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MARIONETA

MARIONETA

Status: Terminada
Genre:CEO / Completas
Popularitas:594
Nilai: 5
nombre de autor: Marilinaa

Antonia Valentini es una talentosa actriz de teatro que ha conquistado al público con su impecable interpretación de cada personaje. Su belleza, dulzura y noble corazón la convierten en una mujer admirada por todos los que la conocen. Lejos del brillo de los escenarios, dedica su vida a cuidar de su madre enferma y a apoyar a su hermano menor, Lorenzo Valentini, quien cursa su último año de instituto. El salario que recibe apenas alcanza para cubrir los medicamentos de su madre y los estudios de Lorenzo, pero jamás se ha rendido.

Su tranquila existencia cambia por completo cuando Aaron De Santis, el frío e implacable CEO de una de las corporaciones más poderosas del país, se convierte en el nuevo patrocinador del teatro donde ella trabaja.

NovelToon tiene autorización de Marilinaa para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capitulo 17

Antonia esperaba junto a la salida trasera del restaurante, esperando el coche que la llevaría de vuelta a casa, cuando escuchó pasos detrás de ella. Se giró sobresaltada, lista para poner su máscara de obediencia, pero se encontró con Vicent, que se había detenido a unos pasos, con una expresión suave y sin rastro de juicio.

—No te asustes —dijo él al instante, levantando las manos para calmarla—. Solo quería hablarte un momento. Sin que nadie nos escuche.

Ella miró a su alrededor, temiendo que alguien los viera y Aarón se enterara.

—No debería estar aquí con usted. Si él lo sabe…

—No se enterará —la interrumpió Vicent con seriedad—. Y si lo hace, yo me encargo. No te haré daño, Antonia. Solo quiero decirte algo que nadie te ha dicho en mucho tiempo.

Ella se quedó quieta, abrazándose a sí misma contra el frío de la noche, y asintió apenas, invitándolo a seguir.

—No estoy de acuerdo con nada de lo que está pasando —dijo él despacio, mirándola directamente a los ojos—. No con la forma en que te trata, no con las reglas que te impone, no con esta jaula que te ha construido. Sé que no estás aquí por voluntad propia. Sé que hay un precio terrible que te obliga a quedarte.

Antonia sintió que se le llenaban los ojos de lágrimas. Nadie lo había dicho tan claro. Nadie se había atrevido a ver más allá de lo que Aarón quería mostrar.

—Usted… usted no sabe las cosas que le diría si supiera la verdad —susurró ella con voz quebrada—. Él lo tiene todo controlado. No hay escapatoria.

—Tal vez no la veas ahora —respondió Vicent con ternura—, pero quiero que sepas una cosa: cuando te miro, no veo una “adquisición”, ni una “marioneta”, como él dice. Veo a la mujer que vi actuar en el escenario, llena de luz y sentimiento. Veo a la hija que daría la vida por su madre. Veo a ti. Y esa mujer no merece ser tratada así.

Por primera vez en meses, Antonia no sintió que tenía que ocultarse. Alguien la había visto. Alguien había reconocido que seguía allí, debajo de todo el dolor y el miedo. Una lágrima rodó por su mejilla, y esta vez no se apresuró a secarla.

—Gracias —murmuró, mirándolo con gratitud—. Nadie me había dicho algo así desde que todo empezó. Creí que ya nadie se daba cuenta de que existo de verdad.

—Siempre existirás —le aseguró él—. Y no dejes que nadie te convenza de lo contrario. Si algún día necesitas algo… si necesitas siquiera saber que no estás sola… sabes dónde encontrarme. No te prometo resolverlo todo, pero no miraré hacia otro lado.

En ese momento, el faro del coche de Aarón iluminó la calle. Vicent asintió suavemente y se apartó, desapareciendo en la sombra. Antonia subió al vehículo con el corazón latiendo diferente: ya no se sentía tan invisible. Ya sabía que, al menos una persona, había visto a la verdadera Antonia Valentini.

Antonia se quedó un instante más mirando hacia donde se fue Vicent, llevándose la mano al pecho, donde el corazón le latía con una mezcla extraña de miedo y alivio. Durante meses había escuchado solo órdenes, insultos o silencios vacíos; nadie le había hablado como si fuera una igual, nadie le había recordado quién era realmente.

—Ve a la puerta —la voz fría de Aarón la sobresaltó desde la ventanilla del coche que acababa de detenerse frente a ella—. ¿Con quién hablabas tanto tiempo?

Ella se giró de golpe, sintiendo cómo la calidez que acababa de sentir se le escapaba entre los dedos. Se acercó despacio y subió al vehículo, manteniendo la mirada baja.

—Con… con el señor Gherardi —respondió con voz contenida—. Solo me preguntó si me sentía bien. Nada más.

Aarón la recorrió con la mirada, como si intentara leer cada pensamiento en su rostro.

—¿Y tú le contaste algo? ¿Te pusiste a quejarte? Sabes que no tolero que hables de nuestros asuntos con nadie. Menos con él.

—No le conté nada —aseguró ella, apretando las manos en el regazo—. Solo le dije que estaba bien. No tengo nada que contar.

Él se inclinó hacia ella, tomándole la barbilla con suavidad pero sin dejarle opción de apartarse.

—Espero que sea verdad. Porque Vicent es mi amigo, pero también sabe ver lo que otros no ven. Y no quiero que nadie piense que tienes razones para llorar. No quiero que nadie vea que aún te queda voluntad propia. ¿Entendido?

Antonia asintió, pero en el fondo, las palabras de Vicent seguían resonando en su mente: “Veo a ti. A la mujer que eres de verdad”. Y por primera vez, no sintió que se desvaneciera al cerrar los ojos. Sabía que estaba atrapada, sabía que el peligro seguía ahí, pero ya no era solo una marioneta. Era Antonia. Y ese pequeño secreto era suyo, y solo suyo.

—Entendido —dijo, pero esta vez su voz no sonó tan quebrada como de costumbre.

Aarón soltó su rostro, satisfecho por el momento, pero ella miró por la ventana la oscuridad que pasaba, y supo que, aunque no pudiera hablarlo, aunque tuviera que ocultarlo siempre, esa pequeña luz que alguien había encendido en ella no se apagaría tan fácilmente.

 

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