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Renací para amar al hombre que destruí

Renací para amar al hombre que destruí

Status: En proceso
Genre:CEO / Mujer poderosa / Amante arrepentido / Reencarnación(época moderna)
Popularitas:9.1k
Nilai: 5
nombre de autor: Irin_Kokh

Ángela Sarmiento murió después de descubrir la verdad más cruel: su hermana adoptiva y el hombre en quien más confiaba habían destruido a su familia. Y Gael Montenegro, el poderoso y temido prometido del que siempre quiso escapar, era el único que la había amado de verdad… y también el hombre que murió por culpa de ella.
Cuando Ángela abre los ojos, ha regresado al momento en que todo comenzó.
Esta vez no piensa huir de Gael. Recuperará lo que le pertenece, hará pagar a quienes la traicionaron y conquistará de nuevo al hombre que sacrificó todo por ella.
Pero Gael todavía recuerda su rechazo. No confía en sus caricias, sospecha de cada palabra dulce y está convencido de que Ángela solo prepara otra forma de abandonarlo.
Entre venganzas familiares, secretos, drogas, hipnosis y una atracción que ninguno de los dos puede contener, Ángela tendrá que demostrar que su amor es real.
Porque en esta segunda vida no permitirá que Gael vuelva a morir.
Y tampoco piensa dejarlo escapar de su cama.

NovelToon tiene autorización de Irin_Kokh para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 6

Capítulo 6

La atmósfera cargada de deseo que había reinado en la oficina se desvaneció en un instante.

El rostro de Gael se ensombreció y su expresión se volvió tan fría como el hielo.

Antes de que pudiera decir una sola palabra, Ángela le cubrió la boca con la mano y se apresuró a explicarse.

—Gael, escúchame primero. No tengo ninguna intención de ayudar a Fabián. Quiero engañarlo con la versión anterior del proyecto. Él creerá que conoce de antemano nuestra propuesta, mientras tú concursas con la versión modificada. Así tendremos muchas más posibilidades de ganar.

Gael observó la sinceridad en su rostro. En los ojos de Ángela había ansiedad, pero también una expectativa que no podía ocultar.

Algo se agitó en su mirada.

Después le apartó la mano de la boca y soltó una risa desdeñosa.

—Angie, ¿crees que un perro hambriento suelta con tanta facilidad el hueso que tiene entre los dientes? Fabián no es idiota. ¿Por qué confiaría en ese documento sin sospechar nada?

—Ya lo sé. Pero ¿qué tal si...?

Ángela acercó los labios a su oído y le contó el plan completo. La astucia que brillaba en sus ojos la hacía parecer peligrosamente encantadora.

Cuando terminó, Gael la recorrió con la mirada.

¿Acaso la había juzgado mal?

Aquella mujer no era una gatita salvaje. Era una zorra de pura cepa.

Si el plan salía como Ángela lo había diseñado, Fabián podía perder la mitad de su imperio.

Sin embargo, apenas unas semanas atrás ella se había cortado las venas para obligarlo a favorecer a Fabián. ¿Por qué ahora estaba dispuesta a tenderle una trampa?

¿Fabián la habría lastimado a sus espaldas?

La sola posibilidad encendió la furia en los ojos de Gael.

Ángela lo vio abstraído y no entendió qué estaba pensando.

Después de pasar todo el día fuera y varias horas corrigiendo el proyecto, el sueño comenzó a vencerla. El brazo de Gael seguía rodeándole la cintura con firmeza, así que tiró suavemente de la manga de su saco.

—Gael, tengo sueño. Voy a dormir un rato. Tú termina de corregir la propuesta.

Él encontró adorable la manera en que luchaba por mantener abiertos los ojos. La levantó en brazos y caminó hacia la habitación privada contigua a la oficina.

—La junta también me dejó agotado. Vamos a dormir juntos un rato.

Ángela ya apenas estaba consciente. Murmuró algo contra su pecho y se quedó profundamente dormida en sus brazos.

Cuando volvió a abrir los ojos, la habitación estaba completamente oscura.

Buscó a tientas la lámpara de la mesa de noche, pero en lugar del interruptor encontró piel tibia. Bajo su palma, el pecho de Gael subía y bajaba con una respiración cada vez menos regular.

