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Renací para cambiar mi destino

Renací para cambiar mi destino

Status: Terminada
Genre:Romance / Maltrato Emocional / Dominación / Autosuperación / Atracción entre enemigos / Reencarnación / Completas
Popularitas:14.9k
Nilai: 5
nombre de autor: waya520

Luna lo perdió todo: su fortuna, su hogar y, sobre todo, a la familia que amaba. Y todo por obsesionarse con el hombre equivocado. Cuando ya no le quedaba nada, cerró los ojos convencida de que era el final...

Pero despertó tres años en el pasado.

Su familia vive. Su casa sigue en pie. Y esta vez Luna conoce cada golpe que le tiene reservado el destino. Con los recuerdos de una vida que no piensa repetir, se propone una sola cosa: cambiarlo todo. Alejarse del heredero frío y cruel que arruinó su existencia, proteger a los suyos y, por fin, vivir para ella misma.

El problema es que el destino no se deja corregir tan fácil. Julián, el hombre que juró olvidar, ya no la mira como antes. Un pretendiente inesperado le ofrece la ternura que nunca tuvo. Y en las sombras, viejos rencores y secretos de familia empiezan a moverse... porque no es la única que sabe lo que aún no ha pasado.

Entre fiestas de alta sociedad, imperios familiares, traiciones que cortan el aliento y un amor que se niega a morir, Luna descubrirá que una segunda oportunidad no se recibe: se pelea.

NovelToon tiene autorización de waya520 para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Qué patético

—¡AUUU! —se oyó el griterío de sus compañeros de clase, que resultó que habían estado espiando por la ventana del salón.

—¡QUÉ ROMÁNTICO! —repetían el grito una y otra vez, hasta que Luna sintió ganas de taparles la boca uno por uno.

—¡RÁPIDO, ACARÍCIAME EL PELO! —un chico, amigo de Sebastián, le jaló la mano a su compañero de banca y le pidió que le acariciara la cabeza, imitando lo que Sebastián le había hecho a Luna frente al salón hacía un momento.

Y no se detuvo ahí.

—Si necesitas ayuda, solo llámame —dijo un chico sentado en la primera fila, con un tono de lo más dramático.

—¡UUUY, QUÉ LINDOOO! —chillaron las chicas, y a Luna le dieron ganas de desaparecer de la faz de la tierra.

Se cubrió la cara con las manos. No podía con la vergüenza; seguro tenía el rostro colorado de pura pena. Por Dios, no se había dado cuenta de que sus compañeros verían todo el drama frente al salón.

Maldición. Todo esto era culpa de Julián. ¿Por qué tenía que aparecer en el peor momento?

—No me imaginaba que Sebastián fuera tan caballeroso —dijo Linda, que acababa de descubrir otra faceta de aquel compañero que solía dormirse en clase.

—No se te olvide el impuesto de novios —dijo un chico sentado frente al pupitre de Sebastián.

Sebastián no le prestó atención a las bromas de sus compañeros; con toda calma caminó hasta su banca, se sentó y dejó caer el cuerpo sobre el pupitre.

Muy distinto de Luna, que ni siquiera se atrevía a mirar en dirección a sus compañeros.

—Siéntate, Luna —le pidió Linda, al ver que la mujer no se movía de la puerta desde hacía rato.

Julián se restregó la cara con brusquedad. Ese día no lograba concentrarse en clase. Su mente volaba una y otra vez a aquel momento en que quiso invitar a Luna a salir y, de pronto, apareció un tipo que, según decían, era compañero de ella. En realidad no le importaba, pero ver la mano de ese tal Sebastián enroscada en la cintura de Luna le hizo hervir la sangre.

—Profesor, con permiso, voy a salir —chasqueó la lengua y levantó la mano de inmediato. El profesor, al verlo, le dio permiso enseguida.

Julián se levantó de su banca y salió. Necesitaba tomar aire fresco para que la mente se le calmara.

—Julián.

El hombre se detuvo en seco; sus ojos captaron la figura de Karina, que en ese momento se veía muy pálida.

—¿Karina? ¿Qué haces aquí? —preguntó, intrigado.

—Julián... —sollozó ella—, me duele mucho la cabeza. —Y sin pedirle permiso a nadie, la mujer se acercó de golpe a Julián y recostó la cabeza sobre su pecho. A él le habría encantado apartarla, pero al parecer no podía.

Karina le había sido encomendada, y sentía que tenía la responsabilidad de cuidar de ella.

Julián le tomó la mano y la llevó a la enfermería, que en realidad quedaba bastante lejos del edificio de su facultad.

La estampa de Julián llevando a Karina de la mano, en actitud cariñosa, se volvió al instante tema de conversación. Varias estudiantes la miraron con envidia, sobre todo las admiradoras más fervientes de Julián, que rechinaron los dientes de rabia.

Sin que Julián se diera cuenta, Karina ya sonreía de oreja a oreja al notar que la gente empezaba a hablar de ellos.

