Muchos hombres en un Harén. Un trono y un corazón que no sabe a quién elegir. En el Reino del Sol Naciente, las mujeres gobiernan y los hombres sirven. Aiko es una princesa destinada a convertirse en emperatriz (Jotei) y, como manda la tradición, recibirá a tres consortes para empezar a formar su futuro harén.
Cada uno es diferente. Cada uno tiene sus propios secretos. Y cada uno podría ocupar un lugar distinto en el corazón de la futura emperatriz.
Pero Aiko pronto descubrirá que elegir a quién amar puede ser mucho más difícil que elegir a un compañero con quién gobernar.
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Ya eres una mujer, mereces tu propio harén
El Dios sol apenas se filtraba entre los shoji* cuando Aiko abrió los ojos. Al fin tenía Veintiun años, y por un instante, tumbada entre los almohadones bordados con hilos de seda color damasco, quiso fingir que era un día como cualquier otro.
—¡Se te va hará tarde, bella durmiente! —la voz de Yuri, su amiga noble desde la infancia, entró antes que ella misma, arrastrando las palabras con esa risa divertida que Aiko conocía de memoria—. Hoy no puedes quedarte escondida en el jardín como siempre, princesa.
—¿Por qué no? —Aiko se sentó, todavía con el pelo revuelto—. Es mi cumpleaños y soy de la realeza, debería poder esconderme el doble.
Yuri se dejó caer a su lado, apoyando la cabeza en su hombro. Olía a las flores de ume, ciruelo nipón riquísimo, que solía prensar entre las páginas de sus libros favoritos.
—Porque hoy no eres solo tú, Aiko-chan. Hoy eres... —hizo una pausa teatral mientras usaba sus manos para explicar— la heredera de un harén de hombres jóvenes y guapos, listos y preparados exclusivamente para ti. Hoy ya eres, nuestra Aiko-hime (princesa).
Aiko sintió que el estómago se le encogía. Llevaba meses evitando pensar en esas palabras. *Hime y harén .En el Reino del Sol Naciente la habían mencionado en susurros desde que tenía memoria. Pero esa idea siempre había sido algo lejana, de adultas, de mujeres con una seguridad y un poder que ella sentía que jamás tendría.
— Pero yo no quiero ser princesa, siempre evité ese trato aquí y todavía no entiendo por qué yo —murmuró, más para sí misma que para Yuri—. Ni siquiera... —se sonrojó— ni siquiera sé mirar a un hombre sin querer que me trague la tierra. Quisiera que todo fuera más fácil.
— Ellos lo harán fácil, están a tu servicio, en todo sentido —Yuri le guiñó un ojo con complicidad—. Van a tener que ganarse tu atención. Y tienes todo el poder para elegir a tu cónyuge, que también será tuyo. Y a tus otros amantes, que estarán disponibles si te aburres. Y en un futuro... serás quien gobierne en lugar de tu madre. Serás la *Jotei.
Esa idea, el poder de elegir como en un bazar, no la tranquilizaba en absoluto. Al contrario, la aterraba un poco más. ¿Y si elijo mal? ¿Y si no sé qué hacer cuando llegue el momento? Los pensamientos se le amontonaban uno sobre otro, sin poder ordenarlos.
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La convocaron al mediodía. No fue su madre quien fue a buscarla, sino dos sirvientes de rostro serio, vestidos de un blanco casi ceremonial. La condujeron, sin mirarla a los ojos, por los pasillos del palacio principal, pasando junto a jarrones de porcelana tan altos como ella, pintados con escenas de grullas antiguas y ríos, hasta el gran salón de las columnas rojas.
Aiko caminaba con la espalda muy tensa, sintiendo el peso de cada mirada que cruzaba en el camino, junto al roce de su propio kimono contra el suelo de madera pulida como el único sonido que la acompañaba.
Su madre, la Jotei*, la esperaba sentada en el estrado, bajo un dosel de seda bordada en hilo dorado, rodeada como siempre de sus propios hombres —"los Devotos", los llamaban—, hombres de gestos calmos y ojos bajos, entrenados desde jóvenes para no hablar a menos que se les preguntara. Tenía acompañantes de todas las edades y gustos. E incluso sus favoritos para diferentes momentos.
Aiko nunca había podido acostumbrarse a esa quietud extraña que los envolvía, como si hubiesen aprendido a ocupar el menor espacio posible en cualquier habitación del gran palacio, siempre fieles a su madre, siempre sumisos.
—Hija mía hoy cumples la edad. Es momento de que tengas lo que te corresponde por derecho: tu propio palacio, aunque más modesto que el mío, y tu propio harén de hombres.
