Está historia trata de una joven hermosa y muy humilde,su principal objetivo es superarse para ayudar a su mamá.
NovelToon tiene autorización de Ana de la Rosa para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
Cap.11
Se acercó a ella, justamente encima de su cuerpo, y le sujetó las manos. — Este matrimonio es real, porque así yo lo quiero. — Él podía apreciar sus labios, sus pechos, sus hermosos ojos, y no se pudo contener. La besó suavemente, sus lenguas se entrelazaron. Despacio empezó a acariciar su cuerpo. Se abrió paso por la braga y tocó su parte íntima. Escuchó un gemido que parecía la gloria. Estaba tan excitado, solo quería saciarse de ella. Pero algo pasó, recordó que abusó de ella y se detuvo. Únicamente, junto a su frente a la de ella y le acarició el cabello.
— ¿Por qué te detiene?
— No quiero volver hacerte daño.
— No me vas a hacer daño, yo quiero hacerlo.— dijo excitada.
Continuaron con sus apasionados besos. Él le quitó la bata, y la observó completamente desnuda. Con sus grandes manos apretó sus hermosos pechos, con delicadeza. Empezó a saborear cada parte de su cuerpo, labios, cuello, pechos, ombligo, hasta llegar a su zona íntima. Como todo un hombre experto, sabía cuál era el punto débil de una mujer, y ahí, puso todo su empeño, logrando llevarla a un espléndido orgasmo.
Después se quitó su bóxer, y empezaron hacer el amor. Él se abrió paso en su interior y dejó salir un gruñido. En cuestión de minutos estaban al límite de sus deseos. Hicieron el amor como dos personas realmente enamoradas.
— Te amo, Anaís, eres lo mejor que me ha pasado, no me quiero separar nunca de ti.— expresó agitado.
Ella quedó sorprendida, pues no imaginó escuchar esas palabras. Sin temor dijo lo mismo. — También te amo, David.
David se quedó a dormir con ella, tuvieron relaciones sexuales varias veces en la madrugada. Realmente ardían de deseos el uno por el otro. Durmieron plácidamente, los dos abrazados.
En la mañana, la señora Carmen fue a la habitación de Anais, había tardado en bajar a desayunar. Abrió la puerta, y su expresión de sorpresa fue notoria. Ellos se veían felices, dormidos, abrazados.
Carmen sonrió, la verdad ya sabía que ellos estaban enamorados. Se sintió feliz por ambos.
David despertó, y se quedó mirando a Anais. Era como si estuviera soñando.
— Oye, ¿por qué me mira así? Buen día. — preguntó Anais, y le dio un casto beso. Ella no sabía que iba a pasar, pero iba a disfrutar del momento, y de lo que sentía por él.
— Solo estoy mirando lo bella que eres. Anais, perdóname por lo que te hice.— dijo apenado.
— Vamos a empezar de nuevo, olvidemos lo paso.
— Tienes razón. Levántate, nos vamos de pasa día.
— ¿Adónde me llevas?
— Vamos a dónde nos lleve el viento.
Anaís estaba tan emocionada, que era evidente no llorar de felicidad. Llamó a su amiga para contarle lo sucedido.
📱 Buen día.
📱 Amiga, no me lo vas a creer. Dormí con David.
📱 No te creo, ¿tuvieron sexo?
📱 Si, y fue el mejor sexo de mi vida, ese hombre sabes usar cada músculo a su favor.
📱 Me alegro mucho por ti. Te lo mereces.
David estaba igual de emocionado. Llamó a su primo para cancelar unas reuniones, y le contó por qué no se presentaría.
📱 Buen día, David.
📱 Hermano, voy a salir con Anais, cancela las reuniones.
📱 ¿Y eso?
📱 Digamos que voy a pasar el día con mi esposa.
📱 ¿Qué vas a hacer cuando Margaret regrese?
📱 No sé qué vas a pasar, lo único que se es que estoy enamorado de mi esposa.
La pareja organizó todo, y se dispusieron a salir.
— ¿Estás lista?
— Sí. Todavía no me lo creo.
— ¿Qué es lo que no crees?
— Que estemos juntos, así como una pareja normal.
— Acostúmbrate, eres mi mujer.
Salieron de su hogar, muy feliz. Llegaron a un lugar de reserva ecológica, en dónde se podían apreciar varios animales de distintas especies. El sitio contaba con un lujoso hotel en medio de la nada.
— Este lugar es hermoso, gracias amor.
— Sí. Espero que no le tengas miedo a los animales salvajes, de noche pasean por toda el área.
— Oye, no bromee. Bueno, de todo modo si estás conmigo nada más puedes pasar.
Estaban recorriendo todos los alrededores. Se podían observar aves en peligro de extinción, y muchas especies originarias de diferentes países.
Era la primera vez que Anais visitaba un lugar así. Ella estaba viviendo un sueño del cual no quería despertar.
— Te amo. Gracias, por todo. — le dijo al apuesto hombre que la rodeaba por la cintura.
— Bueno, tengo menos de un año para lograr que te quedes conmigo toda la vida.
— Sabes lo que estás diciendo, ¿verdad? ¿Qué pasará con Margaret?
— Anais, tú eres mi esposa, y no solo vamos a pasar un año juntos, quiero pasar mi vida contigo. Me enamoré, me enamoré de ti. Te amo. — se dieron un tierno beso.
— David, no pensé enamorarme de nuevo, pero aquí estoy, enamorada.
— ¿Enamorada nuevamente? Te había enamorado antes, ¿de quién? Quién fue ese afortunado?— indagó con curiosidad.
— Vamos a tener tiempo para hablar de eso. Mmm, muero de hambre.
Se habían declarado totalmente enamorados. David fue sincero con ella. Ella, no tanto. Aunque lo amaba, su relación estaba construida a base de mentiras. Cuando él se entere de todas las verdades, ¿Seguirá amándola?
Pasaron la noche en una cabaña, hicieron el amor como dos salvajes apasionados.
Al día siguiente volvieron a sus vidas normales. Después de cambiarse de ropas se dispusieron a ir a la constructora.
En la constructora, habían surgido muchos comentarios en cuanto a la relación de David, con la empleada Anais. Eran comentarios ofensivos hacia ella, la tachaban de buscona, ofrecida. Ciertamente, a ella no le importaban esos dichos, pero a David si le molestaban esos rumores. Reunió a todo el personal, para aclarar ciertos puntos.
— Buen día. Algunos de los presentes saben quién es Anais Ferrer. Aclarando sus dudas, porque unos dicen que ella es mi amante, otros dicen cosas ofensivas. Bien, hoy le diré quién es esta mujer.— la sujetó de la mano. — Está mujer es mi esposa, es la señora Peyles. No quiero escuchar comentarios por los pasillos. Todos le deben respeto a mi mujer. Eso era todo, empiecen con sus labores.
Él caminó con ella, y entraron a la oficina. Los empleados quedaron boquiabiertos.
— ¿Por qué hiciste eso?— preguntó Anais.
— Solo hice lo que tenía que hacer. Me di cuenta de todos los comentarios que difunden entre ellos.
Él la agarró por la cintura y la pegó a él.— Quiero que traten a mi esposa con respecto.
— Me dejaste sin palabras.