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EL OMEGA YA NO OBEDECERA A UN ALFA INGRATO

EL OMEGA YA NO OBEDECERA A UN ALFA INGRATO

Status: Terminada
Genre:Omegaverse / Traiciones y engaños / Completas
Popularitas:4.3k
Nilai: 5
nombre de autor: EspirituCreativo

Alex siempre creyó que obedecer a su Alfa era su deber. Entregado al Clan Sabio para pagar una deuda, soportó humillaciones, desprecios y castigos, convencido de que algún día Fernando comprendería su valor. Pero después de recibir un golpe injusto, algo cambia.

Una voz aparece en su mente.

La Diosa Lectora conoce sus secretos, revela las mentiras del clan y le muestra futuros que podrían convertirse en realidad. Por primera vez, Alex descubre que su sufrimiento no fue casualidad y que su origen guarda un secreto capaz de cambiarlo todo.

Con cada verdad, el Omega deja atrás al joven sumiso que todos podían pisotear. Ya no obedecerá ciegamente, ni permitirá que otros decidan su destino.

Mientras Fernando descubre demasiado tarde lo que perdió y Alejandro le ofrece un camino diferente, Alex deberá elegir entre la venganza, el amor y la libertad.

Porque esta vez, el Omega elegirá su propio futuro.

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La caída de Héctor Alba

El amanecer sobre el valle de la Casa González amaneció cubierto por una densa niebla matutina. Los estandartes del dragón de piedra ondeaban pesadamente con la brisa helada. En el gran patio de armas, la comitiva del Clan Alba ingresaba con estrépito de cascos de caballo y ruedas de carruaje reforzadas con hierro. Al frente de la delegación cabalgaba Héctor Alba, lucindo una túnica de terciopelo bordada en hilos de plata y una expresión de arrogante triunfo, convencido de que la reunión de esa mañana sellaría la entrega definitiva de las minas de jade a su nombre.

A su lado, su hijo menor, Gabriel Alba, descendió del carruaje envuelto en finas pieles blancas, mirando con altanería las paredes de la residencia.

—Este lugar sigue siendo tan sombrío como siempre —comentó Gabriel, ajustándose el cuello de piel mientras abría un abanico decorado—. Pero al menos hoy aseguraremos el control de las minas. Padre, asegúrate de que ese estúpido de Alex no aparezca en la reunión. Solo de ver su rostro de martirizado me da dolor de cabeza.

—Alex no es más que un peón que ya cumplió su función —respondió Héctor Alba con una risa seca y despectiva, ajustando las riendas—. Fernando no tiene más remedio que ceder las escrituras si no quiere que revele sus deudas militares a la Capital.

Sin embargo, a medida que avanzaban hacia la escalinata principal del palacio, el silencio mortal que reinaba en el recinto comenzó a inquietarlos. No había sirvientes alineados para recibirlos ni la guardia de honor habitual de Doña Matilde. En su lugar, doce caballeros de la Guardia Neutral del Consejo de Clanes, portando capas grises y lanzas ceremoniales, permanecían apostados en las puertas de bronce.

«Analizando el estado de la fuerza hostil», resonó la voz del Sistema en la mente de Alex, vibrando con una anticipación helada. «Héctor Alba y Gabriel Alba han ingresado al perímetro de contención. Nivel de preparación del enemigo: 0%. La trampa ha sido activada en su totalidad.»

Las puertas del gran salón de recepciones se abrieron de par en par. En el interior, sentado en el sillón de la presidencia del ala este, Alex aguardaba. Vestía una túnica azul oscuro e impecable, con la nuca vendada con pulcritud y la mirada fija en los recién llegados. A su derecha se encontraba el Embajador Julián Ramos, representante oficial del Consejo Neutral, con los registros contables sellados sobre la mesa.

A la izquierda, de pie y sumido en una rigidez sepulcral, Fernando González observaba la entrada de su suegro con ojos llenos de una furia contenida y desprecio.

—¿Qué significa este despliegue, Fernando? —exclamó Héctor Alba, dando tres pasos al frente con el ceño fruncido mientras señalaba a los guardias neutrales—. Te pedí una reunión privada para tratar los asuntos de las minas y la dote de Alex. ¿Por qué está este muchacho sentado en el lugar de la presidencia y por qué hay enviados del Consejo en tu casa?

Alex se puso de pie con parsimonia, apoyando las manos sobre la mesa de madera tallada.

—Esta no es una reunión de negocios, padre —dijo Alex con una voz tranquila, clara y tan afilada que hizo eco en las vigas del techo—. Es la auditoría formal de tus crímenes.

