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Vendida Al Rey Dragón

Vendida Al Rey Dragón

Status: En proceso
Genre:Posesivo / Dragones
Popularitas:5.8k
Nilai: 5
nombre de autor: Dalia Hache

Isabela es vendida en matrimonio por su padre, al rey de los dragones, luego de qué su reino cayera en una profunda ruina. Su pueblo se moría de hambre y de frio, así que a la princesa del norte deberá elegir entre traicionar todo lo que conoce, o entregarse al hombre que la compró y salvar a su pueblo de la extinción.

Pero un veneno en su cuerpo, la hace perder completamente la vida y reencarnar en el cuerpo de una sirvienta de su propio palacio.

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Capítulo 10

Isabela se quedó petrificada contra su cuerpo, sintiendo cómo el calor del rey la envolvía por completo, disolviendo la distancia física pero ensanchando el abismo entre sus mundos. Quiso apartarse, alzar de nuevo la voz o lanzarle una última advertencia, pero las palabras se le atragantaron en la garganta ante la absoluta convicción en la mirada de Malakor.

El rey de los dragones la sostuvo un instante más, dejando que el peso de su proximidad y la realidad de su destino terminaran de calar en la mente de la princesa. Luego, con un movimiento lento y medido, apartó las manos de su cintura y dio un paso atrás, rompiendo el contacto.

—Descansa, princesa —ordenó Malakor con voz ronca, dándose la vuelta y caminando hacia los grandes ventanales de obsidiana que daban al exterior, donde el cielo seguía teñido de un rojo encendido por la brasa de los volcanes—. Mañana al amanecer, el fuego decidirá quién se queda a mi lado.

Sin decir una sola palabra más, el rey salió de la habitación a través de una puerta lateral que conducía a sus aposentos privados, dejando a Isabela sola en medio de la inmensa estancia oscura.

El silencio que quedó tras su partida era pesado, casi asfixiante. Isabela caminó con pasos lentos y vacilantes hasta el borde de la gran cama cubierta de pieles oscuras. Sus piernas apenas la sostenían. Se dejó caer al borde del lecho, con la mirada perdida en las llamas moribundas de la hoguera central que iluminaba tenuemente las paredes de piedra.

El miedo, que había intentado mantener a raya con orgullo y rebeldía, comenzó a filtrarse por cada grieta de su armadura. Mañana se enfrentaría a las fauces de los dragones y al calor abrasador de un imperio que no conocía la piedad. Si parpadeaba, si su temple fallaba por un solo segundo, terminaría convertida en ceniza, olvidada en el fondo de un barranco volcánico mientras Valaria seguía sufriendo en su invierno eterno.

Llevó las manos temblorosas al rostro, sintiendo el calor acumulado en su piel, y juró en silencio que, si iba a caminar hacia el fuego, no lo haría como un cordero llevado al matadero.

Fuera, en la vasta extensión de Asgardia, el rugido lejano de una bestia cortó la noche, como un recordatorio constante de que el amanecer llegaría inexorablemente.

La noche transcurrió como un suspiro febril y pesado, plagado de sombras parpadeantes que el fuego de la hoguera proyectaba sobre las paredes de piedra volcánica. Isabela apenas pudo cerrar los ojos; cada vez que el cansancio amagaba con vencerla, el eco lejano del rugido de una bestia resonaba en las profundidades de la montaña, sacándola de golpe a la despiadada realidad de su destino.

Cuando los primeros hilos de luz rojiza comenzaron a filtrarse a través de los altos ventanales de obsidiana, tiñendo el cielo de Asgardia con el color de la sangre y la brasa, la puerta de los aposentos se abrió con total sigilo.

Dos sirvientas entraron en silencio, portando esta vez una pesada túnica ceremonial confeccionada con cuero curtido, detalles de metal oscuro y una capa corta que imitaba la textura de las escamas de dragón. No hubo palabras de consuelo ni miradas de lástima; en el imperio del fuego, la compasión era un lujo que pocos se podían permitir, y menos en la víspera de una prueba de sangre.

Con gestos mecánicos pero respetuosos, ayudaron a Isabela a vestirse. Cada hebilla que ajustaban alrededor de su cintura y cada pieza de metal que blindaba sus hombros se sentía como el preludio de una ejecución. Frente al espejo de obsidiana, su reflejo ya no mostraba a la princesa frágil y desamparada que había cruzado las puertas de Valaria. Su larga melena negra estaba trenzada con precisión guerrera, y en sus ojos, a pesar del terror que le helaba las entrañas, brillaba una chispa desafiante, dura como el hielo de su tierra natal.

—El rey la espera en el patio de las cenizas, alteza —murmuró la sirvienta principal con la cabeza inclinada, antes de dar un paso atrás y abrirle el camino hacia el umbral.

