Charlotte Callahan, una brillante científica investigadora, desaparece sin dejar rastro durante una expedición. Lo que debía ser una misión de rutina termina convirtiéndose en el mayor descubrimiento de su vida... y en el más peligroso.
Despertar en un mundo desconocido, donde la naturaleza desafía toda lógica y criaturas imposibles habitan cada rincón, obliga a Charlotte a hacer lo único que sabe hacer: observar, analizar y sobrevivir. Armada únicamente con su conocimiento, una mochila llena de instrumentos científicos y una inquebrantable curiosidad, comienza a documentar cada hallazgo mientras busca desesperadamente una forma de regresar a casa.
Pero cuanto más se adentra en aquel mundo salvaje, más difícil resulta explicar lo que sus propios ojos contemplan... y aún más difícil ignorar al enigmático hombre de alas de fuego que parece observar cada uno de sus pasos desde las alturas.
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El camino que quedó inconcluso
Capítulo 2
La habitación de Charlotte permanecía exactamente igual que el día en que salió de expedición.
Ari empujó la puerta con cuidado, como si temiera alterar el orden que su hermana había dejado atrás.
El escritorio seguía cubierto de mapas topográficos, cuadernos de campo y pequeños fragmentos de roca cuidadosamente clasificados dentro de cajas transparentes. Sobre un estante descansaban varios libros de geología y mineralogía, todos marcados con pequeñas notas adhesivas de distintos colores.
Charlotte siempre había sido así.
Ordenada y meticulosa.
Cada objeto tenía un lugar específico.
Cada observación estaba registrada.
Cada muestra llevaba una etiqueta escrita con aquella letra elegante que Ari reconocería en cualquier parte.
Durante unos segundos permaneció inmóvil.
Después respiró profundamente y se sentó frente al escritorio.
—Veamos qué estabas buscando...
Abrió la primera libreta.
Solo encontró apuntes sobre formaciones geológicas, composición mineral y análisis de suelo.
Nada fuera de lo común.
La segunda contenía fotografías pegadas cuidadosamente junto a pequeñas anotaciones técnicas.
La tercera estaba llena de cálculos que Ari apenas podía comprender.
Frunció el ceño.
Charlotte nunca dejaba cabos sueltos.
Si había encontrado algo extraño durante aquella expedición...
Tenía que haber quedado registrado en alguna parte.
Continuó revisando cajón tras cajón.
Había recibos de combustible, permisos de acceso a la reserva natural, rutas autorizadas por el instituto y una carpeta con imágenes satelitales de la zona.
Nada.
Todo parecía el archivo perfectamente organizado de una expedición científica común y corriente.
Hasta que encontró la bitácora de campo.
Era una libreta de pasta negra, con las esquinas ligeramente desgastadas por el uso.
Ari la abrió con cuidado.
Las primeras páginas describían el recorrido diario.
*Coordenadas.
*Temperatura.
*Humedad.
*Altitud.
*Muestras recolectadas.
Todo seguía el mismo patrón meticuloso.
Una sonrisa apareció en su rostro.
—Sigues siendo igual de obsesiva...
Continuó pasando las hojas.
De pronto, la escritura comenzó a cambiar.
Las anotaciones eran más frecuentes.
Había pequeños signos de interrogación escritos al margen y varias frases subrayadas con tinta roja.
Ari se inclinó sobre el escritorio.
"Lecturas electromagnéticas fuera de los parámetros esperados."
Pasó la página.
"La intensidad aumenta conforme avanzo hacia el afloramiento rocoso."
Otra página.
"Las brújulas dejan de comportarse con normalidad."
Ari dejó de respirar por un instante.
Volvió a leer la frase.
Después otra vez, y una tercera vez.
Aquellas palabras no parecían pertenecer al resto del cuaderno.
Charlotte jamás escribía algo sin estar completamente segura.
Si había anotado aquello...
Era porque realmente lo había observado.
Continuó leyendo.
"No parece tratarse de una interferencia provocada por depósitos minerales conocidos."
"Será necesario repetir las mediciones."
La siguiente página estaba arrancada.
Ari pasó el dedo por el borde irregular del papel.
Después vino otra hoja arrancada.
Y otra más.
Solo quedaban pequeños restos adheridos al lomo de la libreta.
—¿Qué había aquí...?
Permaneció varios segundos contemplando el vacío.
No parecía un accidente.
Las hojas habían sido retiradas con mucho cuidado.
Sin romper el resto del cuaderno.
Frunció el ceño.
Charlotte era demasiado ordenada para arrancar páginas por un simple impulso.
Si lo había hecho...
Debía existir una razón.
Cerró lentamente la bitácora.
No importaba.
Por ahora tenía algo mucho más importante.
Una dirección.
Se levantó del escritorio y extendió sobre la cama el mapa principal de la expedición.
Colocó la bitácora a un lado.
Tomó un lápiz.
Y comenzó a reconstruir el recorrido de Charlotte.
Cada coordenada anotada coincidía con una muestra numerada.
Era un trabajo lento.
Minucioso.
Pero, conforme avanzaba, empezó a notar un patrón.
Las rutas de los dos primeros días eran completamente lógicas.
