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Entre Nosotros

Entre Nosotros

Status: En proceso
Genre:Fantasía LGBT / Yaoi / Romance / Completas
Popularitas:875
Nilai: 5
nombre de autor: Leamsi Espinoza

En la Facultad de Mecatrónica de Seúl, el amor está estrictamente prohibido por la competencia. Seo-jun (Líder del Grupo A) y Min-jae (el genio del Grupo B) son rivales declarados ante el mundo, pero amantes en secreto. Cuando el comité escolar manipula sus calificaciones para separarlos y obligarlos a competir por una beca única a Alemania, una red de secuestros y corrupción sale a la luz. Decididos a destruirlos, caen en una emboscada donde la Directora de la facultad les apunta con un arma. En un segundo de desesperación, Jae recibe una bala para salvar a Jun. ¿Podrá su amor sobrevivir a la muerte?
¡Descubre este apasionante thriller universitario lleno de romance, hackeos y traición!

NovelToon tiene autorización de Leamsi Espinoza para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

La Noche

La tensión acumulada durante seis años no se desvaneció en el trayecto; al contrario, se volvió casi insoportable, una masa densa que amenazaba con asfixiarlos. Cruzaron el campus de la universidad bajo el manto de la noche, evitando las luces directas de las farolas. Caminaban rápido, con un silencio sepulcral que contrastaba salvajemente con el caos que llevaban por dentro.

—Caminas demasiado rápido —masculló Min-jae entre dientes, aunque no soltó el agarre de su mano.

—Eres tú el que va arrastrando los pies, Min-jae. Si te vas a arrepentir, dilo ahora —replicó Seo-jun sin mirarlo, apretando los dedos con más fuerza.

—No te creas tan importante. Solo muévete.

En cuanto la puerta de la habitación de Min-jae se cerró detrás de ellos, el pestillo cayendo con un golpe seco y metálico, la última barrera de contención se destruyó por completo. No hubo más espacio para las evasivas.

Min-jae fue el primero en ceder al impulso primordial, empujando a Seo-jun contra la madera de la puerta. El impacto fue sordo, sacudiéndoles los huesos, pero a ninguno le importó. Min-jae lo buscó con una urgencia que rozaba la desesperación, devorando sus labios en un beso rudo, hambriento, cargado de toda la frustración, los celos y los años de rivalidad disfrazada.

—Me vas a volver loco, Seo-jun —gruñó Min-jae entre el beso, con la respiración completamente rota. Sus manos subieron desesperadas para enredarse en el cabello de Seo-jun, tirando ligeramente hacia atrás para exponer su cuello—. Llevas toda la maldita noche provocándome.

—¿Yo? Fuiste tú el que empezó con el jueguito de las miradas —respondió Seo-jun con un jadeo bajo, sintiendo el dolor y el puro placer del tirón en su cabello.

Agarró a Min-jae por las caderas con fuerza implacable y, con un movimiento rápido y dominante, le dio la vuelta para acorralarlo ahora a él contra la pared.

—Cállate y demuéstralo de una vez.

Sus manos, urgentes y torpes por la descarga de adrenalina, terminaron el trabajo que habían empezado en el pasillo. La camisa de Min-jae voló hacia algún rincón, los botones cediendo ante los tirones. Seo-jun se despojó de la suya con la misma prisa, dejando que el contraste de la piel cálida encontrándose en la penumbra los hiciera estremecer a ambos.

El roce de sus pechos desnudos envió una descarga eléctrica directo a sus entrañas. Seo-jun bajó el ritmo solo un segundo para mirar a Min-jae. La luz de la luna se colaba flojamente por la ventana, dibujando las líneas de su cuerpo. El Min-jae altanero, el genio arrogante que siempre tenía una respuesta ingeniosa para humillarlo en los laboratorios, estaba ahí: temblando bajo su toque, con los ojos nublados por el deseo.

—Seis años... —susurró Seo-jun, su pulgar presionando y delineando el labio inferior de Min-jae, que estaba hinchado.

—Seis años odiándote por hacerme sentir esto.

—No era odio, imbécil —respondió Min-jae, aunque la burla carecía de veneno; su voz era un hilo quebrado mientras arqueaba el cuerpo hacia el contacto—. Sabes perfectamente que no lo era. Si me odiaras, no me estarías mirando como si quisieras devorarme.

—Entonces deja que lo haga.

Seo-jun lo empujó suavemente hacia la pequeña cama universitaria. Min-jae cayó sobre las sábanas deshechas, mirándolo desde abajo con una vulnerabilidad que a Seo-jun le pareció la cosa más adictiva del mundo.

Seo-jun se posicionó entre las piernas de Min-jae, atrapando sus muñecas contra el colchón para inmovilizarlo. Los pantalones y la ropa interior pronto se convirtieron en un obstáculo eliminado, dejando sus cuerpos completamente expuestos, calientes y necesitados el uno del otro. El calor en la habitación era denso, impregnado del aroma de ambos.