Todavía medio dormida, siguió recorriéndola con la mano. Las yemas de sus dedos notaron la tensión de cada músculo y el calor que se acumulaba sobre la piel.

De pronto oyó un gemido contenido sobre su cabeza y sintió una respiración ardiente rozarle el cabello.

Ángela se quedó inmóvil.

Abrió los ojos de golpe y, cuando su vista se acostumbró a la oscuridad, descubrió a Gael acostado a su lado, observándola con expresión divertida.

—¿Te gustó lo que tocaste? —preguntó él con tono burlón.

Solo entonces Ángela comprendió que su mano seguía apoyada sobre el pecho desnudo de Gael.

No la retiró.

Por el contrario, siguió las líneas de sus músculos y descendió lentamente, ejerciendo una presión curiosa que hizo que el abdomen de Gael se contrajera debajo de sus dedos.

El cielo había sido demasiado generoso con aquel hombre. No solo le había dado un rostro perfecto, sino también un cuerpo capaz de hacerle perder la razón. Sus abdominales estaban marcados y la línea firme que descendía por debajo de ellos despertaba demasiada curiosidad.

Las yemas de Ángela continuaron acariciando aquellos músculos hasta que una mano grande le sujetó la muñeca. El agarre era firme y ardiente; el pulgar de Gael latía contra su piel al mismo ritmo acelerado de su respiración.

Al levantar la vista, encontró el rostro tenso de Gael. Una fina capa de sudor comenzaba a formarse en sus sienes.

—Angie, ¿sabes lo que estás haciendo?

—¿Qué pasa? Todo el mundo dice que el señor Montenegro es un hombre frío, disciplinado y casi imposible de tentar.

Sus ojos estaban llenos de seducción, aunque en sus labios asomaba una sonrisa traviesa.

Gael soltó una risa baja.

Sin soltarle la mano, la condujo hacia la prueba ardiente de lo mucho que lo había provocado.

—¿Imposible de tentar? Eso solo se aplica a las demás. Tú no eres una extraña. Eres mi mujer.

Al sentir aquel calor firme bajo la palma, Ángela retiró la mano de inmediato. El roce breve le dejó los dedos calientes y una corriente de vergüenza le subió hasta las mejillas.

Gael contempló el rubor que cubría sus mejillas. El deseo le quemaba el cuerpo, pero aun así la miró con una sonrisa provocadora.

—¿Vas a seguir jugando conmigo?

Ángela escondió el rostro contra su pecho y negó varias veces con la cabeza.

Aquella cobarde tan atrevida unos segundos antes le causó gracia.

Gael le cubrió los ojos con una mano antes de encender la lámpara. Luego se levantó y entró al baño.

Mientras escuchaba correr el agua, Ángela no pudo evitar recordar la firmeza que había sentido bajo los dedos.

Nada mal.

Una hora después, los dos estaban listos y regresaron a la residencia Montenegro en Lomas de Chapultepec.

Apenas el auto quedó estacionado, Ángela tomó el documento y corrió al estudio.

Gael se detuvo en la puerta y observó su expresión orgullosa.

Por fortuna, al fin había conseguido esperar hasta ese momento.

Aquella zorrita de corazón oscuro estaba destinada a ser suya.

Al día siguiente amaneció despejado.

Ángela llevó a Gael a la residencia de los Sarmiento. Don Octavio había recibido su llamada y los esperaba desde temprano en la sala.

Al verlos entrar tomados de la mano, pensó que ya era hora de preparar la herencia que entregaría a su nieta cuando se casara.

Desde que la habían expulsado de la residencia Montenegro, Selene había concentrado todos sus esfuerzos en ganarse el favor de su abuelo.

Aquella mañana lo acompañaba a tomar café. Cuando vio entrar a Ángela y Gael, los saludó con la misma aparente amabilidad de siempre.

Ángela se limitó a inclinar la cabeza.

Gael ni siquiera la miró.

Selene apretó los puños ante su indiferencia, pero conservó la sonrisa dulce. Se levantó con la intención de traer dos tazas más.

Don Octavio la detuvo.

