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EL PERDIÓ TODO, EXCEPTO MI AMOR

EL PERDIÓ TODO, EXCEPTO MI AMOR

Status: En proceso
Genre:Romance / Enfermizo
Popularitas:26.6k
Nilai: 5
nombre de autor: Kyoko...

El perdió todo un día, excepto a mi

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capitulo 11

El sábado por la mañana fueron al hospital, llevó a Ricardo al mismo lugar donde había estado ingresado. Los mismos pasillos. Pero esta vez, Ricardo no miraba el suelo con derrota. Miraba al frente.

El doctor Mendoza los recibió con una sonrisa.

—Ricardo, ¿cómo te has sentido?

—Mejor

respondió él.

— Más fuerte. He bajado solo la rampa de casa.

—¿En serio? Eso es un gran avance.

—También he notado algo raro. A veces, cuando Mariana me toca la planta del pie, siento un cosquilleo. Antes no sentía nada.

El doctor asintió, serio. Sacó el martillo de reflejos.

—Vamos a probar.

Golpeó las rodillas. Nada. Los tobillos. Nada. Las plantas de los pies. En el tercer intento, el pie izquierdo de Ricardo se movió. Un leve espasmo, apenas perceptible. Pero fue un movimiento.

—Otra vez

—ijo el doctor.

Otra vez. El pie se movió.

—¿Qué significa?

preguntó Mariana, con la voz temblorosa.

El doctor Mendoza se recostó en su silla. Exhaló lento.

—Significa que hay comunicación. Mínima, pero hay. El daño no es tan absoluto como creíamos. Hay esperanza.

—¿Esperanza?

repitió Ricardo, como si la palabra fuera un idioma extranjero.

—No voy a mentirte. Es probable que nunca vuelvas a caminar como antes. Pero podemos intentar una terapia intensiva. Nueva. Diferente.

El doctor los miró a ambos.

—Va a ser dolorosa, Ricardo. Muy dolorosa. Y fatigante. Vas a odiarme algunas sesiones. Pero si algo tiene que recuperarse, esta terapia puede lograrlo.

—¿Qué tipo de terapia?

preguntó Mariana.

—Estimulación eléctrica, ejercicios de carga, reeducación muscular. Es agotador. Muchos pacientes abandonan. Pero los que persisten… algunos han logrado movimientos significativos.

Ricardo miró a Mariana. Ella miró a Ricardo.

—¿Y la enfermera?

preguntó él.

—Ya no la necesitas

respondió el doctor, con una sonrisa.

—Tienes a Mariana. Y desde lo que veo, te está cuidando mejor que cualquier profesional.

Ricardo tomó la mano de ella. La apretó.

—¿Cuándo empezamos?

preguntó.

—La próxima semana. Pero prepárate. No va a ser fácil.

—Nada ha sido fácil

respondió Ricardo.

— Una cosa más no me va a matar.

Mariana sintió un orgullo inmenso crecer en su pecho. Ese era el Ricardo que había conocido. El que no se rendía. El que peleaba.

Pero algo la quemaba por dentro. Una pregunta que llevaba semanas dando vueltas en su cabeza, desde la primera vez que él se había puesto duro bajo su mirada, desde todas las noches de descubrimiento y placer compartido.

—Doctor

dijo, con la voz más firme de lo que esperaba, aunque las mejillas se le encendieron como brasas.

—Con Ricardo… hemos tenido intimidad.

La palabra cayó en la consulta como una piedra en un estanque.

Ricardo la miró con los ojos muy abiertos. No esperaba que lo dijera. Él mismo había estado a punto de preguntar varias veces, pero la vergüenza lo había frenado. Ahora ella lo había hecho. Ella, que siempre se ruborizaba cuando él le susurraba algo al oído. Ella, que aún se sonrojaba al desnudarse frente a él.

—Hemos tenido intimidad

repitió Mariana, como si necesitara convencerse a sí misma de que había dicho esas palabras.

— Y queremos saber… cómo es posible. Porque los médicos anteriores dijeron que no iba a tener erecciones. Que no iba a sentir placer. Que la parte de abajo… estaba muerta.

El doctor Mendoza no se rio. No puso cara de sorpresa ni de escándalo. Simplemente asintió, como si hubiera estado esperando esa pregunta desde el primer día.

—La médula espinal es como un cable de fibra óptica

dijo.

— Transmite señales del cerebro al resto del cuerpo. En su caso, Ricardo, el daño está en la región lumbar, justo donde se controlan las piernas. Por eso no puede moverlas ni sentir la mayor parte de ellas.

