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Bajo La Piel Del Látigo

Bajo La Piel Del Látigo

Status: En proceso
Genre:Venganza / Mujer poderosa / Romance
Popularitas:1.8k
Nilai: 5
nombre de autor: Fernanda G

Catrina no nació cruel; la forjaron a golpes de desprecio y una traición devastadora de su tío, quien le arrebató las tierras de su padre y su inocencia. Hoy, es "La Generala", la mujer que gobierna el pueblo con puño de hierro y cuyo corazón parece de piedra volcánica.

​La paz armada de su mundo se altera con la llegada de Máximo, un joven heredero acostumbrado a los lujos de la capital y a que el mundo gire a sus pies. Castigado por su abuelo para "hacerse hombre" en la hacienda vecina, Máximo llega con arrogancia, pero se estrella contra la realidad de un pueblo que no le teme a su apellido. El destino los obliga a convivir cuando una amenaza externa pone en riesgo las tierras de ambos. Mientras Máximo descubre que la vida es más que fiestas, Catrina se enfrenta a un dilema: ¿puede el amor de un "niño mimado" sanar las cicatrices de una traición familiar, o terminará él siendo una víctima más de su sed de venganza?

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Capítulo 2:

​El rugido del motor de aquel deportivo italiano era un insulto para la paz polvorienta de la carretera que conducía a "Las Cruces". Máximo conducía con una mano en el volante y la otra ajustándose unas gafas de sol que costaban más que el salario anual de cualquier peón de la zona. El aire acondicionado luchaba una batalla perdida contra el calor denso que se colaba por la capota abierta, y el GPS de su tablero llevaba veinte minutos dando vueltas en un vacío cartográfico.

​—"Gire a la derecha en el camino de tierra", decía la estúpida voz —gruñó Máximo, golpeando el volante—. ¿Qué camino? Aquí solo hay piedras y lagartijas.

​Para él, este viaje era una actuación. En su mente, llegaría a la hacienda de su tía, daría un par de órdenes con su carisma de ciudad, y en menos de un mes su abuelo le suplicaría que volviera a la capital. Su mayor preocupación en ese momento no era el trabajo duro, sino que el polvo del camino estaba arruinando la textura de su camisa de seda color crema.

​De repente, tras una curva cerrada flanqueada por maleza seca, el terreno cambió. Lo que parecía un camino firme se convirtió en una trampa de arcilla y agua estancada, residuo de una tormenta nocturna que el sol aún no lograba evaporar. Máximo, acostumbrado al asfalto impecable de las avenidas principales, no redujo la velocidad. Cuando quiso reaccionar, el deportivo se hundió con un sonido húmedo y pesado. Las ruedas traseras giraron frenéticamente, lanzando chorros de fango hacia atrás, pero el chasis quedó encallado.

​—¡No, no, no! ¡Maldita sea! —gritó, apagando el motor.

​El silencio que siguió fue absoluto, roto solo por el siseo del radiador y el canto lejano de una chicharra. Máximo bajó del coche, olvidando por un segundo dónde estaba. Sus zapatos de gamuza, una edición limitada, se hundieron hasta el tobillo en una mezcla viscosa de lodo y estiércol. El gesto de asco en su rostro fue inmediato; sus facciones se contrajeron y un escalofrío de repulsión le recorrió la espalda. Estaba solo, en medio de la nada, con el sol cayendo como plomo derretido sobre sus hombros.

​A lo lejos, una columna de polvo anunció la llegada de otro vehículo. Máximo sintió una oleada de alivio. "Al fin, alguien que me saque de aquí", pensó, recuperando su aire de superioridad. Se alisó el cabello y se preparó para ofrecer un fajo de billetes a cambio de un remolque.

​Pero el vehículo que apareció no era un tractor viejo ni un camión de carga. Era una camioneta blindada, negra como el carbón, con vidrios polarizados que no dejaban ver quién iba al mando. La máquina avanzaba con una seguridad insultante, ignorando los baches como si no existieran.

​Catrina iba al volante. Desde la altura de su cabina, observó la escena con una mezcla de incredulidad y desprecio. Reconoció el coche de inmediato: un juguete de ciudad, un objeto brillante que no servía para nada en la vida real. Y luego lo vio a él. Un muchacho que parecía sacado de una revista de moda, con las manos en jarra y una expresión de "el mundo me debe una explicación".

