Jade desafía el poder de Derek y se niega a ceder ante su arrogancia, mientras una atracción peligrosa amenaza sus límites.
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CAPÍTULO 1
Jade salió de la oficina de Derek con la mandíbula apretada y la carpeta firmemente sujetada contra su pecho.
Había mantenido la compostura durante toda la reunión.
Había respondido cada comentario de Derek sin levantar la voz.
Pero ahora que las puertas de su oficina se cerraban detrás de ella, ya no tenía ninguna razón para contener el enojo.
—Qué hombre tan insoportable... —murmuró mientras caminaba hacia el ascensor.
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El guardia de seguridad apenas alcanzó a verla pasar.
Jade llevaba el ceño fruncido, los pasos rápidos y una expresión que dejaba bastante claro que no había tenido precisamente una reunión agradable.
Al llegar a la acera, se detuvo un instante y soltó el aire que había estado conteniendo.
Había trabajado demasiado para levantar Essence.
Había comenzado desde abajo, conseguido clientes uno por uno y demostrado con resultados que una empresa pequeña no necesitaba un apellido poderoso detrás para hacer un trabajo excelente.
Y aquel hombre había reducido todo eso a unas cuantas palabras.
«No está mal».
Jade imitó mentalmente su tono y negó con la cabeza.
—Arrogante.
Se acomodó el bolso sobre el hombro y continuó caminando.
No pensaba volver.
Mucho menos aceptar una propuesta de alguien que parecía creer que podía comprar el trabajo de cualquiera con una simple llamada.
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Mientras Jade se alejaba, dentro del edificio alguien había observado toda la escena.
Emilio.
Había visto a la mujer salir de los ascensores.
Había visto su expresión.
Y, sobre todo, había visto la manera en que abandonó el edificio sin siquiera mirar atrás.
Eso despertó inmediatamente su curiosidad.
Conocía a Derek desde hacía demasiados años como para ignorar una situación así.
Subió al ascensor y, cuando las puertas se abrieron en el último piso, caminó directamente hacia la oficina de Derek.
No necesitó anunciarse.
Abrió la puerta y entró.
Derek seguía junto a su escritorio, aparentemente concentrado en unos documentos.
Emilio cerró la puerta detrás de él.
—¿Qué le hiciste a esa pobre mujer que salió de aquí hecha una furia?
Derek levantó la mirada.
—No he hecho nada.
Emilio soltó una pequeña carcajada.
—Claro.
Se acercó al escritorio y apoyó una mano sobre el respaldo de una de las sillas.
—Entonces supongo que esa expresión de querer incendiar el edificio era parte de su personalidad.
Derek ignoró el comentario.
Tomó nuevamente la carpeta que contenía la propuesta de Jade.
—Solo le dije que muchas agencias matarían por conseguir este contrato.
Emilio lo observó durante unos segundos.
—¿Y esperabas que te diera las gracias?
—Esperaba que entendiera la importancia del contrato.
—No. —Emilio negó con la cabeza—. Querías demostrarle que tú tenías el poder.
Derek alzó la mirada.
—¿Y qué problema hay con eso?
—Ninguno. Salvo que ella no parece impresionarse con eso.
Derek guardó silencio.
Emilio sonrió.
Había dado en el punto exacto.
—¿Qué harás?
Derek cerró la carpeta.
—Le daré la oportunidad.
Emilio arqueó una ceja.
—¿De verdad?
—Si.
—Pensé que acababas de decir que era demasiado pequeña.
—Lo es.
—Entonces no entiendo.
Derek se recostó en su silla.
—Precisamente por eso quiero verla trabajar.
Emilio cruzó los brazos.
—Eso suena sospechosamente parecido a que estás buscando una excusa para volver a verla.
Derek le lanzó una mirada seca.
—En unos días le diré a mi asistente que la contacte.
—¿Para ofrecerle el contrato?
—No exactamente.
Emilio esperó.
Derek dejó la carpeta sobre el escritorio.
—Quiero que pase por trabajo de campo.
—¿Trabajo de campo?
—Sí.
Una sonrisa comenzó a aparecer en el rostro de Emilio.
—¿Que estás pensando?
—Quiero que vaya a alta mar.
Emilio dejó de sonreír.
—¿A alta mar?
—Sí. Quiero que conozca cómo funciona realmente la empresa antes de desarrollar una campaña. Que vea los barcos, conozca a la tripulación y observe de primera mano cómo se realiza la recolección.
—¿Quieres que una publicista se suba a uno de nuestros buques pesqueros?
—Exactamente.
Emilio soltó una carcajada.
—Si acepta ese contrato, no solamente tendrá que diseñar una campaña. Vas a mandarla a pescar.
Derek esbozó una sonrisa.
—Ella aseguró que conoce este imperio pesquero. Quiero comprobar cuánto sabe realmente.
Emilio negó lentamente con la cabeza.
—Tú sí que estás loco.
Derek se encogió de hombros.
—Es trabajo.
—No. —Emilio lo señaló con una sonrisa—. Es una excusa.
Derek frunció el ceño.
—¿Para qué?
—Para volver a verla.
—No me interesa ella.
—Claro que no.
—Me interesa su trabajo.
—Por supuesto.
Derek tomó la carpeta de Essence.
—Quiero comprobar si realmente es tan buena como cree.
Emilio soltó una breve risa.
—Eso se llama interés, Derek.
—Se llama negocios.
—Entonces será mejor que mantengas esa versión cuando la tengas en medio del océano y preguntándose por qué demonios aceptó trabajar contigo.
Derek lo miró fijamente.
—Tendrá que demostrarme que merece el contrato.
Emilio caminó hacia la puerta.
Antes de salir, se giró.
—¿Y si demuestra que lo merece?
Derek levantó la mirada.
—Entonces tendrá el contrato.
—¿Y si además consigue impresionarte?
Derek guardó silencio durante un segundo.
—Eso no va a suceder.
Emilio sonrió.
—Ya veremos.
Salió de la oficina.
Derek quedó nuevamente solo.
Miró la puerta cerrada y después bajó la vista hacia la carpeta de Essence.
Aquella mujer había conseguido irritarlo en menos de cinco minutos.
Y, por alguna razón, eso mismo hacía que quisiera volver a ponerla a prueba.
Abrió la carpeta y repasó nuevamente la propuesta.
—Veamos qué tienes.
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Derek cerró la carpeta y tomó el teléfono de su escritorio.
Marcó.
—¿Sí, señor Moncada? —respondió su asistente.
—Jorge cancela las reuniones que tengo programadas con las demás agencias de publicidad.
Hubo un breve silencio al otro lado de la línea.
—¿Todas, señor?
—No quiero reunirme con ninguna otra agencia.
—Entendido. Me encargaré de cancelarlas.
Derek colgó.
Por primera vez desde que había comenzado a buscar una agencia para la nueva campaña de Moncada Marine, la decisión estaba tomada.
Sería Essence.
Y su directora tendría que demostrar que es tan buena como dicen o aparenta ser.
Derek se reclinó en su silla y miró nuevamente la carpeta.
—Nos veremos pronto, Jade Castillo.
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Emilio Rincón
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Gabriel Herrera
oria parece muy interesante espero con ansia los próximos capitulos