—No te molestes, Selene. Tenemos que hablar en el estudio y ellos se irán en cuanto terminemos. Ve a descansar un rato.

Ángela arqueó una ceja y frunció los labios, molesta.

—¿Ni siquiera vas a invitarnos a comer?

—¿Yo soy quien no quiere darles de comer? —replicó don Octavio entre risas—. Lo que pasa es que temo que vuelvan a salir corriendo de repente.

Ángela recordó lo sucedido la vez anterior y se tocó la nariz con cierta culpabilidad.

Gael también sintió que había quedado en ridículo delante del abuelo de Ángela.

Don Octavio los miró con fingido fastidio y los condujo al estudio.

Cuando los vio desaparecer, Selene comenzó a ordenar la mesa. Entonces descubrió una carpeta sobre la mesa de centro.

La curiosidad pudo más que ella.

Abrió el documento y sus ojos se agrandaron.

Era la propuesta para obtener los derechos de desarrollo del proyecto de Santa Fe.

Miró a su alrededor con nerviosismo. Al confirmar que nadie la observaba, sacó el celular y fotografió todas las páginas importantes.

Acababa de guardarlo y estaba a punto de dejar la carpeta exactamente donde la había encontrado cuando oyó pasos.

Enseguida resonó la voz severa de Ángela.

—Selene, ¿qué estás haciendo?

La mano de Selene tembló.

Volteó hacia ella con expresión inocente.

—Hermana, vi que habían dejado aquí este documento. Iba a llevárselo al estudio.

Ángela la miró con desconfianza y le arrebató la carpeta.

—¿Lo revisaste?

—No... No vi nada. Apenas iba a llevárselos.

—Más te vale. Si se filtra una sola palabra de este documento, tú serás la primera persona a la que le pediré cuentas.

Ángela adoptó su actitud más arrogante e irrazonable.

Después dio media vuelta y regresó al estudio con la carpeta en las manos.

En cuanto le dio la espalda a Selene, una sonrisa maliciosa curvó sus labios.

Esperaba que aquella tonta no la decepcionara.

Don Octavio vio regresar a Ángela y suspiró con impotencia.

—¿Los dos están seguros de querer hacer esto? Deben preparar cada detalle. El Grupo Segovia quizá no sea una amenaza seria, pero un animal acorralado siempre intenta morder.

—No se preocupe, don Octavio. Todo está preparado —respondió Gael con absoluta seguridad.

Selene esperó un momento. Al ver que nadie salía del estudio, se acercó en silencio a la puerta y envió las fotografías a Fabián.

El teléfono sonó un segundo después.

—Selene, ¿de dónde sacaste este documento?

Ella salió al jardín antes de responder en voz baja.

—El señor Montenegro y Ángela vinieron a hablar con el abuelo. Traían esa carpeta, pero la olvidaron en la sala cuando entraron al estudio. Tomé las fotos a escondidas. Fabián, ¿te sirven?

—Eres increíble, preciosa. No permitas que descubran lo que hiciste. En cuanto consiga este proyecto, me casaré contigo y te llevaré a mi casa. Tengo que ocuparme de esto. Hablamos después.

Fabián colgó sin esperar respuesta.

Selene ya se imaginaba convertida en la señora Segovia, rodeada de empleados dispuestos a obedecer todas sus órdenes.

Cuando llegara ese día, se aseguraría de aplastar a Ángela bajo sus pies.

En su oficina, Fabián contempló las fotografías con entusiasmo.

Sin embargo, después de la primera oleada de alegría, comenzó a sospechar.

Un hombre como Gael Montenegro no podía ser tan descuidado como para olvidar un documento confidencial sobre una mesa. ¿Y si todo era una trampa?

Llamó a su secretario.

—Averigua todo lo que puedas sobre la propuesta del Grupo Montenegro para el proyecto de Santa Fe.

Volvió a mirar las imágenes.

No sabía si la información era auténtica, pero al menos podía usarla como referencia.

Si conseguía los derechos de desarrollo de Santa Fe, por fin consolidaría su posición en Ciudad de México.

Eso hacía todavía más importante confirmar la autenticidad del documento.

Si era real...

El timbre de su celular interrumpió sus pensamientos.

