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Obsesionada Con El Profesor

Obsesionada Con El Profesor

Status: Terminada
Genre:Amor prohibido / Grandes Curvas / Romance / Completas
Popularitas:13.2k
Nilai: 5
nombre de autor: Alicegxoxo

Nunca planeé enamorarme de mi profesor.

Simplemente ocurrió.

Una clase fue suficiente para que dejara de verlo como un hombre cualquiera y empezara a convertirlo en el centro de todos mis pensamientos.

Desde entonces, cada excusa era perfecta para estar cerca de él.

Cada mirada alimentaba mi esperanza. Cada rechazo solo aumentaba mis ganas de conquistarlo.

Dicen que hay amores imposibles.

Yo no creo en lo imposible y si el destino insiste en poner reglas entre nosotros...

Me encargaré de romperlas una por una.

Porque él todavía no lo sabe... Pero algún día será solo MIO.

NovelToon tiene autorización de Alicegxoxo para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Todo el mundo hablaba de él

...JULIETA...

​Siempre he creído que las universidades son como las familias: tienen chismes, favoritos, villanos y esa persona de la que todo el mundo habla, aunque tú todavía no tengas la menor idea de quién es.

​Descubrí que mi teoría era cierta exactamente a las ocho y doce de la mañana, mientras intentaba encontrar el edificio de Psicología con un café en una mano, el celular en la otra y una mochila que parecía haber decidido declararme la guerra.

​—¡Ay!

​Escuché el golpe antes de entender lo que había pasado. No se cayó una sola cosa. Se cayó absolutamente todo: mi agenda, un resaltador, cinco esferos, un paquete de galletas y, por supuesto, el café terminó salpicando mis tenis blancos.

​Cerré los ojos y suspiré hacia el cielo.

​—Universo... ¿Podrías disimular un poco que me odias?

​—¿Siempre haces entradas tan dramáticas?

​Levanté la cabeza. Frente a mí había una chica de cabello castaño y rizado, con unos enormes lentes redondos. Estaba agachada recogiendo mis cosas y sonreía como si verme hacer el ridículo hubiera sido el mejor espectáculo de la mañana.

​—Solo los martes —respondí.

​Me entregó uno de mis esferos.

​—Hoy es lunes.

—Entonces hice una excepción.

​Ella soltó una carcajada.

​—Me caes bien.

—¿Por qué soy simpática?

—No. Porque eres un desastre.

​Le arrebaté la agenda fingiendo indignación.

​—Qué manera tan elegante de insultar a alguien que acabas de conocer.

—Lo digo con cariño.

​Nos quedamos observándonos unos segundos hasta que estiró la mano.

​—Soy Emma.

—Julieta —dije, estrechándola.

—Mucho gusto, Julieta.

—El gusto dependerá de si logras ayudarme a encontrar el edificio de Psicología.

​Emma arqueó una ceja.

​—¿Eres nueva?

—¿Se nota tanto?

—Acabas de preguntarle la dirección a una estatua.

​Parpadeé confundida y giré lentamente la cabeza. Sí. Había estado hablándole al busto de un señor de bronce con expresión de muy pocos amigos.

​Emma comenzó a reír tan fuerte que terminó inclinándose hacia adelante, mientras yo solo podía cubrirme la cara con las manos.

​—Quiero renunciar —murmuré.

—¿El primer día?

—Ni siquiera llevo una hora aquí.

—Vas rompiendo récords.

​Y, contra todo pronóstico, terminé riéndome con ella.

​Resultó que Emma también acababa de empezar la carrera. En menos de quince minutos ya conocía media historia de su vida: vivía con su abuela, hablaba demasiado cuando estaba nerviosa, coleccionaba separadores de libros y era incapaz de preparar arroz sin quemarlo.

A cambio, ella descubrió que yo cocinaba igual de mal, que tenía una ligera adicción al chocolate y que era perfectamente capaz de perder las llaves mientras las llevaba en la mano.

​—Vamos a llevarnos muy bien —sentenció Emma mientras caminábamos.

—¿Por qué tenemos muchas cosas en común?

—No. Porque ninguna sobreviviría sola.

​Me eché a reír. No podía discutirle; tenía toda la razón.

​Mientras avanzábamos por el campus, observé a los estudiantes que iban y venían. Algunos corrían con libros bajo el brazo, otros estudiaban sentados bajo los árboles y había parejas caminando de la mano como si el resto del mundo no existiera. Por un instante sentí una mezcla extraña de emoción y miedo.

​Todo era nuevo: las personas, las clases, la universidad. Y yo nunca había sido especialmente buena enfrentándome a los cambios.

​—¿En qué piensas? —me sacó Emma de mis pensamientos.

—En que espero no ser la más torpe del grupo.

—Llegaste hablándole a una estatua —sonrió divertida—. No prometo nada.

​Le di un pequeño empujón en el hombro.

​—Empiezo a arrepentirme de haberte conocido.

—Mentira. Ya me quieres.

​Rodé los ojos. Tal vez sí. Un poquito.

