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¿Será demasiado tarde, señor Rodrigues?

¿Será demasiado tarde, señor Rodrigues?

Status: Terminada
Genre:Romance / Amante arrepentido / Completas
Popularitas:20
Nilai: 5
nombre de autor: Dayane Castro

Carolina Ferreira creía haber encontrado el amor de su vida. Se casó llena de sueños e hizo todo lo posible para que el matrimonio funcionara. Pero, con el tiempo, empieza a sentir que algo no encaja. La distancia de Henrique Rodrigues no proviene solo de palabras duras, sino también del silencio, la frialdad y las ausencias nocturnas que hieren más que las peleas.

Henrique carga con un pasado que Carolina no conoce del todo y unas decisiones que nunca fueron realmente suyas. Mientras ella insiste en amar, él se cierra. Pero ningún corazón aguanta amar solo para siempre. Y cuando el sentimiento empieza a enfriarse, las consecuencias pueden ser irreversibles, y Henrique descubrirá que no se debe pisotear un corazón apasionado. Pero ¿será demasiado tarde?

NovelToon tiene autorización de Dayane Castro para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 10

Carolina,

Después del sermón, su madre se aleja, y él se queda parado como un tonto. Las chicas a las que me acerqué ayer para bailar, se acercan a mí, buscando conversación.

—Hola, somos hijas de los amigos de doña Vera. Me llamo Giselle, ella Katia y ella Camila. ¿Eres la esposa de Henrique, verdad?

—Sí, me llamo Carolina.

—Nunca pensé que él iba a dejar a Tatiane por ninguna mujer, pero qué bueno que está contigo, parece mejor que ella. —Siento curiosidad por saber cómo es la novia de mi marido, y presto atención a su conversación—. A ella no le gusta, solo estaba con él por la vida de lujo que le daba.

—Pero él la ama, ¿no recuerdas que el padre dijo que casi se enfrentó a doña Vera solo para estar con ella? Por suerte no lo hizo, o estaría perdido. Todo lo que ella quería, Henrique lo hacía, ojalá tuviera un amor así.

Y yo quería que él me mirara del mismo modo que la miraba a ella cuando intentó explicar que yo estaba mintiendo. Quería que él me amara un uno por ciento de lo que la ama a ella.

—Perdón, Carol, no queríamos ponerte triste. Él está contigo ahora, y ella perdió. — ¿Cómo decirles que ella no perdió, que yo nunca lo tuve? Doy una sonrisa disimulando, nadie necesita saber de mi sufrimiento sentimental.

Seguimos conversando un rato, hasta que doña Vera me llama y me dice que es hora de ir a comprar mi vestido. Explica que Henrique ya me está esperando en la habitación. Salgo de la piscina y sigo hasta donde él está. Henrique está sentado en la cama, y me mira mientras abro mi maleta, separo ropa para mí y voy a cambiarme en el baño.

Al salir, él ya no está aquí, entonces, tomo mi ropa y bajo al piso de abajo, donde él ya está en el coche esperándome. Se inclina, toma la tarjeta y me la extiende. Sé que por mi orgullo, no debería tomarla, pero si él está costeando la vida de lujo de la amante, yo no voy a ser tonta al punto de no gastar su dinero también.

—Compra lo que necesites. — La tomo y la guardo en mi bolso. Y bajo del coche. Apenas entro, comienzo a mirar los vestidos, uno más lindo que el otro, mis ganas son de llevarme todos.

—Hola, ¿puedo ayudarla? — Me giro hacia el vendedor, y sonrío asintiendo con la cabeza—. Dígame qué tipo de evento y le indico el mejor vestido.

—Es una fiesta de cumpleaños en una finca, pero la cumpleañera va a hacer una fiesta de gala esta noche.

—Tengo modelos perfectos para la ocasión, venga. — Seguimos hacia una parte más al fondo, y aquí los vestidos son aún más lindos. —Estos son especiales, el rojo y el verde le van a combinar, principalmente este verde agua. — Tomo el tejido en mi mano, y parece hecho de nube, de tan suave que es.

Él lo separa para mí, y voy al probador. Me lo pongo y hasta parece que fue hecho para mí. Me quedó perfecto. Me llama para ver si quedó bien, y salgo, dando algunas vueltas. Él sonríe, e incluso aplaude.

—Perfecto, va a deslumbrar. — Miro en el espejo y por el reflejo veo a Henrique viniendo. Sus ojos pasan por mi cuerpo, de abajo hacia arriba, hasta encontrarse con los míos por el reflejo. Me giro frente a él, y él deja de caminar justo al lado del vendedor. —¿Puedo ayudarlo, señor?

—Ella es mi esposa. — Me sorprende cómo dice eso con la boca llena, como si se sintiera orgulloso de ello. Hipocresía, apuesto a que solo porque el vendedor es hombre.

—Mis felicitaciones, ella es muy bonita. ¿Ha pensado en ser modelo, señorita?

—Ella es señora, y no señorita. — Él corrige al vendedor—. Señora Rodrigues.

—Ya cuando era niña, pero como solo éramos mi madre y yo, y ella no tenía condiciones de pagar por el book, terminé siendo camarera. — Sonrío, y él se sorprende con mi respuesta—. Pero quién sabe ahora, mi marido tiene dinero, puede ser que me convierta en modelo.

Él cierra la cara y yo entro a cambiarme. Doblo bien el vestido y cuando salgo, se lo entrego al vendedor, pues digo que lo voy a llevar. Henrique está pegado a mí, como si quisiera decir algo, pero con miedo de hablar. Tomo el vestido, pago, y salimos, volviendo al coche.

—Di lo que quieres decir.

—No quiero decir nada. Ni quería estar aquí. Pero aún queda un día, y luego todo esto va a terminar y vamos a volver a nuestra rutina.

—Verdad, solo que esta vez, será un poco diferente. — Él me mira sin entender—. No me quedaré más en casa esperando a que llegues. Los días de esposa tonta acabaron.

—¿Vas a abrir las alitas y salir volando?

—Sí, lo haré. Apenas pagar con la misma moneda lo que hacen conmigo. — Él frena el coche de golpe, y si no tuviera cinturón de seguridad, habría salido volando por el parabrisas. —¿Estás loco? — Él baja del coche y se queda frente a él. Bajo también y él se para frente a mí.

—Loca estás tú creyendo que vas a salir y quedarte toda la noche fuera, ¿vas a hacer qué, follar con hombres por ahí?

—¿Cómo es aquel dicho machista? Ah, recordé. Voy a buscar en la calle lo que no tengo en casa. Pero no te preocupes, Henrique, haré todo escondido para que nadie vea.

—Es mejor que ni lo intentes, o te vas a arrepentir de haber nacido. No me enloquezcas, Carolina, o puedes pagar muy caro por eso.

—Ya pago caro desde el día que me casé contigo. Estoy en una deuda que no tiene fin, peor que deber a un usurero. Creo que de todo lo que ya pasé contigo durante este mes de casamiento, no hay nada más que hagas que me sorprenda. Pero que sepas, así que salgas de casa, yo saldré también. ¿Vas tras la diversión? Yo también iré. — Él mira hacia el lado, y puedo ver la rabia que está sintiendo, pues las venas del cuello, están bien visibles. Vuelve a mirarme, se acerca a mí, de repente me tira con todo y me besa...

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