Su primer destino fue servir a la corona. murió por ello. Ahora, con su segunda oportunidad, Auren cumplirá su sueño y conocerá lo que es el amor
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Capitulo 14
Después de la visita del príncipe Arian, la vida en La Tijera de Oro continuó avanzando.
Al menos, eso intentó Auren.
Cada mañana abría las puertas con la misma puntualidad de siempre. Saludaba a sus empleadas, revisaba los pedidos y corregía los pequeños errores de las aprendices con la paciencia que había desarrollado durante tantos años. Desde fuera, cualquiera habría pensado que nada había ocurrido.
Solo quienes la conocían bien notaban la diferencia.
Greta la observaba más de la cuenta.
Martin aprovechaba cualquier excusa para pasar por el taller.
Elena enviaba comida todos los días, aunque Auren insistiera en que no hacía falta.
Nadie mencionaba al príncipe.
Era un tema que todos evitaban.
Una tarde, mientras organizaban varios encargos, una de las aprendices rompió el silencio.
—¿Cree que volverá?
Auren levantó apenas la vista.
—No lo sé.
—Parecía muy molesto.
Greta respondió antes que ella.
—Los nobles suelen molestarse cuando alguien no hace lo que quieren.
La joven bajó la cabeza.
—Solo espero que todo termine aquí.
Auren dobló cuidadosamente una tela.
—También lo espero. Y realmente lo deseaba.
Después de tantos años, no quería volver a relacionarse con la familia real.
Había construido aquella vida precisamente para mantenerse lejos de ese mundo.
Mientras cerraba unos libros de cuentas, recordó las últimas palabras de Arian.
"Podrías arrepentirte."
Una sonrisa casi imperceptible apareció en su rostro.
En su vida anterior, Arian siempre había preferido que otros resolvieran los problemas por él.
Disfrutaba dando órdenes.
Le gustaba ver a las personas competir por complacerlo.
Pero ensuciarse las manos...
Eso nunca fue lo suyo.
Por ese motivo terminó convencida de que aquellas amenazas no pasarían de ser palabras nacidas del orgullo.
No pensó más en ello.
Aquella noche, las empleadas se despidieron como de costumbre.
—Hasta mañana, señorita Auren.
—Descansen.
Greta fue la última en salir.
Antes de cerrar la puerta, volvió la cabeza.
—No trabajes hasta el amanecer.
Auren sonrió apenas.
—Intentaré obedecer.
—Eso dijiste ayer.
—Hoy haré un esfuerzo mayor.
Greta negó con una pequeña risa.
—Buenas noches.
El silencio regresó al taller.
Auren terminó algunos bocetos antes de volver a casa.
Cenó junto a Martin y Elena entre conversaciones sencillas, escuchando las anécdotas del día en la panadería y las quejas de su padre porque un proveedor seguía entregando harina de peor calidad.
Aquella normalidad le resultaba reconfortante.
Cuando finalmente se acostó, el cansancio terminó venciendo rápidamente.
No supo cuánto tiempo había pasado.
Tal vez unas horas.
Tal vez menos.
Un olor extraño llegó hasta ella antes de que abriera los ojos.
Frunció el ceño.
Era un olor intenso.
Pesado.
Como madera quemándose.
Se incorporó lentamente.
Entonces escuchó gritos.
—¡Fuego!
Los ojos de Auren se abrieron de golpe.
Saltó de la cama y corrió hasta la ventana.
El aire frío de la madrugada golpeó su rostro.
Al mirar hacia el distrito comercial, sintió que todo su cuerpo se congelaba.
Un enorme resplandor naranja iluminaba el cielo.
Columnas de humo ascendían sin detenerse.
Y el edificio que ardía era inconfundible.
La Tijera de Oro.
—¡No...!
La palabra escapó de sus labios antes de que pudiera contenerla.
Salió corriendo de la habitación.
Martin y Elena ya estaban despiertos.
—¡Auren!
Ella ni siquiera respondió.
Abrió la puerta de la casa y comenzó a correr.
Las calles estaban llenas de vecinos.
Algunos llevaban cubos de agua.
Otros intentaban organizar a las personas.
Mientras más se acercaba, más intenso se volvía el calor.
El corazón golpeaba con fuerza contra su pecho.
