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El Mafioso Que Me Eligió

El Mafioso Que Me Eligió

Status: Terminada
Genre:Amor-odio / Traiciones y engaños / Mafia / Completas
Popularitas:2k
Nilai: 5
nombre de autor: Maria del Rosario González

Soraya es una estudiante común cuya vida se rompe cuando la deuda de su padre la vincula con un mundo peligroso dominado por intereses ocultos. Entre Víctor, su novio, y Sebastián, un hombre enigmático ligado a esa deuda, su realidad comienza a distorsionarse.
Lo que parece un triángulo amoroso pronto revela algo más profundo: fuerzas invisibles que intentan influir en su vida, definir quién es y controlar sus decisiones.
Cuando todo contacto con su pasado empieza a cortarse, Soraya descubre que no está eligiendo entre dos hombres, sino entre ser moldeada por otros o reconstruirse desde cero.
Al final, su mayor decisión no es amorosa… es identitaria: dejar de ser definida por todos para convertirse en sí misma.

NovelToon tiene autorización de Maria del Rosario González para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 10: La danza de los leales

​El estruendo de los vehículos que cercaban la propiedad no dejaba lugar a dudas: el tiempo de las sutilezas había concluido. Los cristales del despacho, una barrera de vidrio que antes parecía sólida, vibraron ante el impacto de los focos de búsqueda que escaneaban la mansión como dedos inquisidores. La mujer, cuya elegancia se mantenía intacta incluso ante la inminente violencia, se movió con una agilidad felina hacia una estantería cargada de libros antiguos.

​—No hay tiempo para explicaciones detalladas —dijo ella, pulsando un mecanismo oculto en el lomo de un tomo encuadernado en cuero—. Estos hombres no buscan un activo financiero; vienen a purgar una deuda histórica que tu existencia representa. Sebastián se enfrentó a ellos en la mansión porque sabía que este momento llegaría. Él te está buscando, Soraya, pero no como un amante posesivo, sino como un soldado que busca la única bandera por la que vale la pena morir.

​Soraya, con el anillo aún apretado en su puño como un amuleto de poder, observó cómo una parte del suelo de roble se hundía, revelando una escalera de caracol que descendía hacia la negrura de los cimientos. Su belleza, que horas antes se marchitaba en la jaula de cristal de Sebastián, ahora resplandecía con una ferocidad nueva. Sus facciones, afiladas por la adrenalina, tenían la firmeza del granito. No era ya la joven que se dejaba arrastrar por los acontecimientos; era la soberana de un legado que empezaba a comprender.

​—¿Dónde está él? —preguntó ella, bajando los primeros peldaños hacia la oscuridad—. ¿Dónde está Sebastián?

​—Él está haciendo lo único que sabe hacer: atraer el fuego hacia sí mismo —respondió la mujer, cerrando la escotilla tras ellas, dejando que el sonido de los disparos se apagara como un eco lejano—. Él cree que protegiéndote desde la distancia te salva, pero subestima el poder que llevas en tu sangre. Tú eres la clave que puede desbloquear los archivos de los fundadores. Si ellos obtienen esa información, la ciudad entera se convertirá en una celda.

​Mientras descendían, el aire se volvía más denso, cargado del olor a tierra húmeda y metal oxidado. Soraya se detuvo, obligando a la mujer a mirarla a los ojos. Había una verdad que necesitaba ser dicha, un peso que su corazón no podía cargar por más tiempo.

​—Dime la verdad —sentenció Soraya, con una voz que sorprendió incluso a su acompañante por su frialdad—. ¿Sebastián me ama, o solo ama la idea de lo que puedo hacer por él?

​La mujer se detuvo, y por primera vez, su máscara de hierro flaqueó. Sus ojos, profundos y cargados de una sabiduría ancestral, se suavizaron al contemplar a la joven.

​—El amor, en el mundo de los Sebastián, es una enfermedad incurable. Él te ha amado desde que te vio por primera vez en aquel museo, años atrás, cuando aún eras una desconocida para él. Ha construido una vida a tu alrededor, ha manipulado hilos para mantenerte a salvo en una burbuja de cristal, creyendo que el ignorancia era el mejor regalo. Su error no fue su obsesión, Soraya, sino su miedo a que, si supieras la verdad, lo verías como el monstruo que él cree ser.

​La revelación golpeó a Soraya con la fuerza de un impacto físico. Sebastián, el hombre de hierro, el estratega frío, no la había secuestrado solo por una deuda; la había aislado para protegerla de un destino que él mismo no podía evitar. Víctor, en cambio, era la máscara opuesta: el engaño perfecto, la sonrisa que ocultaba el veneno.

​De repente, un estruendo en la superficie hizo temblar las escaleras. La casa estaba siendo tomada por asalto.

​—¡Sigue bajando! —ordenó la mujer—. Al final del pasillo encontrarás un terminal. Usa el anillo. Debes abrir los archivos de la familia. Es la única forma de enviar una señal de socorro que Sebastián pueda rastrear.

​Soraya corrió. Sus pasos resonaban en el túnel subterráneo, una carrera contrarreloj contra un destino que llevaba siglos escribiéndose. Al final del pasillo, una consola de interfaces holográficas, alimentada por una tecnología que parecía pertenecer a otro siglo, aguardaba. Colocó el anillo en una ranura central. El metal grabó un sello de luz azul sobre la pantalla, y de repente, una cascada de datos, nombres, fechas y planos arquitectónicos de la ciudad se desplegaron ante ella.

​Era la historia prohibida. Los nombres de los fundadores, las cuentas ocultas que movían los hilos del gobierno, y, más importante aún, el nombre del hombre que realmente dirigía la facción enemiga. Soraya sintió una punzada de dolor cuando leyó el nombre. No era un extraño. Era alguien que había estado en su vida desde siempre, alguien que había jurado protegerla.

​En ese instante, una figura emergió de las sombras del pasillo. No era la mujer que la había guiado, ni los hombres armados del asalto. Era Sebastián. Su abrigo estaba desgarrado, su respiración era un siseo de dolor, y su rostro, esa belleza devastadora que parecía imposible de dañar, estaba cubierto de sudor y sangre.

​Se tambaleó hacia ella, con los ojos brillando con una devoción que iba más allá de la obsesión.

​—Sabía que vendrías aquí —jadeó él, intentando mantenerse en pie—. Sabía que la sangre no te dejaría otra opción.

​—¿Quién es él, Sebastián? —preguntó ella, señalando el nombre en la pantalla—. ¿Quién nos está haciendo esto?

​Sebastián miró la pantalla, y una sonrisa amarga curvó sus labios, revelando el dolor de toda una vida de engaños.

​—Es el hombre que me enseñó a ser un monstruo —respondió él—. Mi padre.

​El aire en el búnker se volvió gélido. Soraya comprendió entonces que no era un triángulo amoroso, ni una simple guerra de poder. Era una tragedia familiar convertida en un juego de ajedrez donde ella era, al mismo tiempo, el tablero y la reina.

​—Entonces terminemos con esto —dijo Soraya, poniendo sus manos sobre los controles—. Vamos a exponerlos a todos.

​La alianza entre el hombre que la secuestró y la mujer que acababa de descubrir su propio poder era un hecho. Ya no eran piezas; eran los arquitectos de su propia liberación.

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pryz
Hola belleza, leí y no entendí nada pero parece buena, sigamos adelante 😉
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