el dolor del alma
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16
La mesa de nogal de la oficina central de la Bratva estaba cubierta de mapas de rutas marítimas y contratos listos para la firma. Sentados al lado opuesto de Taras, los emisarios del cartel español, liderados por un hombre llamado Alejandro, un tipo joven, de sonrisa engreída y traje de sastre impecable, repasaban las cláusulas con ojo clínico .
Físicamente el "Espectro del Norte" estaba allí, pero su cerebro operaba en una frecuencia completamente ajena a los millones de euros que se discutían. Cada vez que Alejandro mencionaba las "unidades de carga", Taras visualizaba las cajas de despensa que le habían obligado a cargar. Cuando hablaban de las "inspecciones en los muelles", él recordaba el pisotón que la novicia le había acomodado en el empeine .
—Entonces, señor Taras, el cargamento principal entrará por el norte en lotes de diez —explicó Alejandro, cruzándose de manos con suficiencia—. Asumo que la seguridad de su organización mantendrá el perímetro limpio, sin contratiempos ni… cómo decirlo… insolencias de las autoridades locales.
—Esa niña es una insolente —soltó el Espectro de golpe, con su voz profunda, ronca y gélida.
El silencio cayó como una losa de cemento en la sala . Alejandro parpadeó, completamente desconcertado, mirando a su socio antes de volver a clavar la vista en el imponente ruso. Sombra, parado a un lado de la puerta, se llevó una mano a la boca y fingió un ataque de tos extremadamente forzado para ocultar la carcajada que amenazaba con escapársele. .
—¿Disculpe? —preguntó Alejandro, arqueando las cejas—. ¿Se refiere a la guardia costera como "una niña"?
Taras reaccionó al instante. Y se aclaró la garganta, dándose cuenta de que había externalizado sus hostilidades mentales con el convento.
—Me refiero a que no toleramos insolencias de ningún tipo en el perímetro —corrigió Taras —. El cargamento entrará limpio. Si no hay más dudas, firmemos. Tengo un asunto de alta prioridad que atender .
—De hecho —intervino Alejandro, guardando su pluma tras estampar su firma—, nos gustaría acompañarlo a supervisar la entrega de las garantías en ese sector, si no hay inconveniente. Nos interesa ver cómo opera su convoy en movimiento.
Taras entornó los ojos, pero una mirada de sombra le indicó que la diplomacia mafiosa requería aceptar.
—Bien. Pero mantengan el orden. Vamos a una zona de estricta seguridad —advirtió Taras .
Veinte minutos después, el convoy de camionetas blindadas , seguido por el vehículo de los españoles, se detuvo frente a las escalinatas de la casa hogar. Alejandro bajó del automóvil ajustándose los lentes de sol, observando la arquitectura eclesiástica con evidente curiosidad.
—Vaya, no sabía que las transacciones incluían templos. —comentó el español con un tono casual y divertido.
—Es la fundación familiar. Serán solo unos minutos —masculló Taras, avanzando a grandes zancadas hacia la entrada .
Sin embargo, el destino le tenía preparada una jugada que pondría a prueba su de por sí volátil temperamento. Justo cuando la comitiva cruzaba el majestuoso vestíbulo de piedra, las puertas laterales del patio se abrieron y la hermana Maliha entró cargando un contenedor lleno de libros. Su velo estaba ligeramente ladeado por el esfuerzo y sus mejillas mantenían ese color rojizo .
Al ver la imponente silueta , la novicia frenó en seco .
—Vaya, el gruñón invencible ha regresado —dijo Maliha con una media sonrisa audaz —. ¿Viene a romper más manualidades o esta vez trae intenciones de ser útil ?
Taras abrió la boca para lanzarle una réplica gélida, pero antes de que pudiera articular una sola palabra, la figura de Alejandro se interpuso en su campo de visión. El español se quitó los lentes de sol de un golpe, con los ojos bien abiertos y una sonrisa de absoluto deslumbramiento plasmada en el rostro. Se acomodó el saco del traje y avanzó hacia la novicia con una galantería de catálogo.
—Madre mía del amor hermoso… —exclamó Alejandro, deteniéndose a una distancia cortés pero evidentemente interesado—. Señor , ahora entiendo perfectamente por qué la logística de este lugar es de alta prioridad. No me habían dicho que en este templo custodiaban la belleza más deslumbrante de toda Rusia.
Maliha parpadeó, tomada por sorpresa por el repentino y fluido coqueteo del desconocido. Se congeló por una fracción de segundo ante el desparpajo del español.
Alejandro, interpretando el silencio como una invitación, hizo una leve inclinación con la cabeza, clavando sus ojos oscuros en ella con una intensidad descarada.
—Dígame, preciosa, ¿cuál es su nombre? Porque un ángel con ese rostro y esa mirada no debería estar escondido entre estas paredes de piedra. Si me lo permite, yo podría mostrarle un mundo mucho más interesante que este convento —le coqueteó el español, estirando una mano con la clara intención de tomar la de ella.
A un metro de distancia, el ambiente de la estancia sufrió un descenso de temperatura tan drástico que pareció el mismísimo invierno . Los puños del Espectro se cerraron con tanta fuerza que los nudillos le quedaron completamente blancos. Sus ojos grises se inyectaron de una furia protectora e irracional . El "Espectro del Norte" dio un paso al frente, proyectando una sombra gigantesca que eclipsó por completo al emisario español.