​Cuando llegamos al edificio de Psicología, el pasillo estaba lleno de estudiantes. Un grupo conversaba con tanta emoción que era imposible no escucharlos.

​—¿También les tocó Psicología de la Conducta?

—Sí.

—Qué mala suerte.

—¿Por qué?

—Porque la dicta Ferrer.

​Emma me lanzó una mirada de reojo.

​—Ya empezaron...

—¿Quién es Ferrer? —pregunté en voz baja.

​Ella abrió la boca para responder, pero otro estudiante se adelantó:

​—El profesor más difícil de la facultad.

—También dicen que es el mejor —añadió una chica.

—Y el más exigente. Mi hermano estudió con él y todavía tiene pesadillas.

​Las risas estallaron alrededor.

​—¿Tan terrible es? —pregunté, metiéndome en la conversación.

—Lo terrible es que siempre tiene razón —respondió un muchacho con una botella de agua en la mano—. Si no estudias, te hace una sola pregunta y descubres que no sabes absolutamente nada.

—Pero jamás humilla a nadie —aclaró la chica—. Simplemente, te hace pensar hasta que tú mismo encuentras la respuesta.

​Emma negó con la cabeza y me haló suavemente del brazo.

​—No les hagas caso. Todos los semestres hablan de él como si fuera una leyenda.

​Asentí, divertida. La gente exageraba demasiado. Después de todo... ¿Qué podía tener de tan especial un profesor?

​Consulté mi horario por tercera vez: Salón 304. Miré el reloj.

​—No puede ser...

—¿Llegamos tarde? —se preocupó Emma.

—No. Pero faltan dos minutos.

—Julieta... respira.

​Subimos las escaleras a toda prisa. Cuando llegamos al tercer piso, el pasillo estaba completamente vacío. Solo una puerta permanecía abierta: la 304.

​Me acomodé el cabello con la mano y respiré hondo.

​—¿Lista?

—Lista —asintió Emma.

​Entré al salón y el corazón se me fue directo al estómago. Todas las sillas estaban ocupadas. Todas. Excepto una: la única silla libre estaba en la primera fila, justo frente al escritorio del profesor.

​Solté el aire lentamente.

​—Esto tiene que ser una broma...

​Di un paso al frente. Entonces, una voz masculina, grave y completamente serena, rompió el murmullo del aula:

​—¿Piensa quedarse de pie toda la clase, señorita...?

​Sentí que todas las miradas del salón caían sobre mí al mismo tiempo. Tragué saliva.

​—Julieta.

​Hubo un breve silencio en el que el aire pareció congelarse.

​—Bienvenida, Julieta.

​Obligué a mis ojos a levantarse. Y, por primera vez... vi al profesor Ferrer.

1
Miriam Hernández salinas
yo cteo que ahora así ya se perdió en su propia obsesión
Rubí Salgado
al principio pensé que Gael solo jugaría con ella pero no fue un amor tan grande que lo salvó de esa mala persona
Rubí Salgado
el amor triunfo ante la maldad de una persona malvada gran historia y hermosa gracias autora por ella
Rubí Salgado
el pasado es pasado isi mal pero el padre fue quien fue el culpable más directo de lo que ISO
Rubí Salgado
que padres tan tontos casi matan asu hija por creer en una desgraciada
Rubí Salgado
que joyita tan podrida resultó la victoria y para cuando dejarán libre a julieta
Rubí Salgado
Gael rescata a julieta 😢
Rubí Salgado
que padre tan tarado cayó en la manipulación de victoria y destruirá asu propia hija y ara lo que no quería que hiciera matarla de a poco
Rubí Salgado
el padre de verdad dio su consentimiento no la loca de la Victoria la quiere volver loca para quedarse con Gael
Rubí Salgado
sabía que esa desgraciada tenía que ser la loca desquiciada Gael rescata a julieta
Rubí Salgado
aquí la única demente es la victoria y por que con ella Gael si puede estar y no con alguien más
Rubí Salgado
y es que victoria no es lo mismo que está asiendo no quiere dejar a Gael por qué siente lo mismo que Elena dependencia asia el
Rubí Salgado
hay y ahora que más Gael de verdad escondes algo o es solo la victoria fastidiando por qué no la escogiste a ella
Rubí Salgado
yo creo que victoria tubo que ver con lo que le pasó a Elena también y a mas era parte de su pasado y victoria se encargó de desenterrarlo para destruirlo y tenerlo atado a ella
Rubí Salgado
escúchalo y después desides
Rubí Salgado
ahora falta la versión de Gael todavía hay que ver
Rubí Salgado
hay que darle un boto de confianza a Gael no nos decepciones
Rubí Salgado
talvez si estuvo en el psiquiátrico pero está afuera por qué ya tubo el tiempo para sanar pero está cada rato selo recuerda para descontrolar su vida
Rubí Salgado
quiero creer que aquí la única loca es victoria y ara de todo para que Gael siempre esté asu lado aunque lo aleje de todos los que de verdad lo aman
Rubí Salgado
ya cuéntales ya saben todo por victoria y demás cosas que los puso en tu contra
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