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El Secreto De Tus Ojos Miel

El Secreto De Tus Ojos Miel

Status: En proceso
Genre:Madre soltera / Reencuentro / Embarazo no planeado
Popularitas:11.5k
Nilai: 5
nombre de autor: Yamila22

Unas vacaciones de libertad era todo lo que Maya buscaba para escapar de una rutina asfixiante y de un novio que no la valoraba. Lo que nunca imaginó fue cruzarse con él: un hombre misterioso, de cabello oscuro y una mirada color miel tan magnética como peligrosa. Entre ellos, la atracción no fue normal; fue una obsesión instantánea. Fueron días y noches de una pasión ardiente, salvaje y sin reglas, bajo una única condición: no decirse sus nombres para que el sueño fuera eterno.
Pero los sueños terminan. Él desapareció primero, dejándola con el corazón acelerado y una realidad demoledora al regresar a casa. Tras enterarse de que estaba embarazada, su novio la abandonó de la peor manera, dejándola sola y señalada. Si no hubiera sido por el amor incondicional de su abuelo Walter, Maya no habría sabido cómo salir adelante.
Tres años después, el Destino los volvió a unir

NovelToon tiene autorización de Yamila22 para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 9: El refugio en los brazos del abuelo

El trayecto de regreso a la casa familiar fue un viaje sumergido en el más absoluto de los silencios. El coche avanzaba entre el tráfico de la tarde mientras las luces de la ciudad comenzaban a encenderse, parpadeando a través de la ventanilla empañada. Maya mantenía la frente apoyada contra el cristal frío, mirando sin ver, con el eco de los insultos de Camilo todavía retumbándole dolorosamente en la cabeza. A su lado, Luli manejaba con la vista fija en el frente, manteniendo una mano firme sobre la rodilla de Maya en un gesto silencioso de apoyo puro, mientras Lucía, desde el asiento trasero, le pasaba de vez en cuando un pañuelo limpio para secar las lágrimas que no dejaban de brotar de sus ojos.

Cuando el auto se detuvo frente a la reja de la vieja y elegante casa del abuelo Walter, Maya sintió que el estómago se le comprimía en un puño cerrado. Era el momento de la verdad. La humillación de Camilo había sido un golpe al orgullo, pero la posibilidad de decepcionar al único hombre que lo había dado todo por ella tras la muerte de sus padres era un terror que paralizaba sus sentidos.

—¿Quieres que entremos contigo, May? —preguntó Lucía con dulzura, asomándose entre los asientos delanteros.

Maya respiró hondo, tragándose el nudo de angustia que amenazaba con asfixiarla, y negó con la cabeza, esbozando una sonrisa forzada pero agradecida.

—No, chicas. Les agradezco con el alma todo lo que hicieron hoy, en especial esa patada de campeonato —dijo mirando a Luli, lo que le arrancó una pequeña y rota risita—. Pero esto es algo que debo hacer a solas con él. Es mi abuelo, le debo la verdad cara a cara.

—Está bien, mi amor. Pero recuerda lo que te dijimos: aquí no hay nada de qué avergonzarse. Ese bebé ya tiene a las mejores tías del mundo, y tu abuelo te ama más que a su propia vida —sentenció Luli, dándole un fuerte apretón de manos antes de dejarla bajar.

Maya bajó del auto, arreglándose la blusa y respirando el aire fresco de la noche para intentar recomponer su postura. Escuchó el motor del coche alejarse y caminó hacia la entrada principal. Con dedos temblorosos, introdujo la llave en la cerradura y empujó la pesada puerta de madera.

El interior de la casa la recibió con su calidez de siempre. El aroma a madera encerada, a té de manzanilla y a los libros viejos que su abuelo tanto amaba inundaba el recibidor. Desde la sala de estar, la luz mortecina de una lámpara de pie recortaba la silueta del abuelo Walter, quien se encontraba sentado en su sillón orejero de cuero, revisando con lentitud unas carpetas de la empresa.

Al escuchar los pasos de su nieta, el anciano levantó la mirada por encima de sus gafas de lectura. Bastó un solo segundo para que la sabiduría de sus años detectara que algo andaba terriblemente mal. Dejó los papeles sobre la mesa ratona y se quitó los anteojos de inmediato.

—¿Maya? Hija, ¿qué pasa? —preguntó Walter, levantándose con esa ligereza protectora que siempre lo caracterizaba a pesar de sus dolores de espalda—. Estás blanca como un papel, mi niña. Ven aquí.

Ese tono de voz, impregnado de un amor incondicional y una paz absoluta, fue el detonante para que las defensas de Maya se derrumbaran por completo. Cruzó la distancia que los separaba a zancadas torpes y se arrojó a los brazos de su abuelo, escondiendo el rostro en su pecho, estallando en un llanto desgarrador, lleno de hipos y angustia acumulada.

