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EL PRECIO DE DESEARTE

EL PRECIO DE DESEARTE

Status: Terminada
Genre:Amor-odio / Romance / Venganza / Completas
Popularitas:1.4k
Nilai: 5
nombre de autor: FOAR

EL PRECIO DE DESEARTE

Valeria jamás imaginó que una noche pudiera cambiar su vida para siempre.

Adrián apareció cuando ella más necesitaba respuestas… y menos podía permitirse confiar en alguien.

Él guarda un secreto.
Ella esconde un pasado.
Y entre ambos nace una atracción tan intensa como peligrosa.

Pero cuando el deseo se mezcla con mentiras, nadie sale ileso.

Porque enamorarse de Adrián no será su mayor error.

Será descubrir por qué él la eligió.

NovelToon tiene autorización de FOAR para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

PRÓLOGO

La noche en que Valeria conoció a Adrián, llovía con tanta fuerza que las calles parecían querer borrar todo lo que había ocurrido.

Ella corría.

No sabía exactamente de qué huía. Solo sabía que no podía detenerse.

Sus tacones golpeaban el pavimento mojado mientras apretaba contra su pecho el pequeño bolso negro que llevaba consigo. El corazón le latía con tanta fuerza que apenas podía escuchar sus propios pensamientos.

Entonces escuchó el motor.

Un automóvil negro apareció al final de la calle.

Valeria se detuvo.

El vehículo avanzó lentamente hasta quedar frente a ella.

La puerta del conductor se abrió.

Y él bajó.

Alto. Elegante. Completamente empapado por la lluvia. Una camisa negra pegada al cuerpo y una pequeña mancha oscura en el pecho.

Sangre.

Valeria retrocedió un paso.

—No te acerques.

El hombre levantó la mirada.

Sus ojos se clavaron en los de ella con una intensidad que la dejó inmóvil.

—Si quisiera hacerte daño —dijo con calma—, no habría venido solo.

Valeria tragó saliva.

—¿Quién eres?

Él guardó silencio durante unos segundos.

Después caminó hacia ella.

—Alguien que llegó demasiado tarde.

—¿Tarde para qué?

Adrián miró el bolso que ella sujetaba contra su pecho.

Por primera vez, algo parecido al miedo cruzó su rostro.

—Para evitar que descubrieras la verdad.

Un trueno hizo temblar el cielo.

Valeria sintió que el frío le recorría la espalda.

—¿Qué verdad?

Adrián se detuvo frente a ella.

Tan cerca que Valeria pudo sentir su respiración.

—Que el hombre que estás buscando lleva años buscándote a ti.

Ella negó con la cabeza.

—No entiendo.

—Lo harás.

Adrián extendió una mano.

—Dame el bolso.

Valeria lo apretó todavía más.

—No.

Él bajó la mirada hacia sus labios durante un instante y después volvió a mirarla a los ojos.

—Valeria, si no me lo das, esta noche no termina bien.

Ella se quedó paralizada.

Nunca le había dicho su nombre.

—¿Cómo sabes quién soy?

Adrián no respondió.

Y entonces, a lo lejos, aparecieron unas luces.

Otro automóvil.

Después otro.

Valeria comprendió que no estaban solos.

Adrián tomó su mano.

—Ahora tienes dos opciones.

—¿Cuáles?

—Confiar en mí...

Miró hacia los vehículos que se acercaban.

—...o descubrir por las malas por qué todos quieren encontrarte.

Valeria debería haber soltado su mano.

Debería haber corrido.

Debería haber desconfiado del hombre que había aparecido cubierto de sangre en mitad de la noche.

Pero no lo hizo.

Porque, sin saberlo todavía, aquella sería la primera de muchas veces en las que elegiría a Adrián.

Y también la primera vez que pagaría el precio de desearlo.

EL HOMBRE QUE NO DEBIS APARECER

Valeria siempre había creído que las desgracias llegaban haciendo ruido.

