Alina siempre creyó que su matrimonio era solo un contrato frío con el hombre más poderoso de la ciudad. Durante tres años vivió ignorada por su esposo, el misterioso empresario Adrián Valek.
La noche en que decide firmar el divorcio, un atentado cambia todo.
Adrián pierde la memoria… y lo único que recuerda es que Alina es la persona más importante de su vida.
Mientras él intenta enamorarla otra vez, enemigos ocultos del imperio empresarial de Adrián comienzan a atacar.
Pero hay un secreto que nadie conoce:
Alina no es una mujer común… ella lleva años investigando quién intentó destruir su vida.
Y ahora que Adrián cambió…
tal vez el amor que nunca existió pueda nacer de verdad.
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El enfrentamiento en las sombras.
El almacén abandonado estaba sumido en la oscuridad. Solo algunas luces parpadeantes iluminaban el lugar, creando sombras que parecían moverse por sí solas. Cada eco de sus pasos hacía que el corazón de Alina latiera con fuerza.
—Manténganse juntos —susurró Adrián, con la mirada fija en la entrada—. Marcus no nos dejará escapar.
Alina asintió, apretando su mano contra la de él. Por primera vez, el miedo se mezclaba con algo más profundo: la certeza de que, pase lo que pase, no estaban solos.
De repente, un rugido metálico resonó desde la entrada del almacén. Los hombres de Marcus comenzaron a avanzar, rodeándolos.
—¡Prepárense! —gritó Lucas, sacando su arma—. Esta es nuestra única oportunidad de sobrevivir.
Los primeros atacantes llegaron. Adrián se movía como un relámpago, derribando a varios con golpes precisos. Alina no se quedó atrás; esquivaba, bloqueaba y atacaba con una agilidad sorprendente. Cada movimiento entre ellos era sincronizado, un reflejo de los años de cercanía y confianza, pero también de un amor que ninguno de los dos había admitido completamente.
—¡Alina, cuidado! —gritó Adrián cuando un atacante logró acercarse.
Ella giró y golpeó al hombre con fuerza, luego miró a Adrián con una sonrisa breve, llena de adrenalina. —Estoy bien. Gracias a ti.
Pero mientras se recuperaban, un ruido más profundo resonó en la oscuridad. Una figura apareció desde las sombras: Marcus Black.
—Veamos si su amor puede salvarlos esta vez —dijo con voz fría y cruel—. El poder de la familia Black será mío.
Adrián se colocó delante de Alina, tenso y decidido. —Si quieres tocarla, tendrás que pasar sobre mí.
Alina lo miró, con el corazón latiendo con fuerza, y por primera vez en años, no sintió miedo: sintió que estaban juntos contra todo el mundo.
—¡Nunca me controlarás! —gritó Alina, mientras un grupo de hombres armados se lanzaba sobre ellos.
La batalla se volvió un torbellino. Lucas cubría su espalda, derribando a cada atacante, mientras Adrián y Alina luchaban juntos, esquivando disparos y enfrentando a los enemigos con precisión letal. Cada golpe de Adrián y cada movimiento de Alina demostraban no solo fuerza física, sino también un vínculo indestructible.
En un instante, Marcus logró acercarse a Alina, apuntándole con un arma. Adrián reaccionó instintivamente, lanzándose sobre ella y derribando a Marcus al suelo. La tensión entre ellos era eléctrica. Adrián respiraba con dificultad, mirando a Alina.
—¿Estás bien? —susurró, casi temblando.
—Sí —dijo ella, entre jadeos—. Contigo, siempre estoy bien.
Pero Marcus no había terminado. Se levantó con furia, y de repente, otro grupo de hombres entró desde una puerta lateral. Estaban rodeados. La situación parecía desesperada.
Adrián tomó la mano de Alina, apretándola con fuerza. —Debemos salir de aquí… juntos.
Alina asintió, y por primera vez, la determinación reemplazó al miedo. Mientras corrían hacia un túnel oculto que Lucas conocía, sus manos permanecieron entrelazadas. Cada mirada era una promesa: pase lo que pase, no se separarían.
Finalmente, llegaron a una sala oculta, un lugar seguro temporal. Allí estaba… la bóveda Black. La apertura secreta brillaba ante ellos como un faro de esperanza.
Alina respiró hondo, colocando la llave que Victor le había dado en la cerradura. —Esto… es por mi familia —murmuró, mientras la bóveda se abría lentamente.
Dentro había documentos, joyas y registros financieros que podrían cambiar el destino de ambas familias. Adrián se quedó en silencio, impresionado.
—Todo esto… es real —dijo, con los ojos fijos en ella.
Alina se volvió hacia él. —Y ahora… nadie podrá arrebatarnos lo que es nuestro.
Él la tomó entre sus brazos, estrechándola con fuerza. —Prométeme algo, Alina.
—¿Qué? —dijo ella, con lágrimas mezcladas con la adrenalina.
—Que siempre lucharemos juntos. Pase lo que pase.
—Nunca —respondió ella, apoyando su frente contra la suya.
Por un instante, el mundo se detuvo. Pero un ruido familiar rompió la calma: Marcus había encontrado otra entrada y su risa cruel resonó en toda la sala.
—Muy lindo… —dijo—, pero la verdadera batalla apenas comienza.
Alina apretó la mano de Adrián. —No importa lo que venga. Estamos juntos.
Y mientras se preparaban para el enfrentamiento final, el amor entre ellos se volvió más fuerte que cualquier amenaza. Pero también quedó claro: Marcus Black no se detendría hasta tenerlo todo, y la guerra entre las familias Black y Valek apenas comenzaba.