Él juró destruir a su familia. Nunca imaginó que ella sería lo único que desearía salvar.
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Capítulo 18
Matteo avanzó entre las personas hasta encontrar a Emma. La joven caminaba rápidamente hacia la salida del pasillo.
—Señorita Sullivan —la llamó Matteo.
Emma se detuvo y lo miró con desconfianza.
—¿Sí?
—Soy Matteo Cárdenas. Mi amigo Renán la espera con su amiga afuera.
Emma frunció el ceño.
—¿Renán Prescott?
—Sí. Sia está con él.
La expresión de Emma cambió inmediatamente.
—Vamos ahora mismo. No quiero que tu amiguito le haga daño a mi amiga.
Ella salió a toda prisa.
Matteo levantó las cejas.
—Creo que ha habido un malentendido.
—No me interesa entender nada. Quiero ver a Sia.
Emma pasó junto a él sin esperar respuesta.
Matteo sonrió ligeramente y la siguió.
—Como quieras.
Al llegar a la entrada del club, Emma vio a Sia junto a Renán.
—¡Sia!
Sia levantó la mirada.
—Emma.
Emma se acercó rápidamente y se colocó a su lado.
—¿Estás bien?
—Sí.
—¿Segura?
Sia asintió.
—Solo quiero irme.
Emma miró a Renán con evidente desconfianza.
Matteo se acercó.
—Permítanos llevarlas.
Emma soltó una pequeña risa incrédula.
—Por supuesto que no.
—No tienen por qué conducir —explicó Matteo—. Podemos llevarlas a casa.
—Aléjense de nosotras. Tú debes ser igual que el estúpido de tu amigo.
Renán, que había permanecido en silencio, levantó una ceja.
—Estoy presente.
Emma lo miró directamente.
—Lo sé.
—Y acabas de llamarme estúpido.
—Porque te lo ganaste.
Matteo tuvo que contener una carcajada.
Renán, en cambio, apenas sonrió.
Sia tomó a Emma del brazo.
—Vamos, Emma.
—Sí. Vámonos.
Ambas comenzaron a caminar.
—Esperen —dijo Renán—. Estaban tomando. No deben conducir.
Emma se volvió.
—Yo estoy bien.
—Eso dicen todos antes de ponerse detrás del volante.
—Concéntrese en su prometida —respondió Emma con frialdad—. Sia no es su problema.
Renán se quedó mirándola.
Emma tomó la mano de Sia.
—Nos vamos.
Sia miró a Renán por última vez.
Por un instante, sus miradas se encontraron.
Ella recordó el beso.
Él también.
Pero ninguno dijo nada.
Las dos mujeres se alejaron.
Renán permaneció observándolas hasta que desaparecieron entre la multitud.
Matteo se colocó a su lado.
—Que mujerón.
Renán giró lentamente la cabeza hacia él.
—Apenas la viste y ya estás babeando.
Matteo sonrió.
—No estoy babeando.
—Claro.
—Te lo digo en serio.
Renán soltó una pequeña carcajada.
—¿Qué tiene?
Matteo miró hacia la dirección por donde Emma se había marchado.
—Tiene carácter.
—Eso sí.
—No se dejó intimidar.
—Tampoco por ti.
—Precisamente.
Renán negó con la cabeza.
—¿Y ahora qué?
Matteo metió las manos en los bolsillos.
—Tengo que acercarme a Emma.
Renán lo miró sorprendido.
—¿Ya decidiste eso?
—Sí.
—¿Después de dos minutos?
—A veces no hacen falta años para reconocer a alguien.
Renán soltó una carcajada.
—Estás loco.
—Puede ser.
Matteo volvió a mirar hacia la puerta.
—Pero siento que ella es la mujer que siempre esperé encontrar.
Renán lo observó durante unos segundos.
Conocía a Matteo desde hacía demasiados años y jamás lo había escuchado hablar así de una mujer.
—No te emociones demasiado rápido.
—No te preocupes. No pienso lanzarme sobre ella mañana.
—Eso espero.
—Primero tengo que lograr que deje de odiarme.
Renán sonrió.
—Buena suerte.
