Ella renace en un nuevo mundo, destinada a ser una madrastra malvada, pero decidida a cambiar su futuro.
*Está novela pertenece a un mundo mágico*
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Rutina
Los días comenzaron a adquirir una rutina muy particular.
Una rutina que nadie en la mansión habría imaginado meses atrás.
Para el duque...
Cada día era un nuevo desafío.
Para Harriet...
Cada día era una nueva sorpresa.
Y para Ellie y Eric...
Cada día significaba pasar más tiempo con su padre.
Todo comenzaba por la mañana.
Harriet ya estaba en el jardín con los pequeños.
Y, casi como si fuera una costumbre silenciosa...
El duque aparecía.
—Buenos días, señor esposo.
—Buenos días... esposa.
Seguían sonriendo.
Seguían siendo cordiales.
Y seguían llevándose exactamente igual de mal.
Un día...
Harriet señaló la pequeña mesa donde estaban preparando el desayuno de los niños.
—¿Los ayudará?
Edward respiró profundamente.
[Esta es la misión de hoy.]
Se sentó.
Preparó el desayuno.
Aunque terminó con un poco de fruta aplastada sobre una manga.
Harriet fingió no verlo.
[Lo hizo bastante bien.]
[No le daré el gusto de saberlo.]
Al día siguiente...
Harriet apareció con un pequeño montón de ropa.
—Señor esposo.
Edward levantó la vista.
—¿Sí?
—¿Podría ayudarme a vestir a Eric?
Edward recordó inmediatamente la explicación del mayordomo.
[Primero una manga.]
[Luego la otra.]
[No intentar poner ambas al mismo tiempo.]
Asintió.
—Claro.
Diez minutos después...
Eric estaba vestido.
Con los botones ligeramente desalineados.
Pero vestido.
Harriet observó el resultado.
Después corrigió discretamente el último botón.
—Nada mal.
Edward sintió una pequeña satisfacción.
Otro día...
El desafío fue peinar a Ellie.
Edward sostenía un diminuto cepillo.
Miraba los rizos oscuros de la pequeña como si estuviera frente al mapa de una batalla imposible.
[El mayordomo dijo...]
[Despacio.]
[No tirar.]
Ellie soltó una risita.
Edward comenzó cuidadosamente.
Cinco minutos después...
El peinado estaba...
Aceptable.
Harriet lo observó.
[Está mejorando.]
Al siguiente...
Los dos pequeños intentaban mantenerse de pie.
Harriet sostenía a Ellie.
Edward tomó ambas manos de Eric.
—Vamos. Un paso.
Eric avanzó tambaleándose.
Luego otro.
Después cayó sentado.
Lejos de llorar...
Comenzó a reír.
Edward sintió una pequeña sonrisa aparecer sin darse cuenta.
—Muy bien. Otra vez.
Harriet lo observó en silencio.
[Ese hombre...]
[Parece completamente distinto cuando deja de pensar tanto.]
Otro día...
Llegó la hora de dormir.
Edward permanecía junto a una de las cunas.
Miraba al mayordomo.
—¿Seguro que así funciona?
El anciano asintió.
—Debe mecerlo suavemente.
Edward obedeció.
Cinco minutos después...
Eric dormía profundamente.
Edward permaneció inmóvil.
Como si cualquier movimiento fuera a despertarlo.
Harriet apareció detrás.
Lo observó.
Y sonrió discretamente.
[No está nada mal...]
Los sirvientes comenzaron a notar el cambio.
—¿Lo vio?
—Hoy el duque peinó a la pequeña.
—Ayer ayudó a vestir al joven Eric.
—Anteayer jugó con ellos durante casi media hora.
Mary sonrió.
—Lady Harriet nunca deja de desafiarlo.
El mayordomo respondió con tranquilidad.
—Y Su Excelencia nunca deja de aceptar.
Pero nadie conocía el verdadero motivo.
Porque todas las noches...
Cuando la mansión ya estaba completamente en silencio...
El despacho volvía a iluminarse.
Y el mayordomo era llamado una vez más.
—Su Excelencia.
Edward levantaba una libreta.
—Mañana...
—Lady Harriet probablemente intentará que ayude con...
Miraba sus anotaciones.
—...los primeros intentos para que beban solos.
El mayordomo asentía.
—Correcto.
—¿Alguna recomendación?
Y comenzaba una nueva lección.
Otra noche...
—¿Cómo se les corta correctamente la fruta?
Otra.
—¿Cuándo es conveniente dejarlos intentar comer solos?
Otra.
—¿Qué hago si Ellie quiere el juguete de Eric?
El mayordomo sonrió.
—Generalmente... También querrá el de ella.
Edward frunció el ceño.
—No parece muy eficiente.
—No lo es.
Otra noche.
—¿Por qué Eric llora cuando Harriet desaparece dos minutos?
—Porque ya reconoce quién le brinda seguridad.
Edward permaneció pensativo un largo rato.
Tomó nota.
"Los niños distinguen la presencia de quienes conviven con ellos."
El mayordomo observaba aquellas escenas con enorme ternura.
Nunca imaginó que el hombre más temido del reino...
Estudiaría con tanta dedicación cómo cuidar a dos pequeños.
Mientras tanto... Harriet seguía creyendo que todo era fruto de su insistencia.
[Cada vez aprende más rápido.]
[Aunque sigue siendo un pesado.]
[Pero...]
Miró desde lejos al duque.
Edward estaba agachado frente a Eric, intentando convencerlo de ponerse un zapatito.
El pequeño solo quería quitárselo otra vez.
Harriet soltó una pequeña risa.
[Al menos...]
[Ya no son solo mis niños.]
[Poco a poco...]
[También vuelven a ser los suyos.]
Y lo que ninguno de los dos sabía...
Era que aquellas pequeñas actividades cotidianas estaban cambiando el destino de la historia mucho antes de que ellos pudieran darse cuenta.
Porque el viejo guion nunca tuvo un capítulo donde el orgulloso duque Montagu aprendiera, cada noche y en secreto, cómo ser padre.
Ni uno donde la temida madrastra desafiara diariamente a su esposo para que pasara tiempo con sus propios hijos.
Aquella historia...
Ya había comenzado a escribirse de una forma completamente distinta.