Una llamada a medianoche.

Una puerta golpeándose con el viento.

Una noticia inesperada.

Nunca imaginó que algunas pudieran llegar en silencio.

Aquella mañana, la ciudad despertó bajo un cielo gris. Desde el ventanal de su apartamento, Valeria observaba las primeras gotas de lluvia deslizarse por el cristal mientras sostenía una taza de café entre las manos.

Llevaba varios minutos mirando hacia la calle sin realmente verla.

—¿Otra vez despierta desde temprano?

La voz de Camila, su mejor amiga, la hizo girarse.

—No podía dormir.

Camila apareció en la cocina con el cabello recogido y una expresión de sueño.

—Eso llevas diciendo toda la semana.

Valeria sonrió apenas.

—Estoy bien.

—No estás bien.

—Camila...

—Te conozco.

Valeria dejó la taza sobre la encimera.

—Solo tengo demasiadas cosas en la cabeza.

Camila la observó unos segundos.

—¿Tiene que ver con la carta?

El rostro de Valeria cambió.

Sobre la mesa, dentro de un sobre blanco, estaba la razón por la que llevaba tres noches durmiendo mal.

Valeria no había querido abrirlo.

Pero tampoco había podido deshacerse de él.

Finalmente lo tomó.

El papel estaba doblado en cuatro.

No había firma.

Solo una frase escrita a mano:

«Deja de buscar lo que ocurrió aquella noche.»

Camila palideció.

—¿Quién te mandó eso?

—No lo sé.

—¿Y por qué dice eso?

Valeria guardó silencio.

Había una parte de su pasado que llevaba años intentando mantener enterrada.

Una noche.

Una muerte.

Un hombre cuyo rostro apenas recordaba.

Y una pregunta que nunca había conseguido responder.

¿Qué había ocurrido realmente aquella noche?

—Quizás deberías ir a la policía —dijo Camila.

—¿Y decirles qué? ¿Que alguien me mandó una carta sin remitente?

—También podrías contarles lo demás.

Valeria levantó la mirada.

—No.

—¿Por qué?

—Porque no quiero volver a ese lugar.

Camila se acercó.

—Valeria, llevas años huyendo de algo que ni siquiera sabes si ocurrió como lo recuerdas.

—Precisamente por eso.

Antes de que Camila pudiera responder, el teléfono de Valeria vibró.

Un número desconocido.

Las dos se miraron.

Valeria contestó.

—¿Hola?

Silencio.

—¿Quién habla?

Nada.

Después escuchó una respiración.

Lenta.

Cercana.

—Valeria...

Ella se quedó inmóvil.

La voz era masculina.

—¿Quién eres?

La llamada terminó.

—¿Qué pasó? —preguntó Camila.

Valeria miró la pantalla.

—Sabía mi nombre.

 

Horas después, Valeria llegó a la empresa donde trabajaba.

Intentó convencerse de que todo había sido una coincidencia.

La carta.

La llamada.

El pasado.

Nada tenía por qué estar relacionado.

Al menos eso quería creer.

Subió al ascensor y presionó el botón de su piso.

Las puertas comenzaron a cerrarse.

Entonces una mano apareció entre ellas.

El ascensor volvió a abrirse.

Y él entró.

Valeria levantó la mirada.

Por un instante olvidó respirar.

Era un hombre alto, vestido completamente de negro, con el cabello oscuro ligeramente despeinado y una mirada imposible de ignorar.

No parecía tener prisa.

No dijo nada.

Simplemente se colocó a unos pasos de ella.

Valeria volvió la vista hacia los números del ascensor.

Intentó ignorarlo.

No pudo.

Había algo extraño en su presencia.

Una sensación incómoda.

Como si ya lo hubiera visto antes.

—¿Nos conocemos? —preguntó finalmente.

El hombre giró lentamente la cabeza.

Sus ojos encontraron los de ella.