Walter la rodeó con sus brazos fuertes y protectores, acariciándole el cabello castaño con paciencia infinita, balanceándola suavemente como cuando era una niña pequeña que temía a la oscuridad tras la pérdida de sus padres.

—Llora, mi amor, llora todo lo que necesites —le susurraba al oído con voz ronca y paternal—. Aquí estás a salvo. Nada malo te va a pasar mientras este viejo siga respirando. ¿Qué pasó? ¿Es por el trabajo? ¿Ese muchacho, Camilo, te hizo algo?

Maya tardó varios minutos en poder recuperar el aire. Se separó un poco, limpiándose las mejillas con las manos temblorosas, incapaz de sostenerle la mirada a esos ojos sabios que tanto la habían guiado. Se sentó en el borde del sillón adyacente, con la cabeza gacha, sintiendo que el peso de la culpa la aplastaba.

—Abuelo... fui una tonta. Cometí un error enorme y destruí todo —comenzó a decir con la voz rota, con un hilo apenas audible—. Fui a ver a Camilo hoy... y terminamos. Pero eso no es lo peor.

Walter se arrodilló frente a ella con cierta dificultad, tomando sus manos frías entre las suyas, cálidas y ásperas por los años de trabajo.

—Mírate, Maya. Tú no eres ninguna tonta y no has destruido nada que no pueda repararse —le dijo con firmeza, obligándola a levantar la barbilla—. Dime qué pasa. Sabes que puedes decirme lo que sea.

Maya cerró los ojos, tomó una bocanada de aire y soltó las palabras que cambiarían su universo entero:

—Estoy embarazada, abuelo. Estoy esperando un bebé. Y... y no es de Camilo. Pasó en las vacaciones, con el hombre del que te hablé, el extraño de la playa del que ni siquiera sé el nombre. Camilo me insultó, me trató de lo peor, me dijo que era una cualquiera y que daba asco... Y tiene razón, abuelo. Fui una irresponsable, arruiné mi futuro, arruiné tu apellido y ahora...

Maya se interrumpió, esperando el golpe del silencio decepcionado, el suspiro de tristeza o el reproche que confirmara sus peores temores. Se encogió sobre sí misma, preparándose para el dolor de ver al abuelo Walter decepcionado de ella.

Sin embargo, lo que recibió la dejó completamente helada.

Walter no se movió. No la soltó de las manos. Al contrario, sus dedos apretaron los de ella con una fuerza renovada. Maya abrió los ojos lentamente y se topó con el rostro de su abuelo. Para su absoluta sorpresa, no había ni una sola pizca de enojo, ni de vergüenza, ni de reproche en sus facciones. Sus ojos ancianos estaban húmedos, sí, pero brillaban con una intensidad desbordante, con una luz de pura y auténtica emoción que Maya jamás le había visto.

Una sonrisa enorme, cansada pero rebosante de una felicidad genuina, comenzó a dibujarse en los labios del anciano.

—¿Un bebé? —susurró Walter, con la voz temblando por una emoción que le ensanchaba el pecho—. ¿Voy a ser bisabuelo, Maya? ¿Una criatura nueva va a correr por estos pasillos?

—Abuelo... ¿no estás enojado? —preguntó ella, completamente desconcertada, parpadeando entre las lágrimas—. ¿No escuchaste lo que te dije? Es de un extraño, no sé quién es el padre, no tengo pareja, la gente de la empresa va a murmurar, y Camilo dijo...

—¡Que al demonio con lo que diga ese mequetrefe de Camilo y que al demonio con los murmullos de los demás! —interrumpió Walter con una energía y una autoridad que hicieron eco en toda la sala, levantándose por completo y jalando a su nieta para pegarla de nuevo a su corazón—. ¡Escúchame muy bien, Maya! Un hijo nunca, jamás en esta vida, será un error ni una ruina. Un bebé es una bendición, es sangre de nuestra sangre, es una extensión de la vida de tus padres que regresa a nosotros.

Walter la apartó un poco para mirarla fijamente, tomándole el rostro entre sus manos cálidas, con una adoración que le devolvió la vida al alma de Maya en un segundo.

—Ese cobarde no supo ver la mujer maravillosa que eres, y te hizo un favor al largarse. ¿Un extraño de las vacaciones? No me importa si es el rey de Roma o un hombre sin nombre. Ese niño o niña es tuyo, es de nuestra familia. Dios sabe que esta casa ha estado demasiado silenciosa desde que tus padres se fueron, y que mis días ya se sentían apagados. ¡Me has dado la noticia más maravillosa del mundo, hija! ¡Soy el hombre más feliz de la tierra!

Maya sintió que un peso colosal se desprendía de su espalda, permitiéndole respirar por primera vez en semanas. El llanto regresó, pero esta vez fue un llanto de puro alivio, de gratitud inmensa hacia ese viejo sabio que la rescataba del abismo con su amor gigante.

—Gracias, abuelo... gracias —alcanzó a articular, abrazándolo por la cintura.

