Lucía Belén Carpenter planeó su boda de ensueño con los gustos de su prometido, un futbolista reconocido, Mateo Ferreti.
Siete días antes de la boda, ella descubre de la peor manera la traición que no solamente la destruiría sentimentalmente, sino que afectaría su reputación.
En un acto cometido por la rabia y el dolor, ella cometió un grave error... destrozar algo que no le pertenecía a su prometido, sino a un futbolista inocente y desconocido para ella.
El odio y el deseo de venganza la unirá a un ese hombre.
¿Qué pasará cuando ellos deban atravesar una gran exposición como una pareja consolidada? ¿Su mutuo deseo de venganza podrá convertir su matrimonio en algo más que un acuerdo o la venganza los consumirá?
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VIAJE RELÁMPAGO
LUCÍA BELÉN CARPENTER
Al revisar mi ropa, tuve demasiados recuerdos. Tenía muchas prendas y empacar todas no sería una tarea sencilla.
Guardé prendas deportivas y también la mayor parte de mi ropa interior en una de las maletas. Al mirar mis vestidos, había varios que no pensaba llevarme. Me gustaban, pero al recordar que mi hermana los había usado me provocaba náuseas.
Fue sencillo para mi quitar toda mi ropa de los estantes y apartar todo lo que Lucía Carolina había usado así fuera una sola vez. Ella, que siempre había tenido más ropa y zapatos que yo, había usado demasiadas de mis cosas. Ahora no me sorprendía. Al parecer mi ropa no fue suficiente porque había usado hasta a quien seguía siendo mi prometido.
Cuándo acabé con mi armario, supe que empacar no sería tan difícil después de todo. Lo único que debería hacer sería meter todo en dos maletas e irme cuando fuera el momento adecuado.
*-*
DOS DÍAS ANTES DE LA BODA
Me había escrito con Cameron algunos pocos mensajes. Él no me contactaba a menos que necesitara algo y lo agradecía. ¿De qué podríamos hablar si éramos desconocidos?
Por la noche es mi despedida de soltera y mentiría si dijera que estoy emocionada por asistir allí.
Le envié un mensaje a Cameron para saber adónde debía dirigirme cuando lograra irme de la celebración.
Habrá un Porsche azul esperándote afuera. Lo único que tienes que hacer es subir. Viajaremos de inmediato.
Miré el mensaje. Sabía lo que eso significaba. Tendríamos algo que solía llamar un "viaje relámpago".
Al caer la noche, mi hermana me entregó un vestido negro que era apenas un poco más revelador de lo que yo usaría normalmente. Llegaba diez centímetros debajo de mis muslos y tenía un escote que podría ser aún más revelador, considerando lo que ella usaba habitualmente.
Me maquillé suavemente. Me vestí. Desenredé mi cabello y me hice una trenza de lado. Había aprendido a hacerme todo tipo de trenzas sin ayuda. Siempre mi madre ayudaba a mi hermana a lucir perfecta, así que a mí me tocaba ocuparme de mi cabello.
Subimos a un automóvil que seguramente había enviado Mateo a recogernos y fuimos al salón. Yo llevaba un bolso que contenía mis documentos porque iba a necesitarlos.
Dentro del salón ví a unas pocas chicas que habían sido nuestras amigas por un tiempo. Desconocía cuantas de ellas sabían sobre lo que estaba pasando. También había varias amigas de mi hermana. Algunas de ellas no me agradaban.
Sonreí con falsedad y me esforcé por no perderme en las absurdas conversaciones.
Recibí los regalos sin saber si serían para mi hermana o para mí. ¿Quién no lo hubiese dudado?
Las exclamaciones de varias, las sonrisas, los comentarios desvergonzados... todo me estaba provocando dolor de cabeza.
Miré los conjuntos de lencería que me obsequiaron y que poco cubrían y hasta los juguetes sexuales que jamás consideré usar.
--Este es para ti-- Le entregué el consolador más grande que había recibido a mi hermana
Ella lo miró con una sonrisa confundida y luego soltó una carcajada.