El clic de la puerta al abrirse.

Habían llegado a la enfermería y, sin tocar, Julián abrió la puerta de par en par y entró con Karina.

Pero se detuvo en seco al ver lo que tenía enfrente.

Luna estaba curando a un hombre, el mismo que le había rodeado la cintura con el brazo.

—Por eso te digo que si te avisan que no lo toques, ¡no lo toques! —regañaba Luna a Sebastián, que de vez en cuando se quejaba mientras ella le limpiaba la herida de la mano, causada por un hierro caliente de la práctica de ese día.

—Deja de regañar, pareces una señora amargada —le respondió Sebastián, y a Luna se le desorbitaron los ojos. Todavía debía agradecerle que se dignara a curarle la mano.

Sebastián echó un vistazo hacia atrás y se topó con la figura de aquel tipo que Luna conocía, el de esa mañana. Y el hombre lo miraba con dureza mientras llevaba a una mujer de la mano.

Vaya, así que era un lagarto de dos caras.

—¿Me dijiste señora amargada? —Luna se plantó frente a su compañero con las manos en la cintura. Sebastián soltó una risita y acercó a propósito el rostro al de ella.

—Sí, la mamá de nuestros hijos.

Antes de que Luna alcanzara a replicarle aquella salida tan rara, alguien le jaló el cuerpo desde atrás.

De un tirón.

—¡LO REPITO UNA VEZ MÁS: LUNA ES MÍA! —le gritó Julián a Sebastián, que lo observaba con desdén.

Luna se sobresaltó al sentir que la jalaban hacia atrás, y más aún al ver que Julián estaba ahí.

Sebastián se puso de pie y caminó hacia Julián. Cuando ya estaban cerca, dijo:

—¿Que Luna es tuya? ¿Y entonces quién es la mujer que traes de la mano detrás de ti? —lo soltó con toda calma, y Luna giró la cabeza al instante y se encontró con Karina. No solo eso: la mano de ella seguía firmemente entrelazada con la de Julián.

Una punzada en el pecho.

A Luna le dolió el corazón. Aunque quería alejarse de Julián, el cariño que sentía por él no se había esfumado del todo.

Por favor, Luna, no te enamores de un desgraciado como Julián, se dijo para sus adentros.

Al oír las palabras del hombre que tenía delante, Julián soltó de inmediato la mano de Karina, y ella no lo aceptó.

—Julián, ¿por qué me sueltas? Todavía me siento mareada —lloriqueó, y a Luna le dio asco, igual que a Sebastián, que la miró con repugnancia.

—Esto no es lo que crees, Luna —dijo Julián, que se veía nervioso.

Luna asintió y volvió a acercarse a Sebastián.

—Tampoco me importa lo que tengas con Karina. Ah, y una cosa más: no me reclames como si fuera tuya. No soy tuya ni de nadie que no sea mi familia —dijo la mujer con firmeza.

En el rostro de Julián se notaba que no aceptaba las palabras de Luna.

—Pero íbamos a comprometernos, Luna —el hombre estaba dispuesto a conseguir a Luna pasara lo que pasara.

Luna respiró hondo.

—Yo no lo acepté. Y además, ¿desde cuándo somos cercanos?

Julián se quedó mudo. Cierto. ¿Cuándo habían sido cercanos?

—¿No te acuerdas, Julián? Todo este tiempo te dedicaste a empujarme lejos cada vez que intentaba acercarme, y ahora me di cuenta de que no debo esperar nada de alguien que siempre rechazó mi atención. Toda persona llega a un punto en el que se detiene, cuando ya no le queda esperanza de conseguir lo que quiere. Y yo ya me rendí —a Luna empezaron a arderle los ojos. La verdad, todavía le gustaba... no, todavía amaba al hombre que tenía enfrente. Pero le dolía demasiado que él ni siquiera se volviera un instante a mirarla.

—Te dejo libre, Julián. Deberías alegrarte de que ya no haya una loca obsesionada contigo —continuó Luna, con un aire de lo más patético en ese momento.

La estrechó de golpe.

Sebastián jaló a la mujer y la envolvió en un abrazo.

—Llora —le susurró al oído. Luna asintió y lloró sin dejar salir ni un sonido.

Sebastián miró a Julián, que seguía plantado en silencio frente a él.

—Ya lo oíste: se rindió. Así que deja de buscarla o de obligarla a volver a tu lado.

—Luna, no quiero que te rindas. Ahora sí voy a aceptarte.

1
Norma Angelica Saldaña Reyes
/Smile/
Tania 🇨🇴🙏
Perdí horas de mi vida en eso no lo puedo creer debes decir que al final Luna vuelve con Julián y ya jaja
Anni Arias
claro uno no sabe lo que tiene hasta que lo pierde ahora quiere recuperar la bipolar
ivanna lizbeth pacheco gutierrez
felicitaciones
sigue escribiendo
me gustó
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