Anna creyó que era huérfana y pobre, pero en realidad es Leah, la heredera perdida del imperio mafioso de León. El día que su propio hermano Theo la encuentra, su pasado empieza a cobrarle factura.
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Capítulo 3: ¿Qué me depara la vida?
Las cosas, obviamente, no mejoraron para Anna.
Al contrario.
Desde muy pequeña aprendió que su tío la odiaba. Que,su abuela Margareth tenía que trabajar para poder mantener la casa. Que sus otras tías la cuidaban por obligación y que, en realidad, no querían hacerse cargo de ella.
También aprendió algo mucho más difícil de comprender para una niña:
Sus padres no estaban.
Pasaron los años y, poco a poco, Anna comenzó a darse cuenta de las diferencias que existían entre su familia y las demás.
Veía a otros niños rodeados de sus padres, acompañados a la escuela, esperando que sus madres fueran a buscarlos o escuchando cómo sus padres les preguntaban cómo había sido su día.
Ella no tenía nada de eso.
A los seis años, Anna caminaba sola por los senderos que la llevaban hasta la escuela.
Eran aproximadamente las siete de la mañana y, durante el invierno, todavía estaba oscuro.
El frío se hacía sentir y los caminos parecían mucho más largos cuando los recorría sola.
A lo lejos, podía ver a otros padres llevando a sus hijos a la escuela.
Entonces Anna intentaba acercarse.
No porque los conociera, sino porque caminar cerca de ellos hacía que el miedo desapareciera un poco.
Le aterraba recorrer sola aquellos caminos.
Algunas personas la miraban con lástima. Quizás se preguntaban por qué una niña tan pequeña caminaba sola a esas horas de la mañana.
Pero Anna ya estaba acostumbrada.
En la escuela, las preguntas eran constantes.
—¿Dónde están tus padres?
—¿Quién va a venir a la reunión?
—¿Quién va a firmar tu cuaderno de comunicaciones?
Anna respondía siempre con la misma paciencia.
—Solo tengo a mi abuela. Ella está trabajando y no puede faltar al trabajo para venir a la escuela.
Después bajaba la mirada y agregaba:
—Y nadie en casa quiere firmar el cuaderno.
Los maestros no siempre sabían qué decir.
Anna tampoco entendía por qué las cosas tenían que ser así.
Solo sabía que, en su casa, a nadie parecía importarle demasiado lo que le sucediera.
Y mientras observaba a las demás familias desde la distancia, una pregunta comenzó a crecer dentro de ella:
**¿Por qué mi vida es diferente?**
Todavía era demasiado pequeña para encontrar una respuesta.
Pero el tiempo se encargaría de mostrárselo.
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