"No."
"No puede ser."
"Por favor..."
Al doblar la última esquina, las llamas aparecieron completamente frente a ella.
El taller entero estaba envuelto en fuego.
Las ventanas explotaban una tras otra.
El techo comenzaba a ennegrecerse.
Las personas intentaban apagar el incendio formando largas filas con cubos de agua.
Era inútil.
El fuego avanzaba demasiado rápido.
—¡Señorita Auren!
Greta corrió hacia ella.
Su ropa estaba cubierta de cenizas.
—¡Gracias al cielo!
Pero al volver la vista hacia el edificio, el alivio desapareció.
Dentro seguían los patrones originales.
Los primeros diseños.
Los libros donde había trabajado durante años.
Las herramientas que Ernest le regaló.
Toda una vida.
Sin pensarlo, intentó avanzar.
Greta la detuvo inmediatamente.
—¡No!
—Tengo que entrar.
—¡El techo puede caer!
—Todavía puedo salvar algo.
Martin llegó corriendo y también la sujetó.
—¡Auren!
Ella luchó por soltarse.
—¡Mis diseños siguen dentro!
—No entrarás.
—¡Papá!
—¡No voy a perderte por unas telas!
Las lágrimas comenzaron a acumularse en los ojos de Auren.
No quería rendirse.
No podía.
Entonces recordó su magia.
Todavía podía usarla.
Se apartó unos pasos.
Extendió ambas manos hacia el edificio.
Cerró los ojos.
Respiró profundamente.
Sintió el calor del fuego golpeando su rostro.
Buscó aquella energía azul que siempre respondía a su llamado.
Nada.
Volvió a intentarlo.
Concentró toda su voluntad.
"Vamos."
"Muévete."
Las yemas de sus dedos permanecieron completamente inmóviles.
No apareció el menor destello.
Auren abrió los ojos con desesperación.
—No...
Respiró otra vez.
Lo intentó una segunda vez.
Después una tercera.
Nada.
Su magia seguía sin responder.
El ruido del fuego comenzó a mezclarse con otros recuerdos.
El salón del palacio.
La copa de vino.
El veneno quemando su garganta.
La sensación de morir sin poder hacer nada.
Las llamas frente a ella parecían arrastrarla nuevamente hacia aquella impotencia.
Su respiración comenzó a acelerarse.
Las manos le temblaban.
Intentó concentrarse una vez más.
—Por favor...
Las palabras apenas salieron de su boca.
Ni un solo hilo de magia apareció.
Elena llegó junto a ella y la abrazó con fuerza.
—Hija.
Auren seguía mirando el edificio.
—No responde.
Su voz se quebró.
—Mi magia... no responde.
Elena acarició lentamente su espalda.
—No importa.
—Sí importa. Puedo salvarlo. Sé que puedo ¿Por qué no...?
Las lágrimas comenzaron finalmente a caer.
Martin también se acercó.
Nunca la había visto tan desesperada.
El fuego continuaba devorándolo todo.
Una enorme viga cayó desde el segundo piso.
El estruendo hizo que varias personas retrocedieran.
Después fue otra.
Y otra más.
Greta apretó con fuerza la mano de una de las aprendices.
Todas lloraban en silencio.
Aquel lugar había sido su hogar durante años.
De pronto, un fuerte crujido atravesó la madrugada.
Uno de los guardias del reino levantó la voz.
—¡Todos atrás!
Apenas terminaron de alejarse, el techo completo se desplomó entre una lluvia de chispas y madera ardiendo.
El estruendo hizo temblar el suelo.
Auren quedó completamente inmóvil.
Comprendió que ya no quedaba nada por salvar.
Solo cenizas.
Martin la abrazó con fuerza antes de que sus piernas terminaran cediendo.
Ella apoyó la frente contra el hombro de su padre sin dejar de mirar los restos del edificio.
Había levantado aquel sueño durante diez años.
Había dedicado incontables días y noches a construirlo.
Ahora desaparecía frente a sus ojos sin que pudiera hacer absolutamente nada.
Mientras las llamas seguían consumiendo los últimos restos de La Tijera de Oro, una única pregunta con respuesta comenzó a repetirse una y otra vez dentro de su mente.
“¿Quien fue?"
“Fue él"