Seguían una cuadrícula perfectamente organizada.
Charlotte había dividido el terreno en sectores para no dejar ningún punto sin explorar.
Era exactamente el método que Ari esperaba de ella.
Sin embargo...
El tercer día era diferente.
La ruta se desviaba.
No mucho.
Apenas unos cientos de metros.
Pero era suficiente para abandonar el recorrido previamente establecido.
Ari comparó el mapa con las fotografías satelitales.
No había senderos.
No existían afloramientos minerales importantes registrados en esa dirección.
No había ninguna razón aparente para desviarse.
Excepto una.
Charlotte había encontrado algo.
Algo que la obligó a cambiar el rumbo.
Ari apoyó ambas manos sobre el escritorio.
Sintió cómo el corazón comenzaba a latir con fuerza.
—No fue un accidente...
Murmuró.
Su hermana había seguido una pista.
Y aquella pista había quedado registrada en la bitácora.
Todavía no sabía qué era.
Pero por primera vez desde la desaparición de Charlotte...
Tenía un punto de partida.
Ari permaneció varios minutos observando el mapa extendido sobre la cama.
Con una regla unió cuidadosamente las coordenadas anotadas por Charlotte. La línea recorría gran parte de la reserva natural, hasta desviarse en el último tramo hacia una zona donde no aparecía ningún punto de interés geológico registrado.
Era una decisión deliberada.
Charlotte nunca improvisaba.
Si abandonó la ruta establecida, fue porque encontró algo que consideró más importante que el objetivo inicial de la expedición.
Ari tomó una fotografía del mapa con su teléfono y después marcó aquellas coordenadas en una aplicación de navegación.
La pantalla tardó unos segundos en calcular el trayecto.
—Tres horas y media en automóvil... —murmuró.
No era un viaje imposible.
Cerró la aplicación y dirigió nuevamente la vista hacia el escritorio.
Su hermana siempre decía que una buena expedición comenzaba mucho antes de poner un pie en la montaña.
Comenzaba en la planeación.
Aquella frase le arrancó una leve sonrisa.
Abrió el armario de su habitación y bajó la vieja mochila scout.
La colocó sobre la cama y abrió cada uno de sus compartimentos.
El equipo seguía exactamente donde lo había dejado después de su último campamento.
Comenzó a revisarlo uno por uno.
Linterna (Encendió el interruptor)La luz iluminó la habitación.
Funcionaba.
Sacó las pilas de repuesto y las guardó en un bolsillo lateral.
Después revisó la cuerda.
La extendió por completo sobre el suelo para asegurarse de que no hubiera cortes ni desgaste.
Todo estaba en perfectas condiciones.
Abrió el botiquín.
*Gasas.
*Vendas.
*Antiséptico.
*Analgésicos.
*Pinzas.
*Tijeras.
*Manta térmica.
y muchos otros implementos necesarios.
Todo seguía cuidadosamente acomodado.
Tomó una pequeña libreta y empezó a marcar cada elemento conforme terminaba de revisarlo.
Era una costumbre que había adquirido durante años de campamentos.
Nunca confiar únicamente en la memoria.
Cuando terminó, guardó dos brújulas en distintos compartimentos de la mochila.
Después añadió, algunos artículos personales, un filtro portátil para agua, varias barras energéticas, alimentos deshidratados y suficiente provisión para permanecer algunos días en la montaña si era necesario.
No estaba planeando una excursión cualquiera.
Tampoco sabía cuánto tiempo tardaría en encontrar respuestas.
Finalmente tomó la bitácora de Charlotte.
La observó unos instantes antes de colocarla dentro de una funda impermeable.
No quería que la humedad dañara aquellas páginas.
Mucho menos ahora que representaban la única pista real que tenía.
Junto a ella guardó un cuaderno en blanco.
Si Charlotte había documentado cada paso de su expedición...
Ella haría exactamente lo mismo.
Terminó de cerrar la mochila y comprobó el peso levantándola con ambos hombros.
Pesaba lo suficiente para recordar que llevaba varios días de provisiones, pero no tanto como para limitar sus movimientos, gracias a que la tienda de campaña era bastante ligera.
Perfecto.
Caminó hasta la cocina.
Tomó una hoja de papel del pequeño organizador que descansaba junto al refrigerador.
Escribió unas cuantas líneas.
Doblando la hoja por la mitad, la dejó sobre el mueble donde sabía que su madre la encontraría.
Después tomó las llaves del automóvil.
Antes de salir, dirigió una última mirada hacia la casa.
El silencio era absoluto.
Respiró profundamente.
—Nos vemos pronto, Charlie...
Cerró la puerta con suavidad.
pq, pobre pichoncito 🐦
su relación con la dra está más enrredada que unos fideos/Frown/
no te podías esperar unos días mas🤭
te queremos autora🥰🥰
un maratón 💘💘👏👏☺️☺️
que emoción 💘 bueno...será que la va a reclamar?🥰
cómo que el mushasho la puso nerviosa🤭🥰
Supongo que la marca hace sentir al compañero las emociones de tristeza, alegría o peligro? porque no lo veo como una simple marca
jajajaja si el no se quema con su fuego❤️🔥 nosotras si🤭🤭