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Amor Dos Vidas

Amor Dos Vidas

Status: En proceso
Genre:Traiciones y engaños
Popularitas:1.6k
Nilai: 5
nombre de autor: Fernanda G

Tras un trágico accidente que le arrebató la memoria y su identidad, Estefanía despierta en una vida de opulencia que no reconoce, casada con José, un hombre poderoso cuya devoción raya en la obsesión. Aunque él le asegura que su amor es eterno, las noches de Estefanía están pobladas por sueños fragmentados de un rostro cargado de dolor y promesas rotas.

La estabilidad de su nueva existencia se resquebraja cuando aparece Andrés, un rival empresarial de José decidido a destruir su imperio. Al encontrarse, Estefanía descubre que su corazón late con una fuerza desconocida por ambos hombres. Mientras intenta reconstruir su pasado, se enfrentará a una verdad aterradora: uno de ellos no solo es el dueño de su presente, sino el arquitecto del secreto detrás de su "muerte" anterior.

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capitulo 17

El muelle de madera vieja se adentraba en el agua oscura como un dedo rancio que desafiaba la inmensidad del mar. La tormenta azotaba la costa con una violencia rítmica, envolviendo el paisaje en una penumbra líquida. Las olas rompían con furia contra los pilotes carcomidos, salpicando agua salada que se mezclaba con la lluvia torrencial. Era el escenario exacto de sus pesadillas, el espacio físico donde su mente, liberada finalmente de la niebla química, situaba el fin de su antigua vida. Pero esta vez no era un sueño.

​Valentina caminaba con pasos rápidos sobre las tablas húmedas, con la capucha de su impermeable negro calzada hasta las cejas. El viento racheado empujaba la tela mojada contra su cuerpo, delineando sus curvas bajo la tormenta. No sentía frío; la adrenalina que le recorría las venas actuaba como un combustible ardiente, manteniendo sus sentidos en una alerta máxima y felina. Había vuelto a burlar la seguridad de la mansión, una coreografía que cada vez le resultaba más natural ahora que sus ojos procesaban la realidad sin el filtro de las dosis de José.

​Al final del muelle, resguardado a medias bajo el alero de una vieja caseta de pescadores abandonada, una silueta alta y familiar la aguardaba.

​Andrés estaba allí. Vestía una gabardina oscura y el cabello, empapado, se le adhería a la frente. Cuando Valentina se acercó, él no esperó. Dio dos pasos rápidos hacia ella, rompiendo la distancia con esa urgencia desbordante que lo caracterizaba, y la estrechó contra su pecho.

​La colisión de sus cuerpos bajo la lluvia fue un impacto de calor puro en medio del invierno costero. El abrazo de Andrés no era el cerco asfixiante e inflexible al que José la sometía en la mansión; era un refugio desesperado, un puerto seguro donde Valentina pudo, por fin, soltar la tensión acumulada en sus hombros. Él hundió el rostro en el hueco de su cuello, aspirando su aroma a piel mojada, mientras sus manos grandes y firmes la recorrían por la espalda, asegurándose de que era real, de que seguía de pie.

​—Pensé que no lo lograrías —susurró él contra su oído, y su aliento cálido provocó un estremecimiento profundo que le recorrió la espina dorsal.

​—Cada vez es más difícil —respondió Valentina, separándose sutilmente para mirarlo a los ojos—. José vigila cada esquina. Ha puesto cámaras nuevas en la habitación y me regaló un collar de esmeraldas que se siente como una marca de propiedad. Sospecha de mí, Andrés. Siente que la neblina se me está escapando.

​La mención de José hizo que las facciones de Andrés se endurecieran, transformando su mirada clara en un destello de acero frío. La sensualidad que flotaba entre ambos, cargada de una complicidad peligrosa y un deseo que latía a flor de piel bajo la ropa húmeda, dio paso a una seriedad implacable.

​—Él tiene razones para temerle a tu memoria —dijo Andrés, metiendo la mano en el bolsillo interior de su gabardina de la que extrajo un pequeño dispositivo de grabación digital envuelto en una bolsa de plástico para protegerlo del agua. Su mirada buscó la de ella, cargada de una advertencia dolorosa—. Te dije que él organizó el accidente, pero necesitaba que lo escucharas de su propia boca. Conseguí esto a través de uno de mis contactos en la junta directiva de su corporación. Es una grabación de la noche previa al choque en la carretera de la costa.

​Valentina observó el pequeño objeto negro en la palma de Andrés. La lluvia repiqueteaba sobre el plástico protector con un sonido que imitaba el latido desbocado de su propio corazón.

​—Escúchala, Valentina. Necesitas saber a qué te enfrentas en esa cama cada noche —insistió él, con la voz ronca, acariciando con el pulgar la mejilla húmeda de ella, un gesto de infinita ternura que intentaba amortiguar el golpe que estaba por venir.

​Andrés pulsó el botón de reproducción. A pesar del fragor del viento y del estruendo de las olas rompiendo contra el muelle, el sonido digital emergió del altavoz con una claridad espantosa.

​La voz de José, inconfundible, profunda y desprovista de cualquier calidez humana, llenó el pequeño espacio bajo el alero de la caseta.