El trayecto hasta el exterior fue un descenso hacia el corazón mismo del imperio. Los pasillos estaban inusualmente silenciosos, una calma tensa que presagiaba la tormenta. Al cruzar los arcos de piedra y salir al vasto patio central, el aire caliente y denso de la mañana la golpeó de inmediato, cargado con el olor acre del azufre y el humo.

El espectáculo que se desplegó ante sus ojos cortó el poco aliento que le quedaba.

Todo el imperio de Asgardia se había congregado en las gradas de piedra negra que rodeaban la inmensa explanada. Miles de rostros —guerreros con armaduras pesadas, comandantes curtidos en mil batallas y ciudadanos de mirada febril— guardaban un silencio sepulcral, con los ojos fijos en el centro del patio. A un costado, destacaba la figura altiva de Yanara, con una sonrisa helada y expectante dibujada en los labios, ansiosa por ver el momento exacto en que la princesa del norte fuera reducida a nada.

Y allí, en el centro mismo de la explanada, de pie sobre las baldosas agrietadas por el calor, estaba Malakor.

El rey de los dragones no llevaba armadura ceremonial; su torso colosal y musculoso estaba completamente al descubierto, cruzado por los tatuajes rúnicos que ahora brillaban con un tono anaranjado, latiendo al ritmo de su propia sangre como brasas vivas. Sostenía una pesada espada de hoja ancha clavada en el suelo como si fuera un estandarte.

Al percatarse de su presencia, Malakor levantó la cabeza. Sus ojos ámbar se clavaron en Isabela con una intensidad tan absoluta que hizo que el tiempo se detuviera a su alrededor.

Rodeando la explanada, custodiando los flancos como estatuas vivientes, tres gigantescos dragones de escamas oscuras y fauces humeantes aguardaban inmóviles, exhalando vapor caliente que se mezclaba con la neblina del amanecer. Sus ojos dorados y verticales no se apartaban de la puerta por donde había entrado la princesa.

Malakor alzó una mano, haciendo una seña imperativa para que Isabela bajara las gradas y cruzara el patio hasta quedar frente a él.

Cada paso sobre la piedra caliente sonaba como un tambor de guerra en los oídos de Isabela. Su corazón martillaba contra sus costillas con tanta fuerza que temía que todos pudieran escuchar su miedo. Sin embargo, obligó a sus piernas a avanzar, negándose a mostrar debilidad ante las miles de almas que la observaban.

Cuando finalmente se detuvo a pocos pasos del rey, el calor que irradiaba su cuerpo era tan abrasador que quemaba la piel.

—Has venido —dijo Malakor, con una voz profunda que retumbó en la explanada, lo suficientemente alta para que toda la horda la escuchara—. Demostraste que tienes valor para pisar mi suelo. Pero ahora... las bestias decidirán si tienes lo necesario para gobernar a mi lado.

A su señal, los tres enormes dragones emitieron un rugido gutural y unánime que hizo temblar el suelo bajo sus pies. Las fauces de las criaturas comenzaron a iluminarse desde el interior, acumulando un brillo incandescente, mortal y furioso, preparándose para liberar el fuego del juicio.

Isabela tragó saliva, apretó los puños con tanta fuerza que sus nudillos se volvieron blancos, y clavó sus ojos en los de Malakor con una fiereza indomable.

—Si el fuego me quiere consumir —susurró ella, desafiando el estruendo de las bestias con toda la fuerza de su voz—, tendrá que quemar también al rey que me trajo hasta aquí.

1
Natalia Vasquez
quiero no Isabella tiene que hablar con malakor, para poder buscar una cura y destruir a los traidores 😠😠😠😠🤔🤔🤔🤔🤔.
Natalia Vasquez
espero que malako le ayude y descubra a esos traidores 😠😠😠😠😠🤔🤔🤔🤔🤔.
Dulce maria Canelon
hayyyy espero que no se la tome algo debe saber ella, algo le debió de transferir la dragona cuando la toco no o se digo yo
Flæka Caviedez
Ayyyyy que no se la tomé
Nena
Uf!!! De una se la soltó
Natalia Vasquez
tantas pruebas que le pone Malakor a Isabela😂😂😂😂🤔🤔🤔🤔🤔🤔👏👏👏👏👏quieres una reina o es una competidora 😂😂😂😂😂.
Natalia Vasquez
uppppps valla ese hombre va al punto 😂😂😂😂🤔🤔🤔🤔🤔🤔👏👏👏👏.
Afrodita Hada♥️
🫶🫶🫶🫶🫶🫶🫶♥️♥️♥️♥️♥️♥️♥️♥️♥️♥️♥️♥️
Natalia Vasquez
ambos son orgullosos y mandones😂😂😂😂😂.
Natalia Vasquez
se quedó mamando la otra pendeja, toma pa que lleves 😂😂😂😂👏👏👏👏👏🤔🤔🤔🤔.
Yolanda Plazola Arroyo: jajajaja y si valla babosada pará que se entretenga 😂😂
total 1 replies
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