— Es que, no estoy lista, no sé cómo, ¡no quiero mamá!— objetó la joven, pero la mirada de su madre no dejaba espacio para réplicas.
—No es una petición —agregó la Jotei*, más suave, casi con algo de enseñanza en sus palabras—. Es tu lugar en esta corte. Como fue el mío. Como fue el de tu abuela. —
'como si eso lo hiciera más fácil', pensó Aiko, aunque no dijo nada está vez, solo agachó la mirada.
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La llevaron a un patio interior, cerrado por celosías de madera oscura entrelazadas como enredaderas talladas. Allí una decena de hombres esperaba en fila, vestidos con túnicas simples pero cuidadas, de un beige pálido ajustado con cordones sencillos. El aire olía a incienso y a la tierra húmeda de las macetas de bambú que bordeaban el patio principal.
Aiko sintió que la sangre se le subía a la cara. No sabía dónde poner los ojos, así que los mantuvo fijos en el suelo de piedra, contando las líneas entre las lajas para no tener que mirar a nadie. Uno, dos, tres líneas... 'Son solo personas', se repitió, 'Solo personas, como yo, hombres sí, pero personas al fin y al cabo'. Pero no lograba convencerse del todo.
—Puedes tomarte tu tiempo —le dijo su madre, a su lado—. Te acompañarán en tu harén y los irás conociendo hasta decidirte por uno para que sea tu esposo oficial. Elige tres. Solo tres, por ahora. En un futuro tendrás más, muchos más.
Aiko levantó la vista, apenas. El primero que captó su atención fue un joven de mirada esquiva, casi tan incómodo como ella misma con la situación. No la miraba fijo como los demás; mantenía los ojos bajos, las manos apretadas una contra la otra. Había algo en esa timidez compartida que la calmó un poco, le dio paz por un segundo. 'Él también tiene miedo, ¿cómo no lo tendría? Está exhibido como una oveja y me ve a mí como la loba', pensó, y esa idea, extrañamente, la reconfortó.
—Ese —susurró, señalándolo apenas con la barbilla—. ¿Cómo se llama?
—Ren-san —respondió uno de los eunucos. — Excelente elección Aiko-hime. Es un joven exquisito y complaciente, una gran compañía para una princesa —.
El segundo fue todo lo contrario: un hombre de porte erguido, mentón alto, que sostuvo su mirada sin pestañear, con una seguridad que rozaba la insolencia. Cuando sus ojos se cruzaron, él inclinó apenas la cabeza, como si le estuviera haciendo un favor. 'Ese ni siquiera parece un súbdito nuestro', pensó Aiko, entre incómoda y fascinada por esa posibilidad de libertad imposible.
—Kaito-san, es un hombre que estará a su altura sin dudas, hime—. dijo el eunuco, antes de que Aiko preguntara.
El tercero no hizo nada. No bajó la vista, no la sostuvo con desafío, no mostró timidez ni orgullo. Simplemente estaba ahí, observándola con una calma imposible de descifrar. Fue esa nada, esa ausencia total de gesto, lo que hizo que Aiko se detuviera más tiempo del que hubiese querido, tratando de encontrar algo, lo que fuera, detrás de esos ojos oscuros.
—Itsuki-san— completó el eunuco, casi leyéndole el pensamiento.
—Esos tres —dijo Aiko, con la voz más firme de lo que sentía por dentro.
— ¿No quieres hablar con ellos? ¿Preguntarles algo? O al menos que den una vuelta sobre sí mismos para verlos mejor, aiko-chan.
— No madre, no es necesario.
— ¡Como desees! Sepan que no están confirmados, deberán luchar por su lugar —repitió la Jotei, mirando a los tres uno por uno—. En este reino, lo que no se gana, se pierde, más ustedes que son varones.
Se retiró sin decir más, dejando tras de sí un silencio que pesaba como piedra.
Aiko tragó saliva. 'No tengo idea de en qué me acabo de meter.'
Glosario:
*Sama (様): máximo respeto. "Aiko-sama". Lo usaran con aiko sirvientes, eunucos o alguien muy formal.
*Hime (姫): "Princesa". También muy respetuoso. Por ejemplo: "Aiko-hime".
*San (さん): educado y neutro. "Aiko-san". "Ren-san"
*Chan (ちゃん): afectuoso, familiar, usado entre amigos, hermanos o con alguien muy querido.
*Shoji: biombos que se corren de papel de arroz
*Jotei (女帝, じょてい) :emperatriz reinante. En la novela es la madre de Aiko