Era el secretario al que acababa de enviar a investigar. Fabián contestó de inmediato.

—Señor Segovia, una persona del Grupo Montenegro me confirmó que el señor Montenegro se llevó a casa la propuesta de licitación. También dijo que hoy acompañaría a la futura señora Montenegro a visitar a su familia.

Escuchar que en la empresa ya trataban a Ángela como la futura señora Montenegro le provocó un profundo malestar.

Pero la confirmación de que Gael se había llevado el documento a casa le hizo hervir la sangre de emoción.

Esta vez Gael Montenegro perdería contra él.

Convencido de eso, Fabián tomó como base las fotografías, redujo diez por ciento el monto de su oferta e hizo los ajustes correspondientes en cada apartado.

Mientras tanto, Ángela seguía en el estudio de la residencia Sarmiento cuando recibió un mensaje.

Solo contenía una frase:

«El pez mordió el anzuelo».

Ángela no intentó ocultar la pantalla, así que Gael también leyó el mensaje.

—Angie, ¿desde cuándo tienes a alguien infiltrado en el Grupo Segovia?

La sonrisa de Gael no alcanzó sus ojos.

—Bueno... Fue mi abuelo quien puso a alguien ahí porque no confiaba en Fabián. Dice que ese hombre tiene malas intenciones.

Mientras hablaba, Ángela le hacía señas desesperadas a don Octavio.

El hombre se aclaró la garganta y asintió varias veces.

Gael no siguió interrogándolos.

Después de conversar un rato, él y Ángela regresaron a Lomas de Chapultepec.

En cuanto entraron a la residencia, Gael la llevó directamente a la recámara principal y la hizo sentarse en el sofá.

Permaneció de pie frente a ella, mirándola desde arriba.

—Angie, ¿no crees que me debes una explicación?

—Bueno... La verdad es que yo puse a esa persona ahí. En aquel tiempo estaba completamente ciega y quería ayudar a Fabián. Pero ya no siento nada por él.

Gael permaneció en silencio.

Ángela le rodeó la cintura con los brazos, escondió el rostro contra su abdomen y frotó la cabeza suavemente contra él.

—Gael...

Él bajó la mirada hacia la mujer que se acurrucaba contra su cuerpo.

El vientre se le tensó y una oleada de calor lo recorrió.

Se apresuró a separarla y la contempló con los ojos encendidos.

Al final dejó escapar el aire con fuerza.

Por ella, tenía demasiadas ganas de dejar de comportarse como un caballero.

Durante los días siguientes, Gael dejó casi todos los asuntos de la empresa en manos de Raúl con el pretexto de que necesitaba pasar tiempo con Ángela para fortalecer su relación.

En realidad, también esperaba el momento de asestarle el golpe definitivo a Fabián.

Ángela y él pasaban buena parte del día en el invernadero. A veces Gael se quedaba a su lado mientras ella pintaba. Otras veces veían una película juntos.

Desde que descubrió cuánto le gustaba ese lugar, Gael había ordenado renovarlo.

Mandó despejar una amplia zona en el centro y cubrir el piso con una alfombra suave. También instaló un columpio para dos personas y un diván tan grande que podían recostarse cómodamente tres o cuatro.

Ángela contempló todos aquellos cambios con perplejidad.

Llegó a la conclusión de que Gael era un hombre con demasiado dinero y pocas oportunidades de gastarlo.

Todavía no imaginaba que, tiempo después, bastaría entrar al invernadero para que le temblaran las piernas y le doliera la cintura.

Últimamente no se separaban.

La tensión entre ambos se salía de control con frecuencia. Los besos se prolongaban hasta volverles irregular la respiración; las manos de Gael se cerraban sobre la cintura de Ángela y la tela se arrugaba bajo sus dedos. Cuando el cuerpo empezaba a traicionarlo, él se apartaba con la mandíbula rígida y se marchaba a calmar a solas el deseo que ella despertaba.

Hasta que un día Ángela volvió a provocarlo deliberadamente.

En cuanto Gael intentó retirarse como de costumbre, ella le sujetó la mano con todas sus fuerzas. La piel de ambos estaba caliente y todavía respiraban demasiado cerca.

—¿Por qué nunca quieres tocarme?

