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Mi Sexy Jefe Es el Padre de Mi Enemiga

Mi Sexy Jefe Es el Padre de Mi Enemiga

Status: En proceso
Genre:CEO / Amor prohibido / Romance de oficina
Popularitas:4k
Nilai: 5
nombre de autor: Celeste A. Godoy

Estaba desesperada. A punto de perder mi carrera por no poder pagar la matrícula, acepté ser la asistente personal del imponente Nicolas Donovan. Él es todo lo que intimida: cuarenta y tres años, poder absoluto y una mirada tan oscura que me desnuda el alma. La tensión entre nosotros es un fuego a punto de estallar cada vez que nos encerramos en su oficina. Pero el infierno se desató cuando vi ese portarretratos en su escritorio. Nicolas es el padre de Vanessa, mi peor enemiga. Entregarme a él significa arriesgarlo todo. ¿Pero... cómo me resisto al hombre que ya logró dominarme?

NovelToon tiene autorización de Celeste A. Godoy para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

CAPÍTULO 6: ESCONDITE FORZADO

Chloe Bennett

El pánico es un veneno helado. Te paraliza la garganta, te entumece los músculos y te anula la capacidad de pensar con claridad. El sonido de los pasos de Nicolas Donovan acercándose por el pasillo exterior era la marcha de mi propia ejecución.

Si me encontraba en su oficina con esa expresión de terror, mirando fijamente el retrato de su hija, haría preguntas. Y yo no sabía mentir bajo la presión de sus ojos.

—Papá, ¿entonces confirmamos la cena con los inversores de Tokio para el martes?

La sangre se me congeló por completo en las venas. Esa voz. No era la secretaria de Nicolas. Era una voz más joven, aguda, mimada y cargada de una insoportable soberbia que reconocería aunque estuviera a un kilómetro bajo tierra.

Vanessa.

Vanessa estaba aquí, en el edificio. Estaba a solo unos pasos de cruzar esa puerta junto a su padre.

Si entraba y me veía, todo se terminaría. Mi carrera, mi beca, mi libertad financiera... todo se derrumbaría en un segundo bajo el peso de sus mentiras y su crueldad. Nicolas la escuchaba a ella, era su hija única. A mí me vería como a una simple empleada reemplazable que intentaba meterse en su círculo familiar.

Miré a mi alrededor, desesperada. La oficina presidencial era enorme, pero minimalista; no había dónde ocultarse. El escritorio de cristal negro era abierto. Los ventanales no ofrecían refugio. Mis ojos verdes se clavaron en la única puerta lateral: el baño privado de Nicolas.

No lo pensé. Movida por un instinto primitivo de supervivencia, corrí hacia la puerta de madera doble, la abrí sin hacer ruido y me deslicé al interior, cerrándola justo en el instante en que la puerta principal del despacho se abría con un golpe seco.

Apoyé la espalda contra la madera fría del baño, conteniendo la respiración con tanta fuerza que me ardían los pulmones. El espacio era un santuario de mármol gris, iluminado por luces LED tenues y con un olor penetrante a la colonia de Nicolas: maderas, tabaco caro y un magnetismo puramente masculino.

A través de la delgada rendija de la puerta, las voces del exterior me llegaron amortiguadas pero perfectamente claras.

—Te dije que no era necesario que subieras, Vanessa —La voz de Nicolas resonó, profunda, áspera y notablemente fastidiada. El barítono de su tono me hizo estremecer incluso a través de la pared—. Tengo demasiado trabajo acumulado con los balances de Rusia como para atender tus caprichos de fin de semana.

—¡Ay, papá, por favor! —se quejó Vanessa, y escuché el chasquido molesto de sus tacones de marca sobre el suelo de la oficina—. Solo pasaba a pedirte la tarjeta negra. Mis amigas y yo vamos a ir de compras por la Quinta Avenida y la mía se rechazó por "exceso de límite". Es una humillación. Además, quería ver qué clase de asistente contrataste. Tu otra secretaria me dijo que es una chica joven.

Se me revolvió el estómago. Me tapé la boca con ambas manos, temblando de pies a cabeza. Si Vanessa revisaba el escritorio, si veía mi bolso o mis notas...

—Mi asistente está fuera de tus asuntos, Vanessa —cortó Nicolas con una frialdad cortante que habría hecho llorar a cualquiera. Escuché el sonido de un cajón abrirse y cerrarse—. Aquí tienes la tarjeta. Tienes exactamente dos horas para gastar lo que necesites y quiero que te vayas del edificio. No tolero que interrumpas mi jornada laboral.

—Eres un aburrido, papá —bufó ella, aunque el tono de triunfo en su voz dejaba claro que había conseguido lo que quería—. Por cierto... ¿dónde está tu famosa asistente perfecta? Dejó los informes rusos sobre tu mesa, pero su taza de café sigue caliente en la antesala.

—Debe estar en el archivo del piso inferior. Vete ya, Vanessa.

Unos segundos de silencio que parecieron siglos se extendieron en el aire. Finalmente, escuché el sonido de los tacones de Vanessa alejarse y el portazo de la salida.

Solté un suspiro tembloroso, dejando que mis hombros se relajaran un milímetro. Estaba a punto de girar el picaporte para salir de mi escondite cuando el sonido de unos pasos pesados y decididos se dirigió directamente hacia la puerta del baño.

El pánico regresó con el triple de fuerza. Antes de que pudiera reaccionar, el picaporte giró.

La puerta se abrió de par en par.

Me quedé rígida, atrapada como un ciervo ante los faros de un auto. Nicolas Donovan se detuvo en el umbral. Su imponente figura de casi dos metros llenó por completo la entrada, bloqueando la luz de la oficina. Llevaba la chaqueta del traje abierta y la corbata ligeramente floja, exponiendo la base de su cuello fuerte. Su cabello negro estaba más despeinado que de costumbre, dándole un aire peligrosamente salvaje.

Sus ojos azules se clavaron en los míos. No había sorpresa en su rostro, solo una intensidad analítica que me desnudó por completo. Recorrió mi cuerpo tembloroso, mi respiración agitada que hacía subir y bajar mi pecho de forma errática bajo la camisa blanca, y mis manos que aún presionaban mis propios muslos para no caerme.

El silencio en el baño se volvió asfixiante, cargado de una tensión tan densa que el aire parecía chisporrotear entre los dos.

—Señorita Bennett —murmuró, y su voz ronca bajó un octavo, resonando en el espacio cerrado del baño—. ¿Se puede saber qué demonios hace escondida en mi baño privado?

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Agripina Botines
y no hay continuidad de la lecto novela??
Zuleima Chavez
muy buena pero no deberían publicar si está incompleta
Celeste Godoy: Hola, gracias por darle una oportunidada la novela/Drool/ pero, a los escritores nos conviene subir por partes ya que ganamos por la retención de lectores y en lo que va de la publicación de la novela hasta ahora estoy actualizando a un ritmo constante y diario. /Shy//Shy//Shy/
total 1 replies
Agripina Botines
buena trama...pero nos deja esperando más capítulos....
Celeste Godoy: Hoy en la noche se viene /Chuckle/
total 1 replies
Zuleima Chavez
excelente
Celeste Godoy: MUCHAS GRACIAS REINA♥️♥️♥️♥️✨️
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