—¿Qué pasa, Seo-jun? ¿Tienes miedo de que te gane en esto también? —provocó Min-jae, desafiándolo con la mirada a pesar de que su respiración era un desastre.

—Sigue hablando, Min-jae. Vamos a ver si puedes mantener esa boca abierta para algo más que quejarte —replicó Seo-jun con una sonrisa oscura.

Seo-jun comenzó a descender, dejando un rastro de besos húmedos e intensos y mordiscos ligeros por la clavícula de Min-jae, bajando por su pecho, devorando cada centímetro de piel mientras escuchaba cómo los jadeos del otro se volvían más agudos y constantes.

Con los dedos temblando ligeramente, Seo-jun estiró la mano hacia la mesa de noche, buscando a ciegas el lubricante. Al abrirlo, derramó una cantidad generosa sobre sus propios dedos, que se sentían helados en contraste con el calor ardiente que emanaba de ambos.

—Seo-jun... por favor, ya —suplicó Min-jae, con la cabeza echada hacia atrás y los músculos del abdomen contraídos al sentir la cercanía de los dedos húmedos.

—Despacio. No querrás que arruine tu preciosa anatomía —burló Seo-jun, aunque sus propios ojos estaban fijos y oscuros.

Llevó sus dedos hacia la intimidad de Min-jae, presionando con suavidad la entrada estrecha. Al primer roce, Min-jae soltó un gemido ahogado.

—Mírame, Min-jae. No cierres los ojos.

Seo-jun empujó el primer dedo lentamente, sintiendo cómo las paredes internas de Min-jae lo abrazaban con fuerza. Añadió un segundo dedo, moviéndolos en un ritmo circular y profundo para dilatarlo, buscando ese punto interno que hacía que Min-jae perdiera el juicio.

—¡Ah! Dios, Seo-jun... —gimió Min-jae, rompiéndose por completo, sus caderas elevándose inconscientemente buscando más—. Duele, pero... no pares, maldita sea.

—¿Quién es el que tiene prisa ahora? Mírame y dime de quién te vas a acordar a partir de hoy —exigió Seo-jun, incrementando la velocidad de sus dedos, estirando la piel y preparándolo para lo que vendría.

—De ti... ¡ah! Solo de ti, maldito sabelotodo —gimió Min-jae, mordiéndose el labio inferior hasta casi hacérselo sangrar, completamente entregado al placer.

Satisfecho con la preparación y sintiendo que ya no podía contenerse un segundo más, Seo-jun se deshizo de sus propios frenos. Su miembro, completamente erecto y rígido, presionó contra la entrada de Min-jae. Se tomó un instante para respirar, apoyando sus manos a ambos lados de la cabeza de Min-jae.

—Espera, espera... se siente demasiado grande —susurró Min-jae, tensando las piernas alrededor de los flancos de Seo-jun, con los ojos empañados por las lágrimas del propio esfuerzo.

—Voy despacio, mírame. Confía en mí por una sola vez en tu vida —respondió Seo-jun, y con un empuje firme y decidido, se enterró en él hasta la mitad.

El impacto de la estrechez y el calor interior hicieron que Seo-jun apretara los dientes, su frente perlándose de sudor. Min-jae soltó un grito desgarrado que amortiguó contra el hombro de Seo-jun, clavándole las uñas en la espalda. Seo-jun esperó, dándole tiempo a que su cuerpo se acostumbrara, antes de empujar el resto de su longitud, hundiéndose por completo.

—¿Estás bien? —jadeó Seo-jun, conteniendo el impulso de moverse de inmediato.

—Muévete... o juro que te golpeo —respondió Min-jae con una sonrisa temblorosa y los ojos llenos de una lujuria salvaje.

Seo-jun empezó a moverse. Al principio fueron estocadas lentas, deliberadas, saliendo casi por completo para luego hundirse con fuerza, disfrutando del sonido húmedo y carnal de sus cuerpos chocando. Pronto, el control se transformó en un frenesí salvaje.

Las estocadas se volvieron rápidas, profundas e implacables. Min-jae no paraba de gemir, su cabeza moviéndose de un lado a otro sobre la almohada, completamente perdido mientras sus propias manos se aferraban a las sábanas. Cada golpe certero de Seo-jun encuentra el punto exacto, haciendo que Min-jae se curvara, su propio miembro erecto rozando contra sus abdómenes unidos.

—¡Seo-jun! ¡Más rápido, por favor! —rogó Min-jae, perdiendo cualquier rastro de orgullo.

—Eres mío, Min-jae. Grábate eso —respondió Seo-jun, embistiendo con fuerza animal, sintiendo que el orgasmo lo reclamaba.

El ritmo se volvió caótico, un clímax de seis años de tensión acumulada que explotaba en esa pequeña cama. Min-jae se rompió primero, soltando un grito agudo mientras se corría sin siquiera tocarse, manchando sus estómagos con su esencia cálida.