Si existía algún problema entre ellos, Ángela prefería hablarlo con claridad.

Gael no esperaba una pregunta tan directa.

Intentó controlar el fuego que le recorría el cuerpo y besó con ternura la comisura de sus labios. Mantuvo la boca allí un instante, con una presión suave, hasta que la respiración de Ángela tembló contra su mejilla.

—Angie, no es que no quiera. No me atrevo. Temo que te arrepientas. No quiero que te entregues a mí antes de estar segura.

La miró con una seriedad que hizo latir con fuerza el corazón de Ángela.

—Cuando termine la licitación, iré a pedir tu mano a la familia Sarmiento. Después de eso, aunque quieras esconderte de mí, no te dejaré escapar.

Gael se inclinó y agregó algo en un susurro junto a su oído.

El rostro de Ángela se encendió por completo.

—¡Degenerado! —murmuró.

El celular de Gael comenzó a sonar.

Respondió con rapidez, intercambió unas cuantas palabras con su interlocutor y colgó con una sonrisa cargada de significado.

En ese mismo momento, Fabián también recibió una llamada.

La empresa responsable de la licitación pretendía exigir un depósito de seriedad equivalente al treinta por ciento del monto propuesto, que permanecería inmovilizado durante todo el proceso.

Fabián vaciló.

Se trataba de una suma enorme. Para reunirla, Fabián tendría que comprometer la liquidez del Grupo Segovia y recurrir a financiamiento costoso. Si no obtenía el contrato, la empresa quedaría gravemente debilitada.

Sin embargo, cada vez que miraba las fotografías del documento sentía deseos de apostar.

Incapaz de tomar una decisión, llamó a Selene.

—Selene, ¿Ángela ha vuelto a visitar a tu familia? ¿Tu abuelo ha dicho algo sobre el proyecto de Santa Fe?

—No. El abuelo nunca habla conmigo de asuntos de la empresa.

Esa era una de las razones por las que Selene odiaba a los Sarmiento.

Ella había querido considerarlos su familia, pero ellos nunca habían dejado de desconfiar.

El secretario de Fabián también estaba preocupado.

—Señor Segovia, ¿por qué no nos retiramos? El depósito es demasiado alto. Si perdemos la licitación, el costo del financiamiento afectará todas las demás operaciones de la empresa.

—¡Déjame pensarlo!

Fabián encendió un cigarro y luego realizó otra llamada.

Cuando colgó, toda su indecisión había desaparecido.

Ordenó a su secretario transferir la garantía a la empresa licitante. El hombre intentó disuadirlo una vez más, pero Fabián lo interrumpió.

Por fin llegó el día en que se anunciaría el resultado.

Gael vestía un traje cortado a la medida que acentuaba su aura distante y contenida. Se veía tan perfecto que Ángela se quedó contemplándolo sin poder apartar los ojos.

Gael soltó una risa.

La gatita seguía siendo una pequeña pervertida.

Le dio un golpecito suave en la cabeza.

—Regresa a la Tierra y límpiate la baba.

Ángela se tocó la comisura de los labios por reflejo.

Cuando descubrió que no había nada, comprendió que él se había burlado de ella.

Lo fulminó con la mirada.

—¡Maldito hombre! Ya vete. Si no consigues el proyecto de Santa Fe, no te molestes en regresar.

—Teniendo tu ayuda, ¿cómo podría perder? —Gael acomodó uno de los gemelos de su camisa—. Además, estoy esperando ganar ese proyecto para ir a pedirle tu mano a don Octavio.

Se inclinó junto a su oído.

—Gatita traviesa, ¿tú también estás impaciente?

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maria fernanda ortega ruiz
maravillosa historia 🥰
Alix Sarmiento
Angela es cautelosa porque crío un cuervo y le saco los ojos
Alix Sarmiento
muy bueno excelente
Alix Sarmiento
que familias tan complicadas
veritoo❤️
falta saber q paso con Nicolás y Leonardo a ver si x fin deja la soltería ..muy bna exelente novela
Alix Sarmiento
👏
Alix Sarmiento
muy buena, pero no sé puede dejar manipular
Flor R
super woooo me super encanta bendiciones autora 🍷
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