—La necesitaré.
...ΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩ...
Mientras tanto....
Emma miró a su amiga.
—¿Estás segura de que estás bien?
—Sí.
—¿Y por qué estabas con él?
Sia suspiró.
—Lo encontré dentro del club.
—¿Y qué pasó?
Sia guardó silencio.
—Sia.
—Nada.
—No me digas nada. Te conozco.
Sia continuó caminando.
—Solo estaba allí.
—¿Y por qué saliste con él?
—Porque estaba borracha, según él.
Emma se detuvo.
—Eso no responde mi pregunta.
Sia se volvió.
—Emma, por favor.
Su amiga suspiró.
—Está bien. No te presionaré.
Sia agradeció el silencio.
Pero después de unos segundos, Emma volvió a hablar.
—Aunque tengo que decir algo.
—¿Qué?
—El amigo de Renán...
Sia la miró.
—¿Qué pasa con él?
Emma sonrió.
—Es bastante guapo.
Sia soltó una carcajada.
—¿En serio?
—Sí.
—Hace cinco minutos estabas insultándolo.
—Al amigo no.
—Lo llamaste igual de estúpido que Renán.
—Eso fue por asociación.
Sia negó con la cabeza.
—Eres increíble.
Emma sonrió.
—Y tú deberías dejar de pensar en Renán.
La sonrisa de Sia desapareció.
—No estoy pensando en él.
—Acabas de hacerlo.
—No.
—Sí.
Sia abrió la puerta del automóvil.
—Sube.
Emma sonrió triunfante.
—No dijiste que no.
—Emma.
—Está bien, está bien.
Ambas subieron.
...ΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩ...
Al otro lado de la calle, Renán y Matteo seguían junto a su automóvil.
—¿Quieres que te lleve? —preguntó Matteo.
Renán negó.
—Yo conduciré.
—¿Seguro?
—Sí.
Matteo lo miró.
—No has dejado de mirar hacia donde se fueron.
Renán no respondió.
—Te gusta demasiado.
—No empieces.
—Solo digo la verdad.
Renán abrió la puerta del automóvil.
—Sia será mi esposa.
Matteo se quedó quieto.
—Entonces será mejor que arregles las cosas antes de la boda.
Renán cerró la puerta.
—¿A qué te refieres?
—Ella cree que vas a casarte con Victoria.
Renán quedó en silencio.
Matteo tenía razón.
Había algo que no había calculado.
Sia todavía desconocía la verdad sobre el contrato.
Y cuanto más tiempo pasara, más difícil sería explicarle sus verdaderas intenciones.
—Lo sé —respondió finalmente.
—¿Y qué piensas hacer?
Renán miró hacia la calle.
—Esperar.
—¿Esperar qué?
—El momento adecuado.
Matteo negó con la cabeza.
—Espero que sepas lo que haces.
Renán sonrió.
—Siempre sé lo que hago.
Pero, por primera vez, esas palabras no sonaron tan seguras.
...ΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩ...
En el automóvil, Sia apoyó la cabeza contra el asiento y cerró los ojos.
Emma la miró de reojo.
—¿Quieres que vayamos directo a tú casa?
Sia abrió los ojos.
—Vamos a tu departamento.
—¿Segura?
—Sí.
Hubo unos segundos de silencio.
Entonces Sia habló en voz baja.
—Emma...
—¿Sí?
—¿Crees que una persona puede saber cuándo está cometiendo un error?
Emma la miró.
—Depende del error.
Sia observó las luces de la ciudad a través de la ventana.
—Creo que besar a Renán fue uno.
Emma no respondió inmediatamente.
—¿Y por qué lo dices?
Sia tragó saliva.
—Porque ahora no puedo dejar de pensar en él.
Emma suspiró.
—Entonces quizá el problema no fue el beso.
Sia la miró.
—¿Qué quieres decir?
Emma sonrió.
—Quizá el problema es que te gustó demasiado.
Sia volvió la mirada hacia la ventana.
No quiso responder.
Porque, en el fondo, sabía que Emma tenía razón.
🥰👏 las e leída todas las que se han publicado
Mucho éxito y siga escribiendo