Ese espasmo interno fue el detonante para Seo-jun, quien dio tres estocadas profundas más y se vino dentro de él con un gemido rudo, llenándolo con su calor mientras ambos colapsaban uno sobre el otro, con los corazones latiendo desbocados.

El sol de la mañana entró sin piedad por la ventana de la habitación, disipando la magia nocturna y trayendo consigo la cruda realidad de la luz del día.

Seo-jun fue el primero en abrir los ojos. Le dolía el cuerpo, pero el peso cálido de Min-jae durmiendo con la cabeza apoyada en su pecho era una sensación tan extraña como extrañamente reconfortante. Con cuidado para no despertarlo, Seo-jun se zafó y se sentó en el borde de la cama, pasándose las manos por la cara.

La adrenalina se había ido. En su lugar, una oleada de pánico e incertidumbre comenzó a asentarse en su estómago. Se habían acostado con su mayor rival. El lunes tendrían que compartir créditos en la entrega final, mirarse las caras frente al profesor, competir por el primer puesto de la generación.

Mientras se sumía en esos pensamientos oscuros, escuchó un movimiento detrás de él. Min-jae se estaba despertando. Se sentó, subiendo la sábana para cubrirse el torso, aunque las marcas rojas en su cuello eran imposibles de ocultar.

—Así que... —comenzó Min-jae, su voz notablemente rasposa por la noche anterior. Intentó adoptar su típica sonrisa arrogante, pero la comisura de sus labios tembló—.

Supongo que esto complica las cosas para la entrega del proyecto de control. No creo que podamos discutir sobre las variables sin pensar en esto.

Seo-jun lo miró de reojo, sintiendo una punzada de molestia, pero también de miedo—. ¿Es lo único en lo que piensas? ¿En las malditas notas?

—Tengo que pensar en algo, Seo-jun —replicó Min-jae, bajando la mirada hacia sus propias manos—. Si no pienso en las malditas notas, tengo que pensar en el hecho de que mi peor enemigo me destrozó la cama anoche... y en que me gustó más de lo que estoy dispuesto a admitir. No sé qué se supone que hagamos ahora. No sé cómo se supone que te mire en el laboratorio sin pensar en cómo se sentían tus manos sobre mí.

Esas palabras congelaron a Seo-jun. Se dio la vuelta por completo en la cama, acercándose a Min-jae. Las dudas seguían ahí, gigantescas y aterradoras. El miedo a arruinar sus carreras, a convertirse en el chisme de la universidad, a descubrir que quizás no sabían cómo ser otra cosa que rivales.

—¿Te gustó? —preguntó Seo-jun, su voz bajando de tono, despojada de cualquier hostilidad.

Min-jae suspiro, dejando caer la fachada por completo. Miró a Seo-jun a los ojos, con una honestidad brutal—. Me fascinó. Y eso es lo que me asusta. Hemos pasado seis años odiándonos, o fingiendo que nos odiábamos. ¿Qué pasa si mañana volvemos a discutir por una calificación y esto se vuelve un error?

Seo-jun guardó silencio un momento, procesando la confesión. De repente, el peso de las dudas comenzó a aligerarse, reemplazado por una certeza nueva y abrumadora. Sí, las cosas iban a ser difíciles. Probablemente se seguirían peleando por quién programaba mejor o quién entregaba el mejor reporte. Pero la base de todo había cambiado. Ya no era un vacío de rivalidad; era una pasión real.

Extendió la mano y, con una delicadeza que contrastaba con la fuerza de la noche anterior, tomó a Min-jae por la nuca, obligándolo a acercarse.

—Entonces que sea un error recurrente —susurró Seo-jun, justo antes de rozar sus labios—. Vamos a seguir compitiendo por todo, Min-jae. No te la voy a dejar fácil en la entrega del lunes. Pero ahora, el premio al final del día va a ser mucho mejor de lo que creíamos.

Min-jae soltó una pequeña risa, la primera risa genuina y suave que Seo-jun le escuchaba en años, y se inclinó para acortar la distancia—. Más te vale no bajar tu promedio, Seo-jun, porque no pienso tenerle lástima a mi novio en la escuela.

—¿Novio? —Seo-jun levantó una ceja, con una sonrisa grabada en el rostro.

—Cállate y bésame otra vez.

Min-jae devolvió el beso con la misma intensidad, aceptando que, aunque el futuro y los pasillos de la universidad fueran inciertos, lo que tenían entre manos valía completamente el riesgo.

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Sigma rd
realmente no entendí mucho, me parece que hay muy poco enemys y demasiado to lovers en el primer capítulo, no esperaba que el ambiente cambiara en tan solo unos párrafos
Leamsi Espinoza: quise enfocar su 'rivalidad' en el orgullo y la competencia, más que nada por el deseo de jun de 6 años jaja, pero conforme avanza la historia se explica que solo era orgullo de ambos, por eso no profundizó ese punto, pero muchas gracias 🥰
total 1 replies
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