​—…No me importa cuánto cueste el silencio del editor ni cuántas trabas legales debas poner en el ministerio —decía la voz de José en la grabación, con un tono frío, corporativo y quirúrgico que helaba la sangre—. Esa maldita periodista tiene los balances originales del lavado de dinero de la división farmacéutica. Si esa información sale a la luz el lunes, las acciones se desplomarán y perderemos el control del consejo.

​Se escuchó una voz masculina, más joven y visiblemente nerviosa, responder al otro lado de la línea.

​—Señor Sandoval, ella no va a aceptar un soborno. Lo hemos intentado todo. Valentina Silva es inquebrantable. Sigue investigando el muelle de la costa norte.

​Hubo un silencio breve en la grabación, interrumpido únicamente por el leve chasquido de un mechero encendiendo un cigarrillo. Luego, la voz de José regresó, descendiendo a un murmullo sibilante, carente de cualquier rastro de piedad.

​—Entonces elimina el problema de la periodista. Que parezca un accidente en la carretera de la costa. La lluvia de esta noche es perfecta para un error de cálculo al volante. No quiero que Valentina Silva llegue viva al fin de semana. Hazlo.

​El audio se cortó con un pitido seco.

​El silencio que siguió a la grabación fue devastador. Valentina se quedó inmóvil, con la mirada fija en el dispositivo que Andrés sostenía. Sentía que el suelo de madera del muelle se mecía bajo sus pies, presa de un vértigo helado. La confirmación auditiva de la monstruosidad de su esposo se clavó en su pecho como una estocada de hielo.

​La farsa de la mansión de mármol, las caricias posesivas de José, su tono protector, las palabras de devoción que le susurraba al oído mientras la estrechaba entre sus brazos... todo cobró una dimensión macabra y perversa. El hombre que se autoproclamaba su salvador, el que supuestamente la había rescatado de las garras de la muerte y le había dado una vida de opulencia, era en realidad su verdugo. José Sandoval había ordenado su asesinato, y al fallar los sicarios y quedar ella sin memoria, la había secuestrado legalmente para transformarla en su juguete más sumiso, en la esposa perfecta diseñada para silenciar su peor amenaza.

​Un sollozo de puro pánico y repugnancia escapó de los labios de Valentina. Dio un paso atrás, tambaleándose, pero los brazos fuertes de Andrés la atajaron de inmediato, rodeándola con una firmeza protectora que impidió que cayera al suelo húmedo.

​—Él me quería muerta, Andrés… —susurró ella, con las lágrimas confundiéndose con la lluvia que le empapaba las mejillas—. He estado durmiendo al lado de mi asesino. Sus manos… las manos que me acarician por las noches son las mismas que firmaron mi sentencia.

​—Lo sé, mi pequeña flor, lo sé —le susurró Andrés, estrechándola con fuerza contra su pecho, meciéndola bajo el cobertizo mientras la tormenta arreciaba a su alrededor—. Pero ya no estás sola. Ahora sabes la verdad. Ese monstruo no va a volver a hacerte daño. Tengo los documentos financieros listos para presentarlos ante la fiscalía federal. Solo necesito que resistas un poco más.

​Andrés se inclinó y la tomó del rostro con ambas manos, obligándola a mirarlo. Sus ojos claros brillaban con una determinación feroz, un compromiso que iba más allá de la rivalidad empresarial o de la justicia; era el amor indomable de un hombre dispuesto a quemar el mundo entero con tal de mantenerla a salvo.

​—Tienes que volver a la mansión una última vez, Valentina —le dijo, y la urgencia en su voz era dolorosa—. Necesitamos que recojas el expediente original de tu caso de la caja fuerte, el que demuestra que usó actas de matrimonio falsas para retenerte. Con eso y con esta grabación, José pasará el resto de sus días tras las rejas.

​Valentina asintió despacio, sintiendo cómo el miedo primitivo comenzaba a transformarse en una rabia fría y calculadora, la misma tenacidad periodística que la había llevado a investigar a José en primer lugar. La debilidad de la muñeca de porcelana de la mansión se evaporó por completo, dando paso a la verdadera Valentina Silva.

​Se acercó a Andrés, buscando sus labios en un beso de despedida que tuvo el sabor amargo de la lluvia y la urgencia de la supervivencia. Fue un contacto breve pero de una sensualidad desesperada, un pacto sellado en el muelle bajo la tormenta. Sus cuerpos se buscaron con una última caricia antes de que la distancia se impusiera nuevamente por necesidad.

​Al darse la vuelta para emprender el regreso hacia la jaula de oro, Valentina apretó los puños. El miedo a José seguía allí, latiendo en su estómago, pero ahora estaba acompañado por una certeza inquebrantable: su salvador era su verdugo, y ella estaba lista para presenciar la caída de su imperio.

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Celina Espinoza
me gusta buen capitulo 👏
Celina Espinoza
🤭👏
Lobelia ❣️
👍👍
Celina Espinoza
me gustó 👏
Celina Espinoza
💯me gusta
Lobelia ❣️
👍
Lobelia ❣️
💯👍💯
Lobelia ❣️
💯👍está buena
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