Sofía siempre ha obedecido a sus padres por miedo a decepcionarlos. Su vida cambia cuando su padre y el mejor amigo de este,, deciden obligarlos a casarse para unir a sus familias y sus empresas.
Adrián, el heredero de una de las empresas más poderosas de Rusia, tampoco desea ese matrimonio. Obligados a compartir una vida que ninguno eligió, ambos descubrirán que el destino puede cambiarlo todo.
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capitulo 10
Sofía
Esta luna de miel estaba yendo fatal. Adrián y yo apenas nos hablábamos. A mis padres se les ocurrió la gran idea de regalarnos un mes entero de luna de miel, y el resultado era que me sentía aún más sola que cuando estaba en mi propia casa.
Apenas llevábamos una semana en esta residencia y mi rutina se limitaba a encerrarme. Solo salía de la habitación para cenar; no nos dirigíamos la palabra ni nos mirábamos. En mi casa las cosas siempre eran así de frías, pero estar a solas con él lo hacía mucho más difícil.
—¿Quieres que salgamos a conocer Inglaterra hoy? Llevamos una semana encerrados y no hemos salido para nada —dijo Adrián en voz baja, rompiendo el silencio de la mesa.
Asentí en silencio. Aunque jamás se lo demostraría, me aliviaba la idea de salir a conocer el lugar y romper con esta monotonía.
—Sé que has estado un poco aburrida —agregó él con una mueca seria—. Además, hay que disimular un poco; nuestros padres nos dieron un mes de descanso y no tiene sentido quedarnos aquí todo el día.
—Me pondré algo de ropa y salimos... —respondí secamente.
—Primero termina de comer —me contestó él, en un tono tajante que me molestó.
En cuanto terminamos, fui directo al baño para ducharme y maquillarme un poco. Me puse un vestido y me coloqué un abrigo encima, ya que afuera debía estar haciendo bastante frío.
Cuando salí, Adrián todavía se estaba arreglando frente al espejo.
—Vaya, y después dicen que las mujeres somos las que nos tardamos... Ya estoy lista, podemos irnos —le dije cruzándome de brazos.
Él me miró de arriba abajo con una sonrisa de medio lado.
—Me gusta cómo te queda ese vestido.
—De verdad eres un fastidioso... —le respondí rodando los ojos, pero él solo se echó a reír.
—Te lo digo en serio, aunque parece que te molesta hasta cuando te hago un cumplido.
—Es que no me interesan tus cumplidos. Y por cierto, todavía me debes el vestido nuevo que prometiste... El otro era muy caro —le reclamé para no quedarme callada.
—¿En serio me estás pidiendo un vestido? Eres millonaria, Sofía —respondió él negando con la cabeza.
—Vámonos ya —dije dándome la vuelta, molesta. Solo de acordarme del día en que me comprometí con él, sentía una mezcla de enojo y tristeza en el pecho.
Cuando salimos de la casa, Adrián le dijo al chófer que él mismo iba a conducir. Nos subimos al auto y transcurrieron veinte minutos de un silencio bastante incómodo,
Pasamos por muchos lugares e incluso nos bajamos del auto para caminar un poco. El lugar era espectacular. Después de un rato, entramos a una pequeña tienda de antigüedades y recuerdos que vimos mientras caminábamos.
—Debería comprar algo de recuerdo para mis padres —murmuré observando unos adornos en los estantes.
—¿En serio? —interrumpió Adrián con una sonrisa burlona—. ¿Todavía juegas a ser la hija perfecta?
Me giré bruscamente hacia él, sintiendo cómo la rabia se me encendía por dentro.
—A ti no te importa. Guarda tus comentarios.
—Tengo que aguantarme tu cara de amargada todo el día, Sofía. Así que sí me importa.
—¡Eres un insoportable! —le solté en un susurro lleno de veneno—
—Disculpa por no ser el esposo dulce que querías —contestó él con un tono helado—. Pero yo tampoco quería casarme contigo. Deja de hacerte la víctima.
—No soporto tu arrogancia.
—Entonces trágatela y camina —sentenció con frialdad, dándome la espalda—. No vine a aguantar tus berrinches.
—Olvídalo —le solté, dejando el adorno en el estante de un golpe seco—. Eres lo peor.
Salí a paso rápido de la tienda sin esperarlo. Sentía las manos temblándome de la rabia. Odiaba este matrimonio,