--¡Tenemos que brindar!-- Dijo ella
Miré con atención las copas de champaña y como la mía parecía tener una pequeña pastilla efervescente en el fondo. Allí estaba lo que provocaría mi desastre, la mayor humillación de mi vida.
Brindé y fingí dar un sorbo. Me levanté.
--Voy al baño-- Dije risueña con la copa en la mano
Podría jurar haber visto la sonrisa perversa de mi hermana.
Le envié un mensaje a Cameron. ¿Cuánto tiempo se suponía que una droga así tardaría en hacer efecto? Obviamente, no bebería el líquido, lo arrojaría, pero debería fingir.
Media hora será más que suficiente. No bebas esa porquería a menos que quieras ser mi mujer esta misma noche.
No pensaba hacerlo. Acabo de tirar la champaña al inodoro. ¿Cómo se supone que debo actuar?
Excitada, mareada, acalorada. Imagina que te excediste con las copas y di que tienes mucho calor. Funcionará.
Esperé dos minutos antes de salir del baño. Pedí una copa que contuviera refresco de lima limón. Con la iluminación nadie notaría la diferencia. Bebí una, dos, tres.
Lucía Carolina me observaba con demasiada frecuencia.
Esperé alrededor de diez minutos. Ya habíamos brindado por todo lo que pudieron proponer.
Me tambaleé ligeramente. Intenté ponerme de pie y volví a sentarme. Mi hermana me estaba mirando.
--Creo que bebiste de más-- Dijo con una sonrisa
--Tengo calor. No me estoy sintiendo muy bien-- Le comenté agitando mis manos intentando darme aire para que fuera más creíble pocos minutos después
Su sonrisa se amplió. Ella guardó todos los obsequios que recibí en una bolsa y la dejó a mi lado.
--Creo que debería irme-- Fingí estar agitada
Ella no intentó detenerme. Al contrario, me animó a abandonar el salón. Seguramente creería que acabaría en una cama cualquiera con el primer hombre al que "drogada" sedujera.
Cuándo salí miré a los lados. Un Porsche se acercó. Abrí la puerta trasera de inmediato y subí.
Los cristales eran oscuros. Nadie hubiese podido ver a Cameron en el interior.
--¿Estás lista?-- Sentí un escalofrío cuando me miró
--No, pero no voy a irme. ¿Enviaste el coche a reparar?
Allí comprendí que para entablar conversaciones soy un absoluto desastre, pero él no se quejó ni dijo algo al respecto.
--Está solucionado y lo mejor es que será gratuito-- Mi mente se quedó en blanco algunos segundos, ¿Tan fácil había resuelto mi acto estúpido y descuidado?
--Olvídalo. No quiero saber nada más-- Miré las calles mientras nos alejábamos
Alrededor de noventa minutos más tarde, llegamos a un pueblo bastante pequeño.
--¿Crees que algo abrirá para casarnos justo ahora?-- Creí que nos iríamos sin convertirnos en matrimonio y no era algo descabellado
--Doné dinero a la iglesia, a una de las obras benéficas. Soy un hombre ocupado, por eso el sacerdote accedió a hacer una excepción
--Chantajeaste a un religioso de una manera generosa entonces-- Simplifiqué sus palabras
Del maletero él sacó una bolsa y me la entregó.
--¿Puedes ponértelo dentro del auto?
Volví a subir al vehículo. El hombre que conducía se había bajado y Cameron tenía su espalda apoyada en una de las ventanillas. Me quité el vestido negro con rapidez y me puse un sencillo, pero delicado vestido blanco que estaba adentro de la bolsa. Después me quité los zapatos y usé los que estaban allí.
Al bajar del coche, Cameron tomó mi mano y me quitó el anillo de compromiso que Mateo me había dado.
--Te lo devolveré después. Siento que nos traerá mala suerte si lo tienes puesto-- Sonreí inevitablemente. Mateo era algo así como un karma que en esta vida jamás merecí
Me sentí libre sin ese anillo, pero en pocos minutos habría otro diferente en mi mano. ¿Lo sentiría igual de pesado que el anterior? ¿Sería acaso como una condena?
Lucía Carolina se va a arrepentir