​Ella redujo la marcha al acercarse. A través del parabrisas, sus ojos se fijaron en los de él. Máximo levantó una mano, haciendo una señal imperiosa para que se detuviera. En su rostro no había una petición de ayuda, sino una orden.

​—¡Hey! ¡Tú! —gritó Máximo mientras la camioneta se ponía a su altura—. ¡Sácame de aquí y te pagaré lo que quieras!

​Catrina bajó apenas dos centímetros la ventanilla. El aire caliente del exterior entró en su cabina climatizada, trayendo consigo el olor a perfume caro de Máximo mezclado con el hedor del pantano. Ella no respondió. Se limitó a mirarlo, recorriendo con la vista su camisa de seda manchada, su cabello perfectamente peinado y sus zapatos arruinados. Un destello de diversión, gélido y afilado, cruzó sus pupilas.

​Máximo se sintió pequeño bajo esa mirada. Había algo en los ojos de esa mujer que no había visto nunca en las modelos o las herederas con las que salía. Era una mirada que pesaba, que juzgaba y que encontraba que él no valía nada.

​—¿Eres sordo? —insistió Máximo, acercándose un paso más, lo que provocó que se hundiera más en el lodo—. ¡Tengo prisa!

​Catrina esbozó una sonrisa que no llegó a sus ojos. Fue un gesto breve, casi imperceptible, de alguien que ve a un insecto retorciéndose en una telaraña. No dijo una sola palabra. En lugar de eso, metió la primera marcha y aceleró a fondo.

​Las enormes llantas de tracción total de la camioneta golpearon el charco de lodo justo al lado del deportivo. Una ola de fango denso, oscuro y fétido voló por los aires, describiendo un arco perfecto. Máximo no tuvo tiempo ni de cubrirse la cara. El lodo le golpeó el pecho, la cara y el interior de su lujoso coche.

​El rugido del motor negro se alejó mientras Catrina aceleraba, dejando tras de sí una estela de polvo que se mezclaba con el desastre.

​Máximo se quedó petrificado. El lodo le goteaba de la barbilla, ensuciando la seda de su camisa que ahora pesaba tres kilos más. Escupió un poco de tierra y se limpió los ojos con el dorso de la mano, temblando de pura rabia. Sus gestos, antes elegantes, se volvieron erráticos y torpes.

​—¡Hija de...! —el grito se le quedó atravesado en la garganta mientras miraba hacia la carretera.

​Vio la camioneta detenerse a unos cincuenta metros. Las luces de freno brillaron como dos ojos rojos amenazantes. Catrina miró por el retrovisor. Vio la figura ridícula del muchacho en medio del charco, convertido en una estatua de barro. Por primera vez en semanas, sintió que algo le alegraba el día. No era una risa sonora; era un calor seco en el pecho, la satisfacción de quien pone las cosas en su sitio.

​"Bienvenido al pueblo, principito", pensó ella antes de arrancar definitivamente.

​Para Catrina, ese encuentro había sido un recordatorio de por qué odiaba todo lo que venía de la capital: la arrogancia basada en el dinero, la falta de callos en las manos y la suposición de que todo tiene un precio. Para Máximo, fue el fin de su inocencia. En ese primer cruce de miradas, comprendió que en "Las Cruces" no gobernaba el dinero, sino una mujer que parecía haber sido forjada en el mismo infierno que él acababa de pisar.

​Él se dejó caer sobre el capó sucio de su coche, derrotado por el calor y la humillación. El olor del lodo se le metía por la nariz, y por primera vez en su vida, sintió miedo. No miedo a la oscuridad o a la violencia, sino miedo a no ser nadie. El gesto de desprecio de la mujer de la camioneta le había dolido más que el golpe de la noche anterior en el club. Ella lo había mirado y no había visto a un heredero; había visto un estorbo.

​Mientras el sol comenzaba a bajar, tiñendo el cielo de un rojo violento, Máximo supo que su batalla no sería contra el campo o el trabajo duro, sino contra esos ojos que le habían negado incluso el saludo. El infierno tenía nombre de mujer, y él acababa de ser bautizado en sus aguas de barro.

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valeska garay campos
se lee interesante 🤔👀
Silvia Chena
ES BUENÍSIMA LA NOVELA
Lobelia ❣️
👍👏
Silvia Chena
Algún problema va a traer, esa mina
Lobelia ❣️
muy bueno 👍👍
Lobelia ❣️
☺️👍👍🥰
Lobelia ❣️
me gusta sigues 👍👍
Celina Espinoza
gracias por compartir tu historia 🥰
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