—No tienes nada que agradecer, mi niña —Walter la besó en la frente, acariciándole el cabello con ternura, mientras su mirada se volvía firme y decidida, adquiriendo una promesa inquebrantable—. Escúchame bien: a partir de hoy, ese bebé es mi prioridad absoluta. Yo voy a ser su escudo, su protector y su guardián. No le va a faltar un apellido, no le va a faltar un hogar y te juro que le va a sobrar el amor. Tú vas a seguir adelante con la empresa, vas a ser una madre espectacular y juntos, los tres, vamos a levantar este hogar con más fuerza que nunca. Que el mundo ruede, Maya. Nosotros somos los Novak, y a los nuestros los defendemos hasta el final.

Esa noche, sentados en el comedor bajo la luz cálida, el abuelo Walter obligó a Maya a tomarse una taza de sopa caliente y un té para calmar las náuseas, planificando ya con alegría desbordante la remodelación de la habitación que se convertiría en el cuarto del bebé. Al ver la felicidad en los ojos de su abuelo, Maya tocó su vientre aún plano, sintiendo que el miedo desaparecía para dar paso a una fuerza nueva. El extraño de los ojos miel se había ido, pero le había dejado el regalo más sagrado, y con el abuelo Walter a su lado, estaba lista para enfrentar cualquier tormenta que el destino le tuviera preparada.

1
HILDA BENÍTEZ ALFONSO
Fuerza escritora que te mejores pronto
Rita García Zagada
uum pa eso me gustaba tan buena pero no termino
Rita García Zagada
es la prima y yo que pensaba que era el novio de maya
Carola Videla 😈🇦🇷
nonpuede salirse con la suya no🤬🤬🤬🤬🤬🤬🤬🤬🤬🤬🤬🤬🤬
Carola Videla 😈🇦🇷
ojalá que hayan visto el mensaje, que se deshaga de su original, es un parásito
Rita García Zagada
no sería el novio de Eya que la aya seguido
Rita García Zagada
la sangre llama ee
Rita García Zagada
aso ese abuelo vale oro es puro amor
Miraval 💃🇨🇴🇨🇴🇨🇴🇨🇴🇨🇴
Prima sinvergüenza. 🤨🧐🤔🇨🇴🇨🇴🇨🇴
Miraval 💃🇨🇴🇨🇴🇨🇴🇨🇴🇨🇴
Debió invitar al abuelo también. 🤨🧐🤔🇨🇴🇨🇴🇨🇴
Miraval 💃🇨🇴🇨🇴🇨🇴🇨🇴🇨🇴
Aja, con que esas tenemos, la prima podría ser el cerebro de la maldad. 🤨🧐🤔🇨🇴🇨🇴🇨🇴🇨🇴🇨🇴
Miraval 💃🇨🇴🇨🇴🇨🇴🇨🇴🇨🇴
Cómo así? Y yo echándole culpas a la amiga....pero esa tal Mariana no creo que actúe sola. 🤨🧐🤔🇨🇴🇨🇴🇨🇴🇨🇴🇨🇴
Miraval 💃🇨🇴🇨🇴🇨🇴🇨🇴🇨🇴
Ay no, la amiga, pero por qué? 🧐🤔🇨🇴🇨🇴🇨🇴🇨🇴
Miraval 💃🇨🇴🇨🇴🇨🇴🇨🇴🇨🇴
Y qué fue de la vida de las dos amigas? 🤔🤔🇨🇴🇨🇴🇨🇴🇨🇴
Miraval 💃🇨🇴🇨🇴🇨🇴🇨🇴🇨🇴
Cuál es el apellido? Novak o Miller? 🤔🤔🇨🇴🇨🇴🇨🇴🇨🇴🇨🇴🇨🇴
Miraval 💃🇨🇴🇨🇴🇨🇴🇨🇴🇨🇴
Ay Dios. 🤔🤔🤔🤔🇨🇴🇨🇴
Miraval 💃🇨🇴🇨🇴🇨🇴🇨🇴🇨🇴
Camilo?.....La amiga? .....🤔🤔🤔🤨🤨🧐🧐🇨🇴🇨🇴🇨🇴🇨🇴🇨🇴
Miraval 💃🇨🇴🇨🇴🇨🇴🇨🇴🇨🇴
Sería la amiga que cambio la nota? ojalá no sea así....🧐🤨🤔🇨🇴🇨🇴🇨🇴🇨🇴
Miraval 💃🇨🇴🇨🇴🇨🇴🇨🇴🇨🇴
👏👏👏👏🇨🇴🇨🇴🇨🇴🇨🇴🇨🇴
Miraval 💃🇨🇴🇨🇴🇨🇴🇨🇴🇨🇴
Así como tuvo el poder para averiguar en el hospital todo lo relacionado con el nacimiento de Cielo, por qué no averiguó en el hotel la identidad de Maya? 🧐🤨🤔🇨🇴🇨🇴🇨🇴🇨🇴
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