Gabriel dejó escapar una carcajada chillona, avanzando con paso altivo.

—¿Auditoría? —burló el joven omega—. ¿De verdad crees que alguien en este salón va a escuchar las tonterías de un rencoroso que rompió su propia marca por locura? ¡Padre es el líder del Clan Alba y tú no eres más que un vendido!

¡ZAS!

El golpe seco no vino de Alex, sino de la autoridad impuesta por el Embajador Julián Ramos al golpear el sello de hierro contra la mesa.

—¡Guarde silencio el joven de la Casa Alba! —ordenó el Embajador con voz tonante—. Se encuentra ante la comisión oficial del Tribunal Superior del Consejo Neutral. Cualquier interrupción no autorizada será procesada como desacato a la Ley Imperial.

Héctor Alba sintió un escalofrío helado recorrerle la columna vertebral. Miró a Fernando buscando apoyo desesperadamente.

—¡Fernando! ¿Vas a permitir que este diplomático y tu omega rebelde insulten el honor de nuestra alianza? ¿Dónde está tu abuela, Doña Matilde? ¡Exijo verla inmediatamente!

—Doña Matilde se encuentra bajo arresto domiciliario en sus aposentos por complicidad en homicidio y malversación de fondos —respondió Fernando con una voz ahogada por la amargura y la vergüenza—. Y tú, Héctor... no saldrás de este valle como un hombre libre.

«Desplegando evidencia contable y médica en tiempo real», anunció la interfaz flotante del Sistema ante los ojos de Alex. «Progreso de la Misión Principal: 98.2%. Caída del Clan Alba inminente.»

Alex tomó el primer legajo de documentos y lo deslizó hacia el centro de la mesa.

—Aquí están los registros de la extracción ilícita de más de cien mil piezas de oro de la dote de mi difunta madre —declaró Alex, mirando fijamente a Héctor—. Facturas falsificadas de la botica central, préstamos a usureros de la Capital a mi nombre y las órdenes firmadas por ti para reducir las dosis de medicamentos de Clara hasta provocar su muerte.

—¡Mentiras! ¡Todo son falsificaciones creadas por ti para arruinarme! —gritó Héctor Alba, perdiendo por completo los papeles y abalanzándose hacia la mesa con la intención de romper los papeles.

Sin embargo, antes de que pudiera acercarse a un metro de Alex, dos guardias del Consejo Neutral se interpusieron, sujetándole bruscamente los brazos y obligándolo a hincarse de rodillas sobre el suelo de mármol. Gabriel lanzó un grito de pavor al ver a su padre sometido por la fuerza, dejando caer su abanico al suelo.

—Héctor Alba —declaró el Embajador Julián Ramos, desplegando el pergamino con el sello del Consejo de Clanes—, en virtud de las pruebas toxicológicas e informes contables irrefutables presentados por Alex del Clan Alba, se decreta el embargo inmediato de todos los activos, bienes y tierras de tu familia. Quedas bajo custodia imperial para ser trasladado a las mazmorras de la Capital por los delitos de fraude masivo y conspiración para el homicidio de la Primera Luna.

—¡Alex! ¡Soy tu padre! ¡No puedes hacerme esto! —suplicó Héctor, retorciéndose entre los agarres de los guardias mientras las lágrimas de rabia y pánico corrían por su rostro—. ¡Gabriel! ¡Haz algo!

Gabriel retrocedió aterrorizado, temblando de la cabeza a los pies al ver cómo el imperio de lujos y opulencia en el que había vivido se desmoronaba en cuestión de segundos.

Alex caminó despacio rodeando la mesa hasta quedar frente a su padre arrodillado. Bajó la vista hacia él con la misma frialdad con la que un juez contempla a un reo confeso.

—Dejaste de ser mi padre el día que me vendiste a esta casa para pagar tus deudas y el día que permitiste que mi madre fuera asesinada —dijo Alex en un susurro helado—. Tu tiempo de opresión ha terminado, Héctor.

Los guardias arrastraron a Héctor Alba y a un convulsionado Gabriel fuera del salón central entre los gritos de desesperación que se extinguían en el patio de armas.

Cuando la estancia quedó en silencio, Alex se giró hacia Fernando y el Embajador.

—Señor Ramos —dijo Alex con la cabeza erguida y la mente despejada—, prepare los carruajes. Es hora de partir hacia la Gran Capital para la ratificación final del veredicto ante el Gran Alfa.

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bea yordan
me faltó el cliché del nuevo romance y las descendencia
EspirituCreativo: Es cierto, pero para novela será...
total 1 replies
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