—No.

Una sola palabra.

Grave.

Segura.

Valeria frunció el ceño.

—Me pareció...

—Te equivocas.

Las puertas se abrieron.

Él salió primero.

Valeria permaneció unos segundos dentro, observándolo alejarse por el pasillo.

—Qué hombre tan raro —murmuró.

Cuando salió del ascensor, él ya había desaparecido.

Valeria continuó hacia su oficina.

Pero no sabía que aquel encuentro no había sido casualidad.

Y tampoco sabía que el hombre que acababa de decirle que no la conocía llevaba semanas siguiendo cada uno de sus movimientos.

 

Esa misma tarde, Valeria recibió una llamada de su jefe.

—Necesito que lleves estos documentos a la oficina de la avenida Central.

—¿Hoy?

—Es urgente.

Valeria miró por la ventana.

La lluvia había aumentado.

—Está bien.

Guardó los documentos en su bolso y salió.

No sabía que alguien la estaba observando desde un automóvil estacionado al otro lado de la calle.

Tampoco vio al hombre del ascensor.

Adrián estaba sentado en el asiento trasero.

—¿Es ella? —preguntó el conductor.

Adrián no apartó los ojos de Valeria.

—Sí.

—¿Quieres que la sigamos?

Adrián tardó unos segundos en responder.

—No.

—Entonces, ¿qué hacemos?

Él miró el reloj.

—Esperamos.

—¿Hasta cuándo?

Adrián volvió a mirar hacia la calle.

—Hasta que ella misma nos lleve hasta el hombre que la está buscando.

 

A las ocho de la noche, Valeria salió de la oficina.

Su teléfono volvió a vibrar.

Número desconocido.

Esta vez no contestó.

Guardó el teléfono.

Caminó más rápido.

La lluvia comenzó a caer con fuerza.

Miró hacia atrás.

Nada.

Siguió caminando.

Entonces escuchó unos pasos.

Se detuvo.

Los pasos también.

Valeria sintió que el corazón comenzaba a acelerarse.

Volvió a caminar.

Los pasos regresaron.

Más cerca.

Sacó el teléfono del bolso.

Antes de poder marcar un número, alguien habló detrás de ella.

—Valeria.

Ella se giró.

Y lo vio.

El hombre del ascensor.

Adrián.

Pero esta vez había algo diferente en su mirada.

Algo que no estaba allí aquella mañana.

—¿Tú otra vez?

Él avanzó lentamente.

—Tenemos que hablar.

—No tengo nada que hablar contigo.

Valeria intentó rodearlo.

Adrián le sujetó suavemente el brazo.

Ella se apartó de inmediato.

—No me toques.

Él la soltó.

—Está bien.

—¿Quién eres?

Adrián la observó durante unos segundos.

Después dijo algo que hizo que la sangre se le helara.

—El hombre que puede mantenerte con vida esta noche.

Valeria sintió un escalofrío.

—¿Qué significa eso?

Adrián miró por encima de su hombro.

Su expresión cambió.

—Significa que tenemos que irnos.

—¿Por qué?

A lo lejos apareció un automóvil negro.

Adrián volvió a mirarla.

—Porque ya te encontraron.

Y entonces Valeria comprendió que aquella noche no había sido una coincidencia.

Había comenzado mucho antes.

Quizá años atrás.

Y el hombre que tenía delante parecía conocer una parte de su historia que ella misma había olvidado.

Adrián extendió la mano.

—Confía en mí.

Valeria miró su mano.

Después el automóvil que se acercaba.

Y finalmente sus ojos.

No sabía quién era.

No sabía qué quería.

Pero por alguna razón, cuando tomó su mano, sintió que acababa de cruzar una línea de la que quizá nunca podría regresar.

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Lau
está intrigante autora 🙆😅
FOAR: Me alegra
total 1 replies
Lau
interesante
Lau
comenzando 🥰
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