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Secretos Y Pecados.

Secretos Y Pecados.

Status: En proceso
Genre:Viaje a un mundo de fantasía / Reencuentro / Amor-odio / Mundo de fantasía / Amor a primera vista / Romance
Popularitas:324
Nilai: 5
nombre de autor: Estefaniavv

Tres casi hermanos, una finca cargada de sombras y un destino que se escribe en la sangre. Sofía, una científica brillante cuya única pasión es un laboratorio que la aísla del mundo; Julián, un hombre de un temperamento volcánico que oculta un poder devastador; y Esmeralda, la calma necesaria en medio de la tormenta familiar. En un lugar donde la tierra parece estar viva, los tres se verán arrastrados por deseos prohibidos y amores que desafían su lógica, mientras el misterio científico de su legado amenaza con consumirlos a todos.

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Capítulo 18: Sofía y él jacuzzy

...Sofía...

Después de encontrarme con Gabriela en la penumbra de su habitación, el peso de la responsabilidad familiar se sintió más ligero. Verla tan vulnerable, con el rastro de las lágrimas aún en sus mejillas por culpa del carácter errático y severo de Julián, despertó en mí ese instinto de protección que guardo bajo llave. Logré convencerla de que su lugar estaba aquí; su pasión por el arte culinario de nuestros pueblos no podía verse truncada por un arrebato de orgullo. La dejé sumida en un sueño profundo y reparador, cerrando la puerta con el sigilo de quien custodia un tesoro.

Al salir al pasillo, la tensión acumulada de los últimos días se manifestó en un nudo en mis hombros. Necesitaba un paréntesis, un momento donde Sofía no fuera la mediadora, ni la doctora, ni la protectora. Bajé a la cocina en silencio. El frío del suelo de mármol bajo mis pies descalzos me ayudó a conectar con el presente. Tomé una botella de vino blanco, una copa de cristal fino y me dirigí a la terraza del cuarto piso.

El jacuzzi esperaba allí, como un altar que pocos en esta casa se atrevían a profanar. Desde que regresé, este se había convertido en mi ritual mensual: el agua caliente, el vapor y la soledad. Entré en el cuarto de cambio, despojándome de la ropa del día con movimientos lentos, dejando que mi piel respirara antes de enfundarme en un bikini negro que apenas cumplía su función de cubrir lo necesario. Cerré los ventanales de vidrio; no quería que la brisa nocturna interrumpiera el microclima de calor. Puse las luces en un tono ámbar casi imperceptible y me deslicé en el agua. El contraste fue un latigazo de placer. Apoyé la cabeza en el borde, cerré los ojos y dejé que el primer sorbo de vino enfriara mi garganta mientras el agua hervía a mi alrededor.

Estaba en ese estado de suspensión sensorial cuando el aire cambió. No necesité abrir los ojos para saber que ya no estaba sola. El aroma de su loción, una mezcla de madera y algo puramente masculino, se filtró entre el vapor. Había olvidado, en mi búsqueda de paz, que mi acechador dormía apenas a unos metros de distancia.

—Hola, escurridiza. ¿Ya estás más calmada? —La voz de Rodrigo vibró en el espacio cerrado, profunda y cargada de una confianza que me erizó los vellos de la nuca.

Abrí los ojos. Él estaba allí, apoyado contra el marco de la puerta, observándome con una intensidad depredadora.

—Te has vuelto mi sombra, al parecer —respondí, intentando que mi voz no delatara la agitación de mi pulso.

—Digamos que eres lo más atractivo que ofrece este lugar —replicó él, acortando la distancia.

Me incorporé apenas un poco, dejando que el agua resbalara por mis hombros.

—Explícame algo... ¿Cómo es eso de que tus objetivos aquí no terminan? Me refiero a lo que le dijiste a Julián. ¿Acaso terminarán cuando cumplas tu propósito conmigo?

—¿Por qué? De ser así, ¿te entregarías de una vez? —Sus ojos brillaron con un desafío directo.

—Solo curiosidad. Y no, eso no pasará.

Rodrigo soltó una risa seca, desprovista de burla, más bien llena de anticipación.

—Sabes que me resulta extremadamente atractivo lo difícil. Puedes hacerte la dura todo lo que quieras, Sofía, pero llegará el momento en que desees lo mismo que yo. Pero respondiendo a tu pregunta... mis motivos para quedarme no tienen que ver contigo. No soy un acosador pervertido, nunca lo he sido. No acepto a cualquiera en mi espacio personal. Lo que pienses de mí, queda en ti.

Hizo una pausa, sus ojos bajaron hacia el agua que cubría mi cuerpo.

—¿Puedo entrar? Parece muy relajante.

—Si tú lo dices... —respondí con una indiferencia fingida—. Realmente me da igual. Puedes hacer lo que quieras.

Rodrigo no necesitó una segunda invitación. Se despojó de su ropa con una lentitud deliberada, como si quisiera que yo registrara cada centímetro de su anatomía. Cuando quedó solo en boxers, tuve que obligarme a respirar. Su cuerpo estaba esculpido con la precisión de quien domina su propia fuerza; músculos definidos, una línea de vello que desaparecía bajo la prenda y una postura que emanaba poder. El calor del jacuzzi pareció aumentar de golpe cuando entró y se sentó justo a mi lado, tan cerca que su brazo rozaba el mío.

—¿Me das un poco de lo que estás bebiendo? —preguntó, mirando mi copa.

—No hay más copas aquí, y no tengo energía para buscar otra —dije, desafiante.

—Si ya probé tus labios, ¿qué problema hay en que bebamos de la misma copa?

Le tendí el cristal. Él bebió un trago largo, sin apartar la vista de la mía, y luego dejó la copa a un lado.

—Vale, no hablo más. Te ayudaré, en todo el sentido de la palabra, a relajarte.

Antes de que pudiera protestar, su mano se sumergió. Bajo el agua, sus dedos encontraron la tela de mi bikini. Empezó a dibujar una línea recta, un trazo lento que subía y bajaba sobre mi intimidad. El contacto era eléctrico. Sentí una explosión de hormonas, un calor líquido que se acumulaba en mi zona baja. Cerré los ojos, negándome a darle la satisfacción de verme flaquear.

—¿Qué crees que haces? —susurré.

—Ya lo sabes. Ayudándote a relajarte. No digas nada; solo si quieres que me detenga, habla.

Fue una orden. Y mi cuerpo, traicionero y hambriento de sensaciones, decidió obedecer. El roce de su dedo sobre la tela se volvió más firme, más rítmico. Al no encontrar negativa, Rodrigo se puso de pie dentro del agua. Se colocó frente a mí, obligándome a abrir los ojos. Su rostro quedó a la altura del mío. Sus manos viajaron a mi nuca, desatando el nudo de mi bikini con una destreza que me dejó sin aliento.

La prenda cayó, perdiéndose en el fondo del jacuzzi. Mis senos quedaron expuestos al vapor y a su mirada. Lo vi admirarlos con una devoción casi religiosa, como si fuera un dulce prohibido. Sus palmas, calientes por el agua, envolvieron mis pechos.

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Estefaniavv
🥰🥰👏
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