para el asalto final. El Chilango había tomado su decisión: prefería una guerra mágica con su nueva familia que una paz mediocre en un cubículo de oficina.

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