—Pero la parte de abajo…

interrumpió Mariana, sin atreverse a usar la palabra correcta.

—La función eréctil no depende solo de la médula espinal. También depende del sistema nervioso autónomo, que es más primitivo, más instintivo. Hay pacientes con lesiones medulares completas que siguen teniendo erecciones reflejas. No son controladas por el cerebro, no responden al deseo mental, sino a estímulos físicos directos.

—¿Reflejas?

preguntó Ricardo, frunciendo el ceño.

—Su cuerpo puede reaccionar al tacto, a la fricción, a la estimulación de ciertas áreas. Es un reflejo, como cuando le golpean la rodilla y la pierna se mueve. No pasa por el cerebro. Pasa directamente de la médula al miembro.

—Entonces no es que sienta deseo…

comenzó Mariana.

—No dije eso

la interrumpió el médico con una sonrisa.

— El deseo es otra cosa. El deseo nace en el cerebro, en las emociones, en la conexión con otra persona. Y eso, Ricardo, usted lo tiene muy vivo. Por algo la eligió.

Ricardo sintió que las mejillas se le encendían. Mariana también.

—Lo que quiero decir

continuó el doctor Mendoza.

—es que la función eréctil puede estar presente aunque las piernas no respondan. No es común, pero tampoco es extraordinario. Y en su caso, parece que la estimulación emocional que recibe de Mariana está potenciando esos reflejos de una manera que no esperábamos.

Ricardo soltó un suspiro que parecía venir de lo más profundo de sus pulmones.

—Gracias, doctor

dijo ella.

—Gracias por explicarlo.

—Para eso estoy

Salieron del hospital tomados de la mano. Él en su silla de ruedas, ella caminando a su lado. El sol de la tarde les daba en la cara, cálido, amable.

—¿Te da vergüenza lo que dijiste?

preguntó Ricardo, con una sonrisa pícara.

—Me da vergüenza todo

respondió Mariana, riendo.

—.odo el tiempo.

—Pero lo dijiste igual.

—Porque necesitábamos saber.

—Y ahora lo sabemos.

—si

Se detuvieron en medio del estacionamiento. Él alzó la cara para mirarla. Ella bajó la cabeza para besarle la frente.

—¿Vamos a casa?

preguntó él.

—Vamos a casa

respondió ella.

—¿Y después?

—Después…

Mariana se agachó para susurrarle al oído, y su voz era una caricia.

— Después te voy a demostrar todo lo que aprendí en estos meses.

—No puedo esperar

respondió él.

—No vas a tener que esperar mucho.

Caminaron hacia el auto. Él empujando las ruedas, ella con la mano en su hombro. Y el sol, cómplice, se escondió detrás de los edificios como si quisiera darles intimidad.

Porque después de todo, no importaba cómo funcionaba su cuerpo.

Importaba que estaban juntos.

Importaba que, por primera vez en mucho tiempo, entendían que el amor no seguía las reglas de la medicina.

El amor tenía sus propias reglas.

Y ellos estaban aprendiendo a escribirlas juntos.

1
Anyeli Sinraiza
Amo esta novela y esta pareja que supera las dificultades
Anyeli Sinraiza
😭 lo sabia lo sabía
Anyeli Sinraiza
ojalá eviten algo peor yo creo algo hará ese juancho
Ana Mosqueado
excelente buena ortografía y emotivo cada capítulo en la lucha de ricardo
Laura Gaza
una trama entretenida atrapante y hermosa
Laura Gaza
😭se pudo evitar tenían q tomar previsiones
Laura Gaza
en este caso ricardo tiene razón esto pierde traer consecuencias peores
Paula Perez
este desgraciado nooo
Paula Perez
tremenda historia de superación personal
carmen Payares
😭😭 noooo ahora falta q le haga algo
carmen Payares
hermosa historia de amor
Paula Perez
ese Juancho es un desastre completo ya esta dando su verdadera cara
carmen Payares
creo que ese Juan hoy será más que un dolor de cabeza
carmen Payares
la oportunidad de la vida Ricardo
Sofia Vermel
buena novela una excelente trama
Lavaña Sierra
ricardo y mariana que lección dan a la vida de superación
Payal Gugta
emotiva hermosa y sencilla
Cushy Cumary
excelente novela me gustó mucho gracias autora
María Osorio
muy buena
Andreina Mesa
simplemente me encanta la novela
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