NovelToon NovelToon
Ecos De Luz Y De Sombras

Ecos De Luz Y De Sombras

Status: Terminada
Genre:Mundo de fantasía / Mundo mágico / Amor prohibido / Completas
Popularitas:702
Nilai: 5
nombre de autor: Solecito87

Guiada por sueños inquietantes, Elara cruza el límite prohibido y encuentra a Kael, el hombre que ha visto en sus visiones. Lo que parece un encuentro imposible revela un lazo antiguo entre Luz y Sombra, despertando una profecía capaz de traer salvación... o destrucción. ✨🌙

NovelToon tiene autorización de Solecito87 para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

-

Elara

Desperté con un grito que no recordaba haber soltado.

El suelo estaba frío y húmedo, cubierto de hojas oscuras y ceniza. El aire olía a tormenta, aunque el cielo seguía claro. Todo se sentía… distinto.

Intenté incorporarme, pero un dolor agudo me atravesó el pecho. Cuando miré hacia abajo, el colgante aún brillaba débilmente sobre mi piel, y justo debajo, una marca nueva: un dibujo que no era tatuaje ni herida, sino una sombra grabada bajo la carne.

Un símbolo.

El mismo que vi arder en los ojos de Kael antes de que el Velo se rompiera.

—Kael… —susurré, sin saber si llamarlo o maldecirlo.

El eco de su nombre flotó un instante, como si el bosque entero lo hubiera escuchado. No había señales de él, solo silencio.

Me puse de pie con dificultad. El cuerpo me pesaba, la cabeza me daba vueltas, pero algo dentro de mí me empujaba a avanzar. Caminé sin rumbo, siguiendo un instinto que no entendía, hasta que encontré el claro.

Y ahí estaba el Templo de la Luz.

O lo que quedaba de él.

Las columnas de mármol estaban agrietadas, las estatuas caídas, y el aire alrededor vibraba con una energía extraña, como si el lugar hubiera sido tocado por algo que no debía existir.

Algo como yo.

—Elara.

La voz me hizo girar.

Era Saren, el maestro curandero, mi mentor desde que era niña. Sus ojos, normalmente dulces, se ensombrecieron al verme.

—¿Dónde has estado? —me preguntó con una dureza que no reconocí.

—En el bosque… —respondí, aunque sabía que eso no explicaba nada.

Su mirada bajó a mi pecho. La vio.

La marca.

—Dioses… —murmuró, retrocediendo un paso—. Lo abriste.

—¿Qué? —pregunté, confusa.

—El Velo. —Su voz tembló—. Elara, eso está prohibido desde los tiempos antiguos. La unión entre la Luz y la Sombra está sellada por una razón.

Me acerqué a él, buscando su comprensión, pero se apartó.

—No lo hice a propósito —dije, sintiendo cómo la garganta se me cerraba—. Yo solo… lo vi. Y luego todo se rompió.

—¿Lo viste? —repitió con voz baja—. ¿A él?

Asentí. Y eso bastó para que la luz del templo se apagara.

—Entonces ya no eres una de nosotros.

No me dio tiempo a responder. Un gesto suyo bastó para que las piedras del templo se iluminaran y un círculo de energía me envolviera.

Intenté romperlo, pero la fuerza era demasiado grande. Sentí que la marca en mi pecho ardía en respuesta, y el dolor fue tan profundo que grité.

—Por el bien de todos, Elara —dijo Saren con tristeza—, debemos sellarte antes de que la Sombra te reclame.

La energía creció, pero justo antes de que me envolviera por completo, la piedra de mi colgante estalló en una luz azul intensa.

El círculo se quebró.

Y con un estallido de energía, todo el templo se sacudió.

Cuando el polvo se disipó, él había desaparecido.

Y yo estaba sola.

Otra vez.

Pero no vacía.

Dentro de mí, una voz se había despertado.

Su voz.

> Elara… no temas. Te encontraré.

Kael

Las sombras me arrastraron hasta los límites del abismo.

El precio por cruzar el Velo siempre ha sido alto, pero esta vez fue peor. La energía de la Luz me quemó por dentro, y por primera vez en siglos sentí miedo.

Pero no por mí.

Por ella.

Las criaturas del Velo me rodearon apenas recobré la forma. Eran fragmentos de oscuridad con forma de hombres, sus rostros deformes, susurros que se retorcían entre risas.

—Kael, guardián del límite —se burló uno—. Has tocado la Luz. ¿Qué dirá el Consejo?

—Que aún cumplo mi deber. —Mi voz fue un filo.

—¿De veras? —rió otro—. Dicen que has traído su esencia contigo. Que la humana lleva tu marca.

Me abalancé sobre él, mi mano rodeando su garganta antes de que terminara la frase.

—Vuelve a repetirlo —le advertí.

Pero la criatura solo sonrió.

—Ya lo sienten, Kael. Ya lo saben.

Tenían razón.

El aire del Velo vibraba distinto. Los sellos antiguos estaban reaccionando.

La unión había ocurrido.

Y eso significaba guerra.

Los solté y me alejé sin mirar atrás. Debía llegar al Santuario del Espejo antes de que el Consejo me encontrara.

El camino era un laberinto de ruinas negras y cristales rotos. A cada paso, los ecos de Elara resonaban en mi mente. Su voz. Su respiración. Su miedo.

El vínculo estaba completo.

Puedo sentir su vida, su pulso, incluso el ritmo de sus lágrimas.

Y con cada segundo, el fuego crece.

En el centro del Santuario, un espejo enorme reflejaba nada.

Toqué su superficie, y la imagen cambió: Elara, de pie entre las ruinas de un templo, su pecho iluminado por el símbolo que compartimos.

—Elara… —murmuré, y el espejo vibró.

Ella giró la cabeza, como si me oyera.

> Kael…

Su voz me atravesó.

Por un instante, creí poder cruzar. Pero entonces la oscuridad detrás de mí se movió.

El Consejo.

Cinco figuras cubiertas por mantos negros surgieron del vacío.

Sus ojos brillaban como carbones encendidos.

—Has cometido traición, Kael Dravon —dijo la voz del centro—. Has contaminado tu esencia con la Luz.

—No fue elección. El Velo…

—¡Silencio! —tronó la voz—. La profecía se cumple, y tú has sido su chispa.

No respondí. Solo apreté los puños.

Sabía lo que venía.

—Por tus crímenes, serás desterrado del Velo. Tus poderes, sellados. Tu existencia, borrada de las sombras.

Me rodearon. Las cadenas de energía oscura surgieron del suelo, aferrando mis brazos.

Pero antes de que cerraran el círculo, alcé la cabeza.

—No pueden borrar lo que el destino escribió antes que ustedes.

Las cadenas me hundieron en la oscuridad.

Y en ese último segundo, grité su nombre:

—¡Elara!

Elara

El aire del templo aún olía a piedra rota y miedo.

No sabía cuánto tiempo había pasado desde que Saren desapareció. Solo sabía que algo dentro de mí se agitaba, como si una tormenta buscara salida.

De pronto, la marca en mi pecho ardió.

Me llevé la mano y sentí una corriente fría recorrer mi piel.

Un instante después, su voz me llenó la mente:

> No temas… sigo aquí.

Cerré los ojos.

Pude verlo. Atrapado en un lugar sin forma, su cuerpo rodeado de sombras, pero sus ojos… esos ojos seguían buscándome.

—¿Dónde estás? —pregunté, sin saber si me oía realmente o solo hablaba con el aire.

> Entre mundos… Ellos me sellaron.

—¿Quiénes?

> Los míos.

Su voz se quebró, y algo en mi pecho dolió con él.

Sentí su sufrimiento como propio, cada segundo, cada respiración. Y entonces entendí: el vínculo que nos unía era más fuerte de lo que el Velo o los dioses podían imaginar.

—Te sacaré de ahí. —Lo dije sin dudar.

> No puedes. No aún.

—Sí puedo. —Mi voz tembló, pero no de miedo—. Si abrí el Velo una vez, lo haré de nuevo.

> Y destruirás ambos mundos.

—Entonces que ardan, Kael.

El silencio que siguió fue largo. Podía sentir su sonrisa, aunque no la viera.

Una sonrisa triste.

> Te prometí encontrarte, Elara. Y lo haré. Aun si tengo que romper cada sombra que me encadena.

La conexión se cortó, pero la energía siguió latiendo en mi pecho.

Me arrodillé entre las ruinas, la mano sobre el colgante roto.

Y por primera vez, no sentí miedo del poder dentro de mí.

Sentí hambre.

De respuestas.

De él.

De ese fuego que ninguna luz podría apagar.

1
NovelToon
Step Into A Different WORLD!
Download MangaToon APP on App Store and Google Play