Ella puede morir en cualquier momento, pero la presencia del Alfa se convierte en su única ancla para sobrevivir. Kael ha encontrado a su Luna, y destruirá a quien sea necesario con tal de mantener latiendo el corazón de la mujer que ama.
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Capítulo 9
Kael hizo una leve inclinación de cabeza antes de dar media vuelta y dirigirse hacia el corredor que conducía a las oficinas de seguridad, donde Bruno y sus hombres lo aguardaban para coordinar el despliegue del día siguiente. El sonido firme de sus pasos se fue apagando por el pasillo hasta desaparecer.
En el salón, el crepitar de la madera en la chimenea era el único sonido que rompía el silencio de la noche. Camila permaneció unos segundos observando el corredor por el que se había ido el Alfa, sintiendo aún el remanente de esa calidez en su piel.
—Si sigues mirando esa puerta con tanta fijeza, terminarás por desgastarla, muchacha —dijo una voz suave y divertida a sus espaldas.
Camila se giró de inmediato. La señora Eva descansaba en uno de los sillones de orejas cerca del fuego, sosteniendo entre sus manos una taza de té humeante. Con un gesto de la cabeza, la anciana le indicó el sillón contiguo.
La cirujana vaciló un instante, pero terminó acercándose y tomando asiento. Observó a la matriarca con la curiosidad analítica que la caracterizaba, intentando ordenar el torbellino de interrogantes que rondaba su mente desde la noche de la cirugía.
—Señora Eva... —comenzó Camila, cruzando las manos sobre el regazo—. Hay cosas que necesito entender. Soy una mujer formada en la medicina estricta, en la biología y en la evidencia científica. Sé lo que es una arritmia, conozco la fisiopatología de mi miocardiopatía y sé perfectamente cómo reacciona el cuerpo humano ante el trauma. Sin embargo... desde que toque a Kael en ese quirófano, nada de lo que me ocurre tiene sentido.
La abuela Eva le dedicó una sonrisa serena, dando un sorbo a su té antes de responder.
—Le pides explicaciones de laboratorio a algo que existía miles de años antes de que el primer microscopio fuera construido, Camila.
—Usted habló de 'la Luna', de un 'alfa' y de una 'compañera destinada' —prosiguió Camila, inclinándose levemente hacia adelante con la mirada fija en la anciana—. En mi mundo, esas cosas son solo mitos o leyendas urbanas. Pero mi cuerpo responde a la cercanía de Kael de una forma que desafía todo diagnóstico. ¿Qué es exactamente lo que Kael y su gente son? ¿Y qué se supone que soy yo en medio de todo esto?
La señora Eva dejó la taza sobre la mesa auxiliar de madera y entrelazó sus dedos arrugados sobre el regazo. La calidez del fuego iluminaba los relieves de su rostro sabio.
—Lo que ves en Kael, en mi niñita Kira y en mí no es una enfermedad ni una anomalía médica —explicó la anciana con tono pausado pero imbuido de una solemnidad absoluta—. Somos licántropos. Hombres y mujeres lobo. Conservamos la fuerza, el instinto y la esencia de los antiguos guardianes de la naturaleza, adaptados a sobrevivir en este mundo moderno. Kael no es solo un hombre poderoso con negocios en la ciudad; es el Alfa de nuestra manada, la cabeza protectora de nuestra sangre.
Camila escuchaba en silencio, procesando cada palabra sin interrumpir. En otra circunstancia habría calificado la afirmación como una locura, pero el recuerdo de los ojos de Kael brillando con un verde felino en la oscuridad y la forma en que sus heridas internas cerraban a una velocidad irreal impedían cualquier descarte apresurado.
—¿Y qué tiene que ver eso conmigo? —preguntó la joven médica en un murmullo—. Yo soy completamente humana.
—Ahí reside la magia de la diosa Luna, muchacha —respondió la abuela Eva, con los ojos brillando con ternura—. La diosa no elige a las compañeras de un Alfa por su especie, su estatus o su pureza de sangre. Elige las almas que completan lo que a ellos les falta. El 'lazo de apareamiento' o el 'vínculo de lazo' es una reconexión mística y biológica a nivel celular. Cuando dos almas destinadas se reconocen mediante el contacto físico, sus esencias se entrelazan para siempre.
La anciana extendió su mano y tocó suavemente el dorso de la mano de Camila.
—Kael es un hombre que ha cargado con la traición, el dolor de la pérdida y el peso de mantener a flote a la manada mientras la mafia intenta destruirlo. Es un guerrero indomable, pero por dentro su alma estaba sangrando. Tu presencia, Camila, sanó esa herida espiritual del mismo modo que tus manos reconstruyeron sus vasos sanguíneos. Y el poder de su aura Alfa, su vitalidad pura, actúa ahora como un escudo para tu corazón debilitado. No es un truco; es la propia vida fluyendo entre los dos para mantenerte con pie.
Camila bajó la mirada hacia su propio pecho. Por primera vez en años, podía sentir sus latidos sin la compañía de un dolor punzante o la sensación inminente de un desmayo.
—Él cree que le pertenezco —murmuró Camila, recordando la firmeza con la que el Alfa la reclamaba frente a todos.
—Kael es un Alfa, el instinto de posesión y protección en él es destructivo y feroz —admitió la abuela Eva con una pequeña risa sabia—. Pero no te confundas. Un verdadero Alfa no busca una sierva, busca a su Luna. La Luna es la autoridad suprema junto al Alfa; es la compasión que equilibra su violencia, la luz que guía a la manada cuando el líder solo ve oscuridad. Kael te protegerá con su vida no porque te considere su propiedad, sino porque sin ti, él vuelve a estar incompleto.
Camila permaneció en silencio durante un largo momento, dejando que las revelaciones calaran en su mente pragmática. La idea de un destino predestinado chocaba contra todo lo que había aprendido, pero la realidad de su cuerpo y la devoción que percibía en esa casa comenzaban a derrumbar sus defensas.
—¿Y si mi corazón falla antes de que encontremos un donante? —preguntó Camila, revelando por primera vez la vulnerabilidad que siempre ocultaba tras su bata médica—. ¿Qué pasa con el lazo si yo muero?
La señora Eva la miró con una seriedad profunda y maternal, apretando su mano con firmeza.
—Si la Luna muere, la mitad del alma del Alfa se apaga con ella, condena a la bestia a la locura o a la muerte lenta. Por eso Kael removerá cielo y tierra para salvarte, Camila. Pero no pienses en la muerte esta noche. Estás bajo el techo del Alfa, y mientras latas al ritmo de su presencia, la sombra de la muerte